Prólogo
Black Moon fue mi primer FanFiction. Fue el que me llenó de ganas de seguir escribiendo y perfeccionándome en la escritura, y es por eso que no podía dejarlo ahí tirado, como una primera experiencia que tuvo suerte de haber recibido 135 reviews –hasta hoy, 1º de abril de 2011-. No, no puedo dejarla sin revisar y enmendar los errores que cometí al escribirlo, con mi inexperiencia de hace casi tres años atrás.
Así que hoy comencé a reeditarla, para que todos ustedes puedan disfrutarla –o volver a disfrutarla- como realmente lo merecen, ya que la primera versión está muy lejos de los fics más recientes de mi autoría.
De más está decir que me encantaría que una vez hayan leído dejen sus comentarios y que, a pesar de odiarme al principio por lo que parece, sepan esperar, porque soy ichirukista hasta morir y las apariencias engañan.
Los dejo con la historia. Mary
1. Veinticinco años. Introducción.
Veinticinco largos años habían pasado después de aquella gran batalla contra uno de los peores enemigos que había tenido nunca la Sociedad de Almas. Sosuke Aizen había sido derrotado y con él todos los Espada. (1)
Pero el Seireitei y el mundo humano habían sufrido muchas pérdidas, que aún después de tanto no se recuperaron del todo, aunque la paz reinase desde entonces. Las cosas cambiaron -para algunos demasiado-, pero la esencia de cada mundo seguía siendo la misma.
En Hueco Mundo, sólo Las Noches seguía en pie, con algunos agujeros, pero inmaculada como siempre. Los hollows casi no se veían por las arenas blancas y la luna parecía más solitaria de lo que de por si ya era.
Todo el sufrimiento y la angustia de aquellos momentos se desdibujaban en la Sociedad de Almas actual. La Corte de los Espíritus Puros había cambiado, y también parte de su plantel.
La calma impecable que siempre mostraba el décimo tercer escuadrón se veía turbada por un monólogo femenino, casi parecido a un sermón en tono grave, que venía de la oficina del capitán.
La puerta estaba de par en par abierta, dejando que el sonido entre enojado y preocupado de la melodiosa voz de la dama se escapara con facilidad. Allí parado, recostado sobre el marco, del lado izquierdo, se hallaba un joven de cabello negro, corto y alborotado, y ojos ámbar. Miraba a la mujer que le hablaba sentada en el sillón detrás del escritorio con cierto desgano, mientras hacía rotar en el dedo índice de su mano derecha una insignia de teniente, que con la velocidad que llevaba, apenas dejaba ver el número 6 grabado en ella.
- Recuerda que sólo vas en misión de reconocimiento – seguía hablando la mujer.
Bufaba de vez en cuando, largando exageradamente el aire por la nariz y boca, dejando ver su desinterés por lo que ella decía. Se acomodó con la mano izquierda, sin dejar de mover el distintivo, unos anteojos para sol que sabía eran un bien preciado para su verdadero dueño, pero para él eran un trofeo de ese día.
- Si – respondió de mala manera, como era habitual en él.
- Solamente estarás allá por dos días. Nadie debe verte. Por favor, tiene un cuidado especial en ese lugar- la voz sonaba muy preocupada, pero no prestaba mayor atención a las reacciones del chico.
- Te dije que si mamá
- Y no olvides que es muy importante que sólo reconozcas el terreno y observes las anomalías en las partículas espirituales, no vaya a ser que alguien pueda notar que estás allí. Ten muy en cuenta que debes reducir al máximo tu reiatsu. No estoy diciendo que alguien pueda verte, sólo es por si acaso – seguía con su charla por demás extensa.
- Si, mamá – insistió con sus afirmaciones, sin mirarla.
- ¡¿Por qué tienes la maldita costumbre de contestar sólo "si mamá" sin siquiera prestarme la más mínima atención? – gritó, ya sin una sola gota de paciencia.
Por detrás del joven se asomó una cabellera roja y revuelta, que no pasó desapercibida a la vista de la dama, quien suspiró resignada, pero sin dejar de mirar enojada al pelinegro.
- ¡Te dije mil veces que no revuelvas mis cosas! – el dueño de aquel cabello se hizo notar con un grito estridente, que no movió ni un solo pelo del joven. - ¡¿Quién te dio permiso para tomar mis gafas? – terminó de ladrar al tiempo que arrebató el objeto de la disputa de la cabeza del chico, que sólo respondió resoplando sin mirar, siguiendo con su anterior juego de rotación.
- ¡Nada de eso! ¡¿Quién te crees que eres? ¡¿Tanto escándalo por una simple misión al mundo humano? – el pelirrojo miró a la mujer de adentro de la oficina, con cierta preocupación, mostrando que pensaba todo lo contrario de lo que estaba afirmando.
- Papá – se dignó a decir el chico, dejando de mover la insignia e incorporándose - ¿Por qué no me dejas en paz? – dijo sin darse la vuelta. Al hombre se le encendieron las pupilas.
- ¿Pueden dejar de pelear como si fueran dos chiquillos? – preguntó irónicamente la mujer, intentando calmar al recién llegado y seguir con la conversación anterior. Si seguían discutiendo, nada bueno podría pasar.
- Pero Rukia… - protestó el hombre, sin dejar de mirarla con el mismo sentimiento de antes.
- Déjalo Renji – casi ordenó - sólo quiere provocarte – afirmó.
- Mamá – dijo el joven, mientras amarraba el distintivo en su brazo – no tengo más tiempo para perder acá, esta misma tarde parto hacia el mundo humano y aún tengo informes que presentar – miró a la mujer, con más seriedad – Tengo que preguntarte algo – ella tragó con dificultad – En esa ciudad hay un shinigami asignado, ¿no? – los ojos de Renji se abrieron con sorpresa, pero Rukia continuó con serenidad.
- Si, como en todas las regiones del mundo humano, ¿a qué viene esa pregunta?
- Leí en unos informes que encontré en la oficina de tío Byakuya el nombre del tipo… - pensante – era… Kuro… Kurosaki – soltó, mientras miraba fríamente a su madre.
- Hace mucho tiempo que él vive allí como humano, por eso no escuchaste nunca de él – aclaró antes de que su hijo pudiera preguntarlo, suponiendo qué era lo que quería saber. No tenía intenciones de contarle viejas historias en ese momento, y tampoco el tiempo – Pero espero que no te quieras desviar de tu misión, no tienes por qué interferir en su trabajo en el área – aclaró con cierto rigor, dando a entender que no contestaría más preguntas.
- Ya lo sé, mamá – dijo sin darle mayor importancia a lo que Rukia había dicho al tiempo en que viraba para retirarse del escuadrón. Pasó junto a Renji y le quitó con fuerza los anteojos de la mano, para luego ponérselos mientras se perdía en los pasillos.
Después de unos segundos de silencio, Rukia se levantó de su asiento y se acercó a Renji, que permanecía de pie mirando hacia donde se había ido su hijo, quien inmediatamente la miró. Ella, al llegar junto a él, sacudió una pelusa de su haori.
- ¿Qué vamos a hacer con ese crío? – reflexionó en voz alta un preocupado padre.
- Nada – afirmó Rukia, con seguridad – él no desobedecerá las órdenes de mi hermano
- Lo sé – bajó la mirada – pero es su primera misión como teniente – apretó su puño derecho, Rukia lo notó y lo tomó por el brazo – y para colmo en el mundo humano
- En Karakura – aclaró ella. – No pasará nada, no te preocupes – sonrió. Renji la miró desconcertado – Es Haruto Kuchiki
Se miraron sonrientes mientras entraban en la oficina, cerrando la puerta detrás de ellos.
Ciudad de Karakura, al atardecer
Aquel parque donde alguna vez jugó con su padre y su madre no había cambiado. Todos los juegos estaban igual, siempre. Se columpiaba suavemente mientras degustaba un sabroso helado junto a su amiga de toda la vida. El uniforme relucía con el sol del ocaso y la brisa ondeaba su pollera y su cabello castaño.
Su amiga la miraba extrañada, ya que no había mencionado palabra alguna en minutos. El helado se derretía mientras pensaba en alguna cosa que la estaba distrayendo desde hacía algunos días, o meses ya.
- ¡Ey! – la chica morena quiso llamar la atención de la otra – ¡Miyu! – la llamó por su nombre al ver que la castaña no respondía - ¿por qué estás tan pensativa hoy? Toda la tarde te la pasaste en otro lado
- Nada… nada – siguió tomando su helado, haciendo de cuenta que no le había preguntado nada.
- ¿Cómo que nada? Casi ni hablaste en la escuela… ¿pasó algo en tu casa?
- Encontré a mamá llorando otra vez – soltó, después de un largo silencio, sin dejar de mirar el atardecer – últimamente lo hace muy seguido, piensa que no la escucho, pero sí lo hago
- Ya veo… - expiró - ¿Otra vez se fue tu papá? – preguntó, dubitativa.
- No tengo ganas de hablar de eso – la miró - ¿Y tú, Noa? ¿Cómo te fue con Yuki? – preguntó con sorna, intentando cambiar el ambiente.
- ¡No pasó nada! – gritó sonrojada la morena.
- Mi primo es muy difícil – reflexionó. – Además de creído, malhumorado, arrogante, y una larga lista de etcéteras
- ¿Primo? Siempre adjudicándoles a las personas parentescos que no son reales – intentó burlarse. – Sé que no es tu primo
- Es que tía Tatsuki es como si fuera la hermana de mi mamá, entonces Yuki sería como mi primo – aclaró, haciendo gestos con las manos, pegoteadas de helado derretido. – De todas formas, antes que estar con él, prefiero ser solterona – soltó una carcajada. Ambas rieron un rato y luego volvieron al incómodo silencio anterior.
De pronto, Miyu se levantó rápidamente de la hamaca y miró fijamente un edificio cercano con cierto grado de alarma.
- ¿Pasa algo? – a Noa no parecía llamarle la atención la conducta de su amiga.
- Es mi papá – afirmó, frunciendo el ceño. – Seguramente habrá algún hollow dando vueltas
- Últimamente hubo muchos – reflexionó, – menos mal que yo no los veo, sino estaría muerta de miedo bajo mi cama – bromeó. - ¿Cómo puedes no tener miedo viendo esas cosas horribles que me cuentas?
- Mi papá está siempre conmigo para protegerme, por eso no tengo miedo. Y tú no deberías temer tampoco, él nos cuida a todos – dijo con cierta tristeza.
- Nunca está en casa, ¿no? Parece que trabaja demasiado…
- Si, entre el hospital y los hollows ya casi ni lo vemos – dejó de hablar cuando vio que alguien se acercaba.
- Hola chicas, ¿qué hacían? – saludó amablemente la recién llegada.
- Hola, Sra. Kurosaki – respondió Noa.
- Hola mamá, estábamos charlando después de clase – le contó Miyu a la mujer, que la miraba sonriente.
- Veo que también estuvieron tomando helado – señaló una mancha rosada en el uniforme de Miyu.
- ¡Ay, no! – exclamó – Espero que se quite – intentó limpiarla con una servilleta que traía.
- Vamos a casa así lo lavamos. Nos vemos Noa – saludó a la chica con una gran sonrisa. – Pero la próxima, llámame Orihime
- Está bien – contestó Noa sonrojada – Hasta mañana Miyu y Sra. Orihime
- Vamos – dijo Miyu a su madre, apurándola. – Nos vemos mañana donde siempre – saludó a Noa, con cierto nerviosismo.
- Hasta mañana – contestó la morocha, viéndolas alejarse de las hamacas.
Las dos castañas, madre e hija, caminaban del brazo, en silencio. Estaban incómodas, pero ninguna de las dos tenía intención de hablar al respecto. El hombre de esa familia era la razón.
Estaba demasiado tiempo fuera y eso molestaba a ambas. Ninguna de las dos toleraba esa situación, pero tampoco podían hacer demasiado.
- ¿Otra vez un hollow? – preguntó Miyu a Orihime, mirándola detenidamente a los ojos, intentando descifrar lo que su madre pensaba en ese momento. Ella sonrió tristemente. – Vi a papá en los techos. Su reiatsu estaba alterado otra vez, ¿pasó algo?
- Es un menos – afirmó, desviando la vista hacia el sol que desaparecía en le horizonte. Los ojos de la más joven se abrieron, sorprendida. – No te preocupes, Ichigo se hará cargo de él
(1) Recuerden que esta historia la escribí muchísimo tiempo antes de que realmente derrotaran a Aizen, es por eso que Ichigo no perdió sus poderes y todo lo que ya sabemos los que seguimos el manga. Espero sepan separar las aguas y comprender que hice un corte más o menos cuando Ichigo derrotó a Ulquiorra.
