notas: uds lo saben, yo lo sé >. Harry Potter y compañía pertenecen a Rowling y a kien ella desee vender ¬¬ éste es, por lo tanto, un fanfic hecho por una fan para otros fans o.o..
U. A. con mucho slash por todas partes :3 SiriusXJames principalmente. La canción es de Nightwish y no me va a alcanxar para todo el fic así que no todos los capítulos van a llevar líricas >0#... y ya .. (debes haber leído TOoP -- (parece una carita xD) para saber quién es quién x.x)
nota extra: las edades también están un poco cambiadas para éste fic o.ou.. Sirius pasa de los 19, James aún no los cumple y tanto Remus como Peter son menores de 18... creo que les iría bien nnU los demás no importan ¬¬. crownless .
Crownless again shall be the queen
Trophy on her grave still remains unseen
by Edward Wong H.P.chapter I- Condenado a muerte.
Sus pasos resonaron por el callejón vacío, entre los charcos de agua que habían quedado como recuerdo de la tormenta de la noche anterior. Su larga gabardina de tela áspera y sucia se agitaba con el viento frío que se colaba entre sus piernas, por debajo de sus brazos y a través de sus cabellos, y el traje oscuro que llevaba debajo se había empapado por completo con la lluvia que comenzaba hoy.
Trepó por una cerca roída por el tiempo, el agua y los animales, y cayó del otro lado, sobre un nuevo charco de lodo que salpicó las paredes del estrecho callejón al sentir sus pies sobre él. Entonces retomó su huída, incorporándose rápidamente, y no se preocupó por regresar a levantar la caneca (A/N: basurero, bote ¬¬) que volcó al dar la vuelta en una esquina, precipitadamente.
Se detuvo finalmente al final de la privada en la que acababa de entrar, escuchando las risas apagadas de los hombres dentro de la taberna que había junto a él, y se escabulló dentro del pequeño corredor que había detrás, pateando ratas y bolsas de basura.
Los escuchaba todavía. Le buscaban. Los cascos de los caballos no estaban muy lejos y la salida del pueblo quedaba todavía a medio camino, más allá de la colina en donde se alzaba imponente la catedral.
Tal vez si esperaba un poco podría perderlos de vista...
Se recargó contra la pared, curioso de la gran carcajada que se había colado por la ventana abierta de la taberna, y abrió su abrigo. El agua de la lluvia se escurría ya por su cabello negro y caía pesadamente a través de su cuerpo, hasta tocar el piso de piedra.
Sus manos enfundadas en guantes de piel de ciervo (A/N: que irónico o.oU) temblaron levemente al tantear la funda que llevaba dentro del bolsillo interior del saco, y la extrajo lentamente, como si temiese dañarla...
Precioso.
La funda caía suavemente a los costados de la cintura delgada de la brillante estatuilla que se levantaba entre sus manos, contra las frías gotas de la lluvia de otoño. Y finalmente sonrió, sin poder dejar de respirar agitadamente, y acarició con dos de sus dedos el suave y frío oro macizo en el que estaba forjada.
Hubiese sido capaz de besarla. O capaz de dejar ir al viejo que la tenía en su poder... Si tan solo alguien más se hubiese dado cuenta del tesoro que alguien tan ebrio podía llevar entre sus ropas...
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-De verdad...- la voz del anciano se alzó por encima de las demás, mientras abrazaba confiadamente al joven junto a él. -Me fue muy difícil sacarla del castillo, pero lo logré..- su voz ebria sonaba ansiosa, extasiada, y el muchacho al que se aferraba fruncía el ceño para no respirar el penetrante aroma a rancio y licor que despedía de su boca desdentada. -Lo logré, y en cuanto la venda podré tener todo lo que siempre soñé... Una vida alejada de las miserias que obtuve tras 50 años de servicio en ese asqueroso palacio. ¡La vida de rey que siempre me he merecido!- y entonces alejó un costado de su abrigo y él pudo verla.Y sus ojos grises se encendieron de golpe ante lo que aquél anciano le confiaba...
-Podré beber lo que me resta de vida..- suspiró el viejo, y Sirius Black sonrió, levantando su tarro hacia él.
-Bebe entonces lo que te reste de vida.- le dijo, con una sonrisa torcida en sus labios, antes de empujarle dentro ese tarro y muchos más que pagó de su propia bolsa. Todo lo valía mientras sus ojos continuaran observando el bolsillo abultado dentro del abrigo del viejo.
-Dios te bendiga, muchacho.- y fue lo último que le escuchó decir, antes de que el hombre dejara caer pesadamente su cabeza sobre la barra con un fuerte ronquido.
Después de eso no fue difícil sacarle del bar y enterrarle entre las costillas el viejo cuchillo que había logrado robarle a algún otro borracho, junto con un fuerte berrido de su garganta putrefacta.
El problema fue que no supo que la mitad del ejército de la reina había salido en busca del ladrón hasta que éstos le rodearon al salir del bar.
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-Que Dios me bendiga..- susurró, en voz baja, mientras arrojaba el cuchillo todavía embarrado de sangre dentro de un basurero oxidado por la lluvia y el tiempo. Volvió a cubrir la figurilla con la funda de piel de carnero y la introdujo dentro de su gabardina. Luego, percatándose de que los cascos de los caballos ya no se escuchaban, sonrió ampliamente y caminó fuera del pequeño corredor, apretujándose al pasar junto a los restos de comida podrida.Se echó atrás un mechón de su cabello mojado antes de salir a la luz de la privada, y entonces se detuvo, violentamente, sin saber si retroceder y tratar de entrar al bar por la fuerza o pasar a través de ellos con todo lo rápido que sus piernas le permitiesen. Sabía que ambos planes eran igual de estúpidos, pero no podía pensar claramente ahora que se había encontrado frente a frente con el capitán del ejército y un grupo más de caballeros que le observaban con sorna.
-Oh, un forastero.- sonrió el capitán, sin apearse. -Capitán del Ejército Real, Lucius Malfoy.- se presentó. -Lamentamos importunarle, señor, pero debo advertirle que hay un peligroso criminal suelto por las calles de Hogsmeade estos días... - su voz burlona erizaba la piel de Sirius, quien dirigió una mirada rápida y analítica a todos los hombres montados sobre sus caballos. -Asesinó a un viejo en las afueras del bar que hay cerca del campanario de la plaza y no conforme le robó algo que él ya había robado...- sus penetrantes ojos grises observaron de pies a cabeza a Black, quien permanecía de pie frente a él, con su negro cabello corto aplastado por la lluvia que ahora dejaba apenas espacio para la visibilidad, y la gruesa gabardina pegada al cuerpo. -Supongo que no sabe usted nada acerca de él, ¿Cierto? No puede usted ayudarnos a encontrar ese pequeño objeto que el viejo se llevó del castillo... ¿Verdad?
Sirius frunció el ceño, con el corazón palpitando dentro de su pecho.
-No.- respondió, luego de algunos segundos de silencio. -No sé de qué me habla.- se echó nuevamente el pelo hacia atrás, descubriendo sus ojos plateados, y trató de pasar por entre los caballos. -Y si no tienen nada más que preguntar...
-¡Oh! ¿Pero está seguro de que no sabe nada?
Los hombros de Sirius se tensaron fuertemente y dio un paso más. Uno de los caballeros bajó del caballo, con un salto, y Sirius tuvo que retroceder al verle acercarse con una sonrisa dibujada en sus labios.
-N..no... no tengo idea de qué...
-¿¿¿Nott???
Y con una pequeña carcajada, Nott tiró del cuello del abrigo de Sirius y su cuerpo golpeó el de él, bruscamente. La funda de piel cayó al piso con un fuerte clank! y todos la observaron, expectantes.
-¿Qué puede usted decirme ahora, caballero?
Y tras dedicarle una larga y aterrada mirada a Malfoy, Sirius se soltó del agarre de Nott, se inclinó y tomó el saco tirado en el piso antes de darse nuevamente a la huída. Escuchó cómo los cascos se ponían nuevamente en marcha, junto con un grito del capitán, y sus pasos se alargaron lo más que pudo.
La salida de la privada estaba cerca, a menos de 10 pasos, lo lograría... estaba cerca... lo hubiese logrado si el caballo de Malfoy no hubiese realizado un salto olímpico y caído justo frente a él, derribándole hacia atrás con el impacto.
-¡¡Tú no vas a ningún lado, miserable!!- y antes de que Sirius pudiese levantarse, el fuerte golpe del mango de una espada en su nuca le hizo caer pesadamente al piso, otra vez, inconsciente.
Nott se incorporó a su espalda y recogió la estatuilla. Frente a él, sin bajar aún del caballo, Lucius Malfoy sonreía. Habían capturado a un ladrón y un asesino por partida doble, y él estaba a punto de pasarla muy bien.
La reina Lillian estaría muy agradecida con él y aceptaría lo que él decidiera...
Y decidía que hacía mucho tiempo ya que nadie era colgado en la plaza del pueblo.
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Cuando despertó ya no llovía. De hecho ya ni siquiera era de noche. Los primeros rayos blancos del sol oculto detrás de la densa niebla que entraba por la ventana de su celda bañaban su cuerpo delgado, encogido en un rincón del calabozo, con grilletes en pies y manos y temblando de frío porque la humedad de la ropa comenzaba ya a corroer sus huesos.Se incorporó sobre sus rodillas, observando el lugar a su alrededor, y suspiró profundamente al darse cuenta de que, fuese cual fuese a ser su castigo, finalmente no lograría volver a casa...
Un guardia pasó frente a la puerta y le dedicó una mirada despectiva a través de la ventanilla por la que apenas cabrían un par de brazos.
Comenzaba a darle hambre, arrinconado sobre la piedra fría de su prisión, cuando escuchó pasos acercándose nuevamente hacia su puerta. Un par de ojos grises aparecieron dentro de su campo de visión y tuvo que empujar su rostro hacia un costado, sintiendo cómo el miedo y la ira se acumulaban dentro de él.
La puerta se abrió con un chirrido y Lucius Malfoy entró, imponente, portando su brillante armadura y sujetando la empuñadura de su espada disimuladamente. Le sonrió, superior.
-Espero hayas tenido una buena noche.
Silencio. Los ojos de Malfoy examinaron la figura de Sirius.
-La estatuilla ha sido devuelta a la reina y el cuerpo de ese hombre ha sido incinerado.- se acuclilló frente a un Sirius desprovisto de su gabardina mojada (que descansaba echa un bulto sobre la cama de piedra) y lo observó, sonriendo, con su cabello rubio agitándose levemente con el aire frío que entraba por la ventana reforzada por gruesos barrotes de hierro. -¿Sabes? Pudiste haber sido condenado a permanecer en este calabozo algunos años, como pago, pero cometiste el error de apuñalar a ese viejo... No es como si me molestase, pero la reina tiene un sentido de la justicia demasiado fuerte.. -chasqueó su lengua y sacudió la cabeza. -Es una verdadera pena... eres muy joven.
Sirius se limitó a observarse las cintas de las botas, completamente interesado en la forma en la que se habían maltratado por el uso. ¿En dónde había conseguido que se le llenasen de ortigas?
-Tu sentencia ha sido dictada.- continuó Malfoy, incorporándose lentamente. Miraba a Sirius de forma altanera, mezcla de superioridad, alegría y un poco de lástima, y no ponía ni un poco de su parte para disimular la sonrisa satisfecha que llevaba en sus labios. -Te colgaremos mañana por la mañana.- y con eso se dio la media vuelta y caminó hacia la puerta.
En ese momento Sirius despertó. Levantó sus ojos plateados hacia el rubio, quien ya sujetaba el pomo de aluminio, y jadeó, aturdido. Había escuchado mal, ¿Verdad?
-¿Qué dijiste?
Lucius volvió su rostro afilado y sonrió todavía más.
-¿Cuál es tu nombre?
-Black. -escupió el otro, mirándolo fijamente.
Malfoy sacudió nuevamente su cabeza.
-Sinceramente, no fue un placer conocerte, Black...- tiró de la puerta y ésta se abrió. Su figura desapareció por el umbral y después la puerta se cerró a su espalda.
Sirius se quedó adentro, mirando todavía fijamente hacia la puerta cerrada, con la boca ligeramente abierta por la impresión y el terror que comenzó a acumularse a borbotones dentro de su pecho.
Se incorporó, tan de prisa que se lastimó al tirar de las cadenas, y su cuerpo entero se estiró hacia el frente.
-¡¡PERO NO PUEDEN HACERME ESTO!! ¡¡¡¡YO NO PUEDO MORIR ASÍ!!!! ¡¡MALFOY!!
Pero una fuerte risotada afuera le arrojó al rostro la triste verdad...
Esta vez sí que se iba a morir.
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Pasó el resto del día echado en aquel rincón, contemplando el cielo a través de la ventana que había arriba de su cabeza.Podía escuchar las ruedas de los carruajes, los cascos de los caballos, la música lejana de los trovadores y las conversaciones y risas de los aldeanos que pasaban allá abajo, agenos a la suerte que correría dentro de algunas horas...
Tal vez felices.
Tendrían un espectáculo finalmente, un asesino colgado en la plaza... El que había robado y matado al viejo celador y que ahora pagaría por su crimen.
Ja!
Se giró sobre su posición y las cadenas tintinearon con el movimiento, como frías serpientes que se retorcían esperando para abrir las fauces y tragar... Su frente chocó contra la pared húmeda de la celda y su cabello ya revuelto se ensució todavía más con el limo de la piedra húmeda.
Tenía una extraña sensación de vacío dentro de él. Era casi como si flotase, y su estómago revuelto se sacudía cada 20 minutos, no supo si por falta de alimento o por exceso de él. Apretando los párpados sobre sus cansados ojos grises dejó que un largo suspiro se escapara por sus labios.
Bam, bam.
Afuera comenzaban a escucharse ya los martilleos de la tarima sobra la que...
Bam, bam.
La luz dorada y roja del atardecer ya comenzaba a filtrarse por entre los barrotes de la ventana dando a la celda un aspecto etéreo. Hermoso.
Bam, bam.
Los pasos se acercaban por el pasillo, lentamente, como el murmullo de miles de vocecitas lejanas que reían.
Bam, bam.
-¡Su majestad!-
Y entonces la puerta de la celda se abrió y los pasos y los murmullos cesaron, sin impedir que los cantos afuera se elevaran todavía más. Pero cuando Sirius se reacomodó sobre su cama de piedra y volvió su delgado rostro, curioso, se encontró con el par de exuberantes ojos verdes más maravillosos que había visto en su vida...
-Sirius Black, si no me equivoco.
Silencio. Se incorporó sobre si mismo observando con sorpresa el largo cabello rojo que caía sobre aquel par de delgados hombros en largas cascadas de seda.
-Has sido encontrado culpable por asesinato y robo premeditado y condenado a muerte en la horca mañana al amanecer.- la voz de la joven frente a él rebotó contra todas las paredes de la celda, y detrás de su cuerpo pequeño y menudo, Lucius Malfoy le observó con un gesto de odio en sus finas facciones faciales. -Ahora deseo que tú me digas si realmente quieres morir...
Sus ojos grises se ensancharon...para Hakkai, por aguantármelo todo Oo...
