Hey, hola! emm pues este es el primer fic que subo en esta pagina, e escrito varios fics antes entre ellos otro de kuroshitsuji llamado 'Dulces mentiras' que publiqué en fafic es y no e podido continuarlo ._. digamos que mi cabeza se estanco en esto.. pensaba desde hace un tiempo escribir un fic como este pero siempre dude de como me quedaría, en especial, ya saben hacer una protagonista que ame desde el fondo de mi ser... lo que no funciono realmente xDD
Pero bien e creo que debo presentarme, soy Sam... ehh... si, si la chcia del fic se llama como yo ehh tengo 15 años ¿? no sé si sea relevante o no pero ya que... tengo una cuenta en fanfic es donde tengo ehh creo que son cuatro fics, uno de inuyasha, dos originales y mi pesadilla de kuroshitsuji si quieren leer algo de por ahí me llamo Samikati97 creo ._. hace años que no entro ahí y actualizo lo que tengo... p-pero espero que eso no vuelva a suceder o me doy un tiro ;_;
Soy rara, estoy loca y amo el yaoi pero no me nace escribirlo... no de kuroshitsuji, vamos me gusta el yaoi de kuroshitsuji por sobre mcuhas cosas pero no puedo escribirlo ¡No entra en mi cabeza! Así que hice esto porque un día tuve un lindo sueño sobre esto y bien aquí esta.
No entiendo muy bien fanfiction... ehh así que fue todo un lio subir la historia porque la cuenta esta aqui desde hace más de un año y nada que subo porque no entiendo, me aturde e_e así que no sé si el rango este bien pero creo que si esta bien por eso de la violencia que ya leeran... creo que me sobrepase.
Pero en fin la historia trata sobre una escritora, distraida, histerica y solitaria que por cosas del destino hace un pacto con un demonio con tal de salvar la vida de su prometido, a raíz de esto se da cuenta de poco en poco que quizá un demonio era lo que faltaba en su vida para hacerle todo un poco más divertido e interesante.
Comenten!
Mi historia se resume en cuatro días cuando todo perdió su significado pero recobro el sentido, cuando vi pasar mi vida frente a mis ojos… cuando para mi desgracia o para mi suerte conocí al endemoniado Sebastián Michaelis.
Hay que empezar por hace una semana, un par de días antes de que viajara a Nueva York, en un principio mi motivo para viajar era el negociar la posible dramatización o serialización de uno de mis libros.
Desde hace unos cuantos años había comenzado a escribir, desde cualquier cosa hasta llegar a una de las sagas de libros más vendidas en todo el continente americano, a mis 23 años tenía todo lo que podía desear… una buena casa, a Richard mi prometido y mi trabajo, el trabajo que yo quería, trabajaba cuando quería y como quería.
No lo recuerdo con exactitud, soy buena recordando, pero, mi vida antes de conocerlo es un tanto confusa, borrosa.
Solo recuerdo que fue un sábado en el que comencé a empacar mientras hablaba por teléfono con mi editora, viajaría a Nueva York el martes, Richard iría conmigo para ver ciertas cosas sobre nuestra boda… nos casaríamos a finales de octubre. El punto era que mi editora insistía en que era mejor posponer el viaje y hacer los tratos en Londres por el tema de la delincuencia en Nueva York, las pandillas y esas cosas... la ignoré, siempre dramatizaba de más.
El martes por la mañana llegamos al aeropuerto, pensaba un poco sobre mi futuro con Richard, podía imaginar el día de nuestra boda… no éramos muy apegados a la religión pero Richard insistía en hacer hasta lo imposible para agradarle a mis padres a quienes él todavía no conocía, ese era el plan para la siguiente semana…
El viaje en avión fue de lo más tranquilo, yo estaba algo asustada en un principio… nunca antes había ido a Nueva York; en parte eran los nervios por ir a un lugar nuevo y porque era la segunda vez que Richard y yo viajábamos juntos… solos. Recuerdo que la última vez que eso pasó choqué el precioso auto de Richard… quizás mi miedo era natural, no solo por las insistencias de mi editora si no porque yo tenía un mal presentimiento de todo esto…
La mañana del Viernes 13 desperté recostada sobre el pecho de mi prometido envuelta entre las blancas sabanas del hotel de lujo donde nos hospedábamos, la noche anterior un par de copas de vino y el ambiente de velas aromáticas habían hecho lo suyo... estaba feliz, pero, el anillo de compromiso con un enorme diamante se hizo inmensamente pesado.
Salimos a caminar en la tarde, celebrábamos que la compañía televisora y la editorial aceptaban mis condiciones y propuestas; atardecía de eso estoy segura, nos dirigíamos a un restaurante a dos manzanas del capitolio… todo sucedió demasiado rápido…
Nos tomábamos de las manos, cruzábamos la calle y él me guío por entre las tiendas y puestos ambulantes, paramos en una especie de callejón a la mitad de la calle, me aferré a su mano con una mala sensación invadiendo cada fibra de mi cuerpo.
— ¿Crees en esto de las supersticiones?—, me preguntó calmadamente.
Lo mire extrañada pero curiosa y jugueteé con el anillo en mi dedo.
—Sabes, no creo en nada de eso—, dije de la misma forma, me sonrió.
—Sam es Viernes 13 ¿No te provoca un poco de miedo?- insistió.
Negué con la cabeza… la verdad yo seguía asustada, solo un poco.
— Pero tus libros… ¿Aun así nada?— volvió a decir.
—Solo un poco pero sigo sin creer mucho en esas cosas—, le conteste, él soltó una risilla y su rostro perfecto se me acerco tanto que pude sentir su aliento.
Entonces pasó…
Alguien me jalo bruscamente estrellándome con la repugnante pared del callejón y su enorme mano me cubrió la boca antes de que pudiese reaccionar, escuché la voz de Richard e intente forcejear pero una pesadez tremenda comenzaba a cerrarme los ojos, me mareé… mi boca estaba cubierta con un maldito trapo empapado en cloroformo. Todo se volvió obscuro, Richard gritó mi nombre y no supe nada más.
Nunca había sido alguien supersticiosa, aquel mito del Viernes 13 me importaba un cacahuate pero estaba sucediendo… mierda me estaba sucediendo…
Me dolía horrores la cabeza e intente levantarme entonces reaccione y las imágenes antes de quedar inconsciente se agloparon en mi cabeza con tanta rapidez que quede aturdida, abrumada… aterrorizada. Abrí los ojos con dificultad y la luz que esperaba encontrar solo era inmunda y fría obscuridad, lo poco que pude distinguir estaba borroso, tenía la boca tapada y estaba atada de manos y piernas, por el tambaleo de la superficie donde me hallaba tirada estaba dentro de un auto o una camioneta… me habían secuestrado.
Creo que pasaron diez minutos y el automóvil se detuvo, escuche murmullos y abrieron la cajuela, dos encapuchados me miraron soltando una risa socarrona, uno me sostuvo con fuerza sentándome a las afueras de la cajuela me soltó las manos y en menos de un segundo el otro me tapo los ojos con una especie de paliacate hecho jirones. Entre en pánico cuando sentí un frio y fino metal acompañado de un pinchazo que me atravesó el brazo… una jeringa… sentí el liquido correr por mis venas y una pesadez y adormecimiento instantáneos se apoderaron de mí, me habían drogado.
Volvieron a amárrame las manos, estaba mareada y había perdido la voluntad y fuerza como para intentar escapar, solo pensaba en Richard ¿Qué le habían hecho? ¿Por qué a mí? ¿Por qué a nosotros? ¿Por qué a él? Richard era una persona común, con un trabajo ordinario como maestro de jardín de infantes, tenía un departamento pequeño y sencillo, no tenía más familia que a mí ¡Diablos esto era mi culpa! ¡Demonios! ¡Me querían a mí y no a él! ¡Por mi culpa él ahora… él ahora...!
Me solté a llorar, intente gritar, pataleé sin fuerzas frustrada y asustada mientras me conducían a no sé donde.
Cuando se detuvieron me quitaron la ropa y luego me arrojaron sobre el frio piso hecho quizá de metal y de un tirón fuerte me desataron las manos y los pies, la venda de mi boca se fue y entonces grité débilmente, me saqué el paliacate y pude ver como cerraban la jaula donde me habían botado… ¡Una maldita jaula!
Un fuerte y repugnante olor a carne descompuesta y viseras me provoco más nauseas y aferrándome a los gruesos barrotes de la gélida jaula inspeccione rápidamente el lugar. El lugar era levemente iluminado por velas semi-consumidas en las paredes de ladrillo gris llenas de humedad como si el lugar estuviera abandonado desde hace mucho tiempo, el piso gris terroso y empolvado... me dio un escalofrío. Habían muchas personas con los rostros cubiertos por mascaras o vistosos antifaces, todos ataviados en túnicas negras. Maldije entre sollozos impotentes y desesperados. En el centro del maldito lugar había una especie de mesa hecha con piedra y una enorme mancha de sangre atrajo mi atención… iba a morir… me iban a matar… moriría…
—No…—, susurré negando con la cabeza y me encogí dentro de la ya de por si reducida jaula…
Mis memorias como en una película pasaron ante mis ojos, a Richard y la imaginaria boda que había creado en mi cabeza, lloré más fuerte y comencé a gemir dolorosamente.
— ¡Hoy rendiremos en sacrificio a esta sucia e inmunda mujer que a perdido su identidad a costa de despreciable dinero!—, una voz ronca y enfermiza soltó entre carcajadas, perteneciente a un hombre encapuchado y de mascara blanca, se acercó a la mesa de piedra y los demás le rodearon.
¡Maldita sea! ¿Yo una mujer sucia que solo pensaba en dinero? Pero que diablos estaba sucediendo… ¡¿Sacrificio?
La jaula se movió siendo arrastrada por dos enmascarados, la multitud de negro parecía divertirse al verme y escuche unas risotadas que me calaron hondo… esto era, su maldita diversión…
Para entonces apenas y podía moverme, las piernas no me respondían y encima de eso estaba tan aterrorizada que lo poco que podía mover los brazos era entre patéticos temblores.
Me sacaron con brusquedad que la jaula y estrellaron mi cuerpo contra la mesa de piedra, me quede sin aire y ante la humillación de mi cuerpo desnudo me enfurecí de sobremanera, sentía la sangre hirviendo de la impotencia y la adrenalina de ver mi propia muerte tan cerca. Me llené de odio.
Comenzaron a tocarme con sus manos desnudas… algunas eran raposas otra finas, tanto de mujeres como de hombres pero todas causaban lo mismo, dolor.
Un hombre, estoy segura, me jaló de los cabellos con una fuerza bestial arrastrándome entre la gran mesa de piedra y apretujo mi cara con sus toscas manos, sentí con una enorme repugnancia como otros dos sujetos me tiraban de las piernas y me acomodaban boca arriba, uno me apachurraba los pechos… me dio tanto asco y cerré los ojos dejando escapar unas amargas y dolorosas lágrimas…
Rogué piedad sabiendo que no se me daría, por eso no creía ¡No había un maldito Dios para salvarme ahora! ¡Donde demonios estaba esa jodida fe que no servía de nada! ¡Eso era mentira! ¡No existía tal cosa! ¡No existía Dios…! pero si existía el muy maldito me había abandonado ¡Inclusive podría estar disfrutando de mi dolor!
Me retorcí comenzando a gritar pero eso provoco risas más fuertes del sujeto que me jalaba de los cabellos, el tercer sujeto me tocaba las piernas con lascividad y grité más fuerte que nunca cuando arrojo su túnica y vi su asqueroso cuerpo desnudo, entonces el sujeto que me tocaba los pechos pareció volverse loco y las personas detrás de él reían divertidos… comenzó a morderme los senos haciéndolos sangrar y dejando marcas moradas desde mi cuello hasta el estomago.
Grité otra vez y otra vez más.
— ¡Arrepiéntete perra pecadora!— gritó el que me sostenía la cabeza, le escupí y recibí una fuerte cachetada, luego me azoto la cabeza contra la mesa y si yo estaba abrumada y atontada por la droga ahora estaba semi inconsciente.
Gemí con odio pero un fuerte dolor me recorrió la espina dorsal haciéndome que arquera la espalda y grite desgarrándome la garganta… no supe en que maldito momento pero un fierro ardiendo al rojo vivo me golpeo en la espalda baja… me habían marcado como a un animal… jadeé intentando dejar de gritar pero entonces cuando no podía estar más furiosa y humillada el erecto miembro del sujeto desnudo entro con tanta fuerza que sentía que me partiría en dos.
Apreté los puños tan fuerte que me enterré las uñas pero ningún dolor se comparaba al de ese sujeto entrando y saliendo de mi como un demente, me retorcía de dolor sintiendo la sangre escurrir por mis piernas, por mis pechos, por mis labios.
Gritaba pidiendo auxilio, todo era inútil.
—¡¿Por qué?—, solté desquiciada con una voz tan irreconocible y ronca por el dolor.
Recibí otra bofetada y berré con la sangre hirviéndome, todas las malditas voces reían sonoramente observando como era que me violaban y me golpeaban…
Me sentí despreciable, imagine que Richard podía estar sufriendo peor o igual que yo… que él estaba muerto ¡No! ¡Esto no estaba sucediendo! ¡No podía morir aquí! ¡No ahora ni así!
— ¡Quien sea!—, grité desesperada… no iba a morir ¡No voy a morir!— ¡No quiero morir!—, imploré con fuerza y con un tono venenoso y furico—. ¡No me importa quien! SALVAME
Rieron más fuerte y una mujer creo se acercó con una sonrisa por debajo del antifaz y empuñando un cuchillo de carnicero contra mí se rio de manera demencial.
— ¡SALVAME!—, exclamé sin miedo solo con furia y las lágrimas se detuvieron… entonces lo vi. Todo se volvió lento, todo en cámara lenta.
Detrás de la mujer que me iba a descuartizar… como una bruma negra envuelto en plumas negras, sus ojos destellando de color rojo algo violáceos con pupilas rasgadas y una crueldad inhumana, una afilada sonrisa con colmillos tan blancos como su piel mortecina de cadáver viviente, uñas como garras largas y negras… no me daba miedo, al contrario me parecía hermoso de una manera retorcida.
— ¿Quieres ser salvada?—,se burló con una voz varonil que me hizo temblar.
— ¡SOLO HAZLO! ¡NO IMPORTA QUIEN SEAS NI LO QUE QUIERAS SOLO MATALOS Y SACAME DE AQUÍ!— ordene con gritos sonoros y llenos de ira.
Los hombres que me golpeaban parecieron detenerse y sentí su miedo ante sus temblorosos y patéticos murmullos.
La espectral figura que caminaba con parsimonia se carcajeo estridentemente y la mujer que planeaba acuchillarme calló al piso retorciéndose de dolor.
—Has invocado a un demonio ¿No es eso aterrador?–, inquirió con burla y los otros tres sujetos cayeron al suelo con los cuellos rotos y torcidos.
Negué con la cabeza aún con la sangre hirviéndome y la adrenalina mezclada con sangre brotando de cada poro de mi cuerpo.
– ¡Demonio sácame de aquí y mátalos a todos!–, ordene desquiciada por el odio mientras me incorporaba en la sucia mesa de piedra.
– ¡N-no escuche al inmundo sacrificio mi señor!–, dijo con voz temblorosa un encapuchado- ¡Tómeme a mí…!–, dijo con decisión, el demonio río y su cabeza calló al suelo con los ojos desorbitados.
– ¿Qué esperas?–, le dije arrogante, con desprecio.
–Ah, pero que ansiosa es usted… ¿Le ordena a un demonio como si fuera algo mio? Hay reglas señorita… dígame, está usted dispuesta a hacer un trato conmigo ¿Quiere que le cumpla su deseo?
– ¡Solo haz el trato y cúmpleme mi deseo!–, le dije harta y con firmeza.
– ¿Estas consciente de qué una vez hecho el trato jamás podrás regresar a la luz?
–Jamás e visto esa luz–, enfaticé y tomo mi mano ayudándome a levantarme.
– ¿Cuál es tú deseo?
– ¡Quiero venganza en contra de los que me hicieron esto! ¡Quiero saber quienes fueron y porque lo hicieron! ¡Quiero encontrar a Richard!–, dije tan segura que el tono que usé no me pareció mi propia voz pero no importaba… ya nada me importaba.
–Ah, ya veo… tú alma a cambio de tu venganza y la vida de tú prometido ¿No es cierto?
– ¡Solo haz el maldito trato de una buena vez!–, grité y las llamas de las velas se apagaron.
Una brisa gélida envolvió la habitación y todo se hizo tan obscuro que no pude distinguir absolutamente nada, los desgarradores gritos de todas las personas ahí y el grotesco sonido de sus huesos al romperse, de su sangre brotando hasta manchar todo y las suplicas de piedad hicieron reír al demonio, yo me mantuve inmóvil con el inmenso dolor atormentándome, apenas me mantenía en pie. Cuando estuve a punto de caer las luces volvieron alumbrando todo con intensidad y me sostuve de la mesa de piedra, devolví el estomago asqueada ante los cuerpos masacrados.
El demonio aún envuelto en la bruma negra con aquellas plumas cayendo por todo el lugar me miro atravesándome con sus ojos rojo sangre, ya no me importaba las condiciones ni la desnudez de mi cuerpo… eso era tan insignificante a comparación.
Pero de manera repugnante cuando estuve a punto de gritarle otra vez sentí sus afilados dientes por sobre mis labios y apretujo su boca con fuerza hasta introducir su lengua, me invadió tanto coraje mientras intentaba apartarme de él, un tosco y repugnante beso que me corrompió completa, cuando me soltó escupí mordiéndome los labios y tomándome con delicadeza enfermiza encajó sus garras en mi hombro, observe la brillosa figura tatuada en su mano y sentí como el brazo me ardía horrores, grité tan fuerte que me quede sin aire y la quemazón en mi piel se esparció por todo mi cuerpo haciéndome caer en la inconsciencia pero apenas y pude tener una última visón.
Pude ver como la bruma y las plumas negras se iban, como era que la fuerza sobrenatural se concentraba en un solo punto tomando forma… alto, un hombre alto y de complexión delgada pero fuerte, un par de ojos brillantes color carmesí, una fina nariz y pómulos altos, los labios finos y curveados me sonreían y su barbilla era levemente afilada, su piel como la porcelana y cabello negro como la noche que tenía mechones más largos cayéndole en la cara…, sentí como me levantaba en brazos y me cubría con una tela negra, me desmayé.
Regrese del mundo de la inconsciencia entre cálidas pero rígidas sabanas blancas, con el cuerpo inmovilizado y adolorido… como si hubiese sido una terrible pesadilla pero no, estaba en la cama de un hospital conectada a un aparato que marcaba mis latidos y mi respiración, el hombro derecho vendado, con un respirador en la nariz, la mano izquierda inmovilizada por las agujas clavadas… eran dos, por una pasaba sangre y por la otra un liquido transparente que sentía caer dentro de mi cuerpo gota por gota un tanto frio y refrescante.
Intente incorporarme pero un punzante dolor de cabeza me mantuvo fija a la cama, busqué con la mirada cualquier indicio de alguien o algo… del demonio. Lo vi parado detrás del cristal a la ventanilla del pasillo del hospital hablando con un sujeto alto y robusto de bata blanca, el doctor supongo, llevaba una camisa blanca impecable y pantalones de vestir negros, se me revolvió el estomago y la boca se me hizo amarga… ¿Qué había hecho?
Eso no tenía importancia.
Tosí y la molestia de mi cuerpo se hizo más notoria… ¿Cuánto tiempo habría pasado?
El doctor y el demonio me vieron, la mirada carmesí me atravesaba con esa sonrisa cínica que me daba asco.
La puerta de vidrio se abrió de golpe y solo escuche los taconazos desesperados golpeando la cerámica blanca y pulida del piso.
Jessica Sammuels, mi editora, se hallaba postrada a los pies de la cama con un semblante preocupado y culpable, ella era la de siempre, con su piel bronceada de color canela, el cabello negro y exageradamente lacio degrafilado y medio maltratado le caía por los hombros llegándole a la mitad de la espalda, se peinaba con una pinza sosteniéndole el flequillo por detrás de la cabeza dejando su amplia frente al descubierto, sus ojos grises me miraban al borde del llanto, sus facciones un tanto afiladas pero finas y delicadas me indicaban que estaba llorando, sus labios maquillados de un rosado contrastantemente claro se abrían y cerraban buscando que decir pero no emitió palabra alguna. Movía las manos entre el paño que llevaba en las manos y se arregló la falda lisa y negra que llevaba puesta, guardo el pañuelo en uno de los bolsillos de su blusa morada y respiró hondo tranquilizándose… creo.
– ¡Cuánto lo siento Sam…! ¡Yo no creí que te pasaría esto! ¡Perdóname!–, sollozo.
– Oh, Jess esto no es tu culpa, pero tenías razón–, intente bromear con la voz extrañamente quebradiza pero fría, alargue en su dirección mi mano derecha y ella se arrimó a un lado de la cama sosteniendo mi mano con una leve sonrisa triste.
El doctor entró seguido del demonio y le mire expectante y con severidad. Me devolvió una irritante sonrisa.
–Señorita Carson–, me hablo el sujeto robusto y de bata blanca–, dependiendo como se sienta puede salir mañana mismo del hospital, por ahora necesita descansar y mantenerse en observación por esta noche–, dijo amablemente–, la señorita Sammuels se a encargado de todo si quería saber, cualquier cosa la enfermera vendrá–.
Me señaló el botón con una campanilla colgando de un lado de la cama y asentí.
Se fue y me dejo junto a Jessica y el demonio… el demonio.
-Amm Jess…-, susurré un tanto confundida.
-Ah, el-, pareció leer mi mente, por algo era mi editora y consejera-, él te salvo Sam, supongo que quieres hablar con él…
Antes de contestarle se fue y el aire se cargo de un sentimiento sombrío.
Me mordí los labios mientras me sentaba con torpeza en la cama, sentí ganas de llorar pero también de arrancarle la cabeza a lo primero que se me pusiera enfrente, estaba histérica.
-Fue algo muy grosero el desmayarse antes de presentarse-, habló, su voz me sonaba diferente, melodiosa y atrayente… evite el sonrojarme cuando camino lentamente quedando de mi lado derecho.
Viéndolo bien era tan… atractivo.
¡Ah que diablos piensas Samantha!
-Perdón…-, balbuceé y me sostuvo la mano.
-Señorita, soy el demonio que invocó hace dos días, le salvé de morir a manos de aquellos inmundos humanos e hicimos un contrato, su alma a cambio de venganza ¿No lo recuerda?-, preguntó haciéndose el inocente y me miró fijamente.
-¡Claro que lo recuerdo!-, farfullé molesta -¡Dime quien eres!
-A eso iba, seré quien usted quiera que yo sea, llámame con el nombre que quiera-, contesto parsimoniosamente ensanchando su encantadora sonrisa.
Eso me machacó el cerebro, bufé con molestia… yo era escritora pero no era creativa para nombrar a las cosas ¡Mucho menos a la gente… o a los… demonios…!
-Llámate como quieras, me da igual ¡Si quieres ponerte el nombre que te dio el último infeliz que te vendió su alma esta bien!-, dije intentando ser grosera y que borrara esa estúpida sonrisa pero el muy tonto pareció pensárselo y sonrió aún más.
-Entonces, ¿Samantha Carson?-, asentí-, mi nombre es Sebastián Michaelis, un placer conocerla-, me besó la mano y no reaccione como la tonta que era, en cambio le mire atenta mientras sus ojos tomaban un brillo demoniaco y el ardor de mi hombro se confundió con el brillo de su mano derecha.
Me quitó la venda del brazo con delicadeza y me enseño su mano derecha libre del guante negro que se había puesto, no me extraño verle las uñas negras pero si el símbolo tatuado en su mano, idéntico al de mi hombro… ¿Qué demonios era eso?
-Este es el sello del contrato y mientras lo tenga tatuado en la piel significa que su alma me pertenece y así también yo le pertenezco, mi lady…-, al decir eso la marca brillo y me ardió los mil horrores.
-Espera-, articulé antes de pensar-… no vuelvas a llamarme así, Sam ¿Comprendes? O Samantha pero no lady ni nada así es molesto-.
-Pero como su mayordomo eso sería una falta de educación-, me miro dudoso y solté una carcajada.
-Oh no, dirán que soy una escritora adinerada y loca-, bromeé llevándome la mano al rostro-, entiende esto eres Sebastián Michaelis el demonio que me ayudara a obtener lo que quiero, y por tanto el asistente de Samantha Carson la escritora más afamada de este país-.
Ah, no me había dado cuenta, ahora lo haré yo también.
Soy Samantha Carson la prometida de Richard Daniels, soy escritora, tengo 23 años y está, es mi historia.
¿Les gusto? ¿Tomatazos, caritas felices, insultos por ser una maldita? Alguien...? comenten es todo lo que dire.
Ah no es cierto, tengo algo que decir, cualquier cosa que quieran saber sobre el fic o cualquier otra cosa entren al blog .mx/ la mayoria de los viernes el blog hablara sobre el fic así que.. ya.
Sam se despide!
