ATENCIÓN: Para los nuevos lectores, este es un fic donde el personaje principal es Albus Potter, pero también lo serán Rose&Scorpius como pareja principal, y secundaria Lorcan&Lily Potter. Si encuentran alguna relación con otros fics es porque la idea que tengo de los personajes esta estrictamente basada en la combinación de todos los fics que he leido de Rose/Scor, Lorcan/Lily e incluso Scor/Lily. Especialmente, me gustaría hacer una especial mención a Keiian con su historia "Make you feel better", a MonicaAlejandra55 con "Rojo&Negro" y "Mi Mundo al revés" por jos Black. Son fantásticas, les recomiendo que se pasen por ahí si es que no lo han hecho ya. (Todos estos son Rose/Scor)

Hola, me presento: Mi nombre es Daniela y este es mi primer fic (No es mi primera historia, he escrito 7 libros) Llevo varias semanas intentando decidirme sobre varias cosas de la historia, pero al final les digo que será principalmente sobre Albus en su último año en Hogwarts. Este fic será fiel a mi pareja favorita también (Aunque no será la principal) Rose/Scorpius. No teman comentar, adoro las críticas constructivas!. Denle una oportunidad a este fic, espero que lo disfruten!

La serpiente y la pantera.

Capítulo I

Yo, Albus

Albus Potter. Ese era al nombre del muchacho que se encontraba acostado en el suelo del ático, huyendo del ruido estremecedor y de la agitación Potter-Weasley del día anterior a su partida a Hogwarts. La madriguera se convertía en el sitio de congregación familiar, y contando la gran cantidad de primos, tíos y demás familiares, no era un sitio muy adecuado para pensar con claridad.

Albus prefería permanecer en la oscuridad y el silencio (Ese día en particular), ya que era imposible escapar del ajetreo pre-clases durante toda la vida, así que sencillamente había logrado acostumbrarse a la situación, era una cosa de todos los días y además, era su familia. Se llevó la mano al bolsillo y sacó dos objetos de él: su varita y un espejo aparentemente común.

- Lumos!

La habitación se iluminó ligeramente, permitiendo la observación de ciertos objetos interesantes. En una esquina del lugar se encontraba una colección de cajas amontonadas, llenas de sortilegios Weasley. Su tío George había tenido tanto éxito con las ventas que la tienda se había convertido en una leyenda histórica. Los estudiantes se conglomeraban alrededor de Sortilegios Weasley tan emocionados como cuando les tocaba comprar su varita. Todos los años sus tíos George y Angelina les enviaban su mejor mercancía; orejas extensibles, varitas falsas, sombreros acéfalos, plumas correctoras y recargables, polvo mágico y detonadores trampa, y por supuesto, una colección de excelente calidad de surtidos salta-clases de última edición.

Entonces, la pregunta era; ¿Por qué se encontraban todos esos objetos ahí? En el ático, amontonados y llenos de polvo. La razón era muy sencilla: Hermione Granger, su tía preferida. Había logrado convencer a Ron de que no alentara las travesuras de Hugo, pues había pasado demasiadas veces en detención para su gusto. Esa era la causa de que tres años atrás se dedicaran a guardar todo lo que recibían por parte de sus tíos en aquél lugar. Albus dirigió su mirada hacia el espejo que tenía en la mano. Su padre se lo había regalado en tercer año junto con otro exactamente igual. Al principio había creído que se trataba de una broma, pero la respuesta que le había dado su padre terminó por sorprenderle completamente. Aún podía recordarlo con claridad, como si fuera un recuerdo reciente, aunque habían pasado cuatro años desde aquel suceso.

- Es un espejo doble cara – Dijo Harry – Sirve para comunicarte con una persona que esté lejos. – Su padre le dirigió una sonrisa cálida y Albus se vio a sí mismo reflejado en sus ojos verdes – Es mejor que las redes floo, si me preguntas. Créeme, ese espejo logró salvarme unas cuantas veces. – Harry le pasó la mano por el cabello, despeinándolo aún más de lo que ya estaba. – Sólo espero que nunca lo necesites de la misma forma que yo, aunque siempre puede servirte para hablar con un amigo, ya sabes, alguien de confianza. Así nunca te sentirás solo.

Sus ojos se clavaron en los de su padre con incredulidad durante algunos instantes. Había escuchado leyendas de su padrino, Sirius Black, quien le había regalado uno de esos, y a pesar de que tenía mucha curiosidad por saber más del famoso Sirius Black, simplemente abrazó a su padre y le dio una sonrisa de agradecimiento.

- Gracias papá, es el mejor regalo que pudiste darme.

Albus observó fijamente el espejo y le dio varias vueltas antes de hablar.

- ¡Scorpius! – llamó. Esperó algunos segundos sin respuesta. – Scorpius, soy yo Albus. ¿Estás ahí?

Silencio. Automáticamente, tras llamar el nombre de Scorpius Malfoy su mente volvió en el tiempo, seis años atrás. Recordaba lo que su padre le había dicho sobre los dos mejores de Hogwarts, que habían sido dos magos excepcionales; uno de Gryffindor y uno de Slytherin. Era esa la razón de que llevara sus nombres. Sus palabras habían tranquilizado ligeramente su miedo de ser seleccionado en Slytherin, pues si Severus Snape había sido un hombre tan admirado como ellos decían, estar en su misma casa no podía ser tan malo. Además de que su padre parecía tener un cariño y respeto especial por ambos.

Sin embargo, Albus había puesto un pie en el tren lleno de nervios; nervios de no cumplir con las expectativas que todos tenían del hijo de Harry Potter, y más específicamente, miedo de no ser seleccionado en Gryffindor. Recordaba haber esperado ilusamente que su hermano James demostrara un mínimo de afecto fraternal y no lo dejara solo en el tren, pero esperar eso de su hermano era como esperar que un muggle pudiera ver a un dementor, imposible. Afortunadamente, no había avanzado ni diez pasos cuando se topó con Rose Weasley, su prima favorita y mejor amiga. Con ella tenía una relación mucho más cercana que con sus otras primas, quizás porque era de su misma edad, quizás porque tenían muchos intereses en común. Pero la realidad era esa, no había ninguna de sus primas que quisiera tanto como a Rose o como a su hermana Lily.

- ¡Albus! Me alegro tanto de encontrarte – Se abalanzó sobre él, abrazándolo tan fuerte que casi lo asfixiaba – Lo siento, estoy tan nerviosa...

- Creo que es un mal momento para hablar, Rose. Nos vamos a quedar sin compartimiento. – Albus siguió caminando junto a su prima intentando encontrar un compartimiento vacío o en el que se encontraran alguno de sus primos, hasta que encontró uno. Solo que no estaba completamente vacío, había un chico rubio en el interior de este – Parece que este es el único que no está lleno.

Albus abrió la puerta e hizo ademán de entrar, pero se vio detenido por la mano de su prima, que dirigió una mirada reprobatoria hacia él. Alzó la vista y se dio cuenta de porqué; Scorpius Malfoy estaba sentado en ese compartimiento.

- Es el único libre – Apartó la mano de Rose con suavidad – No veo el problema de sentarnos con él.

- ¿No ves el problema? – Rose frunció el ceño, como si Albus estuviera demente – Albus, ¡Es un Malfoy!

- ¿Y eso qué tiene?

- Pues... – Adoptó una expresión de incertidumbre momentáneamente – Que papá me dijo que no me acercara a él. Además, es hijo de un ex-mortífago, ¿O acaso no lo recuerdas?

- Rose, sabes cómo es el tío Ron. Además, ¿Por qué juzgarlo por cosas del pasado? Cosas que ni siquiera él hizo.

Rose lo observó en silencio durante algunos segundos, y por unos instantes pensó que Albus era demasiado maduro para tener sólo once años. Pero después recordó también que esas eran las palabras que siempre usaba el tío Harry. Intentó pensar en una buena respuesta, algo que pudiera refutar lo que su primo había dicho y lograra alejarlos lo más posible de aquél compartimiento, pero minutos después decidió que estaba siendo infantil. Guardó silencio y entró al compartimiento pisándole los talones a Albus. Por alguna razón, no se sintió cómoda en presencia del Malfoy.

- Hola, eres Scorpius. – Dijo Albus – ¿Cierto?

- Me sorprende que no me hayas llamado por mi apellido. – Le dedicó una mirada increíblemente fría – Potter.

Albus ignoró tanto su mirada no muy agradable como su comentario y se sentó en el asiento en frente de él. Rose bajó la mirada, intentando evitar cualquier contacto con Scorpius Malfoy. Se sentó al lado de su primo implorando que se limitara a no hablar durante el trayecto. Su actitud confirmaba lo que su padre había dicho acerca de los Malfoys, engreídos y despreciables.

- No me digas que también tienes una mascota, Potter. – Esbozó una media sonrisa arrogante – Después de escuchar tantas cosas sobre ti me imaginé que tenías mejor gusto.

Rose se puso de pie con brusquedad, increíblemente molesta y lista para darle una lección a Scorpius. Pero Albus la detuvo, sosteniéndole el brazo con fuerza hasta que pudo calmarse un poco.

- No, Rose. – Le susurró Albus –

Ella volvió a sentarse, cruzando las piernas y brazos, adoptando una posición a la defensiva y una expresión de evidente enojo. Clavó sus ojos azules llenos de furia en Scorpius sin decir una palabra y él le sostuvo la mirada con diversión. Los minutos pasaron en silencio en una guerra de miradas, hasta que Rose apartó la vista y la desvió hacia la ventana. Scorpius sonrió triunfante. Albus notó que había seguido observándola con una expresión de intriga durante algunos segundos, pero solo fue un instante antes de que volviera a su marcada expresión de arrogancia.

El ambiente se volvió totalmente incómodo para todos a excepción de Albus, que vivía un debate interno sobre la casa en la que quería ser elegido.

- Scorpius, ¿En qué casa quieres quedar? – Él observó directamente a Albus por un instante con una expresión de incredulidad, tomándose su tiempo para recomponerse antes de responder.

- En Slytherin.

- Vaya... – Albus sonrió con amabilidad. – Yo aún no estoy seguro.

Scorpius arqueó las cejas y esta vez no pudo evitar que la sorpresa se reflejara en su tono de voz.

- ¿Un Potter en una casa que no es Gryffindor? – Por primera vez, desde que habían entrado al compartimiento su expresión se relajó y soltó una carcajada. – Y cuando eso pase, los muggles podrán volar.

- ¿Sabes que ya lo hacen? – Scorpius lo observó con confusión. – Sí, tienen unos aparatos llamados helicópteros y aviones. Quién lo diría, pero cada día avanzan más con respecto a la tecnología. –

La expresión de Scorpius empezó a reflejar interés.

- ¿Hablas enserio? – Albus asintió – ¿Y tú como sabes todo eso?

- Mi abuelo tiene una pequeña obsesión por el mundo muggle, así que siempre lo escucho hablar de esas cosas.

- Eso suena divertido – Malfoy pareció emocionarse – ¿Crees que podamos conseguir uno de esos helicoptores?

- Helicópteros. – Corrigió Rose, hablando por primera vez – Y no, necesitas una licencia muggle para eso. – Concluyó, lanzando una mirada de desprecio hacia Scorpius.

- Igual me parecen más divertidas las escobas. Son totalmente fascinantes. – Dijo Albus – Me gustaría conseguir la nueva Saeta de Fuego, pero papá no me dejará a menos que me elijan para el equipo de Quidditch.

Scorpius ignoró a Rose Weasley por completo, y observando fijamente a Albus pronunció las palabras que probablemente los convirtieron en mejores amigos de por vida.

- Si quedas en Slytherin, te prometo que te conseguiré una y entrenaremos juntos. – Estiró la mano, dirigiéndolo hacia Albus – ¿Un Malfoy y un Potter amigos, eh?

Albus estrechó su mano.

- Quizás.

Albus despertó de su ensoñación cuando escuchó un ruido que provenía del espejo. Scorpius había sido su mejor amigo desde ese día, arrogante y engreído pero un amigo increíble. No había nadie más confiable que él, excepto quizás Rose. Pero habían ciertas cosas sobre las cuales no podía hablar con su prima, evidentemente, cosas de hombres. Un ojo apareció en el espejo; un ojo de un gris metálico, intenso.

- ¿Qué diablos haces despertándome a esta hora?

Scorpius sonaba molesto.

- Lo siento, Scor. – Albus suspiró – Pero sabes que nunca puedo dormir el día antes de clases.

- ¿Qué pasa? – Dijo, intentando simular interés.

- Este es nuestro último año en Hogwarts.

- ¿Y? – respondió Scorpius.

El moreno estaba a punto de responder cuando escuchó un ruido fuerte. Alguien estaba subiendo las escaleras y él sabía con certeza quién. Volvió la mirada hacia el espejo y se despidió de Scorpius, guardándolo nuevamente en su bolsillo y poniéndose de pie mientras la puerta se abría lentamente, revelando la figura de su madre: Ginny Weasley.

- Albus Severus, ¿Qué estás haciendo aquí? – Dijo Ginny, con una expresión preocupada – Deberías estar haciendo tu equipaje, mañana vuelves a Hogwarts.

- Lo sé mamá. – Se acercó y le rodeó el cuello con el brazo.

Albus había crecido tanto los últimos dos años que había pasado a su madre. Era muy alto y esbelto, un poco parecido a lo que había sido Harry a su edad. El Quidditch lo había convertido en un hombre de complexión fuerte. En sus últimos dos años había desarrollado los músculos de los brazos y abdomen gracias al nivel de exigencia que tenía el deporte y las constantes prácticas que le había tocado liderar como capitán. Su casa no había perdido el campeonato de Quidditch ni un solo año desde que había entrado en Hogwarts, elegido como buscador en su primer año, rompiendo el record de su padre por días.

Albus se dirigió hacia su madre cariñosamente.

- Sólo quería escaparme un rato para poder pensar.

Ginny suavizó su expresión y luego le dio un beso en la mejilla. Luego Albus se dirigió hacia su habitación y encontró a Lorcan y Lyssander dormidos, por lo que rechazó la idea de recoger sus cosas y se acercó sigilosamente hacia su cama. Una vez allí, intentó conciliar el sueño, pero su memoria volvió a llamar nuevamente a los recuerdos. Volviendo a su primer año en Hogwarts, cuando había entrado por primera vez en el gran comedor junto a Rose y a Scorpius.

Los demás alumnos se congregaron a su alrededor en frente de un sombrero extraño. Ese debía de ser el sombrero seleccionador, pero no era como se lo había imaginado. Era un sombrero viejo y desgastado sin nada de majestuoso o intrigante. Entre la multitud, logró saludar a su prima Lucy y a los gemelos Scamander, luego escuchó la voz de la profesora Bagshir llamar al primer estudiante hacia el sombrero seleccionador.

- ¡Albert Finnigan!

Un chico de baja estatura y cabello castaño se acercó hacia la profesora, quien le colocó el sombrero rápidamente.

- ¡Gryffindor!

La mesa de Gryffindor estalló en vítores y aplausos a su nuevo integrante, y Albus dirigió su mirada hacia la mesa de profesores, deteniéndose en la directora; Minerva McGonagall, quien aplaudió con una expresión de aprobación. Había escuchado que ella había sido la jefa de casa de Gryffindor mientras su padre había estudiado en Hogwarts. A Robert Finnigan le siguieron quince estudiantes más, entre ellos su prima Lucy en Hufflepuff, Lorcan Scamander en Slytherin y Lyssander en Ravenclaw.

- ¡Rose Weasley!

Albus sintió los dedos de su prima clavándose con fuerza en su brazo, y la escuchó respirar con dificultad a su lado. Finalmente se separó de él y caminó hacia el sombrero seleccionador. Tan pronto la profesora colocó el sombrero en su cabeza, el comedor se quedó en silencio. Por alguna razón se tardó en elegir, pero cuando lo hizo, Rose se levantó con una sonrisa y caminó alegre hacia la mesa de Gryffindor.

- ¡Scorpius Malfoy!

La selección de Scorpius fue un poco más rápida, pero Albus se dio cuenta de que su expresión era de confusión mientras el comedor se mantenía en silencio. ¿Qué le estaría diciendo el sombrero? – Se preguntó – Hasta que finalmente la voz del sombrero seleccionador se escuchó en toda la sala.

- ¡Slytherin! – Scorpius lo miró y le dedicó una mirada de diversión –

- ¡Albus Potter!

Albus sintió como los nervios se adueñaban de él. Temía que se hubiera quedado petrificado del miedo y que no pudiera moverse, pero afortunadamente tras algunos segundos sus pies parecieron reaccionar, y se dirigió a paso rápido hacia el sombrero. Tan pronto cuando tocó su cabeza escuchó su voz en su mente.

- Hmmm, ¿Otro Potter eh? – Albus pensó que otra vez lo compararían con su padre. – Sí, deberías acostumbrarte a que te comparen con él, tienes sus mismas cualidades... Pero esta vez será diferente, ya sé que voy a hacer contigo.

El moreno cerró los ojos y se preparó para la respuesta que definitivamente no esparaba.

- ¡Slytherin!

La mesa de gryffindor se quedó en total silencio, mientras que la mesa de Slytherin estalló en vítores de alegría e incredulidad. Luego la gente empezó a hablar entre sí mientras Albus caminaba hacia la mesa de Slytherin, siguiendo la señal de Scorpius para que se sentara a su lado, y dentro del momento de shock, recordaba haber sentido la mano del Malfoy en su hombro; no estaba solo.

A pesar de la incredulidad y la sorpresa de su selección el tiempo había logrado cambiar su opinión inicial. El sombrero no se había equivocado, Slytherin era su hogar. A pesar de que se había sentido un poco triste por no quedar junto a Rose. Sin embargo, tanto ella como Scorpius habían sido sus amigos incondicionales durante toda su estadía en Hogwarts (aunque no pudieran mantener una conversación decente por más de cinco minutos sin pelear), estadía que estaba a punto de terminar.

Albus cerró los ojos, preparado para otro año normal en Hogwarts, su último año. Sólo que en ese momento, no sabía que estaba total y completamente equivocado.

Yo, Rose

Rose Weasley es el nombre de la chica pelirroja que se encontraba observándose en el espejo en aquél momento. Hija de Ron Weasley y Hermione Granger; hija de héroes. Rose observó su piel pálida porcelana hasta llegar a su rostro. Sus ojos azul cielo y su cabello rojo intenso contrastaban, típico de una Weasley. Intentó encontrar algo que le asegurara que era más que eso; más que una simple alumna de Hogwarts que dedicaba su vida a los estudios, pero fue inútil.

Se recogió el cabello en una cola alta, simple y bajó las escaleras rápidamente. No tardó en escuchar el ruido proveniente del comedor, y tras entrar en el lugar sonrió animadamente. Todos hablaban entre ellos, objetos volaban por todas partes (incluyendo la comida), y se encontraban apretujados en la mesa. Los Scamander también se encontraban en la madriguera, lo que significaba mucho menos espacio. Lucy, Lily y Roxanne se las arreglaban para entrar en el cuarto de Rose, mientras que James y Teddy se quedaban en el de Hugo. Albus Fred, Lorcan y Lyssander ocupaban uno de los cuartos de huéspedes mientras que en el otro se quedaban Molly y Victorie.

Todos estaban divididos principalmente por edades e intereses; Rose tenía una relación muy íntima con Lucy y Lily, y Roxanne solía pasar mucho tiempo junto a Lucy. James, su hermano y Teddy tenían una obsesión por las creaturas mágicas, especialmente por las más peligrosas. Teddy trabajaba con dragones en Rumania, como lo hacía Charlie Weasley, cosa que fascinaba totalmente a Hugo y a James. Mientras que las chicas mayores: Molly y Victorie eran extremadamente unidas. Dominique y Louis, hermanos de Victorie, se encontraban viajando por lo que no habían visitado la madriguera esas vacaciones.

Por último, Albus, Lorcan y Lyssander eran fanáticos del Quidditch, y Fred también solía pasar mucho tiempo junto a ellos. Hermione se acercó hacia ella y le dio un beso en la frente.

- Cuidado con la comida. – Le susurró en el oído – Fred se las arregló para que te explote en la cara después de comer el primer bocado.

- Gracias mamá.

Rose le sonrió a su madre y luego se acercó a la mesa, sentándose al lado de Lucy. Recorrió el lugar con la mirada buscando a Albus, pero no lo encontró. No lo había visto en todo el día, pero a él siempre le había gustado meditar sus pensamientos en silencio el día antes de volver a clases. No lo culpaba. Las cenas Weasley-Potter-Scamander solían ser un caos total, y no pasaron ni cinco minutos cuando los primeros platos de comida empezaron a explotar.

- ¿Has visto a Albus? – Le preguntó a su prima Lucy –

- No, pero no quiero ver a la tía Ginny cuando se entere que no está cenando con nosotros. – Soltó una risita – Pobre Al.

- Ella sólo se preocupa por él. – Sonrió, pues le resultaba divertido que Albus siempre causara esa impresión. Siempre lograba que se preocuparan demás. Aún cuando era un joven extremadamente inteligente y maduro. – Ya sabes el efecto que tiene en las personas.

La pelirroja pensó en lo distinto que era su primo de los demás hombres que conocía. Sólo había salido una vez con una chica en cuarto, y había sido increíblemente respetuoso cuando se separaron. No le faltaban seguidoras, pues más de la mitad de Hogwarts se moría por tener la oportunidad de siquiera salir una vez con él, y era de esperarse ya que había heredado una combinación perfecta de los rasgos de Ginny y Harry; moreno, de ojos verde intenso y piel blanca ligeramente tocada por el sol.

Se había vuelto el blanco de fantasías amorosas en tercero, cuando empezaron a notarse algunos cambios en su complexión gracias al Quidditch y comenzaron a descontrolarse las hormonas en las chicas. Además, era adorable. Tanto Rose como todas las demás chicas de la familia lo consideraban su primo-hermano favorito.

De repente, su mente evocó la imagen de Scorpius Malfoy. Sí, definitivamente Albus era la excepción a la regla. El rubio era un hombre común, tanto su personalidad arrogante como el hecho de que cada semana saliera con una chica nueva. Recordaba aquél momento en quinto cuando Gennivere Zabini había roto el record después de salir un mes con Scorpius. Nunca había logrado entender la amistad de su primo y el Malfoy, excepto quizás por el hecho de que estaban en la misma casa y ambos jugaban en el equipo de Quidditch. Era engreído, superficial y desagradable con la mayoría de la gente que no estuviera en Slytherin, mientras que su primo era todo lo contrario.

Rose se distrajo de sus pensamientos insultantes hacia el rubio al darse cuenta de que su tía Ginny acababa de entrar al comedor y se había sentado junto a Harry.

- ¿En dónde está Albus? – Le preguntó a Harry – No lo he visto desde el almuerzo... – Harry sonrió, divertido por la preocupación de su esposa y le dio un tierno beso en la mejilla.

- Deja de preocuparte por él, está bien. – Rose soltó una carcajada – Además, es un hombre adulto ya. –

Ginny relajó un poco la expresión.

- Lo sé, pero sabes que siempre será mi bebé.

El resto de la cena transcurrió sin ninguna eventualidad, las usuales discusiones y el desastre normal. Al terminar, Rose se dio cuenta de que Ginny se levantaba rápidamente. Probablemente a buscar a Albus.

La pelirroja se dirigió hacia su habitación junto a Lucy y se dedicó a recoger sus cosas y colocarlas ordenadamente en su baúl. Cuando estaba revisando sus cosas viejas un objeto se cayó e inmediatamente captó su atención. Era un collar que había recibido años atrás. Su mente automáticamente la hizo volver a encontrarse nuevamente en su cuarto año en Hogwarts.

Aquél había sido quizás uno de los años menos agradables dentro de su estadía en Hogwarts. Recordaba que había un grupo de Slytherins que se habían dedicado a hacerle la vida imposible, sosteniendo que era una copia de su madre sangre-sucia. Aunque la vida mágica había cambiado radicalmente a como era en la época oscura, aún quedaban ciertos rastros de antiguas enemistades y discriminaciones de sangre y estatus.

Un día Rose estaba en la biblioteca, como de costumbre, y el grupo de serpientes se acercaron a ella sigilosamente. La habían seguido todo el día. La Gryffindor había decidido ponerse su collar favorito, era una reliquia que le había regalado su madre. Era increíblemente hermoso, con los colores de gryffindor, decorado con piedras brillantes y un diseño muy sofisticado. Por alguna razón, Rose le tenía un cariño excepcional.

Recordaba haber estado completamente absorta por los libros y no darse cuenta de que un grupo de cinco slytherins se acercaban hacia ella en silencio. Siempre le había gustado sentarse sola en el rincón más apartado de la biblioteca, le daba la sensación de tener mayor privacidad. De repente, uno de los chicos la agarro desde atrás, cubriéndole la boca para que no gritara mientras ella forcejeaba, intentando escapar. Otro de ellos le quitó los libros bruscamente y los tiró al suelo.

- Este es el trato que te mereces, sangre sucia.

Rose intentó escapar, mordiéndole la mano al castaño que la estaba agarrando y golpeándolo en la parte baja, corrió en dirección opuesta, intentando alejarse de ellos lo más posible. Pero un chico grande de cabello negro carbón y de piel tostada la interceptó, lanzándose sobre ella y haciéndola caer al suelo con fuerza. Recibió un golpe en la cabeza y dejó escapar un grito al mismo tiempo que reaparecía el grupo de los otros cuatro slytherins. El miedo se adueñó completamente de ella; miedo por lo que pudieran hacerle. Estaba sola. Eran cinco contra ella. Estaba perdida.

- Suéltala, Goyle.

La pelirroja escuchó una voz varonil que identificó inmediatamente, Scorpius Malfoy. Su agresor se quedó paralizado mientras Scorpius se acercaba a paso rápido y con una expresión llena de ira. Sus pupilas se dilataron, dejando un mínimo de gris metálico en sus ojos. Por primera vez desde que lo había conocido se sintió intimidada por él, asustada. Había algo en su mirada que era aterrador, como si ocultara algo increíblemente peligroso en su interior. Pero pronto se dio cuenta de que su furia no iba dirigida hacia ella, si no hacia el grupo de Slytherins que intentaban atacarla. Forcejeó con decisión, aprovechando que Goyle se había distraído y corrió colocándose detrás de Scorpius. El pasó de largo y alzó al castaño por el cuello, clavando sus ojos metálicos en los de él.

- Vuelves a tocarla y te juro que te mataré, lenta y dolorosamente.

- ¿Crees que puedes con nosotros cinco?

Lo que pasó a continuación dejó a Rose asombrada. Scorpius se movió con una velocidad casi inhumana, dirigiendo un solo golpe en la nuca hacia cada uno de ellos, de manera tan rápida que ni siquiera tuvieron tiempo de defenderse. Rose observó a sus agresores noqueados en el suelo, y luego desvió la mirada hacia Goyle, quien miraba a Scorpius horrorizado. El rubio le dirigió una mirada de amenaza, tomó a la Gryffindor de la mano y empezó a caminar. Pero de repente, Rose se dio cuenta de que no llevaba puesto el collar, se le había caído en la pelea.

- Espera, Scorpius.

Scorpius se detuvo y Rose corrió hacia el lugar dónde había estado sentada al momento del ataque, y lo que encontró en el suelo rompió con toda serenidad que hubiera podido aparentar, desplomándose sobre sus rodillas.

- Muévete, Weasley. – Dijo Scorpius, molesto. La tomó del brazo y la obligó a mirarlo – Escúchame bien, no estoy dispuesto a salvarte otra vez. Deja de ser tan débil.

Rose recogió lo que quedaba del collar e intentó no mirar lo que estaba escrito en sangre en la parte posterior. "Te mataremos, asquerosa sangre sucia". Contuvo las ganas de llorar, dejándose arrastrar por Scorpius. Él la acompañó hasta su sala común y luego se marchó sin decir una sola palabra. Lo que ella nunca supo, es que el rubio se quedó escondido detrás de una pared para darle algo de privacidad y que pudiera desahogarse. La pelirroja empezó a llorar, y por alguna razón, Scorpius compartió su angustia al escucharla llorar.

Días después del incidente, Scorpius se apareció en la puerta de su sala común y le entregó una caja pequeña. Antes de que ella hubiera abierto la caja él ya había desparecido. Era un collar nuevo. Parecía una joya carísima, decorada con rubíes y diamantes reales.

Rose volvió a fijar su vista en el collar y experimentó un extraño sentimiento que no pudo identificar. Había convivido con el Slytherin seis años de su vida, ya que siempre estaba con Albus. Habían peleado casi todos los días, se habían odiado incondicionalmente, pero la verdad era que Rose no sabía absolutamente nada de Scorpius Malfoy.