Gracias a RIM por crear Glee. Gracias a todos los autores que me inspiraron (de todas las historias a las que doy favorito), mención especial a Klainefan, quien no es parte de FanFiction. El rating advierte de todas las perversiones que pueden encontrar aquí, nadie esta obligado a leerlo si no le gusta.

Aclaración: No me pertenece Glee o ninguno de los personajes. No estoy afiliada con nadie no genero ganancia de esta historia. No me pertenece absolutamente nada y solo estoy complaciendo mi propia locura. No conozco o me pertenecen los actores que interpretan a los personajes. Todo pertenece a Ryan Murpyn, Glee, Fox y cualquiera más que tenga patente sobre Glee y sus personajes. Espero haber cubierto todo lo que no me pertenece.


Kurt Hummel te amo ―pronunció una firme voz―. Deseo pasar toda mi vida contigo, tener un par de hijos; que seas la primera persona que vea al despertar y la última al irme a dormir. Quiero envejecer a tu lado… por eso y mucho, muchísimo más, ¿me harías el honor de casarte conmigo?

El de ojos azules no podía ver por las lágrimas que se le habían acumulado y estaban por desbordar, no logró responder por el nudo que se apretaba en su garganta, así que sólo asintió frenéticamente y balbuceó algo inentendible en afirmación. Sintió como tomaban su mano izquierda haciéndole extender los dedos para poder tomar específicamente el anular. Con torpes movimientos colocó el anillo de plata con un solo brillante adornándolo, ajustó perfectamente; al terminar besó la zona que cubría el anillo y luego en el dorso de la mano. Comenzó a incorporarse sin apartar la vista de Kurt -su ahora prometido-, al estar finalmente de pie tomó la barbilla del castaño y aproximó sus rostros. El beso comenzó como un roce mojado por las lágrimas de los ojos azules, fue profundizando, le añadieron raspes con los dientes y un duelo entre lenguas, sus cuerpos se aproximaron aún más…

*… Y ESE FUE EL RECIENTE NÚMERO UNO EN LAS LISTAS DE ÉXITOS DE BILLBOARD…*

El radio-despertador había sonado, interrumpiendo una vez más las fantasías donde el joven Hummel era amado, el único lugar en donde alguna vez había obtenido una minúscula prueba de que ese sentimiento existía, a pesar de ello, esperaba que el real fuera aún mejor y más duradero, pero sobre todo poder experimentarlo. Cuando apagó su alarma se dispuso a levantarse.

Un día más había comenzado, que a pesar de tan solo llevar un par de semanas en su nuevo curso -su último año-, prácticamente en su día a día no había novedades. Seguía teniendo los mismos amigos desde que se unió al club Glee, su guardarropa cambiaba con las estaciones -mejor dicho las tendencias-, continuaba siendo el mejor en la clase de francés, mantenía sus notas fácilmente, su piel permanecía tersa y perfecta -claro que tuvo que ir mejorando sus técnicas de humectación-, todavía era un tonto romántico, sus sueños apuntaban a Broadway… el Kurt Hummel de siempre. Y realmente no esperaba que eso cambiase en mucho tiempo, al menos no hasta que se fuera a la universidad a New York, claro que no podía evitar recordarse la edad en la que los demás habían iniciado a entablar relaciones amorosas, y él era más inexperto que ninguno, ni siquiera había tenido su primer beso, así que su primer amor, sería su primer todo y con algo de suerte llegaría a cumplir su sueño recurrente con él mismo, casarse. Terminó de prepararse con un suspiro, mas por lo monótono de su vida que por otra cosa.


El nuevo prospecto a formar parte de la elite de la preparatoria William McKinley, ese era Blaine Devon Anderson. No podía estar más seguro de lograr esa meta porque al parecer todo lo que hacía era parte los requisitos -que parecían ser visibles para todos, menos para él- exactos para poder ser una celebridad -popular-, incluso podría llegar a ser el rey del tonto baile de graduación, el concurso de popularidad anual. Y si al caso había alguna duda de ello, tenía como as bajo la manga a Santana López quien era la latina, sexi, diva, temida e incluso aunque no fuese la líder de las porristas, era todo lo que necesitaba; una chica ardiente, desbordante de pasión, sin complejos a la hora del sexo, no era de esas lapas asfixiantes… su novia.

Nuevamente se besuqueaban en el cuarto que era utilizado para guardar los utensilios y material de limpieza del conserje, ya que el pelinegro había logrado conseguir una copia de la llave. La noche anterior se habían quedado hasta muy entrada la madrugada en la casa de la latina después de su sesión de sexo, la cual fue variada como siempre, satisfactoria, todo un espectáculo… pero, en cierta forma era como solo cambiara a la chica y la forma de proceder, porque en realidad era muy poco lo que él no hubiera hecho. ¿Sería posible que se estuviera hartando del sexo?

―¿Qué te pasa? ―cuestionó la joven cuando el pelinegro se alejó, ella lo tomó de la chaqueta letterman que indicaba que el pertenecía al equipo de la escuela, los Titanes.

El chico soltó un bufido tratando de aclarar su mente, no le podía decir que se estaba aburriendo. Prendió la luz del lugar, que había permanecido apagada, sacó el teléfono de su bolsillo, encendió la pantalla y miró la hora, aún faltaban varios minutos para que iniciaran las clases.

―Recordé que tengo que ir a mi taquilla por algo y si no lo hago ahora voy a llegar tarde ―vio como la latina alzaba los hombros en señal de desinterés, mientras checaba el estado de su maquillaje con el espejo de su polvera.

―Te veo luego ―dijo, acomodándose el uniforme de porrista y tomando su bolso del suelo para irse moviendo las caderas a cada paso y dejándolo solo.

Dejó a su espalda apoyarse contra la pared para que esta lo sostuviera en su descenso hasta quedar sentado en el piso, con las manos cruzadas sobre las rodillas haciendo soporte a su cabeza. Creyó estar a punto del sueño, cuando la campana le indicó que debía poner la mochila al hombro y correr.


Durante el tiempo para cambiar de clase del tercer al cuarto período, el de los ojos color avellana miraba perdido hacia la nada recargado en su casillero, cuando de repente las risas de Karofsky y su pandilla le hicieron ser consciente de lo que sucedía. Miró como, en cámara lenta para su visión, Dave se dirigía a empujar a cierta persona contra las taquillas, sorprendentemente lo que captó su atención fue el apetecible trasero cubierto por unos entallados pantalones blancos, que a consecuencia del brusco movimiento hicieron un movimiento que le pareció hipnotizante «Creo que definitivamente el problema es la chica ―se dijo al sentir que la sangre agolpaba hacia su entrepierna―. Pero, ¿Por qué empujó a esa chica?». Sintió las manos sudar y la boca salivar ante semejante espectáculo, cuestionándose si debía actuar como héroe y así lograr un primer acercamiento, mientras se vio en la necesidad de cubrir su erección bajó la carpeta negra de su trabajo de química. Debía hacerse con esa chica, Santana no importaba, lo superaría, pero… su sangre se heló cuando descubrió de quien eran realmente ese par de curvas, era Kurt Hummel. ¡Se había puesto cachondo por un chico! No fue hasta que se golpeó la nariz con la carpeta, que hasta ese momento había cubierto la rigidez -que ahora había decaído totalmente-, cuando logró apartar la vista y perdiendo la batalla contra sí mismo, bajó la carpeta para ver la sinuosa retirada de su nuevo placer culpable.

Sin quererlo esa imagen se había impreso en su pupila y cuando como remedio cerró fuertemente los ojos, y comenzó a sacudir la cabeza para aclarar su mente, esa fotografía mental se convirtió en una secuencia que lo mostraba en movimiento. Lo único que le pudo dar un poco de paz en esos momentos fue recordar que no tenía ninguna clase con el gay de la escuela. Se recordó a si mismo pedir a Santana una buena sesión de magreo, ya que seguramente truncar su faje le había hecho acumular demasiada presión en su fogosidad y por eso había tenido esa inusual reacción, conforme con su teoría se dirigió a continuar con su día.

Hasta que llegó la hora del almuerzo. Lamentó a los desdichados que tenía que hacer fila, ya que él contaba con los recursos para poder pasar directo a la barra, estaba regodeándose con esa verdad, cuando de repente sus ojos se pegaron como imán a ese trasero, ¡ni siquiera lo había estado buscando!, ¿o sí? Frunció el ceño cuando algo obstruyó su vista, pero al menos por fin fue capaz de rectificar sus acciones y plantearse sus opciones, se dirigió hacia el frente dispuesto a terminar con su curiosidad. Concentró la vista en el sujeto, ya había visto mucho a su objeto de deseo, debía terminar con esto y la única forma de hacerlo, era tocarlo. Sintió sus manos sudar, colocó la bandeja que llevaba bajo su brazo izquierdo, frotó sus manos en parte para sacarlas y para controlar un poco su ansiedad; estaba tan cerca, se colocó detrás de ese suculento trasero, se aseguró que pareciera un accidente y fue directo a por ello…


Por fin Kurt había logrado escoger las verduras para su ensalada, que solo eran un par de hortalizas; mientras le recordaba a Mercedes bajar su consumo de alimentos fritos. Llevaban platicando sobre lo estresantes que habían sido las asignaturas desde el principio, pero era obvio que al ser su último año, todo era más exigente. Listos para retirarse, avanzaron… hasta que oyeron que una bandeja cayó acompañada de un par de risas «¡Que no se atrevan a iniciar una infantil batalla de comida! ―Kurt temió por su conjunto». Pero cuando nada les pasó, volvieron la vista a sus espaldas. Y ahí estaba el chico de rulos azabache que se recuperaba del golpazo que se dio contra el mueble de la barra. Mercedes esbozó una ligera sonrisa, pero luego la cambió por un gesto de preocupación, él por su parte solo se preguntaba si eso le dejaría un moretón.

El repentino silencio de todos vino ante la nula respuesta del jugador, seguía de pie contra la barra con gesto inentendible. Después de unos segundos abrió los ojos de golpe y volviendo a recuperarse, mientras que algunas risillas y murmullos volvían a sonar, él ensanchó los ojos de golpe y volteó a asesinar -si eso fuera posible- con la mirada a Kurt. El castaño solo pudo encogerse, como preparándose para algún tipo de agresión, pero el pelinegro solo gruñó y salió de la cafetería, seguido por su novia. El joven Hummel por fin pudo respirar.

―¿Qué fue eso?― cuestionó su amiga una vez que estaba en la mesa sentada junto con otros miembros del coro.

―Ya no saben cómo llamar la atención― afirmó Tina.

La discusión continuó sin que llegaran a ningún acuerdo. Pero al de ojos azules lo que le pasaba por la mente era otra cosa, que aunque se relacionaba con el incidente parecía significar algo más que el mismo accidente del chico, sabía que se llamaba Blaine, pero nunca habían tenido ningún tipo de relación, exceptuando las clases que compartían. Eran esa mirada y su expresión en general lo que le provocaba sudar frío cada vez que lo recordaba; pero al parecer nadie más lo había notado ni siquiera Mercedes.

Al volver a su clase, se vio en la necesidad de sentarse en la parte trasera y cubrirse con la libreta abierta el rostro, era consciente que no había hecho nada malo, pero los motivos para acosarlo no eran necesarios y ahora que parecía ser acusado de la torpeza del chico Anderson, no estaba demás actuar precavidamente. Aún más en las clases que compartiría con él. Cumpliendo algún tipo de regla, el susodicho entro unos segundos después tras el catedrático, podía decirse que no había olvidado el incidente ya que ni su novia conseguía que le hablara.

Durante la clase el profesor tuvo que hacer una salida imprevista y los dejó trabajando. Fue en ese momento que la porrista latina retomó la conversación con su novio sobre su humor, cosa que al castaño no le hacía gracias; «¿a quién le interesaban los problemas de esos dos?», tuvo que reprimirse de golpear su frente al ver que todo el salón estaba pendiente de esos dos, y ojala esa hubiese sido la peor parte, pero no fue así. De la nada el pelinegro tomó la nunca de la chica y le plantó tremendo beso, que en realidad rayaba en lo obsceno, juntaban sus labios agresivamente como si mantuviesen una batalla a besos, aunque los ruidos que hacían distaban del sonido de una guerra. Cuando Kurt fue consciente de que también era un espectador más de ese desplante, no encontró las fuerzas para poder apartar la vista; la función que llevaba un buen rato, terminó con un fuerte sonido de muac.

Aunque tal demostración de afecto distaba del ideal de Kurt sobre lo que debía ser el romance, no pudo evitar envidiarlo ya que al menos ese par se tenían el uno al otro y eran capaces de demostrarlo ante todos sin miedo; el día que el pudiera tener a alguien tan valiente como él -como su padre le había dicho-, no sabía si sería capaz de demostrar su afecto tan abiertamente, pero era consciente de que antes que nada debía conseguir a esa persona, para poder comenzar a preocuparse por ese tipo de cosas.


Se escuchó como la cerradura cedía ante la llave y permitía el acceso de los dos adolescentes a la casa vacía de los López. Blaine y su novia habían ido directo después de que terminaran sus clases y aprovechando que no tenían entrenamientos, para poder zanjar la tensión que había producido el incidente de la cafetería.

Una vez dentro y habiendo dejado sus cosas en la sala, subieron lo más presurosos que podían entre tanto beso y manoseo a la habitación, donde permanecieron recargados contra la puerta, cerrada y con cerrojo, comenzaron a quitar las capas de ropa que llevaban encima. Quedando él solo con los bóxer azules y, ella con el sostén y las pantis violetas; Santana comenzaba a acariciar desde los amplios hombros bronceados pasando por la definida espalda, llevando las manos por los glúteos y regresando para establecerse en el cuello y jugar con los rulos dela nunca; por su parte el chico no perdió tiempo en desabrochar el sostén y dejar más libres sus pechos, aferrando sus manos en la cintura y provocando fricción entre sus genitales aun cubiertos; todo mientras ambos se besaban desesperados desde la cara, hombros, cuello y por supuesto los labios.

Como un lenguaje propio sus gemidos los acompañaron durante el trayecto que a la par llevaban hasta tirarse en la cama, con la chica contra el colchón y el ojimiel sobre ella provocando una mayor fricción entre ambos,no pasó mucho cuando ambos tuvieron que deshacerse del resto de ropa y ahora mientras su rostro nadaba entre los voluptuosos pechos de la chica sus manos cubrían su pene erecto con un condón, antes de que por fin pudieran fusionarse. La temperatura de las pieles eran elevadísima, el sudor perló la superficie de sus cuerpos, las caricias eran más lascivas, los ruidos que ambos producían era toda una sinfonía erótica. Utilizando esa perfecta sincronía que poseían, cambiaron de posición la chica se giró, quedando recostado sobre su lado derecho y dándole la espalda al chico, mientras él se acomodaba para continuar su faena «Esos glúteos. Esos pálidos glúteos. El cabello castaño moviéndose rebeldemente junto con los gritos de esos labios rosados», Blaine perdido en el acto comenzó a visualizar algo que lo estaba llevando a excitarse aún más, disfrutaba tanto de esas imágenes que su imaginación producía y sentía como eso mismo le estaba brindando una fuerza y aguante inusual. Tuvo que abrir los ojos al sentir que su miembro era expulsado y su cuerpo presionado contra el colchón, miró a Santana montarse en él y notó que algo iba mal, tuvo que cerrar los ojos para poder volver a experimentar esa gran pasión y desenfreno. Ahora lo veía claro en su mente él no estaba follando con Santana, lo hacía con Kurt; y contrario a sus expectativas esa revelación lo llevaron a anhelar mayor ímpetu en sus movimientos y desencadenando en la liberación del orgasmo de la chica que expresó en un grito gutural, mientras que unas cuantas estocadas más lo llevaron a experimentar el que podía afirmar era la mejor corrida de su vida.

Una vez recostado lado a lado, la garganta de Blaine se cerró por lo mucho que había disfrutado el imaginarse a Kurt en el lugar de Santana.

―Si te vas a poner así siempre ―comenzó la chica, algo falta de aire―, vamos a tener que modificar nuestros acostumbrados encuentros en el armario del conserje y tener una que otra pelea durante el día ―concluyó besándolo, para luego posicionar la cabeza en el pecho del chico.

Por su parte el pelinegro comenzaba a relajarse un poco ante la fantasía que lo acompañó durante el sexo, ya que no tenía mayor trascendencia a un simple fetiche, le gustó ese trasero y utilizó eso para infundirse mayor energía… aunque también podía ser que en verdad le gustaría hacerlo con Kurt. Se puso de pie, apartando gentilmente a la chica y se dirigió al baño, donde tiró el condón usado al cesto. Colocándose frente al espejo se miró detenidamente «Soy un aventurero curioso, así que es mi deber explorar lo desconocido y definitivamente nunca lo he hecho con un chico, al fin y al cabo solo sería sexo», enjuagó su rostro en agua fría. Y ahora ya con la ropa puesta salió de la casa de su novia.

―Soy un regalo para el mundo ―se dijo encendiendo su cigarro, tomando una calada y soltando el humo―, y el mundo es mi regalo, hay que comenzar a disfrutar de ello ―abordó su automóvil y se fue directo a su casa.


Luego de una buena plática con las chicas Kurt fue dejado en la cafetería debido a que su obsesión por el café le hizo pedir uno más grande que el de sus amigas y a ellas les surgieron compromisos, así que ahora tenía que llevar un par de libretas que Mercedes había olvidado y mientras caminaba se disponía a guardarlas en su bolso, pero las cosas se precipitaron al piso debido a un choque.

―Discúlpeme ―comenzó a disculparse a la par que se ponía a levantar las cosas―, venia distraído.

Pero no hubo respuesta, ya que el sujeto con quien chocó le estaba ayudando a levantar las libretas esparcidas por la acera. El castaño podía sentir sus mejillas arden por la pena que le provocaba haber sido tan descuidado «¡Qué tanta prisa tenías! Podías haberlos acomodado dentro de la camioneta ―se reprendió mentalmente»; una vez que no había nada tirado, notó que le faltaban un par de cosas, así que alzó la vista y pudo ver al extraño con que había chocado. El aire se le fue, era un chico de cabello lacio y claro, ojos verde esmeralda, tez ligeramente bronceada y con una amplia sonrisa en su rostro. Sin decir ni una palabra le extendió la mano en señal de ayudarse mutuamente a ponerse de pie, lo hicieron, y ahora que lo veía de pie se percató que era un poco más alto que él y la ropa que llevaba solo enfatizaba su ya de por si hermosura, según Kurt.

―Disculpa ―la voz del chico era… ¿sexi?―, soy Bruce, ¿y tú? ―cuestionó extendiendo la mano.

―Kurt ―respondió denotando aun un déficit de aire.

Se quedaron mirando un instante en silencio, hasta que los interrumpió otro chico.

―Bruce… ―lo llamó tocándolo del hombro―, recuerda que tenemos que llegar a tiempo.

El mencionado, solo asintió y con un gesto le pidió que le diera solo unos minutos más.

―Me tengo que ir, pero tengo que darte algo ―con esa afirmación el castaño apartó la vista y se puso a mirar lo que había en sus manos, sin percatarse de lo que el rubio estaba haciendo con sus libros―. Toma, se te cayeron ―le extendió los útiles sonriendo, ante el gesto de nerviosismo y sonrojo de Kurt. El otro chico intentaba llamar la atención de Bruce, apresurándolo―. Si alguna vez quieres tropezar con alguien, yo lo haría con gusto ―le guiñó el ojo y comenzó a marcharse mientras a intervalos lo volteaba a mirar.

El castaño se quedó perplejo con lo que acababa de ocurrir. «¿Acaso ese chico, Bruce, acababa de coquetear conmigo? Pero el otro chico parecía conocerlo, debían ser novios, y yo no soy el juego de nadie ―razonó para sus adentros», respiró profundo para recobrar la compostura, se dirigió a abrir la puerta de su vehículo y entró en él. Dejó sus cosas en el asiento del copiloto a la par que metía las cosas que antes se la habían caído, si en Ohio los chicos solo lo veían como una variedad a sus relaciones, entonces definitivamente su gran historia de amor no se encontraba ahí, porque él jamás haría nada como eso. Él se sabía especial y merecedor de una persona que lo quisiera tanto como él lo haría, y en última instancia de no hallar a alguien así, al menos conservaría su dignidad.


Cualquier error se corregirá en cuanto sea detectado. Si algunas cosas parecen muy fuertes, díganmelo y me las arreglare para trabajar sin ellas.

Gracias por leer. Para el 20/09 actualizo, si no me ganan las ansias y lo hago antes.