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Whitmore

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¿Tienes todo, cariño? ¿no te hace falta nada?

Lancé un suspiro divertido mientras doblaba una de mis camisas y la depositaba donde pertenecía.

―No, mamá. Estoy bien ―repetí quizás por quinta vez.

Está bien ―suspiró con pesar―. Es sólo que no sabes cuánto quiero estar allí contigo. Mi hija es aceptada en la universidad y yo no estoy allí ayudándola a desempacar.

Sacudí la cabeza, divertida, mientras recordaba el júbilo con el que Renée había tomado las noticias de mi aceptación. Quien quiera que la hubiera visto seguramente pensó que me aceptaron en Oxford.

Desearía, pensé para mis adentros mientras rodaba los ojos.

La universidad de Whitmore era un pequeño colegio comparado con otros pero sus títulos eran respetables al igual que su trayectoria. No fue algo fácil decidir a qué universidades aplicar, de hecho, no fue fácil decidir si aplicar. Durante mi último año de Instituto me encontré tan perdida que sólo obtenía brillantes calificaciones sólo porque mi vida social brillaba por su ausencia. No sabía qué hacer hasta que una tarde –gracias a que Charlie había dejado el televisor encendido– mientras miraba un documental de sucesos paranormales, la idea me golpeó tan fuerte y clara que me sentí una tonta por no haberlo pensado antes.

Unos meses después llegaba mi aceptación desde la universidad de Whitmore para la carrera de Folklore y Parapsicología.

―No hay problema ―comenté mientras guardaba la maleta ya vacía debajo de mi cama. Sólo había visto a personas de mi edad cuando llegué y no necesitaba que me mirasen de manera extraña desde el primer día sólo porque a mi loca y atolondrada madre se le hubiera ocurrido acompañarme―. Ya está todo hecho ―seguí diciendo mientras observaba la cama que había elegido junto a la ventana ya tendida con mis frazadas color purpura y el atrapasueños que Jacob me había obsequiado por mi cumpleaños colgado sobre la cabecera―. Sólo me falta conocer a mis compañeras de dormitorio.

Había dos camas frente a la mía y otra al lado que aún no mostraban signos de tener dueñas.

Estoy segura de que se harán amigas en poco tiempo ―hice una mueca pero no dije nada. Tardaría en acostumbrarme a compartir un dormitorio con tres desconocidas―. Cielo, tengo que irme. Phil tiene un almuerzo con sus compañeros de trabajo.

―Está bien, mamá. Cuídate. Te amo.

Yo también te amo. Y Bella, estoy orgullosa de ti, cariño.

Terminé la llamada sintiendo una satisfactoria calidez en el pecho.

Suspiré y me dejé caer sobre el colchón con una sonrisa en mis labios. Aquí y ahora comenzaba mi nueva vida.

En ese momento escuché ruidos en el pasillo y estaba sentándome cuando dos muchachas entraron al dormitorio sosteniendo cajas en sus brazos, riendo entre ambas. Se detuvieron por completo en cuanto me vieron.

―¿Qué haces aquí? ―preguntó la rubia con brusquedad. Mis cejas se alzaron y me puse de pie. Por alguna razón no me sentía cómoda observándolas desde abajo.

Hmm. Es mi dormitorio.

Las muchachas se miraron entre sí aún con el seño fruncido.

―Lo siento ―habló entonces la morena―, es que esperábamos a… alguien más.

Me encogí de hombros, intentando que no se notara mi incomodidad. Jamás fui buena con la gente y eso ciertamente no había cambiado aún.

―Soy Elena, por cierto ―me sonrió y luego hizo un gesto hacia la rubia, quien también sonrió aunque no era para nada convincente. Su expresión era extraña―. Ella es Caroline.

―Un placer. Soy Bella.

―Entonces…

―Sí ―intervino Elena, encaminándose hacia una de las camas restantes―. Vamos a desempacar.

Les devolví lo que esperaba fuera una sonrisa y tomé mi móvil y algo de dinero antes de salir de allí. Serían mis compañeras pero aún no estaba lista para eso.

Era mediodía pero me mudé temprano en la mañana porque sabía que luego todo sería un mundo de gente y cajas. Caminaba a través del campus que estaba completo de nuevos estudiantes instalándose y buscaba un lugar en dónde comer mientras también observaba mis pasos, temiendo caerme y hacer el ridículo. Como usualmente lo hacía.

Encontré un puesto de hamburguesas en la sombra de un gran árbol y luego de hacer mi pedido fui a sentarme en una de las mesas que estaban vacías.

Mientras esperaba mi almuerzo me dediqué a revisar la bandeja de entrada de los mensajes y recordé que Jacob me había enviado un mensaje de texto en la mañana.

Hola, Bells. Espero que todo esté yendo bien. No te caigas dentro de ninguna caja y escríbeme.

Sonreí para mí misma y comencé a responderle.

Misión cumplida sin daños a terceros, tampoco. Esperando el almuerzo. Muero de hambre. Espero que todo esté bien. Saludos a los chicos de mi parte.

Hubo un tiempo en el que incluso enviarle un mensaje de texto era incómodo debido a su afecto por mí. Yo también sentía afecto ―siento― pero no era del tipo que él quería. Y eso no era lo único que lo hacía incómodo sino también las insinuaciones de mi padre, de Billy y los demás chicos de La Push. Incluso las de mis compañeros de Instituto. Parecía que todo el mundo sabía de los sentimientos de Jacob.

Mi móvil vibró. Jake había respondido.

Hecho. Me alegro, Bells. Cualquier cosa, llámame.

Suspiré.

Siempre preocupándose por mí. Luego de lo que había sucedido con Victoria, él siempre se preocupaba por mí.

Oh, ¿olvidé mencionar ese pequeño detalle? Mi mejor amigo es un hombre-lobo.

Sip.

No es broma.

Pero, ¿en mi vida qué lo es alguna vez?

Luego de almorzar me dediqué a recorrer la universidad y lo que más me gustó, por supuesto, fue la biblioteca. Tan sólo el olor era adictivo. Ya para el atardecer sólo quedaban pocos estudiantes rezagados en sus mudanzas y cuando el sol ya se ocultaba en el horizonte decidí que volver al dormitorio sería lo mejor.

Al querer abrir la puerta, alguien se me adelantó y estuve a casi nada de llevarme por delante a un muchacho.

Whoa ―se alejó un poco mientras me ayudaba a estabilizarme sobre mis pies.

―Lo si-siento ―me disculpé ya con mi rostro súbitamente caliente.

Él sonrió durante unos segundos pero luego su expresión cambió a una seria.

Se aclaró la garganta y me soltó.

―Está bien. No tienes por qué disculparte ―comentó. Su voz era grave pero melodiosa. Atractiva así como su aspecto. Ojos color verde como el musgo, cabello castaño y espalda ancha con brazos fuertes, él era uno de esos chicos por lo que las chicas se martirizaban y hacían dietas hasta quedar casi famélicas para conseguirlo.

La puerta se abrió aún más y Elena apareció a su lado.

―¡Bella! ―sonrió―. Él es Stefan, mi novio. También estudiará acá. Stefan, ésta es Bella, nuestra compañera de dormitorio pero ―echó una rápida mirada en mi dirección para luego observar a su novio, quien aún tenía sus ojos en mí―… al parecer ya se conocieron. ¿Stefan?

Stefan sacudió la cabeza como si saliera de una ensoñación y esbozó una sonrisa.

―Sí, ya nos conocimos. Un placer, Bella ―se miró a Elena―. Iré a conocer a mis compañeros.

Huh. ¡Suerte!

Con una última sonrisa, él se marchó por el pasillo con zancadas largas y gráciles. Entré al dormitorio y noté que las camas ya estaban arregladas de diferente manera. Una muchacha morena muy bonita que aún no conocía estaba sobre la cama que se encontraba al lado de la mía. Me sonrió en cuanto me vio.

―Hola. Soy Bonnie.

―Soy Bella ―le sonreí al pasar.

―Entonces ―comenzó Elena mientras se sentaba en su cama ya debajo de las cobijas. Noté que todas estaban ya en lo que supuse eran sus pijamas. Algo entendible luego del día ajetreado que todas tuvimos―… ¿de dónde eres, Bella?

Y ya habíamos comenzado con la incómoda charla de vamos-a-conocernos. No las culpaba, ellas ya parecían hacerlo. Pensé que quizás no debí irme apenas saludarlas; quizás debí ser un poco más sociable.

Oh, bueno.

―Técnicamente nací en Forks, Washington pero viví casi toda mi vida en Arizona hasta hace dos años cuando volví a Forks, donde terminé el Instituto. Y ahora heme aquí.

―Nosotras somos de Virginia ―comentó Bonnie, mirando a sus amigas.

―¿Se conocen desde hace mucho?

―Conocí a Bonnie en el kinder y a Caroline en la primaria ―dijo Elena.

―Mystic Falls no es un pueblo muy grande ―Bonnie arrugó la nariz―. Terminas conociendo a todas las familias en algún momento.

Sonaba familiar.

―¿Por qué volviste a Washington? ―preguntó Elena.

Me encogí de hombros.

―Cuestiones familiares.

Hacía tiempo ya había aprendido a no dar la historia de mi vida.

―¿Tienes novio? ―habló Caroline por primera vez. Sentí un momento de reticencia al escuchar su tono de voz pero, quizás ella era así.

―No, no tengo novio ―respondí no sin amabilidad.

―¿Tuviste?

―¡Caroline! ―amonestó Bonnie, fulminándola con la mirada.

―Está bien ―me encogí de hombros―. Sí, sí tuve.

―¿Y qué sucedió?

―¡Caroline! ―esta vez fue Elena pero pude notar que le interesaba mi respuesta.

―Él rompió mi corazón ―contesté luego de unos momentos de silencio. Ellas no dijeron nada y yo me levanté para sacar mi pijama de debajo de mi almohada y dirigirme hacia el baño a cambiarme. No quería ver sus miradas de lástima. Sin embargo podía oír sus voces desde el baño, claramente amonestando a Caroline por su falta de tacto. Cuando salí cambiaron de tema pero ya no me uní a la conversación. En mi interior no podía creer que les había confesado aquella porción de mi vida a tres extrañas. Jamás había hecho alusión de eso a nadie. Ni siquiera a alguien conocido. ¿Por qué había empezado ahora?

Me dormí y cuando desperté el día siguiente no recordé haber tenido sueños, por primera vez en meses.

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Fui la primera en levantarme a la mañana siguiente así que lo primero que hice fue darme una ducha muy caliente para comenzar el día con claridad y buen espíritu. La falta de pesadillas había improbado mi estado de ánimo y también amaba el hecho de que hubiera sol a todas horas así que decidí usar una blusa roja y unos shorts negros de jean. Mi cabello había crecido hasta el punto de que llegaba hasta mi rabadilla así que lo peiné y lo sujeté en un moño alto. Tendría que cortarlo en algún momento pero aún no encontraba las agallas suficientes para hacerlo.

Las chicas estaban despertándose cuando fui en busca de un bolso para meter mi laptop ―regalo de graduación de mi madre para mantenerme en contacto― y algunas libretas y bolígrafos.

―Buen día ―bostezó Bonnie. Pestañó y frunció el sueño. Luego gruñó y cayó sobre el colchón nuevamente―. Es muy temprano, ¿Qué haces levantada a esta hora?

―Iré a dar una vuelta por el campus ―le comenté mientras sacudía la cabeza divertida― y en dos horas tengo una charla general por el jefe de cátedra de la carrera.

Abrió los ojos de golpe y miró la hora en su móvil antes de levantarse de un salto.

―La mía es en una hora ―fue todo lo que dijo antes de correr y encerrarse en el baño.

A pesar de ser temprano ya había gente recorriendo el edificio. Llegué a la cafetería y compré mi desayuno ―que sorprendentemente se veía bastante apetitoso. ¿La comida de las cafeterías evolucionaban en sabor cuando pasabas del Instituto a la Universidad?― antes de sentarme en una mesa y abrir mi laptop. Entré en mi correo y, cómo no, había un email de Renée.

De: Mamá

Asunto: Universidad

Fecha: 20 Agosto 2014 05:26

Para: Isabella Swan

Cariño, ¿has conocido a tus compañeras de dormitorio ya? ¿cómo son? ¿son amables, simpáticas? Espero que sí y si no, ya lo solucionaremos. ¿Cómo te ha ido en tu primer día, cariño?

Responde rápido.

Mamá.

Sacudí la cabeza, divertida por el hecho de que Renée me hubiera escrito a tal horario cuando yo ni siquiera había empezado el día. Decidí ser indulgente y comencé a responderle:

De: Isabella Swan

Asunto: Universidad

Fecha: 20 Agosto 2014 08:51

Para: Mamá

Hola, mamá. Sí ya he conocido a mis compañeras y son bastante agradables. Sus nombres son Bonnie, Elena y Caroline. Tienes que verlas; parecen modelos las tres de tan lindas que son. No te preocupes que no creo tener problemas con ninguna de ellas.

Aun no he comenzado mi día, simplemente estoy desayunando pero a la noche te mandaré otro correo, ¿está bien? Que tengas un lindo día y saludos a Phil.

PD: El día está tan soleado que creo que voy a llorar.

Bella

Envié el correo y luego me dediqué a vagar por el campus virtual de Whitmore, anotando en la libreta los nombres de los profesores que seguramente vería más adelante.

Media hora antes de la reunión salí de la cafetería para buscar el camino y a mitad de éste tropecé con una chica de mi edad, un poquito más baja que yo.

―Lo siento ―me disculpé.

―No importa ―sonrió ella detrás de sus gafas. Me recordó un poco a Ángela―. Yo prácticamente corría ―me tendió su mano―. Hola, soy Megan.

―Bella ―le contesté mientras la estrechaba―. Discúlpame de nuevo es que en unos minutos tengo una junta de la carrera.

―Yo también. ¿Qué estudiarás?

―Folklore y Parapsicología.

La sonrisa de Megan se hizo tan luminosa como el sol.

―¡Igual que yo! Ven, sé dónde es.

Sin mucha opción la seguí, intentando mantener su paso mientras ella parloteaba alegremente sobre por qué había elegido la carrera y esas cosas. Llegamos tan bien de tiempo que hasta tuvimos la posibilidad de elegir uno de los asientos de la primera fila.

―¿Y por qué elegiste hacer esto? ―preguntó mientras nos acomodábamos en las butacas―. ¿has tenido una experiencia sobrenatural o algo así? Porque con mis amigas una vez jugamos al Guija y esa noche escuchamos todo tipo de sonidos. Fue espantoso, pero tenía que ser cierto. ¿Si no cómo lo explicas? Así que, ¿por qué la elegiste?

―¿Elegir el qué? ―pregunté algo atontada por las corrientes de palabras que salían de su boca como el agua de un grifo.

―La carrera, tonta ―rió.

―Oh ―sonreí, ignorando la última palabra. No me había insultado realmente―. Algo así.

―¿Como la mía?

No.

―Sí, sí. Algo así.

La sala se fue llenando y cuando pasaron cinco minutos de la hora estimada, los directivos entraron.

Nos informaron sobre las clases anuales y las semestrales. De los horarios y las prácticas además de la bibliografía. Aquello iba a suponer un buen mordisco a mis ahorros. Necesitaría encontrar un empleo porque el dinero que había ahorrado trabajando en la tienda de deportes de los Newton no iba a durar ni siquiera la mitad del semestre y no quería pedirle dinero ni a Charlie ni a Renée.

―El doctor Wes Maxfield ―señaló a un hombre rubio y joven a su lado― será quien esté a cargo de las prácticas. Cualquier pregunta referido a eso, él contestará.

Luego de una ronda de preguntas y respuestas en la que no separé los labios siquiera, la charla se dio por finalizada. Megan y yo nos levantamos de nuestros asientos y nos dirigimos hacia la puerta cuando ella dijo:

―Hola, Wes.

Me detuve junto a ella mientras saludaba con familiaridad al profesor. Él le sonrió mientras juntaba sus papeles.

―Hola, Megan. ¿Emocionada por empezar?

―¡Sí!

El profesor le sonrió y luego posó sus ojos claros en mí.

―Ella es Bella…

―Swan ―terminé por Megan ya que no le había dado mi apellido―. Isabella Swan, señor ―estreché su mano. Su agarre era firme pero suave.

―Veo que hay muchos rostros nuevos este año ―sonrió―. Me alegra. Espero que tenga un buen año, señorita Swan.

―Gracias.

Cuando salimos, le pregunté a Megan:

―¿Lo conoces?

―Es el guardián legal de mi amigo Aaron. Ya conocerás a Aaron luego.

―Está bien.

Nos despedimos en el pasillo y me dediqué a vagabundear por los corredores con el plano del edificio en las manos. Luego, viendo como el cálido sol no se escondía, decidí que tomar un poco de sol no sería problema. Volví al dormitorio y tomé una manta junto con mi muy usado libro de Cumbres Borrascosas antes de bajar de nuevo a disfrutar de lo que quedaba de la tarde. Lo último que recuerdo es que Catherine muere dando luz a su hija.

Esto debe ser un sueño.

Porque estoy en el bosque, es de noche y tengo frío.

Y no estoy sola.

Edward se encuentra a mi lado. Puedo apreciar la falta de calor que su cuerpo no proyecta. Su mirada es negra y debajo de sus ojos hay círculos obscurecidos que me dicen que está sediento. Su mirada se encuentra fija hacia adelante pero yo no puedo seguirla. Hace meses que no veo su rostro perfecto en mis sueños y, aunque sé que cuando despierte va a doler, no puedo ser capaz de apartar mi mirada de él.

¿Edward? ―pregunto. Mi voz es tan baja como un suspiro y suena tan asustada que de inmediato sé que estoy en peligro y sé que él debe escucharme pero no voltea a verme. Su mirada sigue clavada en el frente y por un minuto pienso que él no debe verme. Pero luego Edward dice:

No te separes de mí ―y su voz es oh, tan suave y melodiosa que por unos segundos mis ojos se cierran ante el latido desenfrenado de mi corazón y el agujero en mi pecho―. Bella, no te sep…

―Isabella.

El susto y la adrenalina eran tan grandes que no pude evitar saltar. Mi frente chocó con algo duro y tibio y dejé salir un siseo de dolor.

―Lo siento ―dijo la voz que me había despertado. Era Stefan, de pie a mi lado. Parpadeé y me estremecí, frotando mis brazos. Me había quedado dormida en el medio del campus aun sobre la manta. El libro estaba abierto a mi lado y ya había oscurecido―. ¿Estás bien? ―preguntó él, sacándome de mis cavilaciones. Se acuclilló a mi lado con el seño fruncido.

―Sí ―asentí algo atontada aún. Levanté la mirada y lo vi fruncir el seño―. ¿Estás bien?

―Sí ―sacudió la cabeza―. Por supuesto. Iba a los dormitorios cuando te vi y no creo que fuera tu intención dormir aquí afuera toda la noche.

―Gracias ―sonreí. Con lo fría que me sentía, no sabía si mis mejillas estaban rojas o no. Me levanté despacio sin querer trastabillar y hacer una tonta de mí. Tomé el libro y la manta en mis manos.

―Te… acompaño.

―Oh, no. No es necesario ―no necesito que me hagas parecer más tonta, pensé para mis adentros.

―No, no hay problema. Quiero saludar a Elena, de todas formas.

Asentí y comenzamos a caminar en silencio.

Debía ser lindo tener un novio normal; uno que te pudiera abrazar y besar cuando quisiera y que no tuviera miedo a lastimarte.

Debía ser lindo ser normal.

―Entonces… ¿cómo te trata Virginia? ―preguntó él luego de unos minutos de silencio mientras entrábamos al edificio.

―Bien, supongo ―me encogí de hombros―. Hay sol la mayor parte del tiempo. Eso ya es algo.

―¿Por qué? ¿en dónde vives?

―Forks.

―Ah ―asintió con la cabeza mientras sonreía levemente. Era la primera vez en que lo veía sonreír en mi presencia―. Ya veo.

Eso capturó mi atención.

―¿Conoces Forks? ¿has estado allí?

―Sólo de paso. Pero llovió los dos días que estuve allí. Sin interrupción.

No pude evitar sonreír y asentir.

―Estuviste en Forks. Así que, ¿qué vas a estudiar, Stefan?

―Medicina.

―Eso es bastante serio.

―Sí ―suspiró―. Era un sueño mío desde pequeño pero por algunas circunstancias…

Fruncí el seño.

―¿Cuántos años tienes, Stefan? ―no pude evitar preguntarlo, era como si su sueño hubiera sido truncado pero no parecía mayor que yo…

―Aquí estamos ―anunció y sí, estábamos frente a mi puerta. Tampoco escapó a mi atención de que no respondió a mi pregunta.

―Sí ―busqué en mi bolso las llaves―. Hmm. Buscaré a Elena y le diré que estás aquí, ¿sí?

Pero no hizo falta porque antes de que diera vuelta la llave, la puerta fue abierta del otro lado y Caroline apareció.

―Stefan ―sonrió instantáneamente―. Elena no está aquí. Fue con Bonnie por unos refrescos.

―Está bien. Dile que mañana la veo, ¿sí? ―nos sonrió y comenzó a retirarse―Buenas noches, Caroline. Bella ―cuando desapareció en el pasillo, Caroline y yo aun estábamos de pie en la puerta. Ella no parecía moverse en ningún momento, así que quité mi llave de la cerradura y entré al dormitorio. A pesar de haber dormido en la tarde, me sentía cansada y con frío. Decidí que una ducha caliente sería lo mejor. Tomé ropa y mi toalla pero antes de entrar al baño, Caroline habló:

―Isabella ―me detuve y me volví. Ella tenía los brazos cruzados y aun seguía de pie. Se acercó con pasos lentos y mi estómago se dio vuelta de los nervios―. Quiero que quede algo muy en claro: no te metas entre Stefan y Elena, ¿entendiste?

―¿Disculpa? ―pregunté, sorprendida.

―Sé lo que estás haciendo; sé que Stefan es atractivo pero te lo advierto. Aléjate de él.

No podía creer lo que me estaba diciendo.

Sacudí la cabeza y entré al baño, cerrando la puerta detrás de mí.

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Tomó una semana y media para que me adaptara al cúmulo de actividades de las materias. Veía a Megan en una cuota diaria ya que compartíamos casi todas las materias y conocí a su amigo Aaron ―un muchacho serio pero dulce y retraído―, también.

―Elena quería preguntarte si querías ir a una fiesta el sábado a la noche ―preguntó Bonnie en el almuerzo. Usualmente solía almorzar con Megan pero ella tenía que presentarse con el doctor Maxfield para una práctica ayer, según me había dicho. Recordé que en los últimos dos días ella había estado algo dispersa pero más animada de lo normal debido a la práctica. No la veía desde el día anterior pero, incluso con el poco tiempo que la conocía, tampoco me sorprendía.

Así que me había dirigido hacia la cafetería, donde había encontrado a Bonnie.

―Oh ―fruncí el seño mientras revolvía los espaguetis en mi plato descartable―. ¿Y por qué no me preguntó ella?

Bonnie hizo una expresión que podría catalogarse como de culpabilidad.

―Lo siento pero sé que ni Caroline ni Elena te caen bien.

―Yo jamás dije eso…

―No hace falta ―sonrió ella―. Tu expresión lo dice todo. Caroline puede ser un poco…

―¿Narcisista? ―me sonrojé apenas lo dije pero ella sólo se rió.

―Iba a decir intensa pero lo que tú dijiste también cuenta ―me guiñó el ojo y me relajé lo suficiente como para preguntar por Elena―. Elena… ella ha pasado por mucho, ¿sabes?

―¿Pero…? ―presentía que había un «pero» en alguna parte.

―Pero ha cambiado. Antes era una muchacha dulce y buena.

―¿Y ahora ya no lo es?

―No, no me refería a eso. Elena es una buena persona. Es mi mejor amiga, Bella. Es solo que ahora está cambiando a otra que no… no conozco realmente. Es más egoísta que antes y... ―se encogió de hombros, como si no supiera terminar.

―Todos cambiamos en algún punto, Bonnie ―ofrecí con gentileza.

―Supongo ―suspiró y sacudió la cabeza, volviendo a sonreír―. Entonces, ¿qué dices? ¿vendrás?

―No, gracias.

―¿No vendrás? ―preguntó, parpadeando―. Sabes que puedes venir. Es más, Caroline y Elena están deseando que vengas. Quieren conocerte mejor.

―No soy una chica de fiestas ―reí, algo incómoda.

―Está bien ―sonrió―. Pero piénsalo. La mayoría de los principiantes asistirán. Es bueno socializar a veces.

Más tarde me despedí de Bonnie y me dirigí hacia la biblioteca. Estaba en la sección de psicología cuando tropecé con Aaron.

―Hola ―saludó con una sonrisa. Aaron era apuesto, pero del tipo tierno que querías conservar siempre como amigo.

Algo así como Jake.

―Hola ―le sonreí mientras tomaba el libro que había encontrado en la estantería. Decidí sacarle fotocopias para conservar los textos.

―¿Cómo te está yendo hasta ahora?

―Bien, bien. ¿Y tú?

―También ―se mordió una uña ausentemente―. Oye, ¿has visto a Megan?

―No desde ayer ―respondí.

―Es que no la encuentro ―dijo él.

―Tenía una práctica ―ofrecí― así que puede ser que esté algo distraída.

―Sí ―asintió él aunque no sonaba muy convencido―. Debe ser eso ―bajó la mano y me sonrió―. Gracias. Psicología, ¿eh? ―hizo una mueca―. No es mi área.

Sonreí y nos despedimos en el pasillo.

Cuando llegué al dormitorio estaba vacío. Suspiré de placer ante la soledad y luego de dejar mis cosas sobre el pequeño escritorio que me pertenecía, me dediqué a ordenar mi ropa y mi cama. Barrí el suelo y limpié mis muebles antes de ducharme y embutirme en mis ropas más cómodas. Ya era de atardecer y no planeaba salir de allí.

Luego de buscar empleos en internet alrededor del campus y de guardarlos en la barra de marcadores, busqué los libros y apuntes de sociología y tras revisarlos, recordé que le había prestado el importante a Megan.

Suspiré y tomé le móvil antes de marcar su número.

El número con el que usted intenta comunicarse se encuentra fuera del área de cobertura. Muchas gracias.

Eso era raro.

¿Fuera de cobertura? ¿Megan había salido de Virginia?

Me levanté y me cambié de ropas antes de tomar mi bolso y caminar hacia su dormitorio. Llamé a la puerta y abrió una muchacha pelirroja y bajita con expresión de fastidio.

―Hola, soy amiga de Megan. ¿La has visto?

Ella frunció el seño.

―Hace días que no la vemos. Creímos que se había ido, ya sabes, porque se llevó todas sus pertenencias.

Me cerró la puerta en las narices pero difícilmente presté atención a eso.

¿Qué? ―mi tono escéptico resonó por los rincones vacíos del corredor.

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[N. de A]: Lo sé. No termina unos que ya está empezando otros. Pero la vida da giros inesperados, ¿verdad?

Esto es algo que no puedo quitarme de la cabeza desde hace casi un mes así que decidí volver al ruedo con Bemon.

Espero que les agrade y espero sus comentarios, como siempre.