ADVERTENCIA: un bonito KiKuro, algo suavecito y meloso para tener algo dulce de ellos en estos días.

NOTA: Este pequeño escrito entra en el festival del KiKuro que se propuso en facebook. La temática de este es" reencarnacion"


Y fue cuándo lo vio, cuándo sus ojos se encontraron que todo lo anterior perdió todo el sentido.

Una sensación maravillosa y grata le invadió cuando sus orbes celestes hicieron contacto con las doradas, cuando ambos coincidieron en aquel instante que sólo les hizo sonreír cuando casi nunca lo hacía.

Alguna vez escuchó de su abuela la frase «las almas gemelas se encuentran siempre, durante todas las veces que reencarnes, y nada puedes hacer en contra de esa ley» y estaba comenzando a creerlo pues sabía, algo muy en su interior le estaba indicando que lo conocía, que definitivamente conocía a ese rubio más allá de una simple mirada o una sonrisa, entonces sólo cerró los ojos un momento y a su mente vino aquella epifanía que buscaba.

Era una época totalmente ajena a la que estaba acostumbrado con sus 16 años aunque ahí, en ese mundo de fantasía parecía tener la misma edad. No dudo de lo que veía: una chica de ojos celestes al igual que su cabello, sentada en las piernas de un rubio ojos dorados mientras un suave puchero se dibujaba en los labios de la más bajita, una risa se escapaba del más alto y cómo con tan sólo una mirada, un beso y una sonrisa lograban transmitirse tantas cosas.

Y lo sintió también, cuándo tras un suspiro lo siguiente fue la habitación. Su piel se erizo completa al escuchar sus propios gemidos y los gruñidos del otro; sintió sus piernas fallar y dejó que estas colapsaran mientras su antiguo cuerpo era embestido una y otra vez, mientras los jadeos y gemidos inundaban no sólo la habitación si no su propia cabeza dejándolo sensible, ansioso, incluso asustado. Se descubrió a sí mismo pensando en que seria ser poseído por aquel sujeto y eso, dios, eso lo ponía nervioso.

Lo siguiente que sintió lo esperaba, era lo que siempre había tenido claro ante las palabras de su abuela «por cada momento maravilloso que tu epifanía muestre, el final sera más doloroso». Y supo que era verdad porque incluso su pecho dolió cuando se descubrió a si mismo, a su antigua vida en aquel cuerpo aun más delicado despidiendo al rubio que marchaba dedicadamente a la guerra, y segundos después tendido en cama con los ojos hinchados, la nariz roja y esa posición de auto defensa. Sabía que en aquel momento debió de haber dolido demasiado pues por alguna razón supo miles de cosas: cómo que aquel pequeño cuerpo realmente era el de un chico, que el rubio lo sabía y aun así iba a casarse con él o que por gracia de una vieja bruja ambos esperaban un bebé; entonces, todo aquello le hizo sonreír suavemente, y ¡dios! Estaba tan perdido que sólo pudo bajar de aquella nube cuando aquel olor extrañamente conocido inundó sus sentidos.

-¿Kurokocchi?-cuestionó con temor aquella voz suave, melosa ante sus oídos-¿Kurokocchi..eres tu?-de nuevo aquella pregunta así que cerró con parsimonia el libro que leía, lo dejó por un lado y encaro al sujeto

-tardaste un poco, Kise~kun..-respondió con calma, guardando su libro mientras suavemente tomaba las mejillas ajenas y besaba sus labios-gracias por encontrarme..-

-¡Kurokocchi!-y lo siguiente fue una lluvia de abrazos y besos, algunas lágrimas y un torrente de amor enorme.

Lo sabía, su abuela no podía mentirle con algo así pues en compañía de aquel chico se sentía lleno, pleno y no le asustaba, claro que no. Estaba más que seguro que eso de la reencarnación era más que beneficioso en ese momento. Y ahora, sólo le quedaba vivir junto con aquel chico otra vida, que sin duda alguno, amaba con todo su corazón.