Inspiración de una noche de octubre. Y culpa del insomnio.

Se lo dedico a FerFassy, mi compañera de rol y AU!'s extraños, y de locuras, fangirleos y demás. Y porque la adoro y la extraño.

Demasiado fluff y quizás un Erik algo OoC.

DISCLAIMER: X-men no me pertenece. Propiedad de los todopoderosos Stan Lee y Jack Kirby.


Porque aunque diga que no le importa, se ha enfadado porque Charles le ha ganado al ajedrez.

A pesar de decirle y recordarle que no puede dormir con la luz encendida, Charles continua leyendo acerca mutaciones genéticas y otros aspectos de la biología humana que él no consigue entender.

Porque Charles se esfuerza, y se esfuerza y pasa las noches en vela intentando adivinar qué originó su mutación magnética, cómo puede Erik controlar los metales y doblar cucharas. Cucharas que por cierto Hank ha encontrado deformadas varias veces en las mañanas, sin saber por qué. Junto a ropa tirada, y zapatos perdidos con calcetines sin pareja, y las camisas del telépata arrugadas, o incluso rotas.

Y odia sus ojos azules, sus perfectos labios cincelados y su piel de marfil, su sonrisa, su capacidad de ver alegría allí donde hay penuria y fracaso, por ser su punto entre la rabia y la serenidad. Pero ama oír maldecirle cada medianoche mientras las estrellas brillan y las sábanas se enredan en sus piernas, y le ama por mil razones más.

Porque Raven puede sonreírle de forma tierna cada que le ve pasar, buscando sus ojos en un intento de seducción y atracción, quizás intentando llevarle a la cama, quizás intentando probarse a sí misma –Y a Charles- que no es la niña azulada de 1944 que robaba leche y pan. Pero ni aunque llevase camisas y pelo marrón, podría ejercer la milésima que Xavier ejerce sobre él.

Porque a Charles no le importa su pasado, ni su religión, ni sus cicatrices ni su odio hacia el género humano. O quizás si le importa, mas no lo demuestra, en su lugar planta flores con pétalos de esperanza en la desolación que azota su alma de vez en cuando al recordar su familia, en especial a su madre. Porque sin ser médico remedia y cura el vacío insondable que es su espíritu, el cual no tiene tiquete al cielo, o eso cree él, porque para Charles, todos merecen una oportunidad a pesar de haber perdido el camino, pero él ocupa el número uno y tiene preferencia. Siempre la ha tenido y siempre la tendrá, aunque les separen océanos, submarinos, cascos o una simple puerta.

Dicen que las mejores personas están locas y quizás Charles lo está o de lo contrario jamás habría intentado apañárselas con los cuchillos que atraviesan el corazón del joven magnético.

Porque Erik le llama "Telepatético" y Charles no hace más que sonreír. Y puede acabar con sus botellas de whiskey del 32 pero él sonríe.

Y porque dice que le quiere.

Y porque es capaz de tirarse al mar sin apenas saber nadar.

Y por eso, y mil razones más, Erik Lehnsherr quiere a Charles Xavier.

Aunque un querer se queda corto.


Los reviews y tomatazos son bien recibidos.