Un nuevo reto de Digimon, sí. Pero que aviso: Esta muy cargado de contenido M y es un fic cuyo pedido era un trio. Mentes sensibles, lo siento uxu.
La persona que me retó fue CieloCriss en el foro Proyecto 1-8. Este fue su reto:
Quiero ya sean un trío estable, aunque con algunos piques, porque me imagino que pueden llegar a tener algunas desavenencias. Dejo la trama libre a la autora, pero pueden ser cosas cotidianas. Quiero que tenga roces de rating M, quiero una bomba erótica y muchos sonrojos.
Y aquí mi tremenda aberración:
Datos del fic:
Título: Privata Estare.
Pareja: Taimishiro. (Taichi x Mimi x Koushiro)
Género: Romance /humor.
Ranking: M+
Advertencias: OOC, IC, Lemon. Trios. Homosexualidad. Poliamoroso.
Disclaimer: Digimon no me pertenece y hacen bien... porque si no...
ºPrivate estareº
Mudanza
No importa donde vayas, tu corazón siempre se quedará con ellos.
..
..
Taichi dejó caer el colchón sobre el somier, suspirando acalorado por el esfuerzo. Sudaba y la camiseta estaba empezando a molestarle. Se limpió la barbilla con el filo de la camiseta y miró por encima del hombro hacia Koushiro.
Este estaba inclinado frente al armario, atornillando los últimos tornillos necesarios. Concentrado, con la cabeza inclinada y, para su buena visión, con los pantalones tirantes justo en su trasero.
Y Taichi sabía muy bien que tenía un buen trasero.
Gruñó y se giró antes de que las locas ideas empezaran a acumularse en su mente.
—¿De quién fue la idea de mudarse en pleno verano? — cuestionó al ver a Mimi entrar con dos botellas de agua pequeñas y frescas.
Ella le sonrió con culpabilidad escondida tras una máscara de diversión. Taichi cogió la botella y tras beber, casi deseó echársela por encima.
—No te quejes, Taichi-san— murmuró Koushiro incorporándose para coger su merecida botella—. Fue tu culpa que tuviéramos que hacerlo.
Taichi rodó los ojos.
—Sí— recordó Mimi con una sonrisa traviesa en sus labios—. Porque alguien rompió la pared con el cabezal de la cama.
Koushiro enrojeció ante el recuerdo. Mimi se cruzó de brazos y Tai casi sonrió. Se rascó los cabellos húmedos de sudor y se acercó hasta ella, superándola con su altura y mirándola fijamente.
—Esa casa simplemente no estaba preparada para que tres personas follaran en una cama de una plaza. Te recuerdo, Mimi— y sonrió con ese gesto travieso suyo—, que tú también estabas ahí. Muy por debajo de mí, pero estabas.
Movió las cejas sugerentemente y Mimi le arreó un codazo, sacudiéndose el pelo y con gesto altivo, salió del dormitorio. Koushiro tenía las orejas coloradas, bebió y se agachó para continuar con sus tareas.
Tai sacudió la cabeza y tras beber una vez más, salió a por más muebles y cajas.
Era cierto que fue él el que se aferró al cabecero y que este golpeó de tal forma la pared, que el casero los echó de su primera casa.
Se habían mudado a una zona más central. Con paredes insonorizadas, un salón enorme y tres habitaciones individuales lo suficientemente grandes como para camas de matrimonio.
Mimi se agenció la más cercana al cuarto de baño y con vistas hacia la Noria. Taichi y Koushiro simplemente escogieron la primera que vieron. De todas maneras, era más frecuente terminar todos en una cama o en el sofá, que en cualquier otra parte.
Entre todos habían puesto dinero suficiente como para poder permitirse comprarse ese hogar.
Si Taichi echaba la vista atrás, todavía se preguntaba cómo había terminado cayendo en las redes de esos dos. Enamorándose de un hombre y de una mujer. Pero no importaba. Era la vida que había escogido y sabía a ciencia cierta que no podía ser de otro modo distinto.
Mimi era la más caprichosa de ellos dos. O al menos, eso pensaba. Sus cajas eran las que más abultaban, así como las siete maletas llenas de ropa y cosméticos. El primer día que llegó para limpiar la casa, con ayuda de sus mejores amigas, mientras Koushiro y él trabajaban, la chica ya se había traído un colchón inflable de matrimonio, pinturas y ropa.
Cuando Koushiro y Taichi le preguntaron por la comida, se golpeó la frente y les sacó la lengua.
Estrenaron la casa comiendo comida china y rompiendo el colchón inflable cuando este no soportó el peso de tres personas.
Koushiro se aseguró de que toda la instalación eléctrica, internet y el canal satélite junto a los electrodomésticos, especialmente el aire acondicionado, estuvieran en perfectas condiciones. Le vio discutir con uno de los técnicos con una firmeza increíble en él.
Tanto fue, que Taichi lo arrinconó en una de esas, a espaldas del técnico y tuvo que comérselo literalmente. El técnico casi los descubrió y el pelirrojo, colorado como un tomate, le pegó un coscorrón como castigo. Aunque luego más tarde, contra la pared, no dijera lo mismo.
Y él… bueno. Él traía dinero a casa y era la mula de carga. No podía encargarse de la comida porque era un completo desastre. No entendía los aparatos electrónicos que necesitaran más que darle a un botón. Tampoco podía decorar a la perfección una habitación con estilo.
Aunque Mimi alegara que siempre tenía uso, especialmente, cuando tenía frio y lo usaban ambos de estufa humana.
—¿Qué queda por subir? — cuestionó Mimi subida en lo alto de una escalera mientras colgaba las cortinas.
Tai dejó tres cajas en la cocina y se acercó para mirarla. Harto, se quitó la camiseta y se limpió con ella el sudor.
—Quedan cajas de cocina y los ordenadores de Koushiro. Aunque esto último creo que quiere cargarlos él. Se te ven las bragas.
Mimi le miró desde su altura, abriendo más sus piernas y dando un enfoque perfecto de su ropa interior. Taichi gruñó y le manoseó el trasero. Ella rio, encogiéndose.
—¡Me caeré!
—Te cogeré— prometió con seguridad.
Ella lo echó amenazándole con clavarle una aguja.
—Luego te arrepentirás, princesa.
Sonriendo, se asomó para buscar a Koushiro. Este miraba con determinación el mueble y al escucharle, le miró.
—Creo que soportara los quintales de ropa— murmuró de forma que Mimi no lograra escucharle.
Tai rio y le dio una palmada en el trasero.
—Buen trabajo. Oye, los ordenadores— le recordó.
El pelirrojo le miró un instante sin comprender.
—Ah, sí— asintió cayendo en la cuenta.
Ambos bajaron hasta la furgoneta que habían alquilado. Poco quedaba ya para descargar, tal y como había descrito a Mimi. Koushiro subió delante de él y empezó a aferrar cajas con cables para entregárselas.
—Venga ya. Esto no pesa— protestó.
—Pero es lo que irá más seguro contigo— recordó el otro enarcando las cejas.
Tai chasqueó la lengua, pero sabía que era verdad.
—
.
Mimi los vio desde la ventana bajar las últimas cajas. Pese a haber subido los ordenadores por su cuenta, Koushiro se ofreció en ayudar a Taichi a subir las últimas. Verlos intercambiar frases o palabras, miradas o caricias ocultas, provocaba que su corazón latiera emocionado. Por un lado quería coger la cámara y hacer fotos. Por otro, quería bajar y unir sus labios a cada uno para que no se olvidaran de que ella estaba allí también.
Pero esos chicos eran incapaces de pensar de ese modo, a menos que ella estuviera ausente. Así como podía tener un retoce fácilmente con uno de ellos cuando faltaba el otro, ella sabía perfectamente que ellos también era uno solo sin ella.
Y era perfecto.
—Oh— masculló al percatarse de algo.
Desde una de las barandillas del parque de enfrente, un grupito de chicas adolescentes intercambiaban cuchicheos, mirando hacia sus chicos directamente. Se dio cuenta entonces de que Taichi no tenía camiseta puesta y que Koushiro estaría por el mismo camino si no fuera tan vergonzoso.
Mimi se mordió el labio inferior, abrió la ventana más y se asomó todo lo que pudo.
—¡Taichi! — nombró.
Ambos jóvenes la miraron. Las chicas miraron en su dirección tal y como esperaba.
—¡Subid, quiero bajar de la escalera! ¡Cógeme como una princesa!
Koushiro y Taichi se miraron sin comprender. Cerraron la furgoneta y con las últimas cajas, subieron para verla cerrar el cristal tras sacar la lengua a las chicas, que empezaron a chasquear la lengua y protestar por quitarles la diversión.
—¡Son míos! ¡Hum! — exclamó cruzándose de brazos.
—Mimi-san. Ten cuidado no caigas— advirtió Koushiro dejando su caja sobre la nueva mesa del salón.
Ambos avanzaron a la vez hacia ella y extendieron los brazos. Mimi se aferró a sus hombros y los miró con enfado.
—¿Cómo dejas que se pasee así sin camiseta ante otras chicas? — regañó a Koushiro. Luego se volvió hacia Taichi—. ¿Cómo te paseas así ante otras mujeres?
Ambos la miraron con sorpresa. Ella continuó colgada de sus cuellos, poniendo morros.
—Jo— protestó.
Se inclinó hacia Koushiro y lo besó como castigo. Cuando las orejas se le cubrieron de pura rojez por la sorpresa, se encargó de atacar a Tai. Ambos jóvenes retrocedieron y terminaron cayendo sentados sobre el sofá.
Ella rio y se acomodó de tal forma que sus piernas quedaran entre las de ellos, mirándoles desde su altura. Un dedo por encima del vientre de Tai, subiendo hasta su cuello y la otra mano, jugando con la camiseta de Koushiro.
—¿Queréis que me ponga en bikini y salga a que otros hombres me miren?
La respuesta llegó inmediata y firme por parte de ambos. Koushiro y Taichi se miraron con complicidad.
—Bien. Gracias por entenderlo— sonrió y se levantó de encima de ellos, estirándose—. Venga chicos, todavía tenemos muchas cosas que hacer.
Tai fue quien tiró de ella, sentándola sobre su regazo. Koushiro llevó una mano hasta pelo, enredando sus dedos con manos torpes.
—No puedes calentar a dos pavos y pensar que puedes largarte como si nada, princesita— recalcó el castaño con una sonrisa cruzándole el rostro.
Mimi cogió aire, inclinándose hacia él. Sus labios uniéndose estrechamente. Sintió el beso de Koushiro en su garganta. Su nariz jugando en su oreja. Su mano ancha en la espalda de Taichi. La otra en sus piernas. Subiendo y bajando suavemente por su piel, con timidez.
Con los ojos cerrados, Mimi podía saber quién era quién. Con el toque de sus manos, la forma. Su respiración. Incluso el sabor de su boca.
Rompió el beso con Tai, buscó la boca de Koushiro. Taichi descendió a besos por su cuello, besó su hombro y debatió con su top. Ella rio en la boca del pelirrojo.
—Tsk. Siempre llevas cosas complicadas de quitar— protestó.
Ella se apartó para quitarse el top de encaje y se mordió el labio inferior. Vetado durante esos segundos de su cercanía, el castaño atacó al pelirrojo con sus labios. Koushiro suspiró con sorpresa y ella se maravilló de la escena.
Dulces con ella. Duros entre sí.
Con el sonido del sujetador soltándose y suspiro de su parte, ambos rompieron el beso para mirarla. Mimi rio, se incorporó y aferró a cada uno de la nuca para pegarlos contra sus senos. Taichi gruñó sin esperárselo. Koushiro enrojeció y balbuceó.
Cuando ambos lograron soltarse, teniendo el rostro colorado. Koushiro se frotó el rostro y Taichi le juró venganza.
Pero solo una mirada bastaba siempre para que entre dos de ellos se entendieran. Resbaló por el cuerpo de ambos hasta quedar de rodillas, clavándose los pelos de la moqueta contra su carne. Koushiro finalmente se deshizo de la camiseta y la imitó. Ambos haciéndose un hueco entre las piernas del castaño.
Tai siseó entre dientes al sentir sus bocas sobre su piel. Alargó las manos y las enterró entre sus cabellos.
—
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Koushiro pasó los dedos por encima del formado torso y descendió por su vientre. Mimi y él se encargaron de abrir la cremallera y a la vez, aferraron el sexo del joven con sus dedos. Caliente, tenso y húmedo en la punta. Mimi le concedió los primeros honores y su boca se cerró sobre él. Nunca había sido bueno en eso. Nunca pensó que le haría eso a un hombre. Pero a Tai siempre quería comérselo entero.
Con las mejillas enrojecidas y sabiendo que la vergüenza estaba ahincada en sus orejas, chupó hasta que Mimi protestó en busca de su parte.
Taichi maldijo entre dientes, tirándoles del pelo y meneando sus caderas contra ellos.
—Joder… vais a hacer que me…
Mimi le mordió para acallarlo y como respuesta, Taichi sucumbió sobre ella.
—Oh— exclamó la mujer con sorpresa.
Tai jadeó, cubriéndose el rostro con sus manos. Mimi y él se miraron y la castaña se acercó para lamer los restos que habían caído en su rostro. Koushiro siseó, con el corazón latiéndole a mil por hora en el pecho. Alargó una mano y con los dedos, le quitó restos para lamerlos. Mimi se tiró sobre él, cayendo ambos contra el suelo, sus bocas unidas con el sabor de Tai estallando en sus lenguas.
Las menudas manos de la chica pasaron por su piel y bajaron hasta sus caderas. Koushiro, sin darse cuenta, perdió el control de sus actos.
—Mimi-san, espera…— gruñó eróticamente.
Ella negó con una sonrisa.
—No, ni hablar. Quiero comerte a ti también.
Y mientras su boca descendía en un reguero de besos, sus manos tiraron de los pantalones. Su erección quedó completamente a la vista, resaltando sobre la rizaba mata pelirroja y tirando hacia su estómago. Mimi le miró maravillada y Koushiro se cubrió el rostro, completamente ruborizado.
Sabía de sobras que Taichi era más grande que él. Que sus tamaños no tenían nada que ver, pero la chica siempre los miraba a ambos con la misma devoción y deseo, pero Koushiro podía sentirse alagado.
Mimi se inclinó y sin sostener su miembro, lamió desde la base hasta la punta, soltando un gemido de sorpresa y mirando hacia atrás.
Koushiro siguió su mirada y se encontraron Tai, más recuperado, arrodillado tras ella. Besaba la espalda femenina y había metido una mano entre sus piernas, presionando tanto su sexo como su trasero. Mimi sacudió las caderas contra él y volvió a centrar en Koushiro mientras su ropa interior era arrancada.
—Contigo no ganaré nunca para muda de ropa interior, Tai— protestó ella contra su erección—. Dios. Esas bragas me gustaban.
Tai gruñó como respuesta, lamiendo la curva de su espalda hasta llegar a sus nalgas.
—Me gusta más lo que tiene bajo ellas.
Se inclinó y Koushiro solo alcanzó a ver las puntas de sus cabellos mientras Mimi se arqueaba.
—Es… está…
—No me importa— gruñó Yagami completamente concentrado en su tarea.
Koushiro se excitó al saber dónde estaba la boca de Taichi. Su corazón latiendo a mil por hora y la garganta seca. Mimi volvió a dedicarse a él, acariciando su extensión y metiéndosela en la boca.
Cuando Taichi volvió a dejarse ver, le mordió el hombro a la castaña y con un rugido, escuchó el sonido húmedo de sus caderas encajar. Mimi gritó y cayó hacia delante, con los senos aplastándose contra el vientre de Koushiro. Sus ojos se encontraron y el pelirrojo se apoyó en los codos hasta que desde su altura, el castaño pudo besarlo.
Mimi se aferró a Koushiro pero Taichi tiró de ella, abriéndole las piernas, exponiéndola. Ella se cubrió el rostro, jadeando avergonzada. Koushiro salió de debajo de ella para pegarse a ambos. Con Tai abajo, Koushiro solo tuvo que penetrarla.
Las uñas femeninas se clavaron en su espalda, arañándole.
Luego fue el paraíso*.
—
.
Mimi golpeó a ambos con el periódico que había ido sacando de las cajas en la cabeza mientras rebuscaban sus ropas. Con solo un vestido y una ducha más tarde, la chica parecía recién sacada de una cápsula de recuperación.
Taichi se frotó el lugar golpeado, mirándola con cansancio. Koushiro, a su lado, se cerraba los pantalones y bostezaba medio dormido.
—¿Cómo podéis haberos quedados dormidos mientras lo hacíamos? — protestó la castaña con enfado.
Tai bostezó y miró al pelirrojo encogiéndose de hombros.
—Tú te corriste— le recordó pícaro—. Koushiro nada más entrar en ti y después se desmayó.
El pelirrojo le dio un codazo, muerto de vergüenza.
—Taichi-san describe demasiado siempre lo que hacemos— regañó poniéndose en pie.
Escabulléndose del agarre que Taichi intentó ejercer en él, se escondió el baño para refrescarse.
Mimi sonrió, apoyando la cadera contra el sofá.
—Es tan adorable— ronroneo. Tai se acomodó contra el sofá y de paso, su mano se deslizó por debajo de la falda del vestido. Mimi se la pellizcó.
—¡Au!
—Demonios, Taichi nunca tienes suficiente— protestó.
Él la miró con diversión, pero su gesto cambió a preocupación.
—¿Seguro que estás bien? — cuestionó.
Mimi le miró con orgullo. Se apartó el cabello de un manotazo.
—Por supuesto. Qué clase de mujer seria si fuera incapaz de sostener a mis dos hombres.
Se inclinó y le besó.
—Soy demasiado hembra para ustedes, chicos.
Tai sonrió con orgullo, miró hacia el baño y suspiró.
—Lo siento por Shiro, pero voy a entrar con él.
Mimi le acarició la espalda antes que se levantara y corriera al cuarto de baño. Escuchó al pelirrojo quejarse de que anduviera desnudo por la casa y luego la puerta se cerró. Koushiro y Taichi fueron acallados por la ducha.
Mimi sonrió. Miró su nuevo hogar con amor.
—Nueva vida. Nuevo hogar.
Notas de autora:
A los que hayan sobrevivido al trauma, gracias. Muchas gracias por leer y por dejarme bomba =D
Siento lo de sus neuronas..
*: Sí, el pobre Koushiro ha sucumbido antes de tiempo xD.
¡Nos leemos!
(A menos que la retadora no quiera más, subiré unos capis más).
