1_Pollo asado a las cuatro cabezas

Serena subió las escaleras lenta, muy lentamente, con el más placentero de los dolores justo bajo un corsé excesivamente apretado y un vestido insoportablemente incómodo: el doloroso placer que provoca un estómago lleno de crema de salmón, pato asado y otras muchas cosas, entre las que no faltaba algo de caviar y un exquisito postre. Hacía mucho que no comía tanto, pero no todos los días se reunían tres juerguistas bajo ese mismo techo a rememorar viejos tiempos, no sin cierta nostalgia, buena comida y abundante tinto astriano: su propio hermano y los reyes Dryden y Van, dispuestos a esperar al sol de la mañana fomentando una magnífica resaca y unas magníficas ojeras. Ella ya no podía más, ni con su sueño ni con los tres juerguistas. "Qué irresponsables… y pensar que de cara al escaparate son perfectos y caballerosos…" rió para sus adentros.

            La muchacha llegó ante la puerta de su cuarto y entró, alcanzando incluso a escuchar las sonoras carcajadas que venían de abajo antes de cerrar la puerta tras de sí. Con una sonrisa divertida adornándole el rostro, se despojó ("¡Por fin!") del vestido y el insoportable corsé ("No lo aguanto, es la última vez que me pongo una cosa de estas… pero es que el rey Van sigue soltero y sin compromiso, y nunca se sabe… Tenía que ponerme guapa ante tanta realeza") y se puso un fino y cómodo camisón. Apenas apoyó la cabeza sobre la almohada ya estaba dormida.

            Sus sueños siempre eran una variada y absurda mezcla sin sentido, remanente tal vez de la mente enfermiza que la había suplantado tanto tiempo. Esta vez no fue una excepción: volvía a estar ante la mesa, sentada junto a los todavía sobrios amigotes que, sin embargo, empezaban ya a remontarse en el tiempo dos años atrás. El pato estaba sobre la mesa, jugoso y apetitoso, con su delicioso aroma inundando la sala… sin embargo, el servicio le plantó delante la crema de salmón, y tuvo que aguantarse las ganas un poco más: el pato al horno siempre había sido su plato favorito, y aguardó ansiosa a que los otros acabaran ese plato que, a pesar de estar exquisito, apenas había sido tocado gracias a esa larga sucesión de eventos y complicaciones políticas que habían desembocado en la Gran Guerra. Finalmente llegó el gran momento: cortar el pato. Cuál no fue la sorpresa de Serena al ver que al pato le salía una cabeza (la de Jajuka) que al ver su desesperada situación empezó a rogar que no permitiera que lo partieran en rodajas. Se negó: quería comer pato.

            -¡Serena, por favor!

            -No, ya te he dicho que tengo hambre.

            -Sé buena chica ú_ù

            -Te digo que no.

            -Oh, vamos… ¡¡te enseñé a no comer caracoles vivos!! ¿No podrías decirle a tu goloso estomago que se conforme sin el pato?

            -Que no, Jajuka: sólo eres un sueño, y aunque esto sea un sueño, me gusta disfrutar de ellos.

            -¡¡¡Te lo rueeegoooo!!! _ -el afiladísimo cuchillo se acercaba, implacable, hacia él.

            -Hum… ¿qué me darás a cambio? –pidió Serena alzando una ceja.

            -¡¡¡LO QUE QUIEEERAAAASSSS!!!!

            Demasiado tarde: el tenedor pinchó el trasero del aromático pollo y a la cabecita de Jajuka se le añadieron un par de brazos que se agitaron en el aire mientras chillaba como un ratón.

            -¡Alto! –ordenó la joven con voz autoritaria al sirviente que procedía cortar el pollo-. Tengo mucha hambre: he decidido comerme el pollo yo sola… y en mi habitación.

            Dicho esto, Serena se levantó, cogió la bandeja y subió las escaleras tan dignamente como pudo, mientras la cabecita de Jajuka agradecía una y otra vez haberle salvado la vida. Tras entrar en la habitación, cerrar la puerta y asegurarse de que ningún criado curioso reposara "casualmente" detrás de su puerta, se dirigió de nuevo al medio Jajuka que asomaba del cuello del pollo.

            -¿A ver, qué quieres?

            -Bueno… ya que me has salvado una vez esta noche… ¿te importaría salvarme de nuevo?

            -No veo que estés en peligro.

            -¡¡¡Si lo estoy!!! Bueno… yo y unos cuantos amigos… u_u ¿Verdad que nos salvarás? –pidió con ojitos esperanzados.

            -Hum….. bueeeeenooo…. Está bien.

            -¡¡¡Bien, graciaaaasss!!! –gritó el diminuto medio Jajuka agitando los bracitos en el aire.

            -¿Qué tengo que hacer para salvaros?

            -No lo sé ^^U

            -Ah… O.O Bueno, tal vez deberías empezar por explicarme el problema.

            -¡¡¡Ohhh!!! Lógico… u_uU Verás,  estamos atrapados en una especie de… dimensión paralela. Por lo que vemos, aquí hay mucha gente… demasiada. Todos repetidos.

            -¿Repetidos?

            -Si… u_u verás, creemos que tiene algo que ver con el hecho de que Dornkirk jugara con nuestros destinos… esta dimensión está llena de ecos del destino, y nosotros, como no somos ni reales ni ecos, y estamos atrapados.

            De pronto, junto a la cabecita de Jajuka apareció otra: la de Dilandau.

            -¡¡¡¡QUIERO SALIR DE AQUÍ!!!! ¡¡¡¡Ayuuuudaaaaaa!!!! –chilló agitando los brazos y zarandeando a Jajuka-. Ah, hola, hermanita –saludó al verla.

            -Yo… yo… yo… yo… yo… O.O

            -Eh, espabila, no te quedes comunicando –dijo Dilandau chasqueando sus diminutos deditos para reclamar su atención.

            -¿Eres quien creo que eres?

            -Psé… tu doble personalidad, el Asesino, el pirómano sádico… Tanto me dá cómo me llames si me sacas de aquí. ¡¡Estoy harto de mi mismo, acabaré por enloquecer!! @_@

            -Yo diría que gracias a esta terapia te has vuelto cuerdo… somos los demás los que corremos peligro de perder la cabeza –murmuró Jajuka entre dientes.

            -A ver, a ver, que me aclare… ¿decís que por culpa de Dornkirk os habéis vuelto un montón de cromos repetidos?

            -¡¡¡¡NOOOOOOO!!!! _ –chillaron las dos cabecitas al unísono sacudiendo la cabeza de un lado al otro- ¡¡¡Folken!!! ¡Asómate, que tú sí sabes explicar estas cosas!

            En esto, al pollo le salió otra cabecita, de pelo verde a lo rockero, llena de trasquilones, un lagrimón lila en la mejilla y cara de sueño.

            -Por un ratito que conseguía dormir… A ver, tú eres Serena, ¿no? –preguntó dirigiéndose hacia ella.

            -Si –asintió la chica.

            -Bien, a ver si me explico: cada vez que una persona tomas una decisión importante cambia su destino, y aquí vienen a parar todos los destinos frustrados. ¿Me sigues?

            -Sí.

            -Bien, pues como ya te he dicho, todos esos destinos residuales que hay por el mundo vienen a parar aquí, y siguen su vida tan tranquilos como si fueran los originales… no se ven unos a los otros, sólo a los que formaban parte de su mismo destino.

            -Ah…

            -Y nosotros, cuyos destinos fueron modificados por el idiota de Dornkirk…

            Al pollo le salió otra cabecita, esta vez barbuda.

            -¡¡¡Te he oído, desagradecido!!! ¡Te di un brazo nuevo!

            -Es muy feo, no veo por qué te tendría que estar agradecido… -gruñó la cabecita de Folken, mientras Jajuka y Dilandau hacían corrillo y reían por lo bajo- ¡¡Vosotros dos, no os riáis!!

            -Si, señor –dijeron los dos poniéndose firmes.

            -Bueno, y como tú eres la única persona que sufrió modificación de destino y ha conseguido escapar a este lugar, pensamos que tal vez podrías ayudarnos.

            -¿Y os ha costado dos largos años llegar a esa brillante conclusión? –dijo Serena alzando una ceja.

            -Bueno, uno ya no es tan joven como antes… -murmuró Dornkirk.

            -Cierto, ya hace tiempo que chocheas –le echó en cara Folken.

            -¡No vuelvas a decirme eso!

            -¡¡¡Uyyy, qué miedo!!! –se burló Dilandau.

            -¡A callar todos! –gritó Folken-. Tienes que encontrar la manera de llegar hasta aquí… tiene que haber alguna conexión.

            -Hum… ya lo sé: tú y Van tenéis lazos de sangre, así que sólo tengo que usaros como puente.

            -¡Ale, qué maja!

            -¡Vamos allá! –la joven se levantó, cogió una aguja que encontró por ahí y agarró la bandeja, donde en aquellos mismos instantes Dornkirk trataba de estrangular a Folken, Dilandau se reía a mandíbula batiente y Jajuka prefería ni verlos.

            Caminando por la casa, que por desgracia había cambiado totalmente de distribución durante el transcurso de su sueño y donde no había manera de encontrar el camino que llevaba a la sala, no encontraron a nadie, de manera que a ningún sirviente le extrañó que Serena se paseara por la mansión con un pollo frío y hablando sola.

            Bastante frustrada por no encontrar la puerta indicada en un pasillo que no había visto en su vida y agobiada por las cabecitas del pollo, que sugerían cada uno una puerta diferente, la chica optó por derribar a patadas las puertas para desahogarse. ¡Oh, sorpresa! De pronto se encontraron en el comedor, frente a un trío de borrachos (concretamente, Van estaba en la etapa sensiblera de una borrachera y se lamentaba por haber perdido a Hitomi)

            Sin miramientos (los borrachos no parecían verla) desenganchó la aguja que se había prendido en la manga del vestido de fiesta que había llevado aquella noche y con el que había aparecido en el sueño y pinchó el dedo índice de Van, sacándole una gota de sangre. Luego acercó la punta a Folken, que se horrorizó al verla.

            -¿¿¿No irás a pincharme con eso, verdad??? ¡¡Desde mi punto de vista es tan grande como una espada!!

            -Y qué quieres que coja, ¿un tenedor? A callar.

            La muchacha tomó con cuidado la manita que le tendía el hombre (que se tapaba los ojos en un gesto terriblemente teatral) y le pinchó. Tras pincharse a sí misma en cada pulgar, juntó su dedo izquierdo con la manita de Folken y el derecho con el dedo de Van y de pronto se vio transportada junto a los cuatro hombres que se habían colado en su sueño… encontrándose con que volvía a llevar sólo el camisón.