Disclaimer: Lo de siempre, no soy propietaria de hetalia blahblahblahakbsajvdvd
N.A: Ps me puse a mirar en Fanfiction y en Wattpad historias de Horror de Hetalia y todas eran lo mismo: Segunda Guerra Mundial, 2p, HetaOni... Y me quede como: oie no prro tengo k kanviar ezzto :v
Así que escribí esto :v
Personaje: Feliciano Vargas, Norte de Italia
Oía sus afiladas garras rasguñar la madera, sus narices negras oliendo el aire rancio y sus cuerpos sucios de pelo corto y de colores oscuros, deformando sus partes hasta que no eran más que irreconocibles seres emparejados con la muerte, transmitiendo en enfermedades.
Notó como sus pupilas se dilataban, como su cara se volvía blanca y como toda la extensión de su cuerpo se tensaba, totalmente quieto y con el miedo corriendo por sus venas.
No lo veía, pero lo oía y lo sentía, ¡no saber dónde estaba le provocaba tal ansiedad...!
Sentía como sus ojos rojos, llenos de malicia y de muerte le observaban, burlones, multiplicándose hasta convertirse en varios pares de miradas sobre él, preparándose para atacar y destrozar la pequeña figura detenida en medio de la sala.
Después de ello los murmullos cesaron, y sólo era capaz de escuchar a su propio corazón latir con fuerza contra su pecho, bombeando a presión la sangre alrededor de su cuerpo, aún si se sentía totalmente frío.
Cerró los párpados con fuerza y terror llenó su mente al tiempo en que elevaba sus manos hacia su cabeza, tapándose los oídos.
¡No más...!¡Dejadme en paz!
Cayó de rodillas, incapaz de sujetar su figura más, temblando mientras sentía la aspereza de la madera pulida en sus piernas.
Entonces un toque hizo que soltara un sollozo que había estado aguantando, una suave caricia a su piel, que sin embargo, ahora notaba enferma y sucia.
Sintió como un grito moría en su garganta justo al tiempo en el que alguien subía la escalera.
-¡Cazzo, Feliciano!¡¿Por qué no estás limpiando el ático?¡Es tu turno esta vez, podrías no...-
El discurso de Lovino despertó a todas las criaturas habitantes de la habitación, pequeñas y asquerosas ratas huyendo en todas direcciones, escondiéndose tras los recovecos de las cajas.
Las palabras del italiano murieron al tiempo en el que se agachaba a abrazar a su hermano, tembloroso y demasiado pálido, con lágrimas de terror en la comisura de los ojos y el pánico al borde de su mirada.
-Tranquilo Feliciano, estás a salvo...
Susurró palabras dulces en el oído del pequeño italiano, mirando directamente a los pequeños demonios, que observaban la escena con sonrisas torcidas en sus pupilas, escondiéndose hasta el momento de volver a atacar.
