Estoy en el suelo, escupiendo sangre de mi boca mientras veo cómo la dura madera está manchada con mi líquido carmesí. No recuerdo qué sucedió con anterioridad, tengo vagas imágenes mías declarándote mi amor, mi confesión.

Y entonces, cada mañana asistía al colegio para ver tu dulce sonrisa, apreciar con deleite tus ojos y tener el deseo de poder interactuar con tus labios, teniendo un encuentro cercano con tu rostro, aquél que me daba la fuerza suficiente cuando creía que no había salvación alguna.

Eras mi motivo de seguir en un mundo que no fue para mí, por ti podría asestar a mi pecho un cuchillo y abrirlo, con las últimas fuerzas de mi existencia, mostrarte mi corazón, dando sus últimos latidos.

Por ti podría quitarme la vida si tan sólo así tú lo desearas.

Por ti mataría, tomaría la vida de alguien si tan sólo así tú lo desearas.

Desde el momento que nuestras miradas se cruzaron, supe que algo no estaba bien conmigo. Empecé a sentir cosas, comenzó a salir sudor de mi cuerpo, el aire me faltaba y podía escuchar con nitidez los latidos de mi corazón con fuerza y rapidez.

Me obsesioné contigo, tu nombre daba vueltas por mi mente, juro que podía escuchar tu voz, llamándome. Tu aroma no desaparecía, al contrario, se hacía cada vez más fuerte, dándome el deseo de querer tenerlo a mi lado todo el tiempo, tu cuerpo me atraía, sin embargo sabía que eran solamente los deseos de una mente enferma.

Traje hoy un cuchillo al colegio, ¿Te he contado ya que me corto los brazos? ¿Te he contado ya que miro por unos minutos las gotas de sangre que descienden por la punta y, el deseo de que caigan sobre tu boca se hace más fuerte?

Me he confesado a ti con mi silencio, con mis ojos desviándose de los tuyos porque tenía miedo a que supieras de mis verdaderos sentimientos, me he confesado a ti.

Dijiste que no.

Aún cuando te dije que desearía abrir tu cuerpo y lamer tu carne, aún cuando te dije que podía escribir historias de nosotros dos y miles de poemas sólo para ti, aún cuando te dije que me obsesiona que llegara el momento entre nosotros dos, aún...

Saqué susodicho objeto de metal, lo clavé en mi estómago, después, en el pecho, y al final, en mi corazón, quiero que te quedes conmigo, a mi lado viendo mi cuerpo decadente, viendo cómo me pudro a tu lado, viendo cómo me marchito estando junto a ti.