4 de agosto de 1997

Minerva McGonagall estaba sentada en su despacho ultimando los preparativos para la apertura de Hogwarts otro año más. Mientras revisaba los expedientes de los alumnos intentaba reprimir el temblor en sus manos. Ahora se hallaban bajo el mandato del Señor Oscuro. Desde finales de junio, cuando Severus Snape, ese asqueroso traidor asesinara a Albus Dumbledore. Aun le abordaban las lágrimas al recordarlo, hacía muy poco tiempo.

¿Cómo habían llegado a eso? ¿Por qué nunca se le ocurrió pensar en Snape? Su pasado lo delataba, así como la oscuridad que lo envolvía, lo podía ver en su mirada. Pero no, ya era demasiado tarde, ahora Hogwarts no volvería a ser el lugar seguro por el que se caracterizaba.

Sin duda la guerra ya no era un rumor, se había desatado en el colegio, ante sus ojos y sin que pudiera hacer nada para remediarlo, por eso se culpaba.

De entre los documentos de los alumnos extrajo un sobre. Vaya, juraría que había revisado toda la correspondencia. El matasellos era de Manchester.

Antes de abrirlo lanzó una discreta mirada a los alrededores de su despacho en penumbra, no se le olvidaba que estaban en guerra y que había muchos mortífagos por el castillo sin mencionar al mismísimo director.

Estimada profesora McGonagall:

Mi nombre es Ava McGregor y le escribo estas líneas para ofrecerme para algún puesto de trabajo en Hogwarts, el que sea. Quizás le habrá parecido un tanto brusco el comienzo de esta carta, pero estamos desesperados, y no tenemos a quien nos pueda echar una mano en estos tiempos de necesidad por los que mi hermano mellizo y yo atravesamos.

Nuestra madre Viviane McGregor, nos habló de usted desde que éramos pequeños. Crecimos escuchando sus anécdotas de clase de transformaciones, los partidos de quidicht de Griffindor contra Slytherin, las salidas a Hogsmade para tomar cervezas de mantequilla y comprar dulces en Honey Duke…ella amó Hogwarts, y a su casa Griffindor.

Recordará que poco después de terminar sus estudios hace ya 20 años, se marchó repentinamente a la casa de una tía en Savannah, en Estados Unidos. Nuestros abuelos la enviaron allí cuando supieron que estaba embarazada. Para ellos fue un bochorno terrible eso de una madre soltera en el seno de su puritana familia.

El pasado mes de abril falleció en Manchester, como último deseo, aquejada de una larga enfermedad. Queríamos habérselo comunicado antes pero no hemos estado mentalmente preparados.

Han sido unos años duros y penosos, en el cual mi hermano y yo hemos cuidado de ella hasta el fin de los días, anteponiendo nuestros deseos, ambiciones y juventud, porque la amábamos como si fuera nuestra vida.

Ahora nos encontramos en la ruina, en un pisucho alquilado que tiene ratones. Lo único que pido es un trabajo, el que sea, podré desarrollarlo efectivamente. Lamento tener que abordarla en esta carta.

Atentamente: Ava y Adam McGregor

Dobló la carta en varias partes y la guardó en su túnica. Las lágrimas se le agolpaban en los ojos: Viviane McGregor, una gran alumna de su casa, una chica muggle a la que le tenía mucho cariño. Era del año de Lily Potter. Ahora comprendía aquella repentina marcha y la extraña despedida que tuvieron en su despacho: estaba muy nerviosa e intentaba taparse el vientre con un chaleco ancho. Le dijo que iba a estudiar la maestría de transformaciones en Estados Unidos.

No lo podía creer. Y por supuesto no iba a permitir que sus hijos pasaran necesidad.


Severus Snape estaba parado frente al enorme ventanal de su despacho contemplando la puesta de sol. En realidad no la miraba, pero necesitaba darle la espalda al retrato de Dumbledore para que no viera su expresión. Se había quedado lívido como el papel después de lo que McGonagall le había venido a decir. Y a exigir. Y él no se había negado. El corazón le dio un vuelco cuando le contó que Viviane McGregor se había ido de Inglaterra estando encinta y de dos bebés.

-¿Severus?- llamó el anciano director desde su retrato- ¿hay algo que te perturba?

Lentamente se giró y ambos se miraron unos instantes a los ojos.

-Solo estaba pensando en la documentación y los trámites que debo cumplimentar para contratar a… esa chica.

-Pobre Viviane, tenía tu edad, y una dichosa enfermedad se la ha llevado-Albus hizo una pausa- sus dos hijos son dos adultos, ha debido de sufrir mucho antes de irse sabiendo que los dejaba solos.

Snape tomó asiento en su sillón, dándole de nuevo la espalda mientras controlaba su respiración. Al profesor de pociones más frío y calmado de Hogwarts nada le tomaba por sorpresa. Salvo eso. Tenía un potente nudo en el estómago, pero se mantuvo frío y altivo.

-Si, bueno, ya son adultos, y la vida no es fácil para nadie- rezongó, con su tono desdeñoso de siempre- las adversidades son las que te hacen fuerte. Veremos como es de fuerte una muchacha en las cocinas, no creo que resista un trabajo hecho para los elfos.

-No subestimes a… ¿Cómo se llamaba?.

Severus tragó pesadamente. Cuando quería el viejo podía ser muy pesado, eso, o es que le había visto reaccionar de manera rara. Lo conocía demasiado bien.

-Ava, se llama Ava.

Cuando lo soltó, se sintió como si el techo del despacho se desplomara sobre él.

-Al parecer tiene un hermano mellizo, y no tienen padre…- enumeró Dumbledore intentando recordar algo-vaya, que complicadas pueden ser las cosas a veces ¿no te parece Severus?

-Hoy estás insoportable, vete a dar un paseo por los pisos superiores, yo tengo mucho que hacer aquí para estar aguantando tu parloteo como si fueras una vieja cotilla del sur de Escocia

El viejo director rió, y aunque Snape no lo viera le dedicó una mirada comprensiva.

-Tranquilo, aquí te dejo con tus pensamientos, yo tengo que hacer algunas visitas de rigor…

Cuando supo que tras su espalda no había rastro de aquel viejo pesado se levantó de nuevo y volvió al ventanal. Su mente trabajaba a un ritmo frenético calculando fechas e hilando recuerdos… no, no podía ser, era imposible que un bastardo como él tuviera un hijo, y no digamos dos. Nada que saliera de él podría ser bueno.

Se regañó mentalmente porque en realidad iba a meter en la boca del lobo a una chica joven. Hogwarts no era seguro para nadie. Tenía que haber dicho que no, pero bastante trabajo le costaba dormir por las noches como para añadir una causa…además ¿Qué le podría importar e él por que situación atravesasen?

Pero le importaba, porque las fechas le encajaron perfectamente en la cabeza. Se le vino el recuerdo de una tarde a finales del mes de abril.

No podía creerlo. No tenía una certeza, pero muy pronto la tendría, investigaría sobre ese tema con minuciosidad. Solo había algo que tenía claro. Él no quería hijos, y no se iba a ocupar de nadie.

-Mira chico, se por todo lo que estáis pasando-insistía el hombre barrigón de mediana edad entre toses-pero…este apartamento es mi fuente de ingresos, ya sabes…


-Lo sé señor O'Neill, y lo entiendo, pero le pido por favor que espere una semana mas, están apunto de contratarme en una fabrica… .

-Te daré dos semanas Adam, sino me abonáis este mes el alquiler os tendréis que marchar. Os perdonaré la deuda de este mes...otra cosa no puedo hacer.

El muchacho de nariz ganchuda y pelo negro asintió, resignado a la par que ligeramente avergonzado por la lástima que ella y su hermana desprendían esos últimos años. Lo odiaba.

Tras despedirse del casero fue a reunirse con su hermana en el salón, pequeño y de paredes desgastadas. Cuando lo ocuparon en el mes de marzo tenía peor pinta, aunque tampoco les preocupaba mucho: prácticamente vivían en el hospital. La agonía de su madre duró demasiado.

-¿Has encontrado algo?- preguntó Adam a su hermana, que estaba absorta en el periódico con un bolígrafo en la mano.

Ava suspiró y se estiró en el sofá para después apoyar la cabeza en el hombro de su mellizo.

-No tengo cualificación profesional para nada. Ni el misero graduado escolar. Ni tu tampoco. Así que seguiremos teniendo trabajos de mierda hasta que no pasa el follón que hay armado en el mundo mágico.

-Ese follón se llama guerra, y nuestro viejo es uno de los cabecillas, y no del bando bueno precisamente.

Se quedaron en silencio un rato, como si ambos volvieran de nuevo a la habitación de hospital donde su madre pereció.

Flashback

-Hemos hecho todo lo posible por ella chicos- decía el doctor, con gesto solemne y sonrisa amable en el rostro-le he suministrado una buena dosis de morfina. Es posible…que esta noche sea la última. Lo siento mucho.

El doctor salió no sin antes estrecharles la mano fuertemente. Solo se escuchaba los leves pitidos de las maquinas que tenía conectadas. Respiraba de forma entrecortada y tenía la vista fija en el techo. Su tono de piel se había vuelto como el color de la cera. Ava le había comprado un pañuelo con flores azules para su cabeza rapada. Le gustaba llevar estampados vivos y alegres.

-Hijos, acercaos, venid conmigo.

Los mellizos cogieron aire al unísono y cada uno se posicionó a un lado de la cama. Tenían los ojos llorosos, ambos luchaban por no derramar más lágrimas en su presencia. Si iban a ser las últimas horas de su madre, pretendían que fueran las mejores dentro de sus posibilidades.

Viviane les besó las manos y les sonrió ampliamente: seguía siendo preciosa, sus ojos grises no habían perdido su brillo y su intensidad, a pesar de todo el sufrimiento.

-Mis chicos- su voz era cada vez más débil, pero luchó por mantenerse firme- estoy tan orgullosa de vosotros… nunca podré agradeceros como habéis cuidado de mi durante estos tres años.

Ava fue la primera en quebrarse, arrodillándose juntó a la cama de su madre. Sepultó su cabellera negra y espesa entre las sábanas. Adam, que parecía agarrotado y mucho más pálido de lo normal tomó asiento.

-Avi cariño, no te pongas así, es lo mejor y lo sabes. Ya no se puede hacer nada por mi, pero no quiero que os pongáis tristes, tenéis que continuar. Yo estaré con vosotros, siempre- ahogó un gemido de angustia, sus pulmones estaban cada vez mas encharcados- Adam mi vida, sigue entrenándote y cuidándote ese brazo, la liga de quiditch británica necesita grandes jugadores como tú. Y por favor examínate de esas asignaturas pendientes que dejaste en la escuela… eres mi hombre, ¿me oyes? El único hombre al que amaré siempre.

Adam sollozó con amargura. El cabello negro, ligeramente largo, se le metía en el rostro y tapaba sus lágrimas. No se sentía preparado para decir adiós, pero ya había llegado el momento.

-Ava tesoro, podrás terminar tus estudios de sanación…eres toda una mujer y apuesto a que dentro de unos años te veré en una sala rodeada de antídotos para venenos en un buen hospital. Es lo tuyo, se te da bien. Y nunca dejes de leer los posos del té, se te dan bastante bien- una fuerte tos la interrumpió, y los hermanos dieron un respingo con el corazón en un puño hasta que su madre logró normalizar su respiración- os adoro a los dos, el tiempo que he pasado con vosotros no lo cambiaría ni por todo el oro del mundo.

-Mamá, ¿no te parece que es hora de que nos hables ya de él?

Adam fue directo al grano, había abierto la veda. Llevaban unos días discutiendo como abordar a su madre, que siempre se había cerrado en banda cuando tocaban ese tema, pero ya no había tiempo.

-En el primer cajón de mi mesita de noche, al fondo, hay una carta. Quiero que la deis a él cuando podáis. Me gustaría que lo conocierais y tuvierais una buena relación, a fin de cuentas es vuestro padre…yo debía haber sido valiente, si hubiera hablado con él…ahora ya no queda mucho…

Sus palabras se vieron interrumpidas por lo que parecía ser un agónico dolor. Su cuerpo se tensó, y tembló. Los monitores empezaron a pitar como locos.

Adam corrió fuera de la habitación, al control de enfermería para pedir ayuda.

-Mamá por favor… aguanta, no te puedes ir- imploraba Ava entre lágrimas y el corazón a punto de estallarle- Oh… por las brujas de Sa… .

-Severus… Severus Snape- logró articular con un hilo de voz- os amo…

Fin Flashback

-Pero sobreviviremos Adam, ya lo verás, he estado moviendo algunos hilos.

El aludido levantó una ceja negra como el carbón.

-Ilumíname tía, estoy deseándolo.

Ava sonrió, y se levantó del sofá. No le había contado nada a su hermano sobre la carta que le había mandado a la jefa de la antigua casa de su madre. Era una baza de emergencia que tenía guardada en el bolsillo. Trabajar en Hogwarts bajo el mandato de mortífagos y el Señor Oscuro no le animaba demasiado. Y si uno de esos mortífagos era su padre, pues muchísimo peor. A Adam y a ella casi se les cae el alma a los pies cuando leyeron en El Profeta que había matado al director de Hogwarts, pero estaba lo suficientemente desesperada como para hacerlo. Apenas tenían comida en la nevera y estaban apunto de dormir en la calle. Ella podría darle a su hermano el sueldo íntegro si era contratada en el castillo, ya que allí contaría con cama y comida. Además, debía entregar una carta.

-Bueno…¿te acuerdas de la profesora McGonagall?- Adam asintió, frunciendo mucho el ceño- mamá la quería mucho, siempre nos contó maravillas de ella y de lo mucho que le hubiera gustado que hubiéramos estudiado en Hogwarts…

-Ava.

El tono de su hermano no le gustó, pero su cara le gustó menos. Parecía que se lo olía. Tomó una buena bocanada de aire y se armó de valor.

-He pedido trabajo en Hogwarts.

Adam se levantó del sofá como si tuviera un resorte en el trasero, con el rostro contraído por la ira. se tocaba el pelo constantemente y resoplaba como si fuera un toro.

-¡¿Te has vuelto loca!? En serio Ava, pensé que de los dos tu eras la que tenía mejor juicio… ¿meterte en un castillo lleno de mortífagos? ¿siendo hija de una muggle de padre desconocido?

La chica se plantó frente a él, cruzándose de brazos.

-¿Y que cojones quieres que hagamos?- le preguntó a su hermano. Las lágrimas ya le escocían los ojos- estamos en la ruina, hemos perdido la casa en Savannah, nos van a echar de este piso… por no mencionar que estamos en un país extranjero. No podemos buscarnos la vida en el mundo mágico porque sería nuestra sentencia de muerte, pero Hogwarts, es distinto.

-Un curioso razonamiento el tuyo, te acabas de responder solita, felicidades- su hermano la señaló con un dedo- estamos bien jodidos. Y ni si te ocurra pensar que vas a poner un pie en ese sitio ¿te has enterado?

A Adam se le daba bien hacer de macho alfa. Pero ella no se dejaría vencer tan fácilmente.

-Sería lo mejor para nosotros, además, soy extranjera, pasaré desapercibida en torno a mi procedencia, también se mentir capullo. Y me encantaría no tener que ir yo, pero por lo visto eres tú el que más se parece al viejo, y eso sería un problema.

-¿Lo haces por acercarte a él?- le preguntó Adam sujetándole un brazo con fuerza- es un asesino Ava, que te quede claro, y no vamos a tener trato con él…sería su obligación comportarse como un padre con nosotros, pero no necesitamos nada de él, antes prefiero morirme de hambre.

Su melliza se deshizo de su potente agarre y lo empujó. Ya la estaba cabreando.

-Hay una carta para él que voy a entregarle personalmente. Y aunque no estuviera allí, te aseguro que hubiera recurrido a Hogwarts dada nuestra situación.

Antes de que pudiera terminar, Adam vio por el rabillo del ojo una lechuza. Ambos se miraron durante una fracción de segundo, con el interrogante en sus caras y casi a la vez corrieron allí para abrir a la lechuza.

Traía correo de Hogwarts, y a nombre de Ava. Su mellizo luchó por arrebatársela, pero ella le propinó una serie de golpes en el hombro entre una sarta incomprensible de palabrotas y al final se rindió.

Tenía las mejillas sonrojadas y el corazón le iba a mil por hora. Con manos temblorosas logró abrir la carta. Sus ojos viajaron rápidamente por las líneas de pulcra caligrafía.

Finalmente gritó de alegría, haciendo que Adam cayera de la esquina del sofá en la que estaba sentado.

Al día siguiente, se reuniría con el director del colegio para asentar las bases de su contrato. Eso hizo que un escalofrío le recorriera la espalda. En realidad estaba muerta de miedo.

hola!aquí mi primera historia en esta web. aunke no es mi primer fic con nuestro querido maestro de pociones. no me manejo muy bien con la web, y acabo de editar este cap para que fuera un poco mas largo. espero k lo disfruteis!