La leyenda del amor

Capítulo 1. Hace muchos años...


"…Dicen que todo en esta vida tiene una explicación… hasta las criaturas fantásticas, los míticos mundos, los tesoros escondidos en una isla inexistente… pero, he aprendido que esto es solo una mentira. Nada, absolutamente nada… puede explicar la lógica del amor…"

******

-Debe morir… ahora que tan solo es un bebé… en el futuro podríamos lamentar no hacerlo- decía con furia un hombre, mirando a las otras tres personas que lo acompañaban sentadas.

-Tienes razón. Es mejor hacerlo ahora, para evitar cualquier conflicto- terció una bella mujer.

-Necesitamos que desaparezca- habló una tercera persona.

-Las escrituras dicen que es nuestro elegido será quien…- otro hombre, que en apariencia era menor, susurró débilmente.

-¡Calla, Aizawa!- gritó el primero- ¡Por eso tenemos que hacerlo ahora! ¡No puedo permitir que ocurra!

-Tohma, será mejor que él lo haga con sus propias manos - dijo ella un tanto fastidiada.

-Concuerdo con usted, mi señora Mika - mencionó el más joven - quizás así evitemos los riesgos, ¿No cree, mi señor Kitazawa?

-Así es. Será lo más correcto - coincidió el aludido.

-Está bien- el jefe, después de pensarlo unos segundos, aceptó y, mirando a uno de los sirvientes, elevó su tono diciendo - Traigan a Eiri, por favor.

El pequeño ser hizo una reverencia, dispuesto a obedecer las ordenes de su amo.

La copa de vino se movía entre sus manos, esperando paciente por su petición.

Instantes después, un hombre alto, de cabello rubio, de ojos dorados, vestido soberbiamente y con una fría e intimadota mirada, entró a la elegante habitación.

-Me da gusto que llegues, Eiri - sólo se escuchó silencio por parte del recién llegado - tenemos una tarea que encargarte.

-¿A quién necesitan que desaparezca esta vez?- mencionó con ironía, demostrando que al menos podía hablar.

-Siempre tan honesto- los ojos dorados se posaron en Kitazawa, un atractivo hombre que lo miraba, al parecer, con lujuria.

-Eres un estúpido- comentó enfadada la mujer.

-Me obligan a hacer su trabajo sucio- escupió fuertemente, provocando dos sonrisas de las personas que se encontraban sentadas en la mesa hexagonal.

-No te obligamos- dijo Aizawa.

-Basta- gruñó el líder, Tohma -, de cualquier manera, tienes razón. Deseamos que asesines algo.

-Un bebé específicamente- sentenció el más apuesto de ellos.

El rubio levantó su ceja, pensando en por que, esas personas deseaban desaparecer a una criatura. No es que le importara, le daba igual quien era la victima de la semana, pero ahora le impresionó.

-De acuerdo, mientras el trato permanezca intacto.

-Siempre cumplo mi palabra Eiri, y creo que lo sabes perfectamente. Tus dudas incluso llegan a ofenderme - bebiendo un sorbo de vino.

-Solo díganme quien es y donde habita.

Ahora todos sonrieron.

El castaño se puso de pie, acercándose a Eiri, pasando su mano por el fino rostro del rubio mientras susurraba unas palabras.

-Lo hallarás en una vieja cabaña, en lo más profundo del bosque de la soledad; más por su apariencia no te debes dejarte engañar. Fuertes y poderosos hechizos lo rodean para cuidar su bienestar. Un bebé hermoso es lo que encontrarás, pero ante él, tu corazón jamás deberás ablandar. Escucha mi consejo y asesínalo sin piedad. En tus manos su sangre debe correr. Esta misión no deberás fallar pues si lo haces tu perdición llegará.

Por último, Kitazawa lo miró y depositó un suave beso en la mejilla de Eiri, quien ignoró por completo el acto.

-Adelante, mi asesino favorito- remarcó Tohma sonriendo.

Eiri observó todos los rostros, para después salir del lugar en busca de su victima. Una vez que se alejó del lugar, Seguchi dejó salir unas palabras de sus labios.

-No hay nadie más que pueda hacer esto… y esa criatura debe morir.

******

Mucho, mucho tiempo después…

-¿Se puede saber a donde vas?- preguntó curioso un hombre castaño al observar que el mejor asesino del lugar se estaba disponiendo para salir.

-No te incumbe a ti Kitazawa- dijo Eiri, mirando de reojo como estaba recargado en la entrada de su habitación.

-Oh, se me olvidaba que siempre sales este día a estas horas- riendo - ¿Vas a visitar a tu enamorada?

-Idiota.

El rubio se miró en el espejo por última vez, acomodando su gabardina, para acercarse a la amplia ventana soltando un suave silbido e instantáneamente después un increíble fénix hacía acto de presencia.

-Hola Surén- saludó con calidez el rubio al ave - ya sabes que hacer.

El fénix abrió sus alas y con fuerza voló por el cielo, esperando a que su amo lo siguiera para guiarle un camino.

Kitazawa lo detuvo justo cuando pasó a su lado, acorralando a Eiri en una pared.

-¿Acaso te has olvidado de mi?- miró con odio y los ojos dorados simplemente osaban desafiarlo.

-Aléjate de mi, maldito imbécil- empujándolo para que pudiera salir de aquel lugar.

*******

Un bello joven caminaba lentamente, acompañado de un unicornio. Sus bellos iris amatistas se posaron el la magnifica y pura criatura que había estado con él desde que tan solo era un bebé, regalo de su fallecida madre.

-Vamos al río, ¿Está bien, Zafiro?- dijo el chico refiriéndose al bello animal completamente blanco, el cual, relincho muestra de su aprobación.

Sus pasos los llevaron a lo más profundo del bosque, llenó de oscuridad y terror, pero para alguien como él, cuya vida había sido hecho en ese lugar, no le asustaba en lo más mínimo sabiendo de memoria que quizás esa era la parte más segura de ahí.

Después de un espeluznante paseo, lograron llegar a un hermoso claro, donde había una cascada y la tranquilidad más increíble del universo.

El adolescente, se acercó junto al unicornio al río al tiempo que se deshacía de su vestimenta para poder meterse al agua. El animal se acomodó en el suelo, pendiente de cada uno de los movimientos que el chico hacía.

Soltó su cabello rosa, el cual le llegaba hasta los hombros y con movimientos tímidos entró al agua, relajándose con su pureza.

-Es tan fresca- dijo en tono alegre y con sus manos se lavó la cara - podría estar aquí eternamente.

Un ruido extraño se dejo escuchar, alternando tanto al joven como al unicornio, que inmediatamente se levantó dispuesto a proteger a su amo.

-¿Quién está ahí?…- mencionó lentamente, viendo la actitud que la criatura había tomado - ¡Responda!

Zafiro resopló vigilando constantemente algún otro moviendo pero después de un largo rato en lo que no ocurrió nada, nuevamente se acercó al chico para que continuará relajándose.

-Un pequeño susto, ¿No, amigo?- sonrió mirándolo, pero la criatura nuevamente lo ignoró pues toda su atención se centro en un ave que daba giros muestra de que iba a aterrizar.

Esa majestuosa ave roja detuvo su vuelo al lado del unicornio, observando a la persona que estaba en el río.

-Quizás fuiste tú quien nos espantó hace unos momentos- sonrió y se acercó a la orilla para poder tocar al fénix, que lo permitía cariñosamente -, me encantaría conocer tu nombre- dijo mirando el listón dorado que estaba ubicado en una sus patas, señalando que tenía dueño - debe ser muy afortunada la persona que cuenta contigo, aunque yo también estoy feliz porque seguido me vienes a visitar.

********

No tan lejos como pareciera, un hombre rubio se encontraba escondido entre la maleza y oscuridad del bosque, recargado en el tronco de un árbol pero sin ver realmente en la dirección donde se encontraba el tranquilo río, únicamente se limitaba a escuchar la bella voz que dialogaba con su fénix y el unicornio además de jugueteando con el agua.

No es que lo estuviera espiando, de hecho hacia esto cada mes. Siempre al tanto de ese niño, siempre encontrándolo bañándose en el río.

La realidad era que, a causa de un pacto hecho hace años, debía vigilarlo constantemente… pero no lograba comprender porque había aceptado eso… si ellos descubrieran que seguía vivo, posiblemente después de matar al bello niño, seguirían con él.

Se cruzo de brazos, soltando un leve suspiro y cerrando los ojos, recordando aquella noche, hace más de 18 años…


Eiri después de evadir varios conjuros mágicos que rodeaban la cabaña, entró sigilosamente para cumplir su trabajo que no podía tardar más de cinco minutos.

En una habitación y aún con oscuridad pudo notar la silueta de una mujer que dormía pasivamente en una pequeña cama. No lejos de ahí, se encontraba una cuna donde un bebé descansaba con su dedo pulgar en sus labios. Lo miró unos instantes pensando en que ese pequeño niño era realmente bello, pero obedeciendo las ordenes que se le habían dado, levantó su mano dispuesto a acabar con la vida de ese inocente ser.

-¡No!- la mujer agarró su mano antes de que pudiera hacer algún movimiento - ¡No lo hagas!- gritó desperada la madre que increíblemente había burlado sus hábiles sentidos al no dejar que notará que ella despertó - ¡No mates a mi bebé!

-¡Silencio!- la empujo fuertemente, haciendo que cayera al suelo, donde la luz de la luna, que atravesaba la ventana, la iluminó mostrando la belleza que poseía. Era de cabello rosa largo y ojos amatistas, y aún con terror y odio en sus ojos era hermosísima.

-¡Por favor, detente!- le suplicó tratando de acercarse a él - ¡¿Acaso no quieres saber la razón por la que te mandaron a asesinar a un bebé!- eso lo detuvo y viendo que había logrado despertar su interés, continuó- ¡Te diré la razón!

-Habla…

-Mi niño… ¡Mi niño puede cambiar esta vida cruel dominada por el maldito Seguchi Tohma y su grupo de seres del infierno! - dijo casi llorando- ¡Pero para eso necesita encontrarse con esa persona!

-¿Qué persona?- mirando a la bella mujer que se encontraba arrodillada frente a él.

-¡Buaaaa!- el llanto del bebé interrumpió la conversación y por instinto ella se puso de pie pese a su dolor para cargar a su amado hijo.

-Por favor- suplicó mostrándole al asesino el bebé. El rubio se permitió mirar por una vez una de sus presas y entonces… ese niño dejó de llorar instantáneamente cuando el hombre rozó su sonrojada mejilla mostrando una tierna sonrisa… ese asesino se sintió incómodo ante esa risa y observó esos únicos y aún más bellos que los de su madre, ojos amatistas.

Una agradable sensación de paz inundó su corazón.

-Debo cumplir mi trabajo.

-Por favor, permíteme criarlo el tiempo que sea posible… tú no deseas matarlo, no deseas seguir asesinando… con mi bebé, todo podría cambiar…

-Es mejor que los mate, de cualquier manera si falló alguien más vendrá… ellos esperan la prueba de mi acto, piden…

-… la sangre de los Shindou, lo sé- la mujer se aferró a su hijo- si me dejas vivir, te juró que hasta que no sea el momento nadie sabrá de su existencia… y yo… yo…- temblorosa, se acercó a un pequeño cajón de donde sacó un pequeño frasco - esta es la sangre de mi esposo - derramó unas lágrimas- sabíamos que llegaría este día… mi bebé y mi marido tienen la misma sangre, entrégala con una ropa destrozada de mi hijo… si es necesaria la mía también te la daré… te lo suplico… por él… por mi Shuichi…

Eiri le arrebató el frasco de sangre y cortó una de las finas manos de la mujer para obtener el liquido carmesí, además de obtener una prenda de la criatura.

-Solamente está alargando su sufrimiento…- dijo él dando la vuelta y saliendo de ahí.

-Tiene el derecho de vivirlo…- ella cayó hincada al suelo, llorando de alivio una vez que sintió que se había ido.

La bella dama abrazó a su bebé, aún temblando mientras el pequeño se adormilaba nuevamente ajeno a lo que estuvo a punto de ocurrirle.

-Tu plan falló Seguchi Tohma- susurró mirando a Shuichi- intentaste que la persona elegida fuera quien lo asesinará pero lo único que lograste fue provocar su encuentro…


Regresó a la realidad cuando el sonido del agua siendo abandona por el ahora joven, se dejó escuchar.

En un hábil movimiento, brincó para quedar arriba del árbol, justo antes de que el chico de mirada amatista pasará por ahí junto al unicornio.

Se ocultó aún más cuando el fénix se posó prácticamente a su lado, deteniendo su vuelvo.

-¿Aquí te quedas?- preguntó el bello chico cuando entendió que el ave ya no lo seguiría y a modo de respuesta, lanzó su trino - esta bien. ¡Espero verte pronto!- sonrió dulcemente para despedirse.

Eiri salió de su escondite mirando el suave y delicado andar del chico.

-No entiendo… - acarició al fénix- no entiendo porque te dejé vivir… Shuichi…

Continuará…


Muchas gracias por leer.