Yuuri Katsuki y Viktor Nikiforov del anime Yuri on Ice! pertenecen a Kubo, mientras Apolo y Jacinto pertenecen a la mitología griega.

El mundo estaba en constante cambio, y vaya que él podía notarlo. Incluso podría enumerar esas diferencias y nunca acabar, aunque ahora que lo pensaba con detenimiento ¿él había cambiado algo con el pasar del tiempo?
Tal vez. Tal vez no. Aún seguía adorando escuchar a los mortales hacer música, aun se deleitaba con las muestras de arte que podrían producir, aun se sentía revitalizado al salir el sol. Pero las personas que claman su nombre habían prácticamente desaparecido. De ser algo tan real ahora era un mito, él, su hermana y sus tíos y primos, incluso algunos de sus hijos más famosos.

Pero seguía allí, no se había desvanecido como algunos de los más viejos dioses y titanes, tal y como le pasó al viejo Helios. De hecho, era de los dioses más influyentes, lo había sido en cada renacimiento de la cultura helénica, pues los mortales no dejaban de tener una fascinación por su belleza; puede que Alejandro Magno ya no acudiera a Delfos para las consultas donde su adorada pitonisa le anunciara la victoria rotunda a sus campañas, donde heredaría el mundo y traería grandeza a donde quiera que posara sus ojos, ya que ahora acudían a esos oráculos donde calculaban probabilidades sobre finanzas; pero Apolo seguía seduciendo a todos con sus viejas hazañas.

Acudían a museos a delinear con la mirada los trazos suaves con los que los escultores trataron de representarlo, de representar su vida tratando de atrapar en sus brazos a Dafne, o leyendo los maravillosos versos de Ovidio. El ideal del hombre griego, el canon de la belleza masculina clásica. El culto a su deidad había cambiado, las historias de sus amores y hazañas se habían tergiversado con el pasar de los narradores y años, o tal vez él ya no recordaba exactamente como fue pasaron, pero a estas alturas poco podía quejarse, ya que podía decirse que permanecería de alguna forma en boca y en los libros de muchos.

Las vestiduras mortales que había adoptado esta vez estaban dentro de los distintos cánones de belleza actuales, las miradas "sutiles" que hombres y mujeres le daban una idea del agrado que había por su apariencia. ¿Qué decir? Siempre le había gustado llamar la atención, algo que su hermana Artemisa continuaba recriminándole a pesar de los milenios, solo conservando los ojos azules que gritaban las cosas que había visto si se detenían a mirarlos con atención; pues hasta el nombre mortal que ahora daba al presentarse era otro. Viktor Nikiforov.

¿Ya había dicho que seguía deleitándose con el arte? Las musas aún seguían inspirando a los mortales, susurrando a sus oídos nuevas formas de desarrollar la belleza artística. Por eso ahora estaba en camino a tomar su lugar en las gradas de ese centro deportivo de patinaje, dando un vistazo a su cabello plateado pulcramente peinado al captar su reflejo en una de las puertas de cristal.

El deporte siempre había traído consigo la belleza del movimiento del cuerpo humano, y él lo había apreciado mucho, además del sentido competitivo que los atletas desarrollaban, algo que no era muy diferente a lo que conocía de los juegos píticos. Pero el patinaje artístico había fusionado lo mejor de ambos; había pasado algún tiempo en el que algo no lograba quitarle el aliento, pero en cuanto vio los saltos y piruetas que las patinadoras lograban hacer en la pista no dudo en esperar a ver los programas masculinos. Siempre le ocurría así cuando detenía su mundo al ver el patinaje. Y entonces allí fue donde lo vio.

De repente ya no estaba sentado en ese incomodo asiento, rodeado de mortales con pancartas alentando a Yuuri Katsuki, gritando su nombre tratando de infundir valor al muchacho que se paraba con garbo en medio de la pista de patinaje, tal y como antaño los griegos ovacionaban el aristós achaion cuando Aquiles se presentaba en medio de la batalla en las playas de Ilión; porque ahora estaba en uno de los campos de Esparta mirando los cálidos ojos marrones de Jacinto.

Había visto pasar tantas vidas mortales, algunas de las cuales ni por asomo recordaba sus nombres, y sus rostros eran borrones que se desgastaban cada vez más, como las rocas que antes sostenían sus templos; pero no había momento en que no recordara a sus amores, esos que verdaderamente habían dejado una huella en su interior. Aquellos que le habían dado LifeLove a su existencia inmortal.

Pero esto era distinto; las moiras estaban jugando con su cordura al dejarlo ver de nuevo esa mirada, la misma que lo había cautivado con su ingenio al enseñarle las artes que se impartían en la palestra, allí donde se hacían los héroes y príncipes.

Este joven, Yuuri Katsuki, parecía crear música con cada movimiento de su cuerpo al deslizarse sobre el hielo, justo como antes Jacinto creo bellas melodías al pasar sus níveos y gráciles dedos por las cuerdas de la lira; la fuerza y destreza al blandir la lanza era la misma para impulsarse para los saltos; así como la mirada llena de concentración y paz al hacer una Ina Bauer, le recordaba al príncipe espartano al mirar la diana con la flecha preparada en su arco.

Todo estaba siendo un bombardeo de sensaciones y emociones intercaladas con recuerdos de pequeños detalles que hacía milenios que no recordaba, pequeños gestos que se le antojaban eran los mismos, pero eso era imposible.

Él había arrebatado de las manos de Hades el alma de Jacinto, encerrándola en esa flor purpura que aún nacía de forma natural en Delos, su isla de nacimiento, junto con el laurel, el ciprés y el girasol. Incluso Hermes había bromeado una vez en que tenía su propio invernadero a base de sus amantes. Jacinto había sido el LifeLove que más le marcó, viviendo de forma física en una flor, pero ahora su mente o las moiras le habían tendido una emboscada. Ese patinador era la reencarnación de su Jacinto.

Ese entrecejo fruncido al no rotar lo suficiente se sumaba a las pruebas. Ese ímpetu con el que terminó su rutina, mirando al cielo. Fue hasta las notas finales de la música que se dio cuenta que tenía las manos hechas puños, que había estado conteniéndose para saltar a la pista al menor momento de peligro. Ese mismo miedo como cuando Céfiro desvió el disco directo a la cabeza de Jacinto se había hecho presente hace un momento, a la espera de que el viento del Oeste hiciera su aparición. Tal vez lo hizo, pero de forma distinta esta vez, ya que parecía impulsar el cuerpo del patinador, ayudando a elevar la gracia en sus movimientos, moldeando y jugando con su figura, aunque a veces parecía que el mismo Yuuri se oponía y hacía frente a éste.

Qué envidia le tenía al entrenador que ahora lo recibía con un abrazo. La forma en que se apoyaba en él a la espera de las puntuaciones, recibiendo sus consejos y críticas con atención. El ojiazul quería estar en ese lugar. Quería probar si en verdad tenía frente a si al mismo Jacinto, tal vez de alguna forma las raíces de su alma habían logrado beber las aguas del Leteo, y así estar ahora en el cuerpo de Yuuri Katsuki.

¿Qué pasaría si le diera de beber las aguas de Mnemósine? ¿Correría a sus brazos de inmediato? ¿Lo reconocería al mirarlo a los ojos?

─¿Quieres una foto?─Le había preguntado el patinador al comprobar que lo miraba con insistencia, notando como se sonrojaban sus mejillas de forma muy diferente al producido por la agitación de su rutina de patinaje. Y allí estaba una pequeña diferencia de Jacinto, un príncipe acostumbrado a la adoración de la gente, que se deleitaba por haber atraído la mirada del dios del sol, ya que, ahora mirando de cerca, Yuuri podría tener su alma escondida, pero era un nuevo enigma resultado del pasar de los años, así como Viktor Nikiforov tenía nuevas y distintas perspectivas a lo que fue alguna vez Apolo Febo. Los milenios no pasan en vano, pero…

¿Él había cambiado algo con el pasar del tiempo?

Tal vez. Tal vez no. Porqué aún estaba dispuesto a perseguir las dos palabras de las que había carecido por milenios, LifeLove, y que Yuuri Katsuki le ofrecía con una corona de laurel en su cabeza, una sonrisa y una medalla dorada colgando en su cuello, mientras él le ofrecía una flor de Jacinto ante la mirada atónita del patinador.

Soy fan de la mitología griega, y Apolo es mi dios favorito. Hace tiempo ocupaba el personaje en juegos de roleplay, y pensé que lo tenía olvidado, hasta que esta semana me llegó un flechazo de inspiración, la cual es extraña porque tenía un Otamila en borrador además de algunos Solangelos

De hecho en cuanto vi a Viktor y JJ no pude evitar pensar en Apolo, y si le sumamos un shipp gay, bueno, aparece de inmediato Jacinto, siendo mi segunda shipp mitológica favorita, después de Patroquiles xD y de inmediato pensé en Viktuuri.

Algunas palabras, nombres, etc. provienen, como era de esperarse, de la mitología griega y que se puede encontrar de inmediato en Wikipedia XD Así que solo haré notar que Ilión era otra forma de referirse a Troya, así como aristós achaion es "el mejor de los aqueos o griegos" y era como llamaban a Aquiles, siendo el mejor guerrero, algo así como una celebridad. El río Leteo fluye en el Inframundo, y era el río del olvido, por lo que si alguna alma podía alcanzar la reencarnación, debía de beber de sus aguas, mientras que bebiendo de Mnemósine ocurría lo contrario al poder recuperar sus recuerdos. Bueno, este fue mi aporte al fandom, gracias por leer.

Varne Anarion.