Hello everybody! …Los saludo con muchos ánimos y con toda la felicidad del mundo, porque hoy, justo hoy se cumple un año más de nuestro amado anime Digimon Adventure. Y qué mejor manera de celebrarlo que con un fic, y no cualquier fic, sino la conti para cerrar esta trilogía power. Tengo bastante prometiéndola, y mucho más que me la han pedido, espero que sea de su agrado y que cubra con las expectativas que tuvieron de ésta. Gracias por su paciencia!

Espero con todo el corazón que este fic sea de su agrado, aquí encontrarás muchas aventuras, algunas profecías, problemas conyugales, crisis de edad, problemas adolescentes, un embarazo no deseado, más problemas adolescentes, muchos digimons malvados, corazones rotos, problemas familiares, un pasado no superado, la crisis digital entre varios mundos que no debe faltar, escenas sorato que aparecen en cada fic de Amai, muchos sueños por cumplir, muchos sueños que no se cumplieron en su momento, otros problemas adolescentes, pelas entre adultos (no de esas que dice Juni XD-ver Mi familia se separa-), traumas y obsesiones, base de datos tipo virus que se enamoran de las humanas, viajes, problemas con la prensa por ser gente famosa, … ya dije problemas adolescentes? Bueno, bueno… que si le sigo, termino de contar el fic… sólo deben saber que este fic pinta para largo y para mucha información.

Decir que este fic no sería posible sin la participación de dos grandes escritoras de esta misma página Marin-Ishida y CieloCriss que no sólo me apoyaron al darme ánimos, sino que con sus propios fics me inspiraron (fics que todos amantes de Digimon tienen que leer) con nuevas ideas frescas y originales, y por supuesto, hacer mención especial a mi pequeña hermana Anael-D02. Espero que lo disfruten, que lo disfruten todos los amantes de Digimon.

No es necesario leer las precuelas de éste, aunque sí lo recomiendo, sobre todo "Digimon: El poder de los Emblemas" debido a que algunas cosillas que quedaron en el aire, aquí se irán aclarando, además conocer un poco más a los personajes; "El poder del amor y la amistad", no tanto, aunque sí retomaré algunas cosas.

Para los que me han seguido por Facebook, decirles que muchos de los adelantos que he dado estarán en este capi.

Creo que sólo queda decir que estoy muy emocionada de iniciar este proyecto, así que…. A LEER!

Dedicar este capi a todos quienes me han animado a escribirlo y sobretodo esperado, en especial a la cumpleañera de la semana pasada Portgas D. Monica (anteriormente Moika Uchija)

PD: Digimon no me pertenece

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~ DIGIMON: EL PODER DE LOS SUEÑOS ~

Por Amai do

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Y así, después de esperar tanto, un día como cualquier otro decidí triunfar…

decidí no esperar a las oportunidades sino yo mismo buscarlas, decidí ver cada problema como la oportunidad de encontrar una solución.

Decidí ver cada desierto como la oportunidad de encontrar un oasis, decidí ver cada noche como un misterio a resolver,

decidí ver cada día como una nueva oportunidad de ser feliz.

Aquel día descubrí que mi único rival no eran más que mis propias debilidades, y que en éstas, está la única y mejor forma de superarnos.

Aquel día dejé de temer a perder y empecé a temer a no ganar, descubrí que no era yo el mejor y que quizás nunca lo fui.

Me dejó de importar quién ganara o perdiera; ahora me importa simplemente saberme mejor que ayer.

Aprendí que lo difícil no es llegar a la cima, sino jamás dejar de subir.

Aprendí que el mejor triunfo que puedo tener, es tener el derecho de llamar a alguien "Amigo".

Descubrí que el amor es más que un simple estado de enamoramiento,

"el amor es una filosofía de vida".

Aquel día dejé de ser un reflejo de mis escasos triunfos pasados y empecé a ser mi propia tenue luz de este presente;

aprendí que de nada sirve ser luz si no vas a iluminar el camino de los demás.

Aquel día decidí cambiar tantas cosas…

Aquel día aprendí que los sueños son solamente para hacerse realidad.

Desde aquel día ya no duermo para descansar… ahora simplemente duermo para soñar.

-Walt Disney

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Capítulo 1: Best Seller

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El día de tu nacimiento, cuando solo sabías llorar, recibiste mil besos y caricias, pero también un libro con las hojas en blanco, sin estrenar:

¡El libro de tu vida! Desde aquel instante comenzaste a escribir la historia de tu vida. Ya llevas varias páginas. ¿Qué has escrito hasta ahora?

A veces escribimos y escribimos y nunca ojeamos las páginas escritas. Toma el libro de tu vida y repásalo durante unos minutos. Tal vez encuentres capítulos o páginas que te gustaría besar, algunas escenas te harán llorar, y al abrir alguna página amarilla o reciente, te entraran ganas de arrancarla. Incluso se ve negra con salpicaduras de tinta.No arranques esas páginas, pide perdón si cometiste un error, para que así se borren todos tus garabatos y así podrás continuar escribiendo tu historia mejor que ayer.
¿Por qué no almacenar el libro de tu vida entre los Best Seller del mundo? Aprovecha tu tinta porque tarde o temprano se te va acabar, y ¡no se venden repuestos ni en los kioscos ni en las librerías!La vida es una y se vive una sola vez. La muerte cerrará tu libro. Y al final solo pedirán tu libro, y alguien lo leerá o lo pasará en video, como las aventuras. Todos somos arquitectos y novelistas, así que, amigo, borrón y cuenta nueva.Recuerda: Comienza cuanto antes Tu Best Seller

El libro de tu vida. –Anónimo.

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Han pasado tres años desde las aventuras más increíbles que pudimos pasar en el digimundo. Las cosas han cambiado bastante, sobre todo yo, creí 20 centímetros y si me pongo los zapatos con tacones de mi mamá, parezco más alta todavía. Me llamó Juni Yagami, soy la segunda hija de los ex portadores del valor y la pureza. Mi hermano Daichi tiene el emblema del valor, yo el de la pureza, y mi hermanita Tsuki, a quien me gusta vestirla de princesita de cuento de hadas, tiene el del esfuerzo. Ahora tengo 9 años, voy en tercero de primaria, aunque pronto pasaré a 4°.
Con mi familia me la pasó súper contenta; mis papás se viven comprándome vestidos, a veces me voy con Kazuyo para que también le compren a ella y las dos jugamos a ser princesas de
Disney, aunque últimamente ella se comporta diferente, a lo mejor es porque es dos años mayor que yo, ella tiene once, y creo que le han dejado de gustar ciertas gustos.

Las cosas sí que han cambiado, la verdad es que hace dos años, amenacé a Aiko, Chikako y a Amai con decir que a ellas les gustaban mi hermano y mis primos Saki y Kotaro. Sí funcionó, pero sólo por un par de semanas, después, no sé qué pasó pero Daichi y Aiko rara vez se hablan, y cuando lo hacen, terminan en discusión. Tampoco Saki y Chikako la han pasado bien, hasta donde alcancé a espiar las conversaciones de mi hermano con mi primo, supe que de repente Chikako se alejó y dio por terminada esa breve relación; los únicos con los que sí funcionó mi plan fueron Amai y Kotaro, ellos sí que se quieren. Pero bueno, desde ese entonces, me he dedicado a tratar de juntarlos, ¿acaso es malo querer que tu familia se haga más grande? Yo digo que no, además, son adolescentes y por lo que escucho decir a mis papás, ellos sólo piensan es sí mismos.

Otros que nos dejaron con la boca abierta al terminar su relación fueron Miyu y Yori, tras una relación de tres años, ¡pum!, terminaron como si hubieran durado una o dos horas, cada vez entiendo menos a los jóvenes, por eso es que cuando yo tenga a mi príncipe azul lo voy a elegir muy bien.

Y con decir que otros que nos sorprendieron fueron Ami y Akari al empezar a salir con los gemelos Shun y Souta hace un año. Vaya, sí que no me los imaginé, pero como a mayoría de nosotros sabíamos, no iban a durar nada, o al menos es lo que dicen, yo sí les creo, porque desde ese momento, los dos comenzaron a bajar en sus calificaciones y a ser súper irresponsables, con decir que la última vez que los vi, parecía que no se habían peinado en bastante tiempo.

Bueno, eso es respecto a algunos, aún faltan bastantes. Mi tía Hikari y la señora Noriko siguen con su escuela de jardín de niños, Yume me cuenta que en ocasiones ella les ayuda y va a leerles cuentos a los niños chiquitos, por cierto, a esa escuela es en la que está Isamu, Shousha (a quien yo le sigo diciendo Sushi), mi primita Kibou, y en el área de maternal se encuentran mi hermana Tsuki, además de mi pelirrojo Fuyu y el cabezota que se come las crayolas, Tenshi.

En fin, hace tres años mi sueño era tener una nube y dormir en ella, ahora es ser una princesa, sólo de imaginarme a mi con un vestido enorme color rosa y una corona, me divierte mucho… algún día lo seré…

-¿Juni?...

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Los primeros rayos del Sol le hicieron abrir sus ojos color miel. Por lo regular tardaba un poco menos en despertarse, pero la noche anterior tardó más de lo acostumbrado en dormirse por esperar a su esposo; al pensar en él, abrió los ojos para ver si es que se encontraba en la habitación. Agudizó el oído en caso de que estuviera en el baño. Y nuevamente posó su mirada en el lado que ella no ocupó al dormir, para darse cuenta que esa parte derecha de la cama estaba intacta, lo que significaba que Koushiro Izumi no durmió con ella… otra vez.

Mayumi era una mujer verdaderamente paciente y tolerante. Entendía las razones por las que su esposo pasaba las noches en vela… siempre, desde que estaban en el colegio así era, pero en los últimos años, sobretodo en los últimos meses, la vida en la casa se había vuelto casi agonizante. Ella no lo veía excepto en las cenas familiares, fines de semana, reuniones, al levantarse, y si tenía suerte, o él no estaba muy ocupado, podían pasar un tiempo juntos.

Parecía que eran un matrimonio sólo de nombre. May temía que su familia se destruyera, de la misma forma que la suya cuando era niña y su padre las abandonó a su madre y a ella, dejándolas a su suerte. No podía permitir que esa triste historia se repitiera. Así que debía ser más paciente y poner manos a la obra. Se levantó y después de adecentarse y arreglarse un poco, fue a preparar el desayuno para el resto de la familia, con la vaga y parpadeante esperanza de encontrarse con Izzy y al menos poder decirle "Buenos días".

Curiosamente, justo al pasar por el estudio de su esposo, notó una luz encendida, entró para apagarla, pero se quedó paralizada al ver a su marido de la misma manera en que lo había dejado unas horas atrás cuando el sueño y cansancio la vencieron.

-Kou… ¿no dormiste nada? –preguntó en un tono preocupado, pero no recibió contestación, dando el silencio todas las respuestas que necesitaba. –Deberías descansar amor, deja el trabajo por un rato. Si quieres duerme y te levantó en unas horas. –propuso con un tono dulce y comprensivo.

-No es necesario May, ve a dormir, yo voy a descansar más al rato. –contestó si dejar de ver ni usar su computador.

-Kou, ya amaneció. ¿Te diste cuenta? No dormiste nada. –le respondió mientras pasaba una mano por la espalda de él.

Esa acción le tomó por desprevenido, no esperaba que eso pasara, y fue cuando prestó atención al reloj digital de su escritorio.

-Rayos, se me hace tarde para ir al trabajo. –exclamó sorprendido al pasarse una mano por su cabellera. –Ya debería haberme ido… May, ¿por qué no me avisaste? –reprochó al momento de levantarse de su asiento e ir con dirección a la habitación.

Ese reclamó hirió a la castaña.

-Oye, no me hables así. Yo no sabía que estabas aquí, ni que pasaste la noche en vela. Lo más humano era que fueras a dormir y pusieras el despertador para levantarte a tiempo en lugar de reclamarme por cosas de las que no tengo culpa.

Izumi hizo caso omiso al reclamo totalmente justificado de su esposa, pasó de largo y se metió a la ducha para comenzar el día.

Mayumi, por su parte lo siguió hasta que él entró al cuarto de baño, se decepcionó ante el poco tacto que él tenía con ella últimamente. Respiró profundo, y al igual que los últimos meses, se prometió que esa noche hablaría con su esposo sobre la crisis matrimonial que ella veía avecinarse.

Guardó la compostura y dejó algunas pertenencias de Koushiro para que se alistase cuando saliera de bañarse; y sin perder más tiempo fue a preparar el desayuno para el resto de la familia. No quería que los demás fueran testigos de la discusión que tenía con su esposo mañana tras mañana durante el último año. Pero en cuanto terminó de secar esas traviesas lágrimas mientras entraba a la cocina, se dio cuenta que los digimons y sus hijas habían escuchado todo, lo descifró por el rostro serio en sus semblantes.

May intentó guardar la compostura, como si nada hubiera pasado.

-Buen día, ¿qué les apetece de desayunar?

Nadie respondió nada por unos breves segundos, era como si todos pensaran que ante cualquier palabra todos podían estallar y enojarse.

-Ya desayúnanos, mamá. Es algo tarde, así que Chikako y yo nos iremos al colegio. –se aventuró a hablar la hija menor, Kazuyo.

-De acuerdo, hijitas. –comprendió. –No se les olvide que tenemos que…

-Llegar temprano para la ceremonia del papá de Kotaro y Akari… no mamá, no se nos olvida, nos avisaron desde hace casi un mes. Kazu y yo estaremos aquí para arreglarlos, sólo asegúrate que papá lo haga. –interrumpió groseramente la niña del conocimiento.

La primera poseedora de la paz estaba verdaderamente agotada de tanto pleito familiar como para regañar a su primogénita ante la actitud negativa que mostraba. Desde hace dos años, le parecía que Chikako había perdido parte de su empatía, espontaneidad y alegría que le daba a todos los que la conocían, para ser remplazada por una concentración total hacia los libros y aspectos computacionales. De hecho, las dos niñas habían heredado la inteligencia de su padre, por lo que ambas estaban en sus respectivas escuelas en un proyecto de alumnos sobresalientes, lo que les hacía estar más tiempo estudiando. No era el caso de Kazuyo, a pesar de estar en ese proyecto, la niña de cabello negro seguía alegre, simpática y amable como siempre.

-De acuerdo. Ya tienen que ponerse, ¿verdad? –preguntó Mayumi.

-Sí mami. Yo tengo el vestido que me compraste. –comentó Kazuyo.

-Yo también tengo algo de ropa. –añadió para no hacer sentir más mal a su mamá ante su actitud. Después de todo, seguía pensando en los demás. –Ya nos vamos. Hasta más tarde.

Salió de la casa sin vacilar ni un segundo.

-Espérame Chika. –avisó vanamente Motimon, porque su compañera ya se había retirado.

Una vez que se marcharon, también lo hicieron Kazuyo y Heiwanamon. –Nos vemos mamá. –se despidió de ella, a diferencia de su hermana, lo hizo con un abrazo que la reconfortó de cierta manera.

Una vez que los digimon más pequeños de la casa se fueron junto a sus hijas al escuchar el cerrar la puerta del hogar, Mayumi respiró profundo, cerró los ojos e intentó definir la decisión que debía tomar. Calladamente comenzó a preparar un desayuno ligero para ella, Koushiro, Heiwamon y Tentomon.

Los compañeros de la Paz y el Conocimiento no eran nada tontos, sabían que algo andaba mal entre sus compañeros, pero no se atrevían a decir nada por no incomodar a la familia.

Ya estaban desayunando, May había dejado listo el platillo y el lugar de Koushiro para que él no perdiera tiempo en esperar. En cuanto, escuchó que su esposo bajaba, terminó de servir su café, era obvio que necesitaba uno bien cargado para estar despierto todo el día después de estar la noche entera en vela.

-Ya me voy. Nos vemos en la noche. Vamos Tentomon. –mencionó mientras buscaba sus llaves en la mesita de bienvenida junto a la puerta.

-¿No vas a desayunar?, ya está listo y servido. –preguntó esperanzada al ponerse de pie.

-No, ya es tarde. –reusó al terminar de recoger sus cosas.

-Como quieras. –aceptó tristemente. –No olvides que hoy es la presentación del libro de Takeru y tenemos que estar en el restaurante de Daisuke a las 7:00 pm… confirmamos asistencia.

-Sí, allí estaré. –contestó mirando su reloj. –Tentomon, te estoy esperando.

-Ya voy Izzy. –exclamó el digimon insecto mientras regresaba del sanitario después de lavarse la boca. –Gracias por el desayuno Mayumi, estuvo delicioso. Nos vemos, cuídense.

La puerta se cerró en el hogar por segunda vez en la mañana, provocando en la señora de la casa una inmensa decepción por repetir la triste rutina de la familia Izumi, misma que años atrás estaba llena de amor y de cariño, ahora llena de un ambiente incómodo y poco comunicativo, y aunque ella intentaba día a día regresarle esa luz, muy dentro de ella sentía que iban sumergiéndose en un abismo, mismo del cual no podrían salir tan fácilmente, mucho menos si ella y Koushiro estaban a cada segundo más distanciados por el trabajo.

-¿Estás bien? –preguntó su compañera digimon.

Sus ojos se llenaron de lágrimas tras estos presentimientos e ideas que poco a poco dejaban de serlo para convertirse en hechos.

-Kou… buenos días…

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La familia Ichijouji ya se encontraba desayunando en la casa en la que tenían cerca tres meses viviendo. Mucho más espaciosa y grande, con un bonito jardín al frente, un gran patio, en el que los amigos de sus hijos iban comúnmente a jugar y realizaban diversas reuniones; y lo mejor de todo, al menos para la ama de casa, cercana a la casa de sus amigas, especialmente a la casa de los Hida y los Ishida-Yagami, por lo que se juntaba con ellas a platicar, aunque sólo fuera una vez cada dos semanas o incluso una vez al mes.

-Miyu… ¿sucede algo? Casi no has probado tu desayuno, ¿te apetece algo más? –preguntó Miyako al recoger el plato de su hija y ver que estaba casi como lo había servido.

-No mamá, estoy bien, no me desperté con mucho apetito. –contestó para después levantarse de su asiento e ir a lavar sus dientes.

La mujer había notado actitudes extrañas en su hija, no sabía qué es lo que había pasado, sólo que la relación de ella y el innombrable Yori –nombrado Voldemort por su hijo Kenshi- había finalizado hacía casi un mes. Claro que dejó a todos consternados tras tener tres años de relación, y aunque ella y Ken habían tratado de hablar con su hija, e incluso le habían pedido a Noriko y a Daisuke de hablar con Yori para saber las causas de su rompimiento y poder comprenderlos un poco más, pero ni el chico ni la chica quisieron decir nada. Dieron por finalizado ese tema de discusión, puesto que ni uno ni otro querían hablar del tópico, y para no incomodar ni crear riñas incensarías familiares, ambas familias dejaron ese tema por la paz.

-Allí tienen a la adolescente Ichijouji, pensando una vez más en Voldemort Motomiya. –manifestó el pelilia mientras dejaba de saborear el almuerzo. –No sé porque las mujeres son tan complicadas.

Como respuesta recibió una mirada asesina a lo Inoue, misma que seguía siendo igual de penetrante y que te ponía los nervios de punta como si se empezase a cavar la propia tumba.

-Me iré a lavar los dientes. –indicó Kenshi para no provocar más pensamientos oscuros entre él y su madre.

Inmersa en la tarea de recoger la mesa y lavar los platos, después de verificar que su hijo más pequeño siguiera jugando con esos juguetes didácticos que Koushiro le regaló en su pasado tercer aniversario.

-¡Muévete, yo estaba aquí primero! –se escuchó el grito de sus hijos en el segundo piso de la casa.

-Ya empezaron. –articuló pesadamente abriendo camino para ir a regañarlos como lo había hecho desde hacía tiempo. Pero cuando iba a subir las escaleras y calmar las peleas de sus vástagos, el llanto de un infante le hizo cambiar de opinión. Volteó hacia donde provenía y vio cómo Hawkmon y Wormon se señalaban mutuamente culpándose por hacer llorar al Ichijouji menor en medio de ellos. Sin saber bien qué hacer, y medio dubitativa, porque los gritos de los chicos eran verdaderamente fuertes, tomó la sabia decisión de ir con el pequeño Isamu (en realidad no quería enojarse más, por eso fue con él), pero en al ir caminando a la sala, una mano tocó su hombro.

-Descuida, yo iré a calmar a los muchachos, tú ve con Isamu. –indicó amablemente el detective.

Entre gritos y diretes, peleas y abrazos, los muchachos se despidieron de su madre, dejando a ella y al pequeño Isamu en su ya acostumbrada rutina que sabían de memoria, lo único nuevo era que Isamu iba a la guardería de sus amigas, pero no dejaba de ser monótono y aburrido para ella.

Nuevamente, este desierto de vida en el que todo era igual para ella, no dejaba nada diferente a su paso; pero no contaba con que el teléfono que comenzaba a sonar le causaría una decisión importante, la llenó de ilusión como si fuera una adolescente; aunque eso sí, como una buena esposa primero debía consultarla con su esposo y después aceptar o negar esa oferta tan atrayente.

-¡Por supuesto que acepto!

Bueno, no se espero a hablar con Ken, era una oportunidad, no quería desaprovecharla; aunque eso implicara una discusión con su esposo en cuanto él se enterase.

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El dojo se encontraba en una tranquilidad muy agradable. Ubicado en el territorio de la casa Hida, rodeado de una agradable vegetación en el jardín japonés con muchos árboles y modelos del Ikebana; funcionaba en diversos horarios abiertos para niños, jóvenes y adultos que quisieran aprender de las artes marciales con los reconocidos Hida. Hiromi llevaba a cabo la enseñanza, siendo asesorada por su esposo y como asistente, su tierna hija Amai. Era un buen ingreso extra de dinero, pero antes de eso, era un trabajo que Hiromi amaba hacer. Después de haber tenido a su hijo, la primera elegida de la Nobleza no pudo continuar trabajando en la escuela de Artes Marciales, por lo que decidieron que el dojo que había sido instalado en su casa, fuera remodelado y adaptado para que en lugar de ser familiar, pudiera abastecer a las personas que quisieran aprender. Siendo dirigidos por Iori y Hiromi Hida, y teniendo como maestros a varios colegas de ellos, sin duda el Dojo estaba en uno de sus mejores momentos.

Pero en esas tempranas horas de la mañana en las que el Sol tenía unos minutos de salir, no había clases programadas, pero sí un entrenamiento amistoso de Kendo.

-Excelente hija. Haz mejorado considerablemente. –felicitó Hiromi al levantarse la protección de la cabeza que se llama men.

-Gracias mamá. –simpatizó con una reverencia. –Tengo unos muy buenos maestros.

Hiromi observó orgullosamente a su hija, una muchachita de quince años de edad, con un buen promedio, obediente, noble, dulce, dedicada, cuidadosa, amable, talentosa… era la hija perfecta, era la niña que seguramente todos los padres querían como descendencia. Creía que ella y Iori habían hecho un buen trabajo.

-Creo que iré a asearme para ir al colegio. Muchas gracias por la lección de hoy madre. –haciendo una reverencia de nuevo, se marchó.

Hiromi tenía la vida que siempre había soñado, esa misma vida que por adversidades del destino su padre le impidió tener, de la misma forma que a Iori, pero que ahora ambos disfrutaban.

Recogiendo algunas cosas que había dejado esparcidas por el lugar antes de dejar listo el establecimiento para las próximas clases del día, de las cuales una amiga suya se encargaba; un ruido le hizo poner atención, y le llenó de ternura la imagen que estaba allí. Claramente se veía al pequeño Shousha, copia exacta de Iori, brincando por haber derribado a Armadillomon en una pelea. El pequeño a penas y se paraba y ya quería imitar a su padres y hermana en todo lo relacionado al Kendo. Por eso, es que ver a ese niño que tantas alegrías le había traído a su familia, le llenó de satisfacción y agradecimiento.

Riéndose ante la inocencia del niño por la supuesta victoria de él, fue hacia él y lo cargó amorosamente mientras le acomodaba un diminuto flequillo que comenzaba a encimarse en su blanca frente.

-Mi pequeño ganador… no sé que habría sido de nosotros sin ti. –murmuró levente con aires de nostalgia al recordar el inusual nacimiento que él tuvo.

La agenda de esa jornada estaba completamente hecha, al igual que la planeación de cada día con cada una de las actividades a realizar, y es que con tantos años de convivencia, Hiromi había aprendido a ser más organizada y a ayudar a organizar a su esposo, un amante del buen equilibro en la vida. Y como primer actividad de esa mañana, al igual que lo hacía desde que era niño, el digidestinado más joven de la segunda generación había encendido el reproductor de la cocina para escuchar música clásica para mentalizarse sobre ir al trabajo.

-Buenos días, Iori. –saludó Hiromi mientras entraba con Shousha en brazos para dejarlo en la pequeña sillita que era poco más alta en el desayunador. –Amai y yo te esperamos para ir a practicar, pero visto que no fuiste, empezamos sin ti… espero no te moleste.

-Por supuesto que no, es sólo que hoy tengo un caso muy importante en la corte, por lo que no pude asistir; quise invertir ese tiempo repasando un poco mis argumentos y la defensa. –explicó mientras terminaba de tomar su té.

-Ya veo… ¿estarás libre para la noche? –preguntó algo temerosa de su respuesta.

-Por supuesto, no me pierdo la presentación del libro de Takeru. Lamento no poder pasar por ti, creo que llego directo para allá. –garantizó con una mirada de confianza.

-No te preocupes, me lo imaginé, nos iremos nosotros y te veremos ahí.

Antes de que el abogado pudiera decir algo más, el teléfono de la casa comenzó a sonar. Hiromi estaba a punto de contestar y saber quién llamaba, pero su hija se adelantó.

-Ya contesté mamá. –informó dentro de la sala.

La mujer regresó a la cocina para terminar de preparar el desayuno de sus hijos, sin saber que mientras tanto era observada por Iori. Hacía aproximadamente tres años de un fatal accidente en el que casi Hiromi moría, y con ella, su hijo. Estuvo en coma por dos semanas y con una recuperación lenta debido a una costilla rota. Pero afortunadamente, ella seguía viva, su felicidad era cada día más grande, y estaba agradecido por seguir viendo ese brillo en los ojos miel, y por tener a su pequeño ganador con ellos.

-Mamá, es una llamada para ti. Es del hospital de Odaiba. –informó la muchacha mientras entregaba el teléfono a su progenitora.

-Gracias hija. –lo tomó con algo de preocupación. -¿Diga?... así es, yo soy Hida Hiromi… sí, soy su hija, ¿le sucedió algo malo?... Gracias por informarme… en unos momentos voy para allá.

El abogado estuvo al tanto de cada una de las palabras y gestos de su mujer, sentía que algo andaba mal porque a cada momento que pasaba con la oreja pegada a ese articular, la luz y brillo de los ojos que ella tenía se iba apagando para ser sustituido por una mirada llena de tristeza, preocupación y miedo. Por eso mismo, cuando ella terminó de hablar con esa persona, rápidamente se levantó y fue hacia ella. La conocía tan bien, que con esa expresión supo que necesitaba un abrazo. Sin pensarlo un segundo la rodeó con sus brazos y ella buscó refugio en él ante la mirada expectante de Amai.

-¿Qué pasó Hiro? –preguntó Iori sin saber cómo comenzar a hablar.

-Me hablaron del hospital… es mi madre… sufrió un paro cardíaco… está muy mal.

Amai se quedó sin habla ante la respuesta de su progenitora. Sabía que su abuela estaba mal, pero no se imaginó que lo estuviera tanto como para sufrir ese tipo de problemas en la salud.

-Tengo que ir con ella… me necesita. –susurró.

El ex poseedor de la justicia conocía a su esposa. Sabía que ella era una mujer fuerte, y tenaz. Que si bien había cometido un error teniendo 9 años al querer portar la semilla de la oscuridad, había aprendido de su error y ahora se dedicaba a ser una persona de bien a los demás. Pero, siempre que se trataba de su madre, ella cambiaba, era como si aún tuviera un error que debía enmendar sintiéndose en deuda con ella, quizá por eso se sentía así en ese momento.

-Ahora mismo nos vamos. –afirmó el abogado para después hacer una llamada al trabajo avisando que pospondría la audiencia un poco, o en su defecto, que lo esperaran.

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-¿Juni? –preguntó Mimi al entrar al cuarto de su hija mayor, viendo graciosamente como es que ella utilizaba un peine de cabello como micrófono mientras se veía al espejo y hablaba como si fuera una estrella de televisión.

-Dime mamá. –cuestionó dulcemente al voltearse en dirección a ella.

Ver esa escena, le llenó de ternura a Mimi, hace mucho tiempo ella también ponía una cámara de video casera mientras cocinaba y daba explicaciones sobre sus recetas, mismas que ahora formaban parte de los más prestigiados menús.

-Es hora de ir a la escuela hijita, te estamos esperando. –informó mientras entraba al cuarto y cerciorarse de que le vestido que lucía su pequeña estaba impecablemente rosa.

-Ya voy mamá. –concedió mientras dejaba el cepillo en su tocador y se dirigía a su progenitora. -¿Cómo me veo?

-Como una princesa. –sonrió sinceramente. –Pero date prisa.

-Sí mami. Oye… ¿hoy iremos con mi tío Takeru?

-Así es, recuerda que debemos ir al restaurante de Daisuke. Es el lugar donde se presentará ese libro. –recordó mientras bajaba la escalera. –Pero eso será hasta en la noche.

-¿Y va a ir la prensa? –preguntó emocionada.

-Es lo más probable, hay muchos escritores famosos que asistirán, así como los elegidos… hay más de cien personas invitadas, y por ser un escritor renombrado a nivel mundial, pues creo que sí… ¿pero porqué lo preguntas princesa? –indagó Mimi mientras terminaba de acomodar el gorrito que su hija había escogido ponerse ese día.

-Pues para irme arreglada y bonita… para salir en la tele. –explicó con frases sencillas y llenas de inocencia.

Juni era como una copia de Mimi. Ella misma había detectado cientos de actitudes y características que ella mostraba de niña y que poco a poco fue viendo en su hija. Así como la pequeña princesa era como Mimi, el rebelde de la familia era igual a Taichi.

-Ya nos vamos. –informó una voz desganada y algo fría a sus espaldas, lo que hizo que Mimi se colocara completamente en pie y viera a su hijo mayor. –Regresamos más al rato.

La chef suspiró ante su primogénito.

-Claro Daichi… oye…. –lo llamó. –Acomoda el cuello. –ordenó amorosamente mientras arreglaba la camisa, el saco y la estorbosa corbata que todo adolescente detesta como parte de su uniforme escolar. –Así está bien, te ves mejor.

-Sí, de acuerdo… ya basta, no soy un niño. –rezongó un poco ruborizado por las acciones de su madre. –Ya vámonos Juni.

-Sí hermano. –contestó la infante. –Adiós mami.

-¡Espérenos Daichi! –gritaron Koromon y Tanemon mientras que el primero iba atragantándose con alguna cosa que encontró para comer.

Y tras despedirse se marcharon al automóvil familiar en el que se encontraba el chofer de la casa, quien por ese día los iba a llevar, con destino al colegio, dejando por un breve momento la casa en tranquilidad.

Las cosas habían cambiado en el hogar Yagami Tachikawa. Dos años antes habían recibido la llegada de un nuevo integrante en la familia, la pequeña Tsuki. Tanto a Taichi como a ella les había ido bien en sus respectivos trabajos, y aunque ambos viajaban mucho, en especial el embajador, trataban de aprovechar el mayor tiempo posible que tuvieran, no sólo por sus hijos, sino también por ellos mismos. Respecto a sus hijos, Tsuki apenas y andaba, pero ese sí, con sólo dos años, sus hermanos y padres le mimaban y chiflaban demasiado, pues porque al igual que Juni y Mimi, Taichi decía que tenía algo especial, algo que sólo había visto en Hikari. Juni, esa niña inocentona, seguía creyendo en la bondad innata del hombre, detestaba la oscuridad, seguía creyendo que alguien podía vivir en las nubes, pero sobretodo, tenía los sentimientos más puros que alguien podía conocer. Respecto a Daichi… él era todo un caso; un día estaba feliz y jugaba futbol con sus primos y amigos, y al siguiente era el chico más apático del planeta. Sus padres le delegaban ese problema a la adolescencia, pero en realidad Mimi sabía que había algo más que no había sincerado. Se notaba porque de un día para otro, cerca de dos años atrás, él y Aiko rompieron cualquier lazo de amistad, ni siquiera se sabía si había existido algo más entre ellos, pero lo que era cierto, es que ese lazo que tenían, ya no estaba, y lo que era peor, las rencillas entre sus hijos habían llegado a afectar la amistad entre Taichi y Yamato al momento de querer buscar culpables y responsables.

-Creo que cada día nuestros hijos están más locos. –le susurró una voz a su espalda mientras unos brazos rodeaban su cintura y le daba un ligero balanceo.

-Tonto… me asustaste. –respondió Mimi al momento en que se daba media vuelta y buscaba la mirada de su esposo. -¿Cómo dormiste?

-Mejor de lo que creí… por lo visto el cambio de horario no me afecta. –informó.

-Nunca te ha afectado, tú duermes en cuanto ves la cama. –bromeó. – ¿Ya se solucionó todo?

-Así es… felicita al embajador del Digimundo porque gracias a él, se ha aceptado la propuesta sobre los derechos de los digimon. Si bien antes se habían apegado a los Derechos Humanos, ahora ya hay leyes que anuncian los Derechos Digimon. –manifestó con un toque de arrogancia muy bien fingida.

-En ese caso, debo hacerle llegar mis felicitaciones a ese embajador que desde que se gradúo de la universidad no ha hecho otra cosa que tratar de ayudar cuanta persona necesite, y que desde hace seis años es el único puente entre el mundo digital y la Tierra. Felicidades, mi amor. Sabía que iban a aceptar tu propuesta. –y comunicando esto, ella le plantó un beso lleno de ternura y amor.

-Mejor dicho, era el único puente entre la Tierra y el Digimundo. –corrigió apartando un poco el rostro de su esposa del suyo.

-¿Eras?, ¿ya no lo serás?, ¿estás desempleado?, ¿aceptaron tu propuesta y ahora te corren? Menudos diplomáticos… igual de aprovechados… -antes de que Mimi siguiera maldiciendo a los colaboradores de Taichi, éste decidió que era momento de aclarar la situación.

-Espera princesa. –la calmó. –Yo era el único puente, y cómo era una especie de prueba, ahora se ha definido que cada país tendrá un embajador, y yo seré el embajador de Japón. Ya no tendré que estar viajando y viajando… bueno, sí lo haré, pero con mucha menos frecuencia. –notificó alegremente.

Esa noticia llenó a Mimi de mucha alegría.

-Te felicito mi amor, te mereces eso y más… estoy muy orgullosa de ti. –con una sincera sonrisa le compartió ese momento de dicha. A pesar de pasar periodos sin verse físicamente, ellos eran un verdadero matrimonio estable, lleno de amor y que eran un claro ejemplo para otro tipo de figuras públicas que por lo general acababan separados o divorciados, pero afortunadamente, ese no era el caso de ellos dos.

-No sólo fui yo… Koushiro me ayudó mucho, y ni hablar de Iori, prácticamente fue él quien hizo el anteproyecto, yo sólo me encargué de enmendar ciertos detalles… a propósito, la próxima semana será el nombramiento de todos los embajadores en New York. Quiero que vayas conmigo… ¿te gustaría? –ofreció con una sonrisa esperanzada.

-Me encantaría mi amor, pero a pesar de tener estos días libres, creo los niños tienen colegio. –se opuso temerosamente.

-Anda… –insinuó. –Dentro de poco es nuestro aniversario, y creo que sería una buena idea que tú y yo… nos demos un tiempo juntos… ¿qué te parece? –preguntó más esperanzado a cada palabra que decía, llenando de ternura a Mimi por la actitud y detalle que su esposo tenía con ella… cómo negarse a algo así.

-No.

Taichi cayó en un abismo, creía que su plan funcionaría.

-¿Porqué no?... ¿acaso no quieres estar conmigo?, ¿no quieres otra luna de miel? –preguntó desdichadamente sintiéndose el peor marido en la historia de los matrimonios.

-Claro que sí. –aclaró antes de que los poderes de la oscuridad se apoderaran de él y lo mandaran a una cueva oscura. –Por supuesto que me gusta la idea de regresar a New York, y más si es para estar contigo, pero…

-¿Pero?

-Pero me preocupo por los niños, Daichi ha andado medio loco últimamente, se ha salido sin permiso e incluso me han llamado de la escuela para informarme que no entra a clases. Y Tsuki está acostumbrada a verme todos los días, sería algo extraño para ella que no esté aquí… créeme que sí quiero ir contigo, pero hay que darle prioridad a lo que es primero. –manifestó sintiéndose fatal por romper las ilusiones del hombre.

-Ya no me amas… está bien, lo entiendo. –aceptó dramatizando en exceso. -Es porque me están saliendo canas, ¿cierto?

Mimi rio ante el comentario infantil de su esposo. –Claro que te amo. Por favor no digas eso.

-Está bien. Acepto tus disculpas. –ofreció juguetonamente. Ver la actitud de su amada sólo le hacía sentirse el hombre más feliz en el planeta, y entre tantos pensamientos y recuerdos, se le ocurrió una brillante idea. -¿Qué te parece si hacemos un viaje familiar? Pedimos permiso en la escuela de los chicos, y nos apartamos de todo… por favor, ¿Qué dices?

-¿Un viaje familiar? –indagó ilusionadamente, pues desde que Tsuki había nacido, prácticamente esas salidas se habían reducido a ir a visitar a los abuelos o salir con uno que otro amigo. -¿Hablas en serio? O sea… ¿todos en New York?

-Por supuesto, nuestros hijos tienen que conocer el lugar al que te mudaste cuando tenías once años… y el lugar en el que fui a buscarte cuando tú y yo terminamos cuando teníamos diecinueve, donde me rompiste el corazón por saber que eras novia de Michael, donde tu padre me amenazó de muerte por quinta vez, donde…

-Ya no recuerdes esa historia. –pidió por tratar de olvidar tan amarga experiencia de varios años atrás. –Pero me encanta la idea de ir, pediremos permiso con los chicos en la escuela, y todo solucionado.

-¿Queda cerrado el trato? –preguntó mientras acercaba sus labios a los suyos.

-Dalo por hecho. –el beso que selló la promesa fue de los más tiernos y amorosos que se habían dado, pero como siempre, había quienes interrumpían el momento romántico.

-¿Y qué hay de nosotros? Nosotros también queremos ir. –mencionó Agumon que tenía rato viendo esa escena junto a Palmon.

-Pero claro que van. Toda la familia irá. –afirmó sin rastro de duda el primer embajador del Digimundo.

.

.

-¡Es la última vez que les hablo! ¡O bajan en este momento o yo misma iré por ustedes par de adolescentes!

Con ese grito amenazador empezó el día atareado para la familia Kido. En los últimos meses en la familia las cosas no marchaban bien. Era conocido que Momoe era una de las mejores doctoras y que siempre estaba ocupada, y que Joe era el iniciador de la medicina digital, y que con el paso de los años, había logrado ser el pionero, ejemplo y motivación a los miles de doctores que ahora ejercían como médicos cirujanos digitales. Lamentablemente, con una carrera tan exitosa, se dejaba de por medio la comunicación familiar, que si bien, no había problemas conyugales entre él y Momoe, sí los había con sus hijos, especialmente con los mayores.

-Katashi, por favor habla a tus hermanos, que nuevamente van a llegar tarde a la escuela. –pidió derrotadamente la única mujer que vivía en esa casa.

-Sí mamá. –obedecía enseguida después de terminar de arreglarse su corbata frente al espejo del recibidor.

-Espera, yo voy contigo. –mencionó su Bukanamon, un digimon parecido a Bukamon, pero un poco más pequeño y de color azul.

Momoe suspiró pesadamente. Vivir entre cuatro hombres era pesado, recordó que antes no lo era tanto puesto que todos eran muy organizados y obedientes, pero en los últimos meses todo fue cambiando… Katashi no era el problema, de hecho, él era un muy buen portado, y su esposo, a pesar de verse sólo después del trabajo, era un gran apoyo para ella al igual que sus digimons. Pero sus hijos mayores eran todo un caso. Se habían vuelto algo irresponsables, flojos, e incluso habían descuidado su aspecto personal, cosa que era totalmente inadmisible en el hogar. No sabía que es lo que le había pasado a esa personalidad extrovertida y preocupona que tan buena mezcla era entre ella y Joe. No quería que sus hijos se volvieran así de aislados, no creyó que eso pasara con ellos puesto que ni ella ni su esposo eran así, y sobretodo no deseaba que sus hijos vivieran la mejor etapa de su vida siendo amargados y medio rebeldes.

Vio el reloj nuevamente, ya era tarde, y lo que más le extrañaba era que tampoco Joe había bajado, así que fue a buscarlo a la habitación que ambos compartían.

Momentos antes de que Momoe decidiera gritar y apresurar a los hombres de la casa, Joe ya se había levantado y arreglado desde temprano como todos los días, sin embargo, en esa ocasión, el médico digital había demorado más de lo previsto.

Mientras se peinaba, él descubrió lo que todo hombre teme, incluso sintió ese miedo mayor al que en su momento le invadió cuando era niño elegido y vio por primera vez a Apocalymon… porque el enemigo que ahora estaba frente a él, no podía vencerlo: una cana.

Prestó más atención a su reflejo. Vio una que otra arruguita entre sus parpados, y por primera vez en todos esos cuarenta años, el mayor de los elegidos se sintió poco cool.

Sin dudar un solo segundo más, y decidido a cambiar algo en su vida para darle un toque más atrevido, fue a cambiar su vestimenta, se puso lentes de contacto que sólo había usado en una ocasión, se peinó diferente, y se arrancó con todo el dolor de su corazón esa estorbosa cana en su cabellera azul.

La verdad es que sí se veía mejor, un poco más relajado y un poco más joven… bueno, en realidad no se veía tan diferente a excepción del cabello y la ausencia de anteojos, sin embargo, interiormente él se sentía mejor.

-Te vez diferente Joe. –comentó Gomamon mientras observaba las raras poses que él hacía frente a espejo.

-Esa es la idea Gomamon.

-Como tú digas… oye… me iré abajo con Jiyumon para esperarlos. –informó cediendo la razón a su compañero.

El digimon acuático salió de la habitación, mientras Momoe entraba.

-¿Joe?, ¿qué te pasó? –preguntó demasiado extrañada.

Esa era la oportunidad que él necesitaba para mostrar la gala de una nueva personalidad. –No ocurre nada preciosa. Sólo que he decidido cambiar un unas cosillas… ya sabes, para agradarte un poco más.

Y fueron esas palabras y ese tono sugerente en la voz que hizo ruborizar a Momoe como nunca en la vida, ni siquiera de adolescente cuando él y ella llevaban una relación de odio-amor; lo cual, fue un punto extra para Joe, ya que no esperó esa reacción.

-Estás loco… ¿qué intentas hacer? –preguntó sorprendida cuando él la sujeto en brazos rodeando su cintura.

-¿Qué acaso no es obvio doctora? –susurró coquetamente.

Ese fue el límite para la mujer. Le resultaba muy divertido ver a su esposo en esa actitud de chico cool buena onda, no sabía que es lo que le había orillado a hacerlo, pero ella debía ser sincera y mostrar ese apoyo a su esposo. Así que tras darle un inocente beso, se dedicó a sincerarse de la manera más dulce posible para no herir sus sentimientos.

-Joe, que te ves patético. –sutil.

Al parecer las hermanas Inoue eran iguales.

-¿Tan mal me veo? –preguntó desolado.

-Te ves bien, pero así no eres tú… no finjas ser alguien que no eres por favor… que por algo te amo así desde hace mucho tiempo.

Eso lo reconfortó, así que sin esperar más, ambos bajaron para llevarse la sorpresa de que sus hijos mayores aún no habían salido de su recamara.

-Bueno… ¿qué es lo que les ocurre a estos muchachos? –espetó el medico, que ahora ya estaba cambiado a su vestimenta ordinaria.

-Fui a buscarlos, pero ni siquiera me abrieron la puerta. –informó Katashi.

–Iré yo… ustedes suban a la camioneta… en un momento voy, ya es muy tarde. –terminó de ordenar el médico.

En cuanto su esposa, hijo menor y digimons salieron del hogar, Joe fue hacia la habitación que sus hijos compartían.

-Hijos, ya los estamos esperando. –tocó la puerta, y en vista de que nadie dijo nada entró a la habitación. Abrió los ojos desmesuradamente al ver la precaria situación en la que esa alcoba se encontraba. Era tan deprimente. Basura por todas partes, ropa tirada, restos de comida, y un olor desagradable así como una clara evidencia de que los muchachos Kido no estaban allí.

Joe se preocupó en gran manera, lamentablemente era muy tarde, así que lo único que pudo hacer fue ver esa nota que uno de ellos se molestó en dejar.

Salimos temprano.

No llegamos a comer.

Nos vemos en la reunión del señor Ishida

-Shun

-Al menos esta vez dejaron una nota. –susurró decepcionadamente. Esta situación con sus hijos debía cambiar cuanto antes.

.

.

-Buenos días. –saludó la maestra de prescolar, que junto a Hikari Ishida se encargaba de dirigir el colegio para prescolares que ellas habían puesto. –Adelante. –dijo Noriko a los padres de familia que dejaban a sus hijos en la entrada.

-Buenos días maestra. –saludó inocentemente un pupilo de cinco años. –Le he traído esta manzana. –y entregándola rápidamente en la mano de su educadora, se fue corriendo a lo que era una pequeña cancha de fútbol.

-Gracias. –habló en el aire ante la huida del niño.

Regresó a su labor de recibir a los infantes. Esa profesión realmente le gustaba, y más porque lo hacía junto a una de sus mejores amigas, Hikari.

-Mamá, si ya no necesitas nada mas… creo que le diré a mi papá que nos lleve a la escuela. –sugirió Yume al llegar a donde esta su progenitora.

-Seguro hijita, y gracias por ayudarme a decorar el salón para el taller de cuentos, creo que no se me hubiera ocurrido todas esas ideas que tú tuviste. –comentó Noriko.

-No fue nada, sabes que me gusta mucho hacer ese tipo de cosas. Por cierto, ¿has visto a mi papá?

-Sí, está con tu hermano en el patio. –contestó señalando el lugar.

-¿Están jugando fútbol? –preguntó quedamente, como si esa información le lastimara, pero lamentablemente, la maestra no se percató de ese tono en la voz de su única hija.

-Ya los conoces. Está claro que ellos no pueden ver un balón sin que lo pateen. Si quieres puedes ir a buscarlos, yo debo quedarme aquí por si algo se ofrece, aun no ha llegado Hikari.

Yume y su digimon se marcharon a buscar a su padre, pues Daisuke estaba con sus vástagos en el patio.

-Ya me desocupé papá, si quieres podemos irnos ya. –informó mientras veía cómo pateaban el balón en la diminuta portería.

-Sí, sí, sí… sólo espera que Tenshi logré anotar un gol y nos iremos de inmediato. –contestó sin siquiera mirarla pues ellos estaban completamente absortos en la próxima gran hazaña del niño.

Yori comenzó a indicar cómo debía patear el balón, y el niño, haciendo como si prestase atención o cómo si los consejos de su consanguíneo mayor fueran lo más importante del mundo, obedeció.

-¿Así? –preguntó su inocente voz mientras apuntaba con su piernita derecha la pelota en dirección a la portería.

-Así, muy bien campeón… ahora patea con todas tus fuerzas en cuanto el narrador del partido diga sobre el penal. –el pequeño Tenshi, de a penas dos primaveras de edad, asintió. –"Después de un partido lleno de jugadas intensas hechas por el equipo nacional de Japón, el jugador goleador estrella Tenshi Motomiya, hará un penal que decidirá el futuro de su país en la copa mundial. Recordemos que es hijo del aclamado ex jugador Daisuke Motomiya y hermano menor de Yori Motomiya, el mejor jugador que actualmente se encuentra en el equipo nacional de Brasil junto a Ozora Tsubasa. Y como entrenador tiene a Taichi Yagami, el antiguo digielegido, leyenda en el Digimundo, portador de los googles legendarios, embajador digital y…"

-Papá, que Tenshi ya se está durmiendo. –interrumpió el primogénito al hacer notar como su hermanito comenzaba a cerrar los ojos en señal de aburrimiento.

-¡Con ustedes el penal de Tenshi! –aceleró el discurso para que el infante anotará.

Dicho esto, Tenshi levantó la piernita y pateó con todo lo que sus escasos dos años le permitieron, pero en lugar de patear hacia el frente, lo hizo hacia la derecha, mandando la pelota justo hacia el lugar en el que Yume y Ginomon estaban.

Los todos los digimons de la familia Motomiya estaban al tanto de lo que pasaba, y ellos, como los varones, siguieron con la mirada y la boca abierta, a excepción de Tenshi quien aseguraba que el balón iba tan rápido que apenas y se podía ver a simple vista en dirección hacia la portería que tenía a escasos metros de ellos.

En cambio, Yume, apiadándose de su hermanito y de las ilusiones de su padre por revivir esas historias locas en su cabeza, fue que con un ligero y firme movimiento de la punta de su pie, aventó la pelota en dirección, enfoque, y ángulo perfecto hacia la anotación. La niña de los sueños sonrió victoriosa al ver que sin hacer el más mínimo esfuerzo, anotó un gol perfecto, con la esperanza de que su padre lo valorara.

-¡Gol! –gritaron todos.

-¡Excelente Tenshi! ¡Hiciste un tiro con chanfle! –vitoreó al pequeño mientras ambos gritaban y celebraban las porras que los digimons daban por hacer el supuesto "tiro en rosca"

Hip Hip..! –comenzó Yori sabiendo que eso le gustaba decir a su hermano.

-¡Hurra! –contestó de manera orgullosa por anotar un gol mientras levantaba su puño en señal de victoria.

Yume fue acercándose a la celebración del gol plagiado.

-¿Viste cómo metí ese gol, papá? –preguntó la muchacha llena de ilusión.

-Sí, hija, pero recuerda que ese gol lo metió el campeón de tu hermanito. Tú no debes estar en la cancha de futbol. –dijo sin verla a los ojos cargando al menor.

Ese comentario le hirió en su corazón. Parecía que nunca, hiciese lo que hiciese, sería suficiente para su padre. Siempre la había tratado diferente a sus hermanos, nunca le había dejado jugar con ellos, pocas veces la tomaba en cuenta al momento de divertirse, y si lo hacía, le ponía cosas "irrelevantes". Yume se quedó con la idea de que si fuera chico, tal vez su padre le pondría más atención.

Entre gritos de emoción y porras de la tribuna conformada por tres digimons, parte de la familia, todos regresaron a la entrada para ir a las respectivas actividades del día, encontrándose allí a unas personas muy queridas por ellos.

-¡Hola Kotaro, Saki! –saludó su amigo Yori al llegar con él. -¿Qué hacen aquí?

-Le ayudamos a mi mamá a traer algunas cosas para las actividades que habrá el día de hoy sobre los talleres de lectura. –respondió Saki. –A propósito Yume… tu mamá me dijo que decoraste el salón… muy originales tus ideas, es como si entraras al Digimundo.

Yume se ruborizó ante el halago, no era secreto que la chica Motomiya sentía algo especial por el rubio hijo de Takeru, en realidad sentía cosas por cualquier chico guapo, pero no había sacado los genes de su tía Jun al lanzarse y pegarse como lapa, más bien dicho, era más parecida a su madre en esos aspectos, aunque de vez en cuando, daba gala y honra al apellido de su progenitor. –Gracias. No fue tan difícil, tu papá describe muy bien los lugares en sus libros infantiles del Digimundo. Además que hemos ido en varias ocasiones, así que ya tenía las ideas, sólo las plasmé en los cartoncillos pegados en las paredes.

-En las paredes, el techo, las ventanas… en serio, tienes demasiada paciencia para todo eso, la verdad es que yo no podría hacer tanto material didáctico. –agregó el rubio.

-Pues gracias por reconocer mi trabajo. –se mostró agradecida y halagada. –Por cierto… ¿ya se irán a la escuela? Si gustan podemos darles un aventón, mi papá nos va a llevar. –ofreció.

-Por mí está bien, hoy nos iríamos caminando. ¿Ustedes que dicen chicos? –preguntó Tokomon a su compañero y hermanos.

-Pues… si tienen mucha prisa pueden irse ustedes, pero yo tengo que esperar a Amai. –comunicó el portador de la luz.

-¿Amai?, ¿que viene a hacer aquí? –preguntó extrañado Yori.

-Me llamó y me dijo que sólo por hoy va a venir a dejar a Shousha… al parecer tuvieron un problema, y Amai se debía encargar de él. –comentó a grandes rasgos sin caer en detalles que no le correspondían decir.

-Pues hablando de la reina, mira hermano… allí está Amai. –señaló Saki.

Desde hace tres años que Kotaro y Amai tenían una relación sentimental. Si bien, esa relación que floreció como un amor infantil desde niños a raíz de que Kotaro salvó a la mencionada de ahogarse en una alberca con sus escasos seis años de edad, con el tiempo ese sentimiento creció, al igual que ellos, y de la amistad pasaron al amor, y aunque muchos dijeron que tenían sólo doce años de edad, ahora tenían quince y seguían compartiendo una de las etapas más bonitas de la vida. Pensar en eso, le alegró grandemente, le dio algo de nostalgia recordar las primeras citas que tuvieron, así como sus primeros besos, los cuales fueron mejorando con el paso del tiempo. Kotaro estaba agradecido no sólo por tener a una chica tan linda, en todos los sentidos de la palabra, sino porque esa chica linda y dulce, le correspondía sus sentimientos.

No pensó mucho sobre cómo es que ambos cayeron en eso conocido como amor, porque vio en su novia llevaba a su hermanito de la mano. Era una escena bonita y tierna, pero, él la conocía a la perfección, y por más tranquila que ella se mostrará, tenía una mirada que ocultaba una preocupación y miedo.

-Buenos días señora Hikari. –saludó Amai con una reverencia. –Saluda Shousha. –le ordenó a su hermanito.

-Guenos días. –la finita voz del infante saludó a la maestra mientras imitaba la reverencia que su hermana había hecho.

-Igualmente, buen día. –contestó la llamada luz. -¿Y tus padres Amai? –indagó al notar que ella venía sola.

-Pues verá… por el día de hoy yo tuve que hacerme cargo de traer a Shousha. Mi madre tuvo que ir al hospital. –informó reservadamente.

-¿Le ocurrió algo a Hiromi? –cuestionó alarmada Noriko, la mejor amiga de la mencionada.

-Mi madre está bien… fue mi abuela quien está delicada, no entendí muy bien, pero parece que ella sufrió un paro cardíaco. Mis padres fueron a verla. –aclaró.

-Pues si hay algo que podamos hacer, sólo díganlo, y tengan por seguro que les ayudaremos. –apoyó Daisuke que recién se integraba a la conversación.

-En ese caso no era necesario que Shousha viniera, entendería a la perfección que él tuviera que faltar. –mencionó Hikari.

-Lo sé, pero en el hospital no se le permite pasar, además que mi madre iba a estar ocupada para atenderlo. –opinó.

-Creo que tienes razón… y tú, ¿irás al hospital? –cuestionó su novio.

-De momento no. Tengo examen en la escuela. –precisó.

-Pues espero que tu abuela mejore. Nuevamente te recuerdo nuestro apoyo, no sólo para ti, sino para toda la familia, ya sabes, lo que necesites aquí estamos. –retomó dulcemente la madre de su novio.

-Gracias. –reconoció su ayuda, y aunque su padre le decía desde que era niña que no debía deber nada a nadie, por esa ocasión sintió la necesidad de acudir a ellos. –en realidad… hay algo que me gustaría pedirle Noriko. –empezó tímidamente.

-Claro, dime.

-Quería pedirle si me podía hacer el favor de esperar un poco más de la hora de salida cuando pase por Shousha. Siempre lo recoge mi madre, pero por esta ocasión mi mamá me dijo que no vendría, así que yo me haré cargo de él. Sin embargo, como en la escuela yo salgo más tarde que aquí, pues… quería pedirle que me esperaran hasta que fuera mi hora de salida, aunque si no puede me salgo antes del colegio, no se preocupe.

Noriko se enterneció por el tono en la palabras de Amai, le recordó mucho a cómo Hiromi era a su edad, y ante una petición tan simple y esa manera de pedirla, no había nadie que se negara ante esa dulce muchacha.

-Amai, por supuesto que sí. Siempre hay padres de familia que tardan en llegar por sus hijos, ni siquiera tenías que molestarte en pedirme eso. Pero te propongo algo más. Yo me llevo a Shousha al colegio cuando pase por Yume y Yori, así no te sales temprano, no das vueltas innecesarias y de paso te llevamos a tu casa. ¿Qué opinas? –ofreció mientras buscaba la mirada de apoyo y afirmación en su esposo.

-Claro, así tus padres también estarán más tranquilos. –sugirió Daisuke.

-No quiero molestar, con esperarme es suficiente. –ruborizándose se disculpó.

-Insistimos Amai. No es molestia, son vueltas que como quiera debemos hacer.

La mencionada volteó a ver a su hermano quien tenía sus ojitos verdes enfocados a ella con la cabeza totalmente levantada y sonriendo.

-De acuerdo, muchas gracias.

.

.

Todo era oscuro. No se sentía nada, todo era negro, con carencia de sentimientos. No había nada porqué luchar… parecía que todo estaba perdido. Intentó moverse, pero una gran fuerza la mantenía en su sitio. Estaba acostada de lado en lo que parecía ser una cama, sin poder hacer nada más, y haciendo un gran esfuerzo, se enderezó.

-No, no, no… -Sora despertó en su cama. -Sólo fue un sueño, una terrible pesadilla. –se dijo agitada y sudando.

-¿Sora, te encuentras bien? –preguntó Biyomon que al parecer estaba a su lado.

-Biyomon, sí, estoy bien, sólo que… tuve un terrible sueño. –contestó llevándose una mano al pecho y respirando profundamente.

-Sora… -la digimon pájaro intentó interrumpir.

-Soñé que Yama y Gabu no regresaban de su misión espacial Pero… fue un sueño. –se convenció.

-Sora… no lo soñaste. –le dijo su digimon con la voz quebrada y ojos acuosos ante romper las pocas esperanzas de su compañera.

-No, no es verdad. Él no puede estar muerto, Biyomon no me mientas tú también. –le dijo con voz fuerte e incontradictoria.

-No estoy mintiendo, Por más que me gustaría que así fuera no lo hago. Sora… ocurrió un accidente en la nave espacial. Los compañeros de Yamato quedaron encerrados en el túnel que conectaba la base del satélite que ellos acababan de arreglar con la nave espacial. Yamato y Gabumon fueron a ayudarlos y lo lograron, pero…

-¿Pero qué? –gritó fuertemente.

-¡Pero al ayudarlos y hacer que salieran, ellos quedaron atrapados y...!

-¿Y qué…? –quería terminar de una vez.

-¡Explotó! –dijo cayendo en lágrimas nuevamente. –El laberinto explotó, no quedó rastro de ellos ni del satélite. Los tripulantes narraron la historia cuando regresaron.

Esa información destruyó todas las esperanzas y sueños de la pelirroja. No podría ser cierto, Yamato le había dicho que ella y él estarían juntos por siempre… ¿acaso "por siempre" duraba tan poco?

Se negaba a creerlo, no quería que nada de eso fuese cierto. Yamato estaba vivo. Gabumon no permitiría que su compañero muriera, eso era seguro.

Sora sabía que su esposo y padre de sus hijos estaba vivo, algo le decía muy dentro de su corazón.

Al pensar en eso, ahora sí, Sora despertó. Agitada y temerosa, abrió los ojos esperando encontrar a su esposo a su lado, pero en la cama sólo estaba ella. Se asustó, vaya manera de comenzar el día; aunque se tranquilizó al ver su bata en un perchero y las sabanas revueltas, clara señal de que Yamato se había levantado.

-Es increíble que hayan pasado tres años y yo aun sigo teniendo las mismas pesadillas. –murmuró mientras se levantaba del lecho matrimonial. Pero al hacerlo, cayó nuevamente sentada. Se llevó una mano a la cabeza mientras la otra le ayudaba a resistir el equilibrio apoyándola en la mesita.

Y ver esa escena, a quien iba entrando a la habitación, le asustó.

-Sora… ¿te encuentras bien? –preguntó la compañera de la mencionada.

Con algo de esfuerzo, intentó contestar. –Sí Biyomon, estoy bien, es sólo que me sentí muy mareada de pronto.

-Yamato me dijo que estarías así. Aun no sales de tu resfriado. –comentó rememorando las palabras del rubio.

-Sí es probable, aunque he de decirte que me siento mucho mejor que ayer. –informó.

-Me alegro Sora, Fuyu prácticamente está recuperado. –agregó felizmente.

-Me alegro, a él le pega muy fuerte cualquier resfriado. –comentó mientras se levantaba de nuevo.

-¿A dónde vas? –cuestionó al ver nuevamente la terquedad de su amiga.

-Pues lo que hago todas las mañanas Biyomon, a preparar el desayuno de los niños. –habló como si fuera lo más normal del mundo.

-Es que… es que los muchachos y Yamato ya se fueron. Sólo se quedó Fuyu y su digimon. –afirmó tímidamente.

Esa información le molestó a la pelirroja. Vio el reloj de la mesita y vio la hora, era demasiado tarde como para que sus hijos la esperaran. –Pues ya que.

-No te enojes, Yamato te dejó listo el desayuno, sólo que Fuyu se volvió a dormir. –agregó la digimon.

A Sora no le quedó remedio más que aceptar las decisiones de su esposo. Y en el fondo le agradecía que fuera así de comprensivo y se mostrase solícito a ayudarla por su gripe.

Después de desayunar, aunque no le hubiera encontrado sabor a la comida, atendió a Fuyu; al parecer no volvería a ir al maternal, y ella se quedaría en la casa. Hizo un par de llamadas para ordenar lo que debía hacerse en el estudio, pronto saldría la ropa de verano, y no podía darse el lujo de faltar sólo por faltar, pero sus empleados habían sido comprensivos, y como siempre le dieron su apoyo.

El móvil de la pelirroja sonó en el momento que ella y su hijo menor, junto a los digimons, utilizaban un jueguito de construcción que su tío Takeru regaló en su segundo cumpleaños hacía cinco meses. Se alarmó por un momento, pensando en que podía perturbar al bebé, pero la melodía que sonó la conocía de sobra, demostrando que era su esposo quien hablaba.

-Hola. –contestó Sora con una sonrisa y esperanza de escuchar la voz de su amado.

-Hola cielo, ¿cómo amaneciste? –preguntó con esa devoción que mostraba desde la adolescencia. Lo cual hizo sonreír inconsientemente a la pelirroja.

-Mucho mejor, Fuyu también está bien. –manifestó en un tono tranquilizador.

-Me alegro. ¿Crees que puedas ir en la noche con Takeru? –cuestionó a sabiendas de poder recibir una negativa.

-Claro que sí. No me pierdo ninguno de sus presentaciones, y mucho menos si es una en la que salimos nosotros… a ver que es lo que le agregó al libro. –aseguró.

-Es cierto.

-A propósito, ¿cómo estaban Aiko y Yuujou? –preguntó por sus otros hijos al no haberlos visto en la mañana.

-Iban bien. Yuujou estaba adormilado, pero estaba bien. Dijo que se pasaría a casa de Kenshi en la salida para hacer un trabajo, me encontré a Ken y me dijo que con gusto lo recibía. Aiko regresará a la casa, para que estés al pendiente, por favor.

-Claro que sí. No te preocupes.

-Bueno, me tengo que ir mi cielo, sólo quería ver cómo estaban y si necesitaban algo… hay que trabajar. Nos vemos en la tarde. Te amo.

-También te amo a ti, mi amor. –correspondió para después colgar la llamada que ella y Yamato habían entablado. Sora se sentía extraña, ¿era normal seguir sintiendo esas sensaciones cada vez que hablaba con Yamato?, si no lo era, en ese caso, no quería sentirse bien.

.

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-"Las crestas demuestran una cualidad, un sentimiento, una virtud o un valor; pero no brillan por sí solas, necesitan de una fuerza mayor llamada voluntad. Esa voluntad es el poder por el cual te levantas y decides soñar, de esta manera la voluntad se transforma en una luz, y esa es la luz que todos conocemos como: El Poder de los Emblemas."… ¿Qué te parece Patamon?

-Está bien Takeru… ya lo has repetido muchas veces. Ya lo sabes de memoria. –comentó el digimon de la esperanza.

-Lo sé, pero es que estoy algo nervioso. Hoy sale la nueva edición de todos mis libros de los elegidos. Cinco libros que se presentan… no creí llegar a tanto. –comentó ilusionado mientras hojeaba una vez más esos apuntes que se había hecho.

-Tranquilo, todo estará bien, sólo confía en que así será.

.

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En un lugar sin ser ubicado, no perteneciente al Digimundo ni al Mundo real, unos seres cuya apariencia no podía describirse por tanta oscuridad que había, se encontraban atentos a la siguiente orden que su amo diera.

-Pronto habrá un desequilibrio entre los mundos. La fuerza que mantiene protegido al Digimundo se ha debilitado, pronto necesitará liberar el poder de los emblemas para sellarlos nuevamente.

-Y antes de que eso pase, lograremos entrar a la tierra y traer a aquello a quienes necesitamos. –agregó otro ser.

-No te adelantes a mis planes. –regañó, callando al ser que lo interrumpió. –Pero ya saben que hacer… sólo esperar un poco más, y está vez, lograremos tener nuestra venganza, esa venganza contra aquellos que decidieron mandarnos a la más oscura vida, y al más triste destino. Si a nosotros nos ha tocado vivir así, a todo ser viviente le ocurrirá lo mismo.

-Pero tú puedes ir libremente a todos los lugares que buscas, tienes la capacidad de materializarte en un ser humano o en un digimon… ¿Por qué sólo tú puedes hacerlo? –preguntó un Divermon

-Cállate. –espetó golpeándolo fuertemente con un látigo. –Lo hago para entrar a la vida de los elegidos y detectar sus puntos débiles.

-Haz vuelto a hacer lo mismo que hace tres años, ¿Cuál será la diferencia?, ahora ya no hay Digimons tipo virus con los que hagamos pactos. –cuestionó.

-La diferencia, es que tenemos el poder de los antiemblemas, y una gran ventaja es que muchos de los elegidos han perdido esa fuerza que los emblemas les daban. Además, pronto conseguiremos lo que hace falta. La mitad de mis datos reside en uno de ellos, una vez que la obtengamos, lograré estar completo, y ahora sí, no fallar. –comentó el anteriormente conocido como Dark.

Esa información sólo dejó a los digimons más atentos a lo que tenían que hacer. Lo único que querían era esa reina que tanto tiempo atrás les había sido negada, querían a alguien para su amo, para poderles servir y tener esa descendencia inmortal; confiaban en ese ser que llegó a ellos tres años atrás, esperando, de que esta vez, llegará alguien mejor a la chica que tiempo atrás, se fue junto a un chico de cabello rubio volando con unos digimons.

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El salón de ese restaurante estaba impecable. Una elegante decoración, arreglos florales y un servicio amable eran los calificativos para describir la armonía del lugar.

El espacio se fue llenando poco a poco por las personas que llegaban con la invitación y por la prensa, así como algunos clubs de fans que el aclamado escritor Takeru Ishida tenía.

-Felicidades cuñado. Cinco rediciones de tus libros, y de ellas cuatro catalogadas como Best Seller. –felicitó Taichi con un golpecillo en su hombro.

-Te lo agradezco Tai, muchas gracias por venir. –gratificó sinceramente.

-No tienes que agradecer nada, Takeru. Es un verdadero placer que nos permitas compartir tus logros con nosotros. –añadió Mimi quien estaba al lado de su esposo.

Personas iban con Takeru y le elogiaban por sus logros literarios. No se libraba de la prensa, había muchas revistas, periódicos, la televisión… incluso sus padres iban a trabajar para cubrir la nota, no tanto como padres orgullosos que apoyan a su hijo.

Todos los elegidos y sus familias estaban allí, pese a sus vidas ocupadas y agenda apretada, siempre hacían un espacio para los asuntos digitales. Incluso Hiromi hizo el esfuerzo de dejar a su madre en el hospital por un breve momento para ir a apoyar a su amigo, a demás de que ya se encontraba un poco más estable de salud. El único digielegido que faltaba era Koushiro, May le había hablado en varias ocasiones durante la velada, pero no contestó, sólo hasta que habló a su oficina Tentomon le contestó pero le dijo que estaba ocupado, deprimiendo más a la elegida de la paz.

Llegó el momento de que algunos de los encargados de la editorial comenzaran a decir unas palabras sobre el trabajo del rubio.

Contó una breve sinopsis de la redición de los libros, así como algunos personajes, y para sorpresa de todos, la nueva edición contaba con imágenes de las locaciones en las que todas y cada una de las aventuras vividas por los elegidos, y para asombrar más aún, muchas eran de las fotografías que Hikari había tomado en el Digimundo.

Hablando sobre la trayectoria de Takeru, sobre su vida, y sobre sus hazañas junto a sus amigos en el mundo digital, fue como la presentación de esos libros estaba a punto de concluir, pero claro, no sin antes, dirigir unas palabras de agradecimiento y aliento a quienes estaba allí dirigidas por el rubio escritor.

-Buenas noches una vez más. Les agradezco su presencia a todos los que me han apoyado en esta trayectoria. Hace dos años publiqué la última parte de las narraciones sobre las aventuras que viví con mis amigos en el Digimundo. Y gracias a ustedes es que se ha elegido como libro del año y se ha lanzado una nueva edición. Agradezco a la editorial que fue la única que se atrevió a apoyarme hace quince años con mis primera publicaciones, a la prensa que está aquí, al club de fans, claro que a los digimons, a mis amigos digielegidos y no digielegidos, a los hijos de ellos, a mi familia, pero sobretodo, a mi esposa Hikari, ya que sin ella apoyándome en cada una de las decisiones que he tomado simplemente no sería lo que soy ahora.

Una gran ovación de aplausos se escuchó en el local.

-Creo que ya conocen todo sobre esta saga de libros, mentiría si dijera que no quiero escribir una continuación, pero la verdad es que si la llego a escribir, es porque habría otro problema entre los mundos.

Ante ese comentario, se escucharon risas en la audiencia. Justo en ese momento, Koushiro y Tentomon llegaron, pasando desapercibidos y sentándose en la mesa en la que estaba parte de la familia Izumi y Kido, mostrándose a una molesta Mayumi.

-Nuevamente les agradezco su apoyo, daré una firma de libros en un par de días para los interesados. –informó sus próximas actividades con un toque gracioso. –Y ya por último les hago mención de una de las últimas frases que escribí en mis obras: No hay que olvidar que aunque ya no formes parte de ella, la aventura siempre digievoluciona... Gracias por todo, espero que sigan disfrutando de la cena.

Aplausos y más aplausos se escucharon en el establecimiento, felicitaciones llegaron al escritor, y muchos se fueron incluso a felicitarlo en persona, especialmente sus seres mas allegados.

Cuando las muestras de reconocimiento disminuyeron, Takeru fue personalmente a cada mesa.

-Daisuke, muchas gracias por prestar tu restaurante para la presentación. Déjame decirte que tienes un servicio de banquete muy amplio. –reconoció el rubio mientras pasaba por la mesa en la que las familias Motomiya e Hida estaban.

-Al contrario Takeru, gracias a ti y a la prensa me hago publicidad. –sinceró.

-Ya decía yo…

-Oye Takeru… en esta mesa, es la quinta canasta de canapés que se pide, sabes. Creo que te saldrá muy costoso. –comentó Iori al recordar que Motomiya mayor e hijos habían acabado con todo.

-Pidan lo que quieran, después de todo es la editorial la que paga. –despreocupó.

En la mesa contigua, la familia Yagami e Ishida Takenouchi se encontraban, la verdad es que los adultos y los más chicos estaban muy alegres de compartir unos momentos juntos.

-Te digo So, ¡que me voy a New York!, todos nos vamos la próxima semana, es increíble. –comunicó la chef.

-Ya lo has mencionado toda la noche… ¿podemos cambiar de tema? –pidió el ex astronauta.

La pelirroja miró fulminantemente a su esposo, y Taichi también lo hizo a sabiendas de que cuando Mimi hablaba de ella es porque quería seguir hablando de ella.

-¿Y ya sabes la ropa que te vas a llevar? –siguió Matt para salir un poco indiferente tocando el único tema que conocía gracias a su esposa.

-No, por eso es que le quería pedir a Sora que si podía mostrarme algunos diseños de su nueva temporada y usarlos el día del nombramiento de mi Tai. –compartió su gran idea.

-Por supuesto Mimi… creo que tú eres quien más publicidad me haces al usar mis diseños en televisión. Si quieres puedes ir mañana al estudio y te muestro la colección antes de que salga a la venta, ¿te parece?

-Claro que sí. Debo aprovechar que ya terminé de grabar esta temporada del programa y disfrutar de este mes de vacaciones.

-¿Y también puedes hacerme un vestido a mi tía Sora? –preguntó desesperadamente Juni al escuchar la palabra vestido.

-Seguro Juni. Es más, te haré uno especial, sólo para ti. Lo único que tienes que hacer es decirme cómo lo quieres…

En seguida, la princesa empezó a dar detalle de lo que un vestido suyo debía tener, claro que debía ser color rosa, esponjadito, con más color rosa… y claro que todos estaban divirtiéndose con sus explicaciones, claro, excepto dos adolescentes que no hacían otra cosa más que evitar sus miradas. Para Daichi, Aiko y Yuujou, era un ambiente algo pesado, incluso el pelirrojito Yuu no sabía el porqué de esa actitud.

-Me enteré que entraste al equipo de futbol en la escuela, te felicito. –mencionó el adolescente de cabello alborotado en un intento de romper el hielo.

-Sí, así es. Es muy divertido. Soy defensa. –siguió alegremente el chico mencionado.

-A mí la posición que más me agrada es ser delantero. –dijo Daichi.

-Él juega muy bien. –habló Koromon en esta ocasión.

-Pues Aiko juega con Chikako en el equipo femenil de la secundaria. –refutó Pyokomon para no quedarse atrás.

-Pues Daichi es el capitán.

-¿A sí?, pues Aiko también es la capitana del equipo.

-Ya van a empezar. –murmuró Yuujou cansadamente al pronosticar un nuevo enfrentamiento entre humanos y digimons en un juego de "mi casa es más grande que la tuya, lero lero." Por lo que volteó a algún otro lado para distraerse, enfocando su mirada en su amiga Kazuyo. Por un momento tuvo la idea de buscarla a ella y a Kenshi, pero desistió porque allí estaba su papá. Y por lo que la niña había comentado, él casi no pasaba tiempo con ellas, así que se aguantó las ganas de divertirse un rato y dio la oportunidad a su amiga de que disfrutara de la compañía de su familia reunida.

-Perdona por llegar tarde, tuvimos una junta y se prolongó más de lo esperado. –comentó Koushiro a su esposa en voz no muy alta mientras estaba revisando un par de apuntes en su celular.

-Lo importante es que ya estas aquí para apoyar a nuestro amigo. –rectificó mientras ponía una mano encima de su móvil.

-Está bien. –se rindió ante la mirada esperanzada de su esposa. La quería demasiado como para no darle unos cuantos minutos que ella le pedía.

-Y dime Izzy, ¿cómo has visto a mi hermano? Hace tiempo que no lo veo. –preguntó Joe.

-Pues Shin está ocupado igual que todos. Él es el encargado del área que abrimos hace tres años, sobre vigilar los estados del mundo digital y del nuestro. –informó a grandes rasgos. –Y díganme… ¿cómo les va a ustedes? –preguntó para variar de tema.

-Antes de que llegaras le estaba comentando a Mayumi que pronto se abrirá una carrera en la universidad como Doctor del Mundo Digital. Y me han solicitado muchos de mis estudios y experimentos para desarrollar las teorías. En realidad no varían mucho de las de los humanos, pero también es importante crear estudios sólo para ellos, pues difieren entre sí, porque el tratamiento también depende de la función que tengan los digimons.

-Pues te felicito Joe, me alegro que cada día los digimons son más tomados en serio.

Shun y Souta no habían hablado demasiado, los dos estaban inmersos en sus celulares, y escuchando música, de hecho, antes de llegar al local, había habido una gran discusión por la ropa que ellos deseaban usar, una que no era la apropiada para salir. A resultado de esto, los dos decidieron cambiarse, pero algo sí era seguro… las cosas estaban mal con ellos, la pregunta era ¿porqué? Si siempre habían sido hijos ejemplares.

Por otro lado, Mayumi estaba un poco más tranquila por la presencia de su esposo, pero no dejaba de lado la preocupación por un próximo problema familiar, el cual, no estaba segura de afrontar.

La velada concluyó de una manera muy tranquila pese a los roces que algunos de los hijos de los elegidos podían tener entre sí, las cosas estaban tranquilas, y como siempre, como si no se vieran entre semana, algunos hacían planes para salir.

-Entonces… ¿les parece si el próximo viernes nos vamos de día de campo al Digimundo? –preguntó Akari a las chicas.

-Sí, vamos… últimamente con la escuela no hemos tenido nada de tiempo para divertirnos. –comentó Ami con ojos suplicantes para las demás.

-Pues la verdad, yo no estoy segura, todo depende de cómo siga mi abuela. De momento no cuentan conmigo. –se disculpó Amai.

-Amai, es una reunión de chicas… nunca podemos estar todas. –comentó Chikako. –Pero te entendemos, no te preocupes.

-¿Y yo también puedo ir? –preguntó Juni.

-Por supuesto prima, sólo pide permiso a tus papás. –accedió Akari. –Es una reunión de chicas elegidas. ¿Hay alguien más que no pueda o quiera ir?

Todas se vieron entre ellas, hasta que Miyu habló.

-La verdad es que… yo tengo cosas que hacer, no creo poder. –dicho esto, la pelinegra salió del círculo conformado por las elegidas.

-¿Qué sucede con Miyu? –preguntó Aiko, pues sus actitudes le resultaban raramente familiares.

-Desde que ella y Yori terminaron ha actuado extraño. –suspiró Amai. –Y no pregunten el porqué, ni siquiera me lo ha querido decir a mí.

A Aiko le pareció muy extraño todo ese comportamiento, sobretodo en ella, pues desde que eran pequeñas, Miyu se había caracterizado por ser extrovertida, feliz, valiente, firme, caprichosa y decidida. Nada que ver con la chica tímida, cerrada, triste y callada en la que se había convertido en el último mes.

Entre comentarios, la cita para salir quedó para el sábado en la mañana, todo el día estarían allí, tenían mucho cotilleo del que platicar.

Cada una de las familias se fueron a sus hogares, había sido una bonita cena, llena de recuerdos, de amistad, de buenos deseos… de cierta forma era el final feliz después de grandes batallas en el mundo digital.

Una vez en la casa, los Ishida Yagami se disponían a dormir después de cerciorarse que sus hijos y digimons estuvieran dormiditos.

Tk estaba preparando la cama matrimonial mientras Hikari terminaba de hacer algunos apuntes sobre las clases que al día siguiente terminaría de dar en el prescolar. En cuanto la primera portadora de la luz se levantó y volteó al lado donde estaba su esposo, se ruborizó al ver cómo es que él llegaba rato observándola.

-¿Qué sucede? –preguntó tímidamente.

-Que te amo demasiado. –contestó mientras caminaba hacia ella para abrazarla.

-Yo también mi escritor. –le susurró en el momento en que se acercaros sus rostros. –Ya ni te dije lo mucho que me gustaron tus palabras, sobretodo las que me dedicaste.

-Es toda la verdad. Sin tu apoyo en todo lo que decido, yo creo que ni si quiera habría entrado a la universidad. –sinceró.

-No digas eso Takeru, tú tenías y sigues teniendo ese talento, si no hubiera sido yo, te aseguro que cualquier otra persona lo hubiera hecho.

Ishida se que quedó cautivado por la voz y por la mirada de esa mujer, esa maravillosa mujer que tenía por compañera.

-¿En qué piensas ahora? –preguntó nuevamente.

-Recordaba lo que Chinlonmon nos dijo hace muchos años, sobre nuestros digieggs, que la luz es lo que da vida al Digimundo y la esperanza es el guardián de ésta. Cuando entras en una oscuridad no se debe perder la luz que se lleva dentro del corazón, y sabes que… tú Hikari, tú eres la luz de mi corazón.

La castaña lo miró nuevamente, como lo veía todos los días. Cada vez ambos descubrían algo nuevo en los dos.

-Y por ti, es que yo soy luz, si es a eso que te refieres.

Y para sellar ese momento inolvidable entre ambos, Takeu recordó lo que en cierto momento un maestro en la universidad le dijo sobre escribir el libro personal de cada quién, y para él, Hikari era el libro entero, él sólo se limitaba a llenar las páginas con todo el amor y felicidad que pudiera darle.

Sin embargo, aunque muchos de los elegidos de todas las generaciones tuvieran una vida "tranquila", con los problemas cotidianos y no tan complicados para resolverse, ninguno de ellos, ni siquiera Koushiro, quien se encargaba de investigar las anomalías en el Mundo Digital; tenía una idea lejana del trago amargo que estaba por llegar a la vida de todos los humanos. Pues los problemas no sólo estaban en el Digital World, estaban en los demás mundos que rodeaban a la Tierra.

Al parecer, Takeru Ishida estaba a punto de comenzar a escribir un libro acerca de otra historia de aventuras, el cual, seguramente volvería a ser un Best Seller.

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Notas de la autora:

Sabían que es el capítulo más largo que he escrito?, bueno, que así es como comienza esta última parte de la trilogía. Gracias por decidir seguirla, espero que sea de su agrado, que de momento yo estoy disfrutando mucho al escribirla.

En lo personal me costó trabajo escribir sobre adolescentes, amo a mis niños, y los niños que hay aun son muy peques no saben ir al baño; pero creo que de quienes se reirán más será de Tenshi.

Hay decenas de preguntas, espero que se vayan contestando poco a poco.

¿Qué le pasó a la mamá de Hiromi? ¿Porqué Daichi y Aiko no son pareja si en el epílogo lo eran? ¿Porque Saki y Chikako tampoco? ¿Qué sucedió con cuates Kido? ¿Por qué Koushiro y Mayumi están al borde de la desintegración? ¿Cuál será ese plan de los malos malvados si se supone que ellos ya estaban muertos? ¿Por qué Juni ya no quiere a las nubes? Y la pregunta principal… ¿Qué paso con el Yoyu/Miri? (entiéndase Yori y Miyu)… todo esto y mucho más en:

En el capítulo 2: Dura realidad

No guardes rencor.

Tengo que cuidar a mi hija… nada le va a pasar

-Miyu… -fue lo que alcanzó a susurrar al ver cómo su "amiga" se retiraba

¿Por qué Yori y tú terminaron?

Eso es algo que no puedo decirte, me avergüenza mucho…

Han sido suspendidos una semana. Ellos no han asistido a clases en el último mes, llevan reprobadas unas materias, no hacen trabajos, y la última, le faltaron el respeto a su maestro.

Falleció, ya no está con nosotros.

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Infieran sobre los posibles problemas adolescentes que habrá, jeje :D

Creo que es todo de momento, muchas gracias, comenten si les apetece, y nuevamente les deseo Feliz aniversario Digimon!

Por cierto, por cierto! Agradecer demasiado a Anael, pues ella fue quien me hizo el gran gran favor de subir esta historia, porque en este momento estoy de vacaciones en Cancún jeje, así que si tardo en responder reviews, es por motivos de ausencia.

**Amai do**

Publicado: 01 08 12