Disclaimer: ningún personaje me pertenece, son todos del gran Victor Hugo.
En la penumbra de las calles nocturnas de París, alumbrada por una triste farola, Éponine no podía dejar de llorar. Lloraba como si el mundo se fuera a acabar en ese mismo instante, con una tremenda angustia, como jamás lo había hecho nunca.
Sin embargo, y a pesar de estar sumida en la más profunda soledad, no era la única que sufría aquella noche. Las lágrimas que corrían por las mejillas de la joven se mezclaban con las frías gotas de lluvia que eran precipitadas desde lo alto del cielo para ir a quemarle en los brazos. Oh, ¡pobre niña de corazón roto, de sentimientos marchitos! ¿Qué vas a hacer, ahora que tu amor jamás será correspondido? Pobre niña, desnuda y desamparada, ¡habrase visto un corazón tan destrozado, tan hecho pedazos! Aquella noche el frío no le molestó, pues el dolor que albergaba en su interior era infinito y desgarrador, e incomparable.
El dolor de un amor que nunca sería devuelto.
