Gracias, FriendlyMushroom, para la traducción de mi primer fic en español. Mucho amor para tí. Oh, y no poseo el Avatar.


Aang

(Se que parecará fácil, pero a decir verdad, no lo es del todo…)

Su vida.

Trabajar como el Avatar había sido todo menos un paseo por el parque: siempre se trató de tratados de paz, ve aquí, firma esto, apacigua a ésta gente, controla ésta rebelión…

Eso sí, estaba enamorado… enamorado de una mujer en particular que le había robado el aliento.

(Necesito que pienses por un momento…)

Ella era hermosa, si… perfecta, lista, una maestra talentosa, con una tremenda actitud una vez que sabías tratarla. ¿Pero que pensarían los monjes si lo vieran ahora? Había tomado sus votos de castidad, el matrimonio estaba prohibido. ¿Pero cómo no hacerlo si estaba tan enamorado de aquella mujer?

Recordaba el día en que los monjes lo habían llevado a iniciarse con sus tatuajes de maestro aire. Era tan sólo un niño en ese entonces, apenas y llegaba a los doce sabiendas de que aquel ritual se llevaba acabo a los quince o dieciséis años…

Su cuerpo sangró durante días después de eso.

Y lo dejaron sólo en un cuarto, suponiendo que él estaba conforme con sentarse y reposar y mirar hacia la pared, cuando en realidad era todo menos eso.

(Todo lo que quería era un poco de compañía.)

Sus jóvenes y vacilantes pasos resonaban taciturnos a lo largo del templo, la vegetación seca y moribunda se amontonaba en los ricones de las estatuas destrozadas. El viento sacudía los alrededores, suspirando pesadamente ante los oídos de la tierra, la cuál refunfuñaba en respuesta.

Pero nada en el templo respondía. Nada vivo le gruñía de regreso.

Él araño las paredes, y su mano se tiñó de negrura y suciedad. Memorias de una civilización ya perdida, su civilización perdida, y del cómo su mente nublada y solitaria se encontraba, siendo el último de los maestros aire.

Y Aang se dio cuenta del horrible sacudir de su cabeza, estaba más aterrado de la soledad que de cualquier otra cosa.