El comienzo de la lectura

Podía observarse en un lugar oscuro y desolado a una chica con la ropa un poco rasgada y una resplandeciente espada de bronce en la mano corriendo lo más rápido que podía, llevaba días corriendo, consiente que si se detenía por un momento los monstruos que la perseguían le darían alcance.

Percy intentó acelerar sus pasos pero al enfocar la vista en un punto al frente solo pudo observar como la tierra desolada se extendía hasta donde alcanzaba su vista, por un momento su vista se nublo y sus piernas vacilaron, cayo de rodillas a penas colocando sus manos para evitar el fuerte golpe, se levantó lentamente cuando escucho los gruñidos de los monstruos tras ella.

Al darse cuenta que sus fuerzas casi se habían terminado, volteo hacía la dirección por la que había llegado, se coloco en posición de combate decidida a no irse sin dar pelea. Internamente le pidió perdón a sus amigos por no poder cumplir la promesa que les hizo y se dispuso a esperar a la horda que venía tras ella.

Los monstruos la alcanzaron en cuestión de segundos, rodeándola de tal forma que no podía escapar por ningún lado, cundo la primera empusa se abalanzo sobre ella, Percy dio un manodoble con su espada, ocasionando que la empusa se desintegrara en polvo, Percy sintió como sus fuerzas la abandonaban por completo cayendo al frente, pero antes de que esta tocara el suelo una intensa luz la envolvió, ocasionando que los monstruos cerraran los ojos. Cuando la luz se desvaneció la horda de monstruos intentó abalanzarse sobre la semidiosa pero esta había desaparecido.

En el Olimpo las cosas no iban muy bien, debido a la locura greco-romana los dioses no habían podido comunicarse con los semidioses, los más preocupados eran Artemisa, su gemelo Apollo y Poseidón.

Los tres intentaban convencer a Zeus de dejarlos salir del Olimpo, pero el rey de los dioses se negaba a escucharlos.

-Padre, por favor, mis cazadoras se encuentran solas-, intentó razonar con él Artemisa.

-Los semidioses nos necesitan- Apollo se encontraba preocupado por sus hijos, pero sobre todo por una semidiosa en particular, si las visiones que había tenido eran ciertas, ella se encontraba a unos cuantos pasos de morir.

-Mi hija podría estar en peligro hermano, solo déjame comunicarme con ella- Poseidón era un dios muy orgulloso, pero por su pequeña Percy era capaz hasta de implorarle a Zeus.

-¡Ya les dije que no!- el rey de los dioses no podía verse más molesto. –La seguridad del Olimpo es más importante que la vida de unos cuantos, los semidioses tendrán que arreglárselas solos-.

Antes de que el dios del mar se abalanzará sobre su hermano menor, un gran resplandor iluminó la sala, y al desvanecerse había frente a ellos una gran cantidad de semidioses, algunos llevaban camisas purpuras y otros naranjas, pero ambos grupos estaban armados y listos para el combate.

Antes de que se lanzaran unos sobre otros notaron la presencia de lo dioses, lo que los dejo pasmados durante un momento, al observar bien notaron la presencia de otros semidioses a los cuales no habían notado, además del centauro, la mortal, el sátiro y el enorme perro del infierno que parecía no prestarles atención, ya que se encontraba gimoteando en la parte más alejada de la sala de tronos.

-¿Por qué nos han llamado?-. Se adelantó una chica grande vestida con la camiseta del campamento mestizo.

Antes de que los dioses hablaran una pequeña luz destello en el centro de la sala y al desvanecerse todos observaron con asombro como una morena caía inconsciente de bruces contra el piso, a su lado había dos montones de cinco libros cada uno y una carta sobre estos.

Ninguno de los presentes salía de su asombro al reconocer a la chica magullada y llena de sangre seca y reciente, hasta que el perro del infierno se acerco a ella lamiéndole la cara y soltando pequeños quejidos como si intentara despertarla.

Al despertar de su estupor Poseidón corrió hasta el centro de la sala y recogió a una desmallada Percy mientras la Sta. O´Leary se hacia a un lado. Al sentir sus casi inexistentes signos vitales levanto a su hija en brazos.

-¡Apollo!-, el grito de Poseidón saco al dios del sol del shock en el que se encontraba, rápidamente corrió hacia su tío y lo condujo a una puerta lateral.

Poco a poco todos empezaron a despertar del shock, pero estaban lo suficientemente sorprendidos como para seguir peleando.

Siete chicos comenzaron a correr hacia la puerta por la que desaparecieron los dos dioses junto con su amiga, pero la voz de Zeus los hizo detener en seco.

-Alto semidioses- , la imponente voz hizo que todos volvieran la vista hacia el – la chica estará bien, lo importante es averiguar por que están aquí-, el seño en su cara no podía fruncirse más.

Atenea, que se había levantado a inspeccionar los libros carraspeo sonoramente, haciendo que todas las miradas se centraran en ella. –Aquí hay una carta-, comento y comenzó a leerla en voz alta.

Dioses, semidioses y todos los presentes

Estamos cansadas del rumbo que esta tomando esta guerra y que la misma persona se lleve la peor parte, les mandamos algunos libros del pasado y otros del futuro, para mostrarles como su líder, semidioses,ha tenido que sacrificarse una y otra vez por ustedes y por los dioses, esperamos que así las cosas tomen un mejor rumbo, los dioses no pueden dañar a ninguno de los presentes por ningún motivo, las personas más allegadas a su líder deben presentarse, así como los héroes del pasado.

ATTE: Las morias

-Bueno, ya escucharon, preséntense-, bramó Zeus.

-Clarisse la Rue, hija de Ares-, se presentó la chica que había hablado.

-Travis y Connor Stoll-, se adelantaron dos chicos que por un momento se habían mantenido serios. –Hijos de Hermes.

-Will Solace-, se presentó un chico rubio, -hijo de Apollo.

-Pólux, hijo de Dionisio-, un chico con un ensortijado cabello negro habló.

-Katie Garden, hija de Deméter-.

Los siete chicos que habían corrido hacia la puerta, se giraron hacia los dioses, aún con las muecas de preocupación en el rostro.

-Jason Grace, hijo de Júpiter-, los romanos no se veían muy contentos al observar a su antiguo pretor.

-Annabeth Chase, hija de Atenea-, los ojos grises de la chica brillaban con preocupación y furia contenida.

-Leo Valdez, hijo de Hefesto-. El moreno se encogió sobre si mismo al ver las muecas que le dirigían los chicos del campamento romano.

-Piper McLean, hija de Afrodita-, dijo una chica bonita con la preocupación marcando sus facciones.

-Frank Zhang, hijo de Marte-, los hijos de Ares le lanzaron una mirada calculadora a su medio hermano.

-Hazel Levesque, hija de Plutón-.

-Nico di Angelo, hijo de Hades-, los romanos se veían sorprendidos al saber que Nico era griego, después le dirigieron muecas de desprecio a las que el chico respondió con un gesto indiferente.

Al terminar de presentarse estos, algunos chicos que se encontraban al margen se adelantaron unos cuanto pasos.

-Perseo, hijo de Zeus-.

-Aquiles, hijo de Tetis-.

-Teseo, hijo de Poseidón-.

-Orión, hijo de Poseidón-.

-Tritón, hijo de Poseidón-.

Los dos hijos semidioses de Poseidón observaban con curiosidad la puerta por la que su padre había desaparecido, solo Tritón que sabía que Percy era su hermana se mordía un labio con preocupación.

-Hércules, hijo de Zeus-, se adelantó sin percatarse de la meca de desprecio que le dirigían las cazadoras y algunos de los semidioses.

Una chica vestida con una cazadora plateada se adelantó, -Thalía Grace, teniente de Artemisa e hija de Zeus.

Algunos chicos del campamento Júpiter se adelantaron.

-Reyna Ramírez, hija de Belladona y pretor el campamento Júpiter-, se presentó haciendo una reverencia hacia los dioses.

-Octavian, legado de Apollo-, el larguirucho chico rubio veía con desprecio a los griegos, mientras que lo hijos de dicho dios lo observaban con una mueca de incredulidad, como era posible que ese antipático chico fuera un legado de su padre.

-Dakota, hijo de Baco-, se presentó un chico con los labios manchados de rojo.

Del campamento mestizo se adelantaron el centauro, la mortal y el sátiro.

-Quirón, entrenador de héroes-, habló el centauro, más para los romanos ya que los demás ya lo conocían.

-Grover Underwood-, se presentó el sátiro.

-Rachel Elizabeth Dare, oráculo de Delphos-, Octavian observó con sorpresa a la chica. –Y ella es la Sta. O´Leary-, comentó señalando hacía la perra del infierno, que parecía montar guardia fuera de la puerta donde se encontraban los dos dioses.

-Entonces comencemos a leer-. Zeus hizo aparecer algunos lugares para los semidioses, los cuales se sentaron lo más alejados que podían griegos de romanos. Los dioses se encogieron a un tamaño más normal y cuando Atenea se disponía a leer el titulo del primer libro Poseidón y Apollo salieron de la habitación contigua.

Al ver los rostros preocupados de la mayoría Apollo habló. –Esta bien, sus heridas están curadas, ahora solo necesita descansar.

Poseidón se desplomó en su trono un poco más calmado al saber que su hija ya no corría peligro, sus tres hijos se acercaron a el y se sentaron en el sillón que Poseidón invoco para ellos, par poder mantenerlos más cerca.

Cuando Apollo se sentó e su trono la Sta. O´Leary se acercó gimoteando a el, acostándose detrás del trono de forma que su cabeza se mantuvo a los pies del dios del sol.

-Tranquila chica, ella va a estar bien, no te preocupes-, a tranquilizo mientras le daba unas ligeras palmadas en la cabeza. A los romanos les dio un poco de curiosidad este hecho pero decidieron no preguntar.

Una vez les explicaron todo lo ocurrido, Atenea se dispuso a leer.

"Percy Jackson y el ladrón del rayo"

Todos los semidioses se entusiasmaron un poco al ver que sabrían más sobre su amiga, los héroes estaban un poco curiosos ya que no sabían quien era ese tal Percy, solo Aquiles, que ya la había conocido.

Hércules y Octavian se veían irritados, el primero porque no soportaba que un semidiós cualquiera tuviera más atención que él, y el segundo ya que Percy no le caía muy bien por haberle quitado su puesto de pretor.

Tritón se veía un poco emocionado ya que al fin podría conocer un poco más sobre su hermanita, no solo lo poco que su padre le contaba y lo poco que ella le decía.

-"Accidentalmente vaporice a mi profesora de algebra"- comenzó Atenea.