Todo este mundo pertenece a J.K. Rowling. Solo me pertenecen los OCs. Espero que lo disfruteis.

Lumos...


El comienzo de todo

Y ahí me encontraba yo sola, de pie, enfrente del portón de madera que daba paso al gran comedor. Estaba aterrorizada y no podía parar de temblar. Tenia un frio helador y aun así sudaba. Era un sudor frio que me hacia tener escalofríos. Mis manos y pies apenas los sentía del frio y mis pequeñas manos se veían tan blancas que se translucían las pequeñas venas que las recorrían. Normal, toda la sangre la tenia en mi cerebro.

No sabia que pensar. Mi mente trabajaba tan rápido como viaja la luz, no podía controlar la velocidad de mis pensamientos y eso me hacia sentirme más nerviosa aún. Todo había ido demasiado deprisa: la noticia, la compra del material, las clases de verano,... Todo había ido tan rápido que dudaba si habría interiorizado la idea de donde estaba, lo que debía hacer y lo que eso suponía. No, definitivamente no me había dado tiempo y eso me aterraba. Parecía que todo había escapado de mi control y odiaba que las cosas se me fuesen de quicio.

Todo había comenzado unos meses atrás, hace cinco meses para ser exactos. En cinco meses mi vida había dado más de mil vueltas, en cinco meses me había cambiado las perspectivas de futuro, de vida y del universo tal y como lo conocía; en cinco meses ya no sabia lo que era arriba ni lo que era abajo.

- 24 de Abril de 1992 -

Había llegado el día, el día en que cumplía catorce años. ¡Madre miá!¡No me lo podía creer! Y además ¡Era sábado! Por lo que no debería ir a clase el día de mi cumple, era simplemente ¡INCREIBLE! Y que a gusto estaba una en la cama. Hmmmm...

Me doy media vuelta para seguir holgazaneando un rato, cuando se oye una puerta chirriar y por el sonido de los pasos sé que se trata de mi madre. Se sienta en el borde de mi cama y siento como me da un beso en la frente. Hmmmm... Así, si que se levanta a una cumpleañera.

-Elisabeth... ¡Felicidades cariño! ¡Es tu cumple!. Venga, levantate y desayunamos juntos.

Solo atino a sonreír. Con lo a gusto que estoy en la cama... Y entonces lo sintió, y supe que venia lo peor. Mi madre se levanta, se dirige a mis ventanas... y de un fuerte tirón ¡levanta todas las persianas! La luz entra hasta el ultimo rincón iluminándolo todo. A pesar de que tengo los ojos cerrados la luz me hace daño y me escondo debajo de las sábanas.

-¡Elisabeth! Venga, que te he calentado el té y las tostadas...- Me grita mi padre desde la cocina.

Resignada, me quito las sábanas, me calzo mis zapatillas de andar por casa y me dirijo a la cocina como una zombi llegando sana y salva, lo cual no acierto a saber como ya que casi ni he abierto los ojos.

Me siento en mi sitio y empiezo a echarle mermelada a mis tostadas. Siento que por detrás alguien me abraza. Es mi padre.

-Felicidades cariño.- Y me da un beso en la sién. -¡Ya cumples 14 años! ¡Que mayor te estas haciendo!

Le sonrió. -Gracias papa.

Desayunamos tranquilamente y el efecto del té y de la conversación me empieza a hacer efecto y empiezo a despertarme. Para cuando termina el desayuno estoy del todo despierta.

-Venga Elisabeth, vamos a abrir tus regalos.

-¡Uy!¡Que emoción!- digo entusiasmada.

El primer regalo es una blusa preciosa.

-¡Oh mama! ¡Es preciosa!

-¿Te gusta?

-¡Me encanta! ¿Puedo estrenarla hoy?

-Claro que si, cariño. Si tu quieres.- me contesta

También me regalan una cartera, un bolso y unos libros para leer.

-¡Muchísimas gracias por los regalos! ¡Me encantan!

-Nos alegramos Elisabeth- dice mi padre con una sonrisa.

-Luego comeremos en casa de los abuelos acuérdate- me dice mi madre.

-Si, si, por supuesto. Como todos los años, no me esperaba nada diferente.

Adoro a mis abuelos. Me quieren con todo su corazón y siempre están contándome historia. Cada vez que voy a su casa me lo paso en grande, sobre todo con mi abuela, que no paramos de hablar y de reír.

-Luego, al mediodía Elisabeth, iremos a tomar algo. Pero antes, ¿tienes alguna tarea que hacer para clase?- me pregunta mi madre.

-Aissss...- suspiro. -Si, si que tengo algunas cosas que hacer.- respondo desanimada.

-Bueno, pues lo haces ahora y así tienes el resto del fin de semana para estar con nosotros y con tus amigas si quieres.

-Vale, vale...

-¡Y recoge tu habitación! Que hay veces que parece una leonera. -me grita mi madre.

Y así me dirijo hacia mi habitación para hacer la maldita tarea. Supongo que la haré un poco por encima, no es que tenga muchas ganas de hacer en MI cumpleaños unos deberes del diez.

Así que, me siento en mi silla y empiezo a buscar entre la marabunta de libros y papeles mi agenda. Cuando por fin la encuentro enterrada entre libros algo me llama la atención. Es un sobre, y me extraña, ya que nunca lo había visto. Esta escrito a mano mi dirección y esta dirigida a mi.

-¡Mama! ¿Me has dejado tu alguna carta en mi mesa?- le pregunto desde la habitación

-Si. Te deje un par que te llegaron ayer.

Es verdad. Allí estaban el resto de las cartas también. Una era de mi tía, felicitándome por mi cumple como todos los años. Sus felicitaciones eran preciosas y cada año eran mas bonitas. Otra era de mi instituto y la ultima era de una tienda de ropa. Pero todas eran cartas normales, no había nada de extraño en ellas excepto ESA.

Estaba claro que estaba dirigida a mí, porque tenia escrito SRTA. E. Delaney. Pero en el reverso solo había un emblema que no había visto en mi vida. ¡Y estaba lacrado! ¡¿Pero que era y de donde venia esa carta?!. Al final decido abrirla y lo que leí a continuación no pudo dejarme más que boquiabierta.

COLEGIO HOGWARTS DE MAGIA Y HECHICERÍA

Director: Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore.

Querida señorita Elisabeth Delaney

Tenemos el placer de informarle de que dispone de una plaza en el colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Por favor, observe la lista del equipo y los libros necesarios. Las clases comienzan el 1 de septiembre. Esperamos su lechuza antes del 31 de julio.

Todo alumno puede tener una mascota siempre que este se haga cargo de el, tales como lechuzas, búhos, gatos o sapos.

Muy cordialmente,
Minerva McGonagall
Subdirectora

Uniforme
Los alumnos de primer año necesitarán:

-Tres Túnicas sencillas de trabajo.

-Un sombrero negro puntiagudo para uso diario.

-Un par de guantes protectores.

-Una capa de invierno.

Libros
Todos los alumnos deben tener un ejemplar de los siguientes libros:

-El Libro Reglamentario de Hechizos, Miranda Goshawk

-Una Historia de la Magia, Bathilda Bagshot

-Teoría Mágica, Adalbert Waffling

-Guía de Transformaciones para principiantes, Emeric Switch

-Mil Hierbas y hongos mágicos, Phyllida Spore

-Filtros y Pociones Mágicas, Arsenius Jigger

-Animales Fantásticos y Dónde Encontrarlos, Newt Scamander

-Las Fuerzas Oscuras. Una guía para la autoprotección, Quentim Trimble

¡¿Pero que era todo aquello?! ¡¿Quien y que clase de broma me estaban gastando?! Porque yo, sinceramente, no le encontraba la gracia.

-¡Mama! ¡¿Que es esto?!- le pregunto indignada a mi madre.

-¿El que Elisabeth?

-Pues esto.- le digo tendiéndole la carta.

Mi madre empieza a leerla preocupada, cuando suena el timbre. Me dirijo a abrir la puerta y en cuanto la abro me encuentro una mujer alta y delgada y de cara afilada y severa junto a un hombre de digamos "avanzada edad", por ser educada, con una larga barba blanca. Parecía que delante mio se habían materializado una bruja y el mismísimo Merlín. Me quede asombrada mirándoles cuando oigo:

-Buenos días Elisabeth.- me dice el hombre.

-Buenos días.- respondo.- ¿En que puedo ayudarles?

-Elisabeth, ¿quien es?- pregunta mi madre desde casa.

-Por favor, si nos dejas entrar te podremos explicar todo. Incluso la razón de esa carta. -dijo el anciano señalando la carta que mi madre tenia entre manos.

Nos sentamos alrededor del comedor todos juntos. Las únicas palabras que me vienen a la cabeza son: raro y extraño. No puedo de dejar de mirarles.

-¿Quieren té o café?¿O cualquier otra cosa? -les ofrece mi madre.

-¡Oh! Un té, por favor. Y si tiene de esas pastas tan dulces de mantequilla sería perfecto, gracias -le responde el hombre. Cada vez es todo más extraño.

-No, gracias. -responde la mujer educadamente.

Mi madre volvió con tazas de té y pastas de mantequilla. El hombre se echa azúcar, revuelve el te, le da un pequeño sorbo y se como una pasta. ¡Como si no le estuviésemos esperando a él y a sus explicaciones!.

-Lilian, el té está delicioso. Muchísimas gracias. -le dice a mi madre tranquilamente.

-Gr-gracias. - Como sabia aquel hombre el nombre de mi madre. Juraría que no se lo habíamos dicho...

Me aclaro la garganta esperando una explicación por su parte.

-¡Oh si! Elisabeth, querida, lo siento. Debes tener curiosidad del porqué de la carta y de nuestra llegada. Siento la espera, pero no me gusta tomarme el té frio y este tipo de momentos hay que disfrutarlos. -me dice sonriéndome.

Yo no sé ni que cara tengo que tener, porque la mandíbula se me ha descolocado. ¡Menudo personaje! ¡¿Pero de que árbol se ha caído?!

-Me llamo Albus Dumbledore director de la escuela y ella es la señora Minerva McGonagall subdirectora y jefa de la casa Gryffindor. Bueno, vengo a decirte que tienes una plaza en la escuela de magia y hechicería de Hogwarts.

-¡¿Que?! ¡¿Pero que es esto?! ¿Es esto alguna tomadura de pelo o algo? Porque no le veo la gracia. -le respondo de repente

-¡Elisabeth! -me dicen mis padres. -Esos modales por favor.

Bajo la mirada como si estuviese arrepentida, pero en realidad cada segundo que pasa me estoy poniendo más furiosa y más nerviosa.

-Ahora te lo explicará la señorita McGonagall.

Miro interrogante a la mujer que no ha dicho apenas palabra desde que ha llegado.

Se aclara la garganta, me mira y empieza a hablar con solemnidad.

-La escuela de Hogwarts de mágia y hechicería fue creada hace cientos de años para la educación de los jóvenes magos y brujas del mundo junto con otras escuelas. La escuela se divide en cuatro casas, las cuales son la representación de los fundadores de la escuela: Godric Gryffindor, Helga Hufflepuff, Rowena Ravenclaw y Salazar Slytherin. La casa en la cual se coloque ha su hija se convertirá en su familia. En ella se encuentran otros muchos alumnos de diferentes edades y está dirigida por un jefe de casa el o la cual es un profesor de la escuela. En ella se imparten diferentes tipos de asignaturas con el objetivo de una educación completa de los alumnos, tales como historia de la mágia, transfiguraciones, herbología, aritmacia, astrología, cuidado de las criaturas mágicas entre muchas otras. La educación dura siete años en el cual todos deben pasar unas pruebas y exámenes con la finalidad de pasar de curso. La escuela se vuelve vuestro hogar en el cual se convive con el resto de alumnos desde el 1 de septiembre hasta el inicio de las vacaciones de verano con la posibilidad de volver a casa en Navidades. Al finalizar sus estudios su hija podrá optar al trabajo que ella quiera desempeñar en el futuro dependiendo las asignaturas que elija a lo largo de los años en la escuela. Creo que esta parte no difiere mucho de su educación. Al comienzo del curso, si su hija acepta cursar sus estudios mágicos en nuestra escuela, deberá llevar todo el material citado en la carta que le ha llegado y una varita. ¡Ah! Y para ponerse en contacto con su hija se hará mediante carta por lechuzas o búhos. -finalizo.

Mis padres y yo estábamos catatónicos. Creo que mi cerebro había explotado porque no podía si quiera pensar en una frase coherente.

-Creo que no se ha dejado ni un detalle señorita McGonagall, como siempre. -le sonrió el hombre a la mujer.

-Gracias señor Dumbledore. -le respondió.

Yo sigo en shock. No, no puede ser verdad. Esto debe de ser una broma de muy mal gusto.

-Me está usted tomando el pelo... -le dije al tal señor Dumbledore.

-¡Oh, por las barbas de Merlín señorita Delaney! Claro que no. -responde tranquilamente sonrendome.

-¡Claro que sí! Usted me está hablando de mágia, señor. ¡Eso es imposible! Por mucho que me guste soñar, la mágia no existe.

Y entonces lo ví. Saco un palo de su capa o lo que fuese e hizo que de la tetera saliese un ramo de flores de la nada. No me lo podía creer...

-Pero-pero eso es imposible...

-Señorita Delaney, ¿acaso no cree en lo que ve? -me pregunta

-Hombre, comprenderá que es un poco difícil de creer.

-Por supuesto que lo comprendo. Pero deberá ir acostumbrándose si quiere cursar en nuestra escuela. Señorita Delaney, usted es una bruja.

"Usted es una bruja". Esas palabras resonaban en mi cabeza como campanas. ¡Era impensable! ¿Como iba a ser yo una BRUJA? Era imposible, ella era normal como sus padres. Nunca había resaltado en nada y, mucho menos, nunca había hecho mágia.

-Señor, sin ánimo de ofenderle, se está usted equivocando. Mi familia y yo somos normales. No hacemos mágia ninguno. -le resalto.

-No es imprescindible que una persona para ser mago o bruja sus padres también lo tengan que ser. En nuestra escuela hay muchos magos y brujas procedentes de familias muggles, por lo qu-

-¿De familias que? -le interrumpe mi madre.

-De familias muggles. Es el termino que usamos las personas con mágia para referirnos a las personas que no la poseen. No es ningún termino despectivo, se lo aseguro. -nos aclara la mujer.

-Hay veces que la mágia se salta un par de generaciones, como es su caso señorita Delaney. -dice el hombre.

Sí que es verdad que alguna vez me habían contado que la abuela de mi padre decían que era bruja, pero eso creía que eran cuentos de pueblo, habladurías de la gente... ¡No pensaba que mi bisabuela fuese bruja de verdad!

-Pero señor, mi hija nunca ha hecho mágia. -explica mi padre.

-¿Nunca han ocurrido sucesos extraños alrededor de su hija? ¿Cosas inexplicables? -nos preguntan

-No, nunca. ¿No, Elisabeth? -me pregunta mi padre

-No, no. Nunca. -les afirmo. -Mi vida ha sido muy monótona y normal. Nunca ha habido sobresaltos de ningún tipo. Por eso les digo que deben de estar equivocándose.

-No señorita. Las cartas nunca se equivocan. -me dice el hombre. -Puede que su magia haya estado latente hasta ahora, como en reposo, por eso tal vez ha llegado su carta con tres años de retraso. Pero por supuesto que usted tiene mágia en su sangre.

-¿Como que con retraso? -pregunta mi madre preocupada.

-La formación de los alumnos en nuestra escuela comienza a los 11 años de edad, su hija, en cambio, acaba de cumplir 14 años por lo que empezaría más tarde que el resto. -explica la mujer.

-He ahí la razón de nuestra visita.

-Venimos a ofrecerle a su hija una solución. Para que no empiece mas tarde que el resto de alumnos y pueda estar con el resto de alumnos de su edad, venimos a proponerle que empiece directamente en el curso que le corresponde, que sería cuarto curso. Pero no podemos dejar la materia anterior sin dar, por eso su hija en vez de comenzar su curso el 1 de septiembre como el resto de alumnos, comenzaría el 1 de junio. Sobre todo se impartirían las materias más practicas como hechizos, transfiguraciones, cuidados de las criaturas mágicas, pociones y defensa contra las artes oscuras. El profesor de dicha asignatura le impartiría las clases particularmente a su hija hasta el comienzo del curso donde comenzaría a dar las asignaturas correspondientes a su curso. Como no podrá recuperar todas las asignaturas de tres años consecutivos en un solo verano, su hija debería pasar gran parte de sus futuras vacaciones de verano tomando dichas clases. Por lo que, en vez de tener tres meses de vacaciones, solo tendría uno. Esta todo hablado con los respectivos profesores y están dispuestos a tomar ese compromiso, siempre que su hija también lo haga. -termina de explicar la mujer.

Mis padres y yo nos volvemos a quedar catatónicos. Esto es inaudito... inexplicable... increíble.

-Buenos, señores Delaney, señorita Delaney. Dejaremos que mediten su respuesta. Volveremos la semana que viene a la misma hora, si les parece bien. En caso de que acepten, les explicaremos más a fondo todo los detalles. -dice el hombre al mismo tiempo en el que los dos visitantes se levantan.

Todos nos levantamos y les acompañamos a la puerta para despedirles. Cuando ya están fuera de casa el hombre termina de decir:

-Señorita Delaney, no deje escapar esta oportunidad por miedo. Al miedo hay que hacerle frente -dice sonriéndome. -¡Ah! Y un té y unas pastas deliciosas señora Delaney. Realmente deliciosas, debo recordar comprar unas para tener en mi despacho. Muchas gracias por su hospitalidad y hasta la semana que viene.

Y se marcharon. Y nosotros cerramos la puerta. Y nos volvemos a sentar en silencio en el comedor a pensar.

- Una semana más tarde (1 de Mayo de 1992) -

La semana había transcurrido y no habíamos decidido nada. Quedaban 30 minutos para que aquellas personas volviesen a tocar el timbre y mis padres y yo ¡no habíamos decidido nada!. Todo era demasiado difícil de creer, demasiado difícil de digerir. Por eso nos volvimos a sentar en el comedor, sacamos el té y las pastas y nos sentamos.

-Cariño, decidas lo que decidas te apoyaremos en todo. -me dice mi madre.

-Y recuerda que siempre nos tendrás a tu lado. -mi dice mi padre cogiéndome de la mano.

-Si, ¿pero que le diremos a los abuelos y a mis amigas y al instituto? -pregunto al borde de la histeria.

-Tu por eso no te preocupes. En el instituto diremos que te cambiamos de centro igual que a los abuelos y a tus amigas. Si todo sale bien, y a su debido tiempo, se lo contaremos a los abuelos y tus amigas, ¿te parece? -sugiere mi padre

-Esta bien...

Suena el timbre. Ahí están otra vez sentados en las mismas sillas mirándome como hace una semana. Mirándome expectantes por mi respuesta.

-Acepto su plaza en la escuela. -digo

Los dos me sonríen y me siento como si mi decisión no fuese errónea, como si hubiese hecho lo correcto.

-Me alegro de que aceptes. Espero que Hogwarts sea todo lo que esperas. -me dice el hombre tiernamente.

-Mañana mismo iremos al Callejón Diagon ha comprar todo el material necesario. Yo misma les acompañare y les explicare como funciona nuestra sociedad. Tus padres, si así lo desean, podrán acompañarnos también. De esta manera podrán empezar a conocer nuestro mundo de lleno. Les aseguro que les explicare todo lo que sepa y no duden en preguntarme. -explica la mujer.

-Muy bien. Pues muchísimas gracias y hasta mañana. -me despido de ellos.

-Hasta mañana señorita Delaney, señores Delaney. -se despide la mujer.

-Hasta dentro de poco Elisabeth. Señores Delaney, se me olvido remarcar la casa tan bonita y acogedora que poseen. Es preciosa. -se despide el hombre.

-Gracias -dicen mis padres.

Tengo que admitir que ese hombre dentro de lo extraño, es aún más extraño. Y cerramos la puerta.

Al día siguiente me levanto expectante. Fué un día de locos. Viajamos al mundo mágico por chimenea, que supuestamente nos habían conectado a una tal red flu o flus o como se llamase, la cual te permia viajar por una red de chimeneas interconectadas con solo echar unos polvos y decir el nombre del sitio al que querías ir. ¡Fue genial! aunque caímos de culo y casi vomito del mareo... Y aparecimos en un barrio que no había visto en mi vida, bueno en realidad, no había visto ¡un barrio de ese tipo en mi vida!. La señorita McGonagall nos explico qué y como funcionaba Gringotts, el banco del mundo mágico, como eran las monedas mágicas y abrimos una cuenta en ese banco para que yo pudiese disponer de dinero mágico, ya que el muggle (dios intento acostumbrarme a su vocabulario, pero me suena rarísimo) no funcionaba en este mundo. Compramos el uniforme y las capas (¡que chulas eran por dios!), los libros (parecían muy interesantes, pero como uno de esos libros se te cayese a la cabeza yo creo que te deja k.o. en el momento) y el material (entre ellas una cacerola y mogollón de hierbas, las cuales creo que más de la mitad son mortales...).

-¿Te gustaría tener una mascota? tendrías que cuidar tu de ella claro. -me pregunta la señorita McGonagall.

-Si me gustaría mucho. Como no sé si haré amigos, me gustaría tener algo que me hiciese compañía, a parte de los libros...

-Oh, seguro que haces amigos señorita Delaney, no te preocupes. Pero está bien. Vamos a mirar que te gusta.

Quería una mascota, pero no quería encerrarla. Quería que el animal pudiese campar a sus anchas por los sitios y que fuese libre. Por eso descarte gatos, sapos (esos me daban demasiado asco), salamandras y hurones.

-Me gusta ese búho. -decido al final. -Ustedes dijeron que tenían una lechuzeria, ¿no?

-Si, posupuesto. Esta en una torre la cual tiene ventanas para que las lechuzas y los búhos salgan y entren cuando quieran. Ahí están también las lechuzas de la escuela que se usan para enviar y recibir el correo. Tu podrás usar la tuya personalmente para hablar con tus padres. Ella será libre de entrar y salir cuando quiera.

-¿Estas segura cariño? ¿No prefieres un gato? -me pregunta mi madre asustada. Tengo que aclarar que a mi madre le causa pavor todo aquel animal que posea pico. Un pequeño trauma de cuando era pequeña...

-Sí, mama. Y cuando quieras coger mis cartas o enviarme algo tendrás que: o hacer tripas corazón o decirle a papa. A mi me encanta este búho. -digo acariciándolo.

-Bien, bien. Pues el búho se ha dicho. -zanja mi padre.

Por último, nos dirigimos a Ollivander´s, la tienda de varitas mágicas. Es lo que llevo esperando toda la mañana. Quiero decir ¿acaso hay algo más mágico e increíble que una varita? aunque parezca un palo del suelo me refiero...

-Buenos días señor Ollivander. -dice McGonagall.

-Muy buenos días señorita McGonagall. ¿En que la puedo ayudar? -pregunta un hombre ya entrado en años por detrás del mostrador.

Su cara es muy amable y parece un buen hombre. Su sonrisa podría calmar cualquier llanto de niño, no lo dudo.

-Venimos a por la primera varita de la señorita Delaney, aquí presente. -me presenta.

-Oh, muy bien. Pero, perdonad mi indiscreción, ¿no es un poco mayor para su primera varita? -pregunta y yo lo único que atino a hacer es ponerme roja como un tomate y a agachar la cabeza.

-Sí, su carta se perdió y se retraso por tres años. Pero aquí estamos, ¿verdad? -dice McGonagall sacándome del apuro.

-Perfecto entonces. -entonces se dirige a mi -Señorita Delaney, debe entender que la varita elige al mago, nunca al revés. Así que, vamos a buscar a su compañera. -dice soriendome. Yo le devuelvo la sonrisa y me acerco al mostrador mientras el busca entre estanterías y cajas.

Al final se acerca con dos cajas. Saca una varita y me la ofrece.

-Pruebe con esta a hacer una floritura en el aire. A ver que pasa.

-Le advierto que nunca he hecho ningún tipo de mágia. A si que no se lo que pasara. -le explico.

El me responde con una sonrisa sincera y me armo de valor y hago una floritura. Lo único es que salen unas pequeñas chispas de la punta de la varita.

-Hummm... No, esa no es. Demasiado dura. Prueba con esta otra. -me dice ofreciéndome la otra varita que había sacado.

Vuelvo a hacer el mismo movimiento pero esta vez de la estantería que tengo a mi izquierda se caen la mitad de las cajas creando un ruido estranbótico. Le devuelvo la varita rápidamente y asustada.

-Esa tampoco es.

Vuelve a la trastienda y trae otras tres cajas. Me ofrece una varita más. Hago la floritura y bueno... digamos que no ocurre absolutamente nada. Vuelvo a agitarla y nada. Se la devuelvo.

-Esta creo que no funciona para mí. -le digo

-Bien, bien. No pasa nada. Prueba con esta. Llevo sacándola muchos años pero todavía no ha encontrado a su compañero.

Cojo la varita que me ofrece. Cuando la cojo algo se activa. Siento un cosquilleo en la mano y de repente siento un sentimiento de pertenencia hacia la varita, como si fuese mía. Decidí agitarla y entonces ocurrió. Una suave brisa con olor a flores se levanto y viajo por toda la tienda. Una radiación de calor nos llego a todos y con ella una sensación de libertad. Era como estar tumbada en un campo de flores en primavera. Era liberador y fantástico.

-Aliso con pluma de fénix en el centro. Veintiséis centímetros y tres cuartos. Sorprendentemente susurrante. Vaya señorita Delaney, su apellido no es para nada una coincidencia. Creo que acaba de ganarse una compañera muy leal y quisquillosa, no habría elegido a cualquier mago o bruja ni por asomo. Cuídela, porque ella lo hará. Le esperan grandes cosas señorita Delaney, usted es especial. Viva muchas aventuras. -le dijo con una sonrisa y esperanza en sus palabras.

-Gra-gracias. Supongo. -le digo sonriendo.

No puedo dejar de mirarle. Me tenía embobada. ¡Dios mio! ¡Cuanta emoción tengo! ¡Y va creciendo por momentos!. Al terminar nos despedimos del señor Ollivander y salimos.

-Bueno, ahora que ya tienes todo lo necesario nos veremos el 1 de junio para que te lleve a la escuela. Para entonces tendrás que tener preparado el baúl con todo. Ahí te asignaré una habitación hasta que te coloquen en una casa. Espero que no te sientas muy sola, aunque te recomiendo que te centres en los estudios para no quedarte muy atrás. Bueno, me despido de ustedes. Señores Delaney, señorita Delaney, nos vemos el 1 de junio. Hasta entonces. -se despidió la señorita McGonagall.

-Hasta el 1 de junio señorita McGonagall -me despido.

-Y muchas gracias por todo. Ha sido de gran ayuda. Muchísimas gracias por todo. -le dicen mis padres estrechándole la mano.

-No se preocupen. Es lo mínimo que podíamos hacer. -dice sonriendo.

Y dicho eso se marcho calle arriba.

- Tiempo actual (1 de Septiembre de 1992) -

Y así fue como me metí de lleno en este berenjenal.

Solo tenia que esperar como me habían dicho, y en el momento justo se abrirían las puertas por las que tendría que pasar.

El verano se me había pasado muy rápido. Tuve que acostumbrarme a muchas cosas en muy poco tiempo.

Fue muy duro despedirme de mi familia y de mis amigas. Sobretodo teniendo en cuenta que les estaba vendiendo una media mentira. A ver, no era mentira, pero no les estaba contando toda la verdad y se sentía igual.

El 1 de junio McGonagall me fue a buscar y después de muchos abrazos, besos y lagrimás de sus padres, se despidió y desapareció junto con McGonagall, su gran baúl lleno hasta los topes y su búho: "Earth" (que sepáis que adoro la ironía). Y en un par de segundo se encontraban al lado de un bosque y delante de ellas un majestuoso castillo que ni en los mejores sueños se podría haber imaginado.

-No es posible aparecerse dentro de los terrenos de Hogwarts, así que desde aquí tendremos que ir a pie. -me explicó McGonagall.

-¡Ah! Claro, sin ningún problema. -dije nerviosa. ¡Santa madre de Dios! Aquello parecía gigantesco. ¿Cuanta gente podía caber ahí?

Mi habitación pertenecía a la casa de Gryffindor de momento. Allí pude acomodarme para el resto del verano para hacer mis tareas o incluso pasar el rato (aunque estuviese más rato fuera que dentro). No paraba de tener clases y a veces me sentía un poco sola entre tanto adulto y silencio, sobre todo entre tanto silencio. Si no estaba en alguna clase particular me encontraba haciendo deberes. Pero en los momentos que tenia libre (después de haber pasado dos semanas) investigaba el castillo. ¡Era gigantesco!. Tenia biblioteca, comedor, cocina, clases y salas como para que uno no este nunca en la misma sala dos veces (bueno... tal vez exagero un poco, ¡pero es cierto! Aquel sitio era increíblemente grande), incluso tenia un lago, un bosque y un campo para practicar el deporte mágico oficial: el Quidditch. Aquellos terrenos no tenían fin y por lo que me habían contado guardaban mas de un secreto oscuro; lo normal en una escuela, ya sabes...

Los profesores en general eran bastante serios y estrictos pero amables, exceptuando alguno. Por ejemplo, el señor Snape (profesor de pociones) era extremadamente serio y estricto. Creo que en todo el verano no le vi sonreír ni una sola vez. Pero no me causaba temor, sino respeto. Con el aprendí mucho, fallando muchas veces, pero aprendía poco a poco. Pociones no difería mucho de las clases de química muggles (¡Ey! me voy haciendo al vocabulario). Y tal vez podía atreverme a decir que no le era desagradable.

Por otro lado también conocí a Remus Lupin, profesor de defensa contra las artes oscuras. ¡Nunca! y cuando digo nunca es nunca, había conocido un profesor como él. Como disfrutaba de sus clases y como aprendía. El señor Lupin era una persona muy amable y sonriente, y por muy cansado o enfermo que estuviese nunca dejo de impartirme clases. Ojala todos los profesores fuesen como él. Él sabia como sacar lo mejor de mi y lo conseguía. De sus clases siempre salia orgullosa de mi misma y con ganas de continuar, a pesar de que me tocase historia de la magia, la cual impartida por un fantasma (literalmente) y en soledad no es que se hiciesen muy llevaderas.

También tuve clases de vuelo. Decididamente el vuelo no es lo mio, por lo que practicar Quidditch queda descartado. No es que se me diese del todo mal (por lo menos no me caía de la escoba), pero la sensación de no tener suelo bajo mis pies y la velocidad no es lo que más me gustaba. Bueno, siempre seria un recurso que tendría para emergencias (grandes emergencias me refiero, porque algo muy gordo tiene que pasar para que yo me vuelva a subir en ese pedazo de madera).

Así que, ahí me encontraba yo. Esperando tras el gran portón a que los alumnos de primero se repartiesen en sus casas e hiciesen mi anuncio. ¡Menuda vergüenza! Lo de pasar desapercibido quedo totalmente descartado cuando McGonagall me explicó como se haría todo.

Se abrieron las puertas y todo estaba en silencio. Cientos de pares de ojos me miraban atentamente, pero nadie decía nada. Respire hondo y comenze a andar. Todos me miraban pero nadie se atrevía a pestañear por miedo a perderse algo, a que no fuese verdad. Algunos me miraban con sorpresa, otros con inquietud y el resto me miraba con reticencia; ninguna miraba era muy amable. ¡Por dios! ¿Por qué había decidido ir? ¿Por qué había aceptado? Y lo más importante ¡¿Como podía sudar tanto?! Me sentía como un cerdo yendo al matadero. Menos mal que llevaba jersey negro y capa negra, sino todo el mundo estaría viendo como transpiraba y era lo ultimo que me faltaba para crear mejor impresión.

Solo se oían mis pasos sobre la fría piedra... ¡Era espeluznante! Al único sitio al que me atrevía a mirar era al frente y con la cabeza bien alta. No iba a premitir que me viesen débil y asustada, aunque en mi fuero interno esta temblando como si estuviese en medio de una ventisca de nieve. Los pares de ojos que me miraban desde la mesa central me atravesaron. Iba a echar a correr y huir ¡¿Como se me había ocurrido aceptar?!. Pero de repente ahí estaban. Unos ojos pequeños y curiosos detrás de unas gafas pequeñas y rodeados de arrugas por el paso de los años. Aquellos ojos me miraban con curiosidad y comprensión, me infundaron el suficiente valor y animo para que siguiese andando hasta el taburete central.

Cuando por fin llegue contuve el aire sin darme cuenta. Ahí se erguía en su más esplendida figura una mujer que naturalmente emanaba autoridad, pero no temor. Tenia un rictus serio pero en cuanto alze la cabeza para verla me sonrió. No fue una gran sonrisa, pero fue suficiente para relajarme un poquito y soltar el aire contenido. Y entonces habló:

-¿Delaney, Elisabeth?

-¿Si?- Respondí.

-Por favor, súbete al taburete. Te pondré el Sombrero Seleccionador para que te asigne a una casa, como te lo expliqué. No tengas miedo. No pasara nada.

Respire hondo.

Todo había cambiado.


¿Que os a parecido?

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Muchas gracias por vuestra colaboración.

AteneaLuna

Nox.