Naruto no me pertenece. Es propiedad de Masashi Kishimoto.
Avisos: Escenas de contenido sexual explícito en el interior. Ligero OoC, aunque justificado.
Infieles
Lo había intentado. Sólo el cielo podía saber lo mucho que lo había intentado. Había dado todo de sí. Más incluso de lo que era realmente capaz de ofrecer. Sobrepasó sus límites creyendo que, entonces, podría recomponer ese mundo que se desmoronaba bajo sus pies.
Siempre se dijo que era culpa suya. Las miradas en las reuniones de la empresa la atravesaban como si fuesen cuchillos afilados. Comentarios venenosos y falsas sonrisas maquilladas dentro de lo políticamente incorrecto.
"—No todas las mujeres son… Bueno. Lo que se espera de ellas.
—Desde luego. Hay que saber cómo actuar según la ocasión.
— ¡Oh, querida! Y que lo digas."
Y ella intentando fingir que era sorda. Y también ciega.
Muda: Por supuesto.
Agarrada del brazo de su marido se paseaba intentando irradiar gracia y elegancia, tal como le habían enseñado. Pero notaba los continuos aguijonazos en su espalda.
—No quiero volver —acertó a pronunciar. Y si bien la frase podía parecer tajante, el tono empleado era de súplica.
—Debes hacerlo. Es lo que se espera de nosotros —fue toda su contestación.
El agua resbalaba por su piel enrojeciéndola con cada lametón. La temperatura era tal que llegaba a escaldar. Pero era el único momento en que sentía que dejaba de estar sucia. De sentirse sucia.
Estaban follando pero ninguno de los dos parecía estar realmente allí. Con los ojos cerrados esperaba a que el terminase y poder retirarse a lamerse las heridas, sola. Hacía tiempo que había pasado a convertirse en un simple trozo de carne. Se había rendido. Tras caer abruptamente en el valle de la humillación más profunda y vergonzosa y que ninguna mano fuese tendida para ayudarla a salir decidió abandonar toda esperanza.
"— ¡Cielo santo! ¿Era ella? ¿Cómo se puede ser tan vulgar? En un lugar para…
—Para guarras. Dilo sin miedo. Ese sitio no es lugar para señoritas decentes. Está claro que no es más que una vulgar ramera bien vestida.
—Por supuesto, querida. Ahí sólo van las putas. Las putas como ella."
El recuerdo de aquella conversación permanecía fresco en su mente. Porque fue el principio del fin. De pronto notó como él jadeaba y aceleraba el ritmo y con un ronco gemido se corría en su interior.
No tardó en alejarse de ella.
Nada nuevo.
Hacía meses que no permanecía a su lado después de hacer el amor.
Aunque ya no hacían el amor.
Dudaba que lo hubiesen hecho alguna vez.
— ¿Diga?
—Disculpe… ¿No es este el teléfono del señor Namikaze?
—Si
— ¿Podría atenderme él mismo?
—Soy su secretaria de confianza. Llevo todos sus asuntos.
— ¡Ah! Bien. Simplemente llamaba para informar que el pago por la reserva ha sido recibido sin problemas.
—Perfecto. Sin embargo el señor se aloja en múltiples hoteles, ¿podría darme el nombre del suyo para que confirme el pago?
—Por supuesto, Hotel Sheraton Trade.
—Muy bien. Muchas gracias.
Llevaba dos horas tiritando sentada en un frío banco. No es que no lo sospechase, pero simplemente quería confirmarlo.
Unos minutos después su esposo entró acompañado de una hermosa mujer de blanca piel y cabello rosado. Ni siquiera tuvo que preguntarse quien era.
Aburrida y congelada emprendió el regreso a casa.
No.
A lo una vez creyó su casa.
—Hinata —se volvió ante el llamado de su esposo luciendo la mejor de sus sonrisas. Pero a pesar de todos los desaires que le había propinado la vida, no estaba preparada para aquello—. ¿Recuerdas a Sakura Haruno? ¿Mi vieja amiga?
—Si —musitó recomponiéndose—. Un gusto volver a verte —mintió mientras se acercaba a pretender besar sus mejillas.
—Echaba tanto de menos a Naruto que quise venir a pasar unas semanas a Tokio para poder verle. Y a ti también por supuesto —añadió con una pequeña risa.
Mentirosa.
Mentiroso.
Se alejó en cuanto tuvo ocasión. Lo creía imposible, pero había vuelto a hundirse aún más en el lodazal de la humillación. Jamás pensó que su marido tendría la desfachatez de plantarle a su amante delante de las narices.
Aquel hombre no dejaba de observarla. Bueno. Estaba acostumbrada. Pero no era la típica mirada que estaba acostumbrada a recibir. Sus ojos negros la perseguían por toda la sala de baile.
Entró al tocador exactamente catorce segundos después de que lo hiciese ella. Y haberlos contado la hizo darse cuenta de que era lo que estaba deseando.
La empujó detrás de una gruesa cortina de terciopelo rojo, la que cubría la ventana más alejada del enorme tocador. Ella misma se levantó el vestido y se bajó las bragas hasta los tobillos mientras él se desabrochaba el cinturón y se sacaba la polla completamente erecta. El la giró, poniéndola de espaldas.
La penetró de una sola estocada, pero estaba tan mojada que no importó. Comenzó a penetrarla una y otra vez mientras ella apoyaba sus manos en los cristales del enorme ventanal. Desde allí podía ver todo Tokio. Y todo Tokio podía verla a ella.
La mano del hombre se deslizó hasta su clítoris que comenzó a apretar y pellizcar con fuerza. Hacía lo posible por no gemir, aunque resultaba difícil.
Con la otra mano bajo su vestido hasta que este quedó por debajo de sus enormes tetas. Le pellizco un pezón al tiempo que apretaba su clítoris mientras la follaba sin parar. Comenzó a jadear descontroladamente.
Uno de los envistes resultó tan fuerte que sus tetas quedaron pegadas contra el frío cristal de la ventana. Y se corrió. Con un grito que, de haber alguien en el tocador, lo habría oído. Pero eso no les importó. El siguió bombeando agarrando ahora sus tetas con las dos manos y estrujándolas una y otra vez. Ella misma se llevó la mano al clítoris buscando un nuevo orgasmo.
Segundos después notaba un chorro caliente en su interior y gimió, llegando de nuevo.
Al cabo de un instante él se abrochó el cinturón y salió de allí sin decir nada.
Sin ni siquiera pararse a pensar en lo que había hecho se recompuso como pudo y regresó al salón del lujoso hotel dónde tenía lugar otra de aquellas importantes reuniones.
Le fue imposible evitar que una torcida sonrisa adornase su rostro. Su esposo no había reparado en su ausencia, entretenido como estaba en la conversación con la mujer de pelo rosa.
Antes de llegar hasta ellos dio una mirada circular, sin mover el rostro, pero no había rastro del hombre con el que acababa de compartir semejante momento en el cuarto de baño.
—Quiero el divorcio —dijo sin gritar pero con voz firme nada más cruzaron la puerta de su casa. Por primera vez en mucho tiempo Naruto la miró fijamente.
— ¿Qué…? —la pregunta quedó suspendida en el aire. El rubio se encontraba ciertamente sorprendido. Hinata era dócil, sumisa, tranquila. Seguramente por eso mismo su matrimonio no había funcionado. Y aunque entendía que, precisamente por ello, le dijese tal cosa… Simplemente no podía estarle diciendo tal cosa.
—No me hagas repetirlo, Naruto —el nombre de su esposo en sus labios sonó áspero, ajeno. Hacía tanto que evitaba pronunciarlo…
—Sabes que no nos conviene un escándalo como ese —comenzó el rubio intentando apelar a la cordura de su esposa.
—Querrás decir que no te conviene a ti —especificó ella mientras se bajaba de los tacones y agradecía que el frío suelo anestesiase sus doloridos pies. Se dirigió hacia la cocina, el rubio tras sus pasos.
Echó un vistazo alrededor. Era una cocina inmensa. Completamente metalizada, con electrodomésticos de última generación. Prácticamente nueva. Emitió un suspiro al recordar la primera vez que había entrado en ella. Llena de sueños e ideas. Allí cocinaría una deliciosa cena junto a su amado Naruto. De pronto él mancharía su nariz con alguna porquería y comenzarían una guerra de comida. Aunque por aquel entonces se sonrojaba sólo con pensarlo su fantasía terminaba con ellos dos sobre la encimera. Siempre desnudos. Que ilusa.
Sacó dos copas de un estante y una botella de vino blanco de la nevera. Las rellenó y de un ágil salto tomó asiento en la misma encimera de sus fantasías.
—No quiero nada —comenzó dándole un sorbo a su copa—. Puedes quedarte con todo. La casa, los coches, el barco… —ennumeró aburrida—. Tan solo me llevaré mi dinero, el de mi cuenta corriente. El resto es todo tuyo.
—Eso no me importa —escupió de pronto el rubio tomando la otra copa y tragando rápidamente. Parpadeó sorprendida. ¿Qué había querido decir con eso?
—Tú… —dudó. ¿A él realmente le importaba su matrimonio?
— ¿Qué hay de las acciones de la empresa? —cuestionó Naruto. Y quiso reír y llorar al mismo tiempo. ¿Hasta cuando vas a seguir siendo una estúpida, Hinata? Se preguntó.
—Mi padre… Mi padre nunca aceptaría que vendiese esas acciones. Precisamente por eso nos casamos. Para sellar una unión entre tu familia y la mía, tus acciones y las mías y poder tener el control sobre la empresa —explicó monocorde, recordando algo que ambos ya sabían—. Pero eso no significa que no podamos continuar como hasta ahora. Mi puesto en la junta es una formalidad. Mi voto es el tuyo. Y así seguirá siendo —añadió.
— ¿Cómo puedo estar seguro? —inquirió el rubio mirándola receloso.
—Desde que nos casamos las ganancias, el poder y el prestigio de la empresa no ha hecho más que ascender. Eso ocurrió cuando tú tomaste el mando. Eres hábil e inteligente, y no pienso tirar piedras contra mi propio tejado. Mientras la empresa se beneficie sabes que puedes contar con mi apoyo —finalizó con tranquilidad. Hablaba como si lo tuviese todo perfectamente planeado y Naruto pudo darse cuenta que la idea del divorcio venía rondándola desde tiempo atrás. No era que el no sintiese lo mismo, pero sus acciones en la compañía eran menores en comparación con las de la familia Hyuga. La idea de pedir el divorcio era inconcebible. Pero si era ella quien lo solicitaba…
— ¿Por qué? —preguntó en un susurro. Hinata lo miró curiosa. Casi sonaba dolido. Casi—. ¿Por qué ahora, Hinata? —volvió a preguntar. También el nombre de ella sonaba oxidado en los labios del rubio.
"Porque no me quieres"
Eso habría querido contestar, pero su dignidad estaba ya hecha pedazos. Se negaba a reducirlos a cenizas.
—Porque esta noche me he follado a otro hombre en el cuarto de baño —soltó de golpe. Se regocijó internamente al ver la expresión de su marido. Naruto se había quedado estático. Dudaba entre que le había asombrado más: Que le hubiese sido infiel o que la inocente Hinata hubiese empleado la palabra "follar". Bueno. La inocente Hinata había desaparecido hacía mucho tiempo.
— ¿Cómo? —susurró él—. ¿Qué has dicho?
Parpadeó ligeramente sorprendida. El rubio parecía furioso. Supuso que se sentía herido en su orgullo de macho. Pero ya que había llegado hasta allí no iba a callarse ni amilanarse.
—Si. En tres años de matrimonio es la primera vez que sucede —explicó sin modificar ni un ápice su suave, casi dulce, tono de voz—. Y ¿sabes? No me apetece convertirme en otra más de esas lagartonas del club que esconden sus aventuras porque no quieren que sus maridos, que las engañan a su vez, las dejen en la calle —en esta ocasión no pudo evitar que su voz adquiriese un matiz rencoroso. El rubio la escuchaba silencioso pero con los puños apretados. De pronto Hinata le miró y esbozó una sonrisa que le puso los pelos de punta—. Aunque se podía decir que, en parte, si he sido una de ellas —añadió haciendo que él la mirase confundido—. Esa bonita chica de la oficina de Nueva York… Shion ¿no? —cuestionó sarcástica disfrutando al ver a Naruto abrir mucho los ojos—. Me imagino que no sería la primera, aunque fue la primera que descubrí. Después vendría la monada esa que entró de becaria, Tamaki. Umm… ¿Qué más? ¡Ah si! Tsunade… Esa si que me sorprendió. Es bastante mayor… Y bueno. Dejé de contarlas. Ya ha dejado de afectarme. La chica pelirrosa, Sakura, parece gustarte más que las otras. Bien por ti. Pero nunca pensé que caerías tan bajo como para traerla y restregármela frente a las narices —finalizó agria.
El rubio se pasó la mano por el mentó visiblemente nervioso. Era cierto que no había escondido bien todas sus aventuras pero nunca creyó… Hinata no era el tipo de mujer que echaba nada en cara. No dejaba de repetirse una y otra vez que aquello era imposible. Que Hinata era tímida, callada, apocada, tranquila, buena, silenciosa, dulce… ¿Quién era la ácida, dura y fría mujer que tenía en frente? Además, ella tampoco tenía derecho a reprocharle nada. No cuando ella había sido la primera…
—Yo…
—Cállate, por favor. No hay nada que puedas decir que me interese —le cortó seca mientras se bajaba de la encimera—. Hoy dormiré en el cuarto de invitados —añadió mientras desaparecía silenciosamente dejando allí a Naruto, completamente estupefacto.
"7. Octubre. 2011: ¡Voy a morir de alegría, mamá! No hay nada en este mundo que me haga más feliz que casarme con Naruto-kun. Nunca pensé que algo así podría sucederme. ¡Le quiero tanto!"
"12. Diciembre. 2011: Naruto-kun siempre ha sido muy bueno conmigo. Le conozco desde que éramos pequeños. Él nunca reparó en mí, pero ahora nuestras familias han decidido que nos casemos para unir las empresas. Y aunque estaba muy nerviosa ya que no conocía sus sentimientos hoy, en la pedida, me ha tomado de la mano fuertemente y después me ha dicho: —Seguro que seremos felices, dattebayó. Ya sabes que me encanta que use esa expresión. ¡Que feliz soy!"
"29. Julio. 2012: Estoy algo preocupada, mamá. Hoy hacemos cinco meses casados y aun no… Es culpa mía, lo se. Creo que Naruto-kun tiene miedo de que si intenta algo me parezca mal. Me gustaría hacerle saber que no es así, pero no se como sacar el tema. Espero poder solucionarlo pronto."
"2. Agosto. 2012: Naruto-kun se ha ido de viaje. Lo peor es que aun no hemos tenido ocasión de… ¡Oh! ¿¡Si no puedo ni escribirlo, como pretendo hacerlo!? Soy un desastre. Sin embargo, tengo un plan. Aprovecharé el tiempo que Naruto-kun esté fuera para prepararme para ese momento. Haré que la espera valga la pena"
"22 Agosto. 2012: Tengo el corazón roto. Naruto ha estado con otra mujer en Nueva York. Cuando llegó estaba tan distante que no me atreví a intentar nada con él. Pasaron un par de días igual y hoy, mientras se duchaba, recibió un mensaje en el móvil. Se que no habría debido pero no pude evitarlo. Era de una tal Shion. Le decía que esperaba que volviese pronto para que pudiesen repetir y… Adjuntaba una foto suya, desnuda. No se que voy a hacer."
Dejó de leer, súbitamente avergonzada de sus propias palabras. Tiró el diario a una esquina y se derrumbó sobre la cama.
Iba a ser libre. La pesadilla terminaría.
Cerró los ojos evocando la escena de esa misma noche en el baño, con el desconocido.
Sólo lamentaba una cosa.
Mientras se lo follaba la idea de que tal placer se la proporcionaba un hombre rubio de ojos color cielo no la había abandonado.
Notas: Estoy de éxamenes, así que no tengo tiempo a actualizar ni hacer practicamente nada U_U Encontré este fic, ya terminado, perdido por las carpetas de mi ordenador. Al leerlo recordé porque no lo subí. Así que tras cortar un par de escenas de sexo y suavizar la existente me dije... ¡Bah! Así ofrezco algo a modo de compensación por el largo tiempo de espera para mis actualizaciones... El fic resultaba muy largo para subirlo en un capítulo, supongo que serán unos tres. No he tenido tiempo ni de pensarlo. Leyendolo he visto que tiene bastante OoC, pero en los venideros capítulos sabremos más del pasado de los personajes y entenderemos su cambio de actitud. (Con los diarios de Hinata ya se ve que ella no era así al principio) No tengo tiempo para enrollarme más (cosa que agradeceréis) espero que os guste jejejeje. Lo subiré a lo largo de este mes de junio (que es cuando estaré con exámenes) y después de eso actualizaré "Mariposa Blanca" y "El Club S"
PD: El título inicial del fic era "Amor Infiel" pero sonaba a demasiado a culebrón... ¿No?
Saludos y sobresalientes para todxs! (OMG)
