Disclaimer: Ninguno de los personajes de Vocaloid me pertenece ya que son propiedad de la compañía Yamaha. Si fueran míos, no estaría escribiendo fanfics sino sacando al mercado más Vocaloids masculinos.

"雪月花SETSUGETSUKA"
VOCALOID

Capítulo I.

"Promesa de protección"

"Kagome, Kagome…kago no naka no tori wa…itsu no itsu deyaru"

Kaito abrió los ojos de inmediato. Incorporándose con dificultad, se llevó la mano izquierda a su pálido rostro empapado en sudor a pesar de haber sido una noche fresca. Respirando agitadamente, Kaito descubrió que seguía en su habitación, sus cosas estaban donde las había dejado anteriormente y que ya era de mañana.

Se puso de pie como pudo para abrir la puerta corrediza; estaban en pleno otoño, donde las hojas de los árboles caen de las ramas dejándolas desnudas pero cubriendo el suelo de tonalidades ocres; un bello espectáculo sin duda. Kaito se estiró al mismo tiempo que bosteza ¡por fin pudo descansar!

— ¡Buenos días, Kaito-dono!

Frenta al joven estaba Kamui Gakupo, su alegre capitán de escuadrón. Era mayor que Kaito por unos tres o cuatro años pero poco se notaba en su rostro fino, decorado por un par de ojos azules que iban a juego con su larga cabellera morada y atada en una coleta alta. No llevaba espada por lo que Kaito encontró cero razones para alarmarse.

—Buenos días, Gakupo-san. ¿Aún no nos requieren?

—Por el momento no. Kiyoteru-dono está haciendo todo lo diplomático posible para que acepten nuestros términos pero tal parece que quieren recurrir a la violencia.

¡Violencia! Kaito estaba enfermo de esa palabra. Llevaban cerca de tres meses peleando contra el gobierno en una especie de revolución, exigiendo menos tiranía y agresividad contra la población. Desde que los extranjeros llegaron, todo se volvió más difícil por lo tanto lo único que quería el grupo revolucionario es que se fueran. Aunque no lo hacían por la población en general sino cada uno tenía su propio ser para proteger: para Kaito era su prometida, Hatsune Miku y para Gakupo, su pequeña hermanita Gumi. Incluso Kiyoteru tenía que proteger a su hija Yuki. Kaito se había unido con la esperanza de que las cosas se calmaran pero por el momento había cero propuestas de mejora pues un tal Leon les estaba haciendo la vida imposible incluso se atrevió a herir a uno de los mensajeros que enviaron.

— ¿No conocen otro camino, verdad?

—Parece que no. Y ya tienen su siguiente blanco: Kagamine Rin.

El muchacho de cabello azul abrió sus ojos en señal de sorpresa. ¿Kagamine? ¿Kagamine Rin? Aquellos extranjeros se estaban metiendo en terrenos muy peligrosos pues la familia Kagamine era una de las más prestigiadas e influenciables en lo que respectaba al gobierno. Incluso que ahora se atrevieran a querer atacar a su heredera.

—Tenemos que protegerla—expresó Gakupo, llevándose una mano a la barbilla—. Esa pobre chica es muy joven para morir.

—Tú espera a Kiyoteru-san, yo iré a sacarla de ahí. Podemos mantenerla a salvo por unos días y después la enviaré con Miku.

—Kaito…—el plan sonaba absurdo y arriesgado pero a Gakupo no le quedó otra opción más que aceptarlo—. Ten cuidado…

Kaito asintió. Cogió su espada y se la amarró a la cintura, acomodándose de paso, la hakama. Tanto Gakupo como Kaito pertenecían a un escuadrón de samurais que a su vez estaba en manos de aquellos revolucionarios quienes, radicalmente, se negaban a la idea de ser dominados por extranjeros. El emperador Yamaha había fallecido y el consejo estaba haciendo lo que querían con todo, ahora deseando vender el lugar a un pequeño grupo de ingleses liderados por Big Al o un hombre de apelativo similar. La mayoría de la población se negaba a dicho cambio por lo que los extranjeros tomaron medidas extremas, tratando de someter a todos por la fuerza y destruyendo las familias más importantes; la familia Sakine, hogar de Meiko (amiga de la infancia de Kaito), había sido arrasada dejando pocos sobrevivientes.

Ahora estaba en las manos de Kaito el proteger a la familia Kagamine. Se encaminó sigilosamente hasta la mansión cercana al río, donde no le costó mucho infiltrarse pues sólo tuvo que saltar la pared blanca del lado de la costa donde no había nada de vigilancia. No le gustaba entrar de esos modos a las casas pero si trataba de ser cortés como Kiyoteru lo era la mayoría de las veces, tendrían muy pocos progresos porque a veces la gente llega a ser muy testaruda. Él sabía que la familia Kagamine no lo iba a escuchar así que mejor hacer todo ilegalmente. Ya después pediría perdón.

Se infiltró sin problemas. Recargándose un poco en la pared para vigilar que no hubiera moros en la costa, alcanzó a divisar un cabello rubio siendo cepillado por una mujer. Suponía que era Kagamine Rin y su dama de compañía. Caminó unos cuantos pasos hasta quedar cerca de aquel cuarto, considerando que esperar a que la mujer de pelo rosado saliera era lo mejor. No tardó mucho en dejar a la rubia sola entonces Kaito aprovechó para entrar sigilosamente y posarse atrás de Rin.

Al notar un reflejo en el espejo, la noble iba a gritar.

— ¡Luk-…!—Kaito le tapó los labios justo a tiempo.

—Tranquila señorita, la voy a sacar de aquí—le explicó apresuradamente—. Hay gente mala que desea asesinarla.

La chica asintió. El miedo la dominaba. El samurai de pelo azul la cargó cual costal de papas, haciendo que ella se sintiera incómoda y protestara.

—Pero ¿¡qué clase de degenerado es usted!

—Lo siento, pero es que así es más cómodo por si se presentan…

— ¡Suelte a la señorita, ahora!—frente a Kaito estaba la misma mujer que peinaba a la chica Kagamine. Blandía una Wakizashi, es decir una espada corta, y su mirada estaba enfurecida.

—…problemas—terminó de decir él. Suspiró, intentaría razonar antes de lastimar a gente que nada tenía que ver y menos a una mujer—. Mira, no planeo secuestrar a la señorita Rin, sino protegerla. Leon ha enviado una asesina para encargarse de…

— ¡Pues que venga!—exclamó con valentía—. Soy perfectamente capaz de proteger a la señorita Rin.

—Entonces protégela—le dijo la chica en los hombros de Kaito. Si Luka, la guerrera, pudiera haber visto su rostro de seguro habría notado una sonrisa.

Kaito no comprendió este detalle, pero tampoco le importó. Aprovechó la distracción de Luka para salir corriendo con la noble Kagamine en brazos. Ya una vez que se hallaron seguros, Kaito intentó entablar una conversación amistosa en lo que llegaban a la base.

— ¿Cuántos años tienes?—expresó torpemente en su desesperación por deshacer el incómodo silencio.

—Catorce.

—Vaya, ya estás en edad para casarte—bromeó Kaito. Ella lo miró con repugnancia y superioridad.

—No me pienso casar contigo.

— ¡Ah, no! Yo ya tengo a mi prometida, Miku. Nos casaremos en unos meses.

—Pues, felicidades—exclamó la noble, aunque con un tono que hizo saber al espadachín que poco o nada le importaba lo que tuviese que decir. Eso hizo a Kaito desistir de sus deseos por entablar conversación alguna.

Cuando llegaron al templo que servía de cuartel general para los samurais, Gakupo los recibió bastante aliviado. Kiyoteru también ya se encontraba en el lugar, sonriendo como siempre; despreocupado y con ese aire paternal que siempre portaba. Apenas Kaito se acercó, el mayor le dio un fuerte coscorrón en represalia.

—No vuelvas a irte solo, es peligroso.

—No volverá a pasar, Kiyoteru-san—aseguró Kaito—. Traje a Rin conmigo.

Gakupo se agachó hasta la altura de la pequeña Kagamine, le colocó una mano sobre la cabellera rubia y la agitó, despeinándola en el proceso. Ella se trató de peinar cuando el de cabellos morados dejó en paz su cabeza.

—Ahora, exijo una explicación.

—Bueno, verá señorita…—comenzó a decir Kiyoteru, no obstante Kaito lo interrumpió.

Kaito observó bien a la adolescente frente a él. Usaba un tocado de flores rojas en el pelo que combinaban a la perfección con su kimono del mismo rojo aunque éste tenía detalles dorados y una manta blanca le cubría los hombros. El obi era de color amarillo y los pequeños adornillos que sobresalían eran del tono del oro.

—Con esa ropa llamas mucho la atención. ¿Por qué no te das un baño primero? Tenemos cosas por aquí que te puedes poner…

— ¡DEGENERADO!—se ofendió Kagamine, clavándole sus ojos azules.

— ¡No, no, no!—se disculpó Kaito—. Y-Yo decía…mira…hay una chica que te puede ayudar. Quédate aquí y yo la iré a llamar.

Gakupo y Kiyoteru intercambiaron miradas. En confidencia, Kiyoteru le susurró algo a Gakupo a lo que éste se mostró sorprendido.

— ¿Eh? ¿Es en serio?...

—Parece que ni tú ni Kaito-san lo notaron. En fin, dejemos que Kaito-san lo descubra solo.

Antes de que pudieran comentar algo más, Kaito llegó acompañado de una mujer alta, de aspecto rudo ya que su cabello castaño estaba corto y sus ojos rojos denotaban una gran energía.

—Mira Meiko, ella es Rin Kagamine. ¿Por qué no la ayudas a ponerse ropa más discreta?

Meiko la observó bien. Sonrió satisfactoriamente al mismo tiempo que con dulzura, colocaba una mano sobre su espalda.

—Vamos, no seas tímida. Te llevaré a los baños.

Alejándose las chicas, Kaito dio un suspiro de resignación y se dedicó a acompañar a los otros dos hombres para que Kiyoteru diera un recuento de lo que pasó durante su visita a Big Al. Él les explicó que Big Al no lo recibió directamente sino que habló con una mujer llamada Miriam quien presumía ser la administradora del extranjero. Ella le aseguró que su jefe no tenía interés alguno en vender las tierras ni echar a la población, que eran rumores falsos que el gobierno japonés estaba corriendo aunque cuando Kiyoteru preguntó por la masacre de la familia Sakine, ésta no supo como responderle y le corrió.

— ¿Qué piensas, Gakupo-san?—preguntó Kiyoteru al finalizar su crónica.

—Hay que esperar a que hagan más movimientos. Por el momento dejemos la diplomacia y dediquémonos a la protección de los ciudadanos.

Estaban por abrir una botella de sake cuando Meiko entró a la habitación. Sus ojos rápidamente se clavaron en el sake pues era su gran vicio.

— ¡Ah! Iban a comenzar a beber sin mi…—como llevaba unas ropas en los brazos, las colocó en los de Kaito—. Ve a dejarle esto a Rin. Yo beberé en tu lugar porque a ti ni te gusta. Prefieres el helado.

—Eso es cierto—suspiró Kaito, poniéndose de pie. De pronto, se sonrojó y se detuvo antes de salir—. ¡Espera! ¡¿Por qué yo? Me volverá a decir degenerado…

—Ah, descuida, está presentable—le aseguró Meiko, sirviéndose del líquido transparente.

Kaito le creyó, dispuesto a ir a dejarle las ropas a Rin. Cuando arribó a los baños, sólo se percibía un humo debido al agua caliente. El de cabello azul logró traspasarlo y llegar hasta donde "Rin" estaba desnuda, echándose agua a la espalda. Kaito mostró sorpresa inmediata aunque sus ojos se posaron en la entrepierna de "ella". Había algo ahí que no debía…

— ¡AHHHHHHHH!—gritó bastante impactado, tirando la ropa y retrocediendo unos pasos—. T-t-t-t-t-t-tú….e-e-e-eres… ¡Tú eres un hombre!

—Así es, soy Kagamine Len. El hermano gemelo de Rin.

El rostro de Kaito era imposible de describir.

Fin del capítulo I.

Nota de autor: ¡Hola! Soy Nekinu. Sé que este fanfic tiene una temática muy diferente a los demás y la verdad es que no sé que decir *risas*. Todo eso de los samurais nació tras ver el video de Setsugetsuka y jugar Hakuouki como loca, que poco me faltó para poner que Kaito estaba en el Shinsengumi *más risas*. Espero que les haya gustado, se agradece que dejen comentarios para ver que les pareció.