Advertencia: Los personajes de Danganronpa no me pertenecen
Angel
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Era de noche, la escuela estaba vacía y yo me encontraba oculta en un rincón olvidado de una parte inexistente, mi escondite. No paraba de llorar por algo cometido horas antes; Mis compañeros me habían cortado el cabello dejandolo de forma horrenda y me humillaron en público, al poner mis bragas en el centro del patio. Me sentía frustrada al tener ese patético modo de hacer "amigos" y no poder defenderme, pero aunque quisiera intentarlo, mi cuerpo no respondería o sería inútil por ser más débil que ellos.
-¿Qué haces aquí? - mi llanto cesó al oír una voz femenina en la puerta de "mi escondite", se escuchaba curiosa en vez de preocupada.
No respondí, sólo miraba al suelo creyendo que hací se iría.
-Venga, ¿Acaso el gato te ha comido la lengua o es que eres sorda? - la dirección de mis ojos fueron hacía esa chica, que comenzaba ha venir aquí.
-Y-yo. . . Me ocultaba - respondí en un susurro, que ella pudo oír.
-Ya veo - hablo mientras pensaba por unos segundos -¿Pero de qué?, Aquí no ahí ningún peligro inminente. -
-De mis compañeros, ellos me hicieron cosas horribles y yo sólo he huido como la cobarde que soy, ya que no se hacer nada. - de mis ojos brotaron lágrimas de nuevo.
-Entiendo lo que dices, pero hay algo contradictorio en esas palabras - se agacho y con sus manos limpio las pequeñas gotas de agua que bajan de mi rostro, sentí una gran calidez por ese simple tacto.
-n-n . . .- no podía hablar, estaba completamente sonrojada.
-Por lo que he notado, tú eres solitaria, no creo que tus padres te ayuden a curar tus heridas, así que tú lo haces sola, - estaba en shock, como demonios sabía mucho de mi en tan pocos segundos. -y el poder curarte por ti misma es una habilidad esencial para sobrevivir a un mundo de desesperación, o tal vez una forma de hacer que la gente sufra en su propia desesperación.- rio de forma tranquila y melodiosa sin dejar de acariciar mi rostro, mientras que yo me encontraba hipnotizada por ese acto, como también; su melena rubia indomable, sus ojos azules celestes y sus labios rosados. -Ven, te enseñaré lo hermoso que es la desesperación, al castigar a tus compañeros. - Dejo de acariciarme, para agarrar una de mis manos y caminar a fuera de mi escondite.
Para mí ella era un ser bello y amable. Un ángel, mi ángel. Y haría lo que sea por ella, desde este momento me convertiría en su fiel sirviente hasta la muerte.
Espero y les haya gustado, me despido y luego nos vemos:D
