Resumen: No importa la hora cuando la intención es confesarse en San Valentín, con chocolates… o sin ellos.
Fanfic que participa en la primera convocatoria de drabbles de la comunidad en Facebook "Gundam Wing Yaoi en Español" ( . . ).
NOCTURNOS
Eran las 04:35 de la madrugada y Heero se levantó con intenciones de tomar un refrigerio e ir a la cama nuevamente. Desde que habían alcanzado la paz, se permitía ese tipo de lujos con más frecuencia.
Caminó por el pasillo que guiaba hacia la cocina y, antes de doblar la esquina para entrar, escuchó una risita nerviosa. Asomó el rostro por la puerta, cauto y silencioso, y vio a Trowa sosteniendo una caja delgada. Frente a él, Quatre sonreía con torpeza, apenas conteniéndose, mordiendo su labio inferior mientras apretaba un vaso con leche entre las manos.
—¿Hablas en serio? —se llevó una mano a la boca, cubriendo una sonrisa mucho más grande, supuso Heero.
—¿Te parece que hago bromas a menudo, Quatre? —susurró el más alto, manteniendo una pequeña sonrisa entre los labios.
—N-No… ¡no! Claro que no. Es que... —el rubio se sonrojó— me tomaste por sorpresa.
—Entonces, acepta mis sentimientos —le tendió la caja. Heero, desde su perspectiva, notó en que estaba envuelta en papel blanco y una cinta de color rojo adornaba el centro. Frunció el ceño al comprender que eran chocolates. Y si Trowa estaba dándole chocolates a alguien, y si ese alguien era Quatre, lo más seguro es que fuese Día de San Valentín.
Se distrajo unos momentos pensando en ello, en lo que ese día significaba para las personas que lo rodeaban, sobre todo desde que trabajaba y vivía en un complejo gubernamental en el planeta Tierra. Allí todos tomaban muy en serio las festividades y ésta, en especial, tenía un sentido demasiado intenso como para ignorarlo.
Cuando volvió a mirar dentro de la cocina, el vaso con leche estaba en la mesada junto con la caja de chocolates, Trowa abrazaba a Quatre y ambos se besaban lentamente, disfrutando del momento y de lo que todo el mundo proclamaba a viva voz: que se amaban tan profundamente que sería estúpido esperar más tiempo para concretar la relación.
Sonrió, aunque estaba seguro de que se vería como una extraña mueca. ¡Cómo sea! Se sentía cómodo con la nueva situación y el refrigerio podría obtenerlo más tarde, cuando la cocina fuese desocupada. Dio la vuelta, dispuesto a regresar a su habitación, cuando notó que un par de ojos le miraban fijamente, como un pájaro carroñero a la presa.
—Has perdido habilidad, y ganado el mal hábito de chismear —susurró Duo, cuya sonrisa traviesa reflejaba diversión. Y era cierto. Heero no había sentido su presencia y solía curiosear a escondidas, pero jamás lo reconocería.
—Me voy a la cama. No esperes chocolates de mi parte —pasó por su lado sin mirarle. Duo infló los mofletes.
—¡Qué injusto! —dio media vuelta y le miró alejarse a paso silencioso.
—Sígueme y te daré algo mejor.
La promesa implícita en esa frase le hizo sonreír y caminar tras él, manos tras la nuca. No había necesidad de nada más, ni de flores, ni de chocolates. Solo pasar el día con quien amaba en San Valentín.
