Nota: Este fanfiction de KnM no es mío sino de la autora "Karin Volphied" y yo sólo lo subo a Fanfiction Punto Net para que más gente lea esta excelente historia.

Disclaimer: Todos los derechos pertenecientes a este fic corresponden a la Autora "Karin Volphied" y los personajes corresponden a sus legítimos dueños.

Un fanfic con un sólo objetivo: entretener a los lectores.

Título: Me haces tanto bien…

Nota I:

Camina con desesperación por el patio central del campus, esta mañana el reloj despertador no toco su acostumbrada melodía y acostarse de madrugada no le ayudaba en ningún caso para este día, el día de su presentación final, siendo su última posibilidad de salvar la materia. Mira su reloj de pulsera, tan sólo le quedan dos minutos para que comience la clase y ella está muy lejos de su destino. Sin embargo apresura sus pasos, llegando hasta la puerta de la sala de clases justo a tiempo y sin contratiempos, con asombro mira la despreocupación de sus compañeros, pues aún su profesora no ha llegado.
Respirando con más tranquilidad, camina hasta su asiento dejando caer su bolso a un costado, pero tratando con sumo cuidado su óleo.

-Tienes suerte Himeko- Una voz la despierta, pues tanto esfuerzo físico hizo mella y tuvo que recostar su cabeza encima de sus brazos.
-¿Ah? Sí, eso creo
-Pero creo que no era necesario que corrieras tanto, sabes como es esta maestra sustituta, la puntualidad no es una de sus características.- Le dijo alentándola de alguna manera su compañera de intercambio Han Reika, que provenía de la República Popular China.
-Lo sé, pero no puedo reprobar, mi beca está en juego, así que no quise confiarme de ese detalle.- Dejo nuevamente descansar su cabeza encima del escritorio.
-Como tú digas, pero no creo que repruebes, no creo que sea de esos maestros.
-Es verdad, pero uno nunca sabe.- No pudo enfocar a su compañera, pues aún esta cansada con la gran corrida que realizo.

Aunque las palabras de su compañera resumían casi totalmente a la profesora de reemplazo, nada puede estar seguro, no cuando desconoces la verdadera personalidad de esta particular maestra, y eso estaba por darse a conocer en algunos minutos.

Deteniendo su automóvil sin ninguna delicadeza, sacó las llaves y cerró la puerta con furia, no antes de retirar su portafolios. Colocándose las gafas oscuras, se encamino hasta el edificio donde da las clases a esta hora de la mañana. Sin saludar a ningún colega y menos a los alumnos que aparecían en su camino, llego finalmente hasta el salón 4, abriendo con ira la puerta. Notando el ruido extraño, los estudiantes de inmediato vuelven a sus asientos, este día no será como los otros.
Deja caer pesadamente su portafolios, y retira de mala gana sus gafas, pues la necesitaba con urgencia, pero por normas de la institución, le prohibían que dictara sus clases con cierta informalidad.
Los alumnos se miraban extrañados de aquel inusual comportamiento de esta maestra que se ha mostrado cercana a ellos durante estos dos meses de reemplazo, todos se preguntan que le pudo haber sucedido para que entrara iracunda al salón. La razón es simple y compleja a la vez, esta mujer de veintiocho años, aparte de ser una amante de las artes, pues es una amante con todas las definiciones que salen en el diccionario a ella le gusta la pasión y le gusta recibirla, pero cuando se siente satisfecha y eso que ella no dejo de intentarlo, pero cuando tu compañera no te da a cambio lo que mas ansias, pues obtiene estos resultados catastróficos para este grupo de estudiantes que se imaginan cómo será estas largas dos horas de clases

-No voy a perder mi tiempo pasando la lista, así que sólo nombraré al primero para que se presente y exponga su trabajo, como ya están grandes, saben como va el orden, así que no me hagan perder mi tiempo, pues tendrán sus consecuencias.- La mujer de cabellera azulada y ojos semejantes al más fino y mejor pulido zafiro, irradia una aura de energía fría y espeluznante, su nombre Himemiya Chikane.

Cuando el primer alumno se presentó y expuso su trabajo, tomaron el verdadero peso de las palabras de la malhumorada profesora, pues ellos consideraban que su pintura era sencillamente fabulosa, pero la calificación que obtuvo fue lo suficiente para aprobar, a los alumnos les inundó un pánico indescriptible.

Los minutos avanzan y una nerviosa Kurusugawa Himeko espera su turno, no sabe exactamente que palabras emplear, tiene que ser directa y a la vez sencilla, pues discursos elaborados tampoco han tenido éxito.
Sus manos están bañadas de sudor, su corazón late a prisa y su boca está seca, frente a estos síntomas de nerviosismo tiene la seguridad que fallará, pero no puede darse por vencida, no cuando aún no lo ha intentado. Escucha perfectamente la nota de su compañero, al menos las últimas notas están dentro del rango de la aprobación, espera que la suerte sea bondadosa con ella, además de sentirse segura que realizó un trabajo excepcional.
Parada frente a sus compañeros y frente a la aguda mirada de la molesta profesora, comienza a describir algunas técnicas y la inspiración de aquel cuadro que se representan dos figuras femeninas tomando la mano de la otra en una invitación, pues una de las protagonistas está sentada en el verde césped. Se aprecia claramente como una gran árbol y cientos de rosas adornan la situación.
La imagen en si transmitía mucho, los alumnos quedaron observando la pintura por largo tiempo, pero la profesora parece pensar lo contrario.

-Insuficiente, puedo notar que varios elementos estuvieron ausentes y la imagen quedó saturada, así que Kurusugawa-san, déjeme decirle que está reprobada.

Las últimas palabras dejaron a Himeko estática, su corazón latió más apresuradamente y en sus ojos se mostraba un brillo, ese que antecede a las lágrimas. No supo a ciencia cierta como fue que consiguió caminar, pero ya está en su asiento con la cabeza inmersa entre sus brazos, pues la angustia fue más fuerte que su razón y aquellas lágrimas brotaron sin control.

La clase terminó, pero en la mente de la joven estudiante de arte, las palabras resonaban y aún no encontraba una solución, pues es su futuro es le que está en juego.
Dejando pasar las siguientes clases de ese día, espero inquieta la hora en que su jornada termina. Esta vez, no iría a su casa inmediatamente, antes de eso pasaría por las oficinas de los maestros a solucionar su grave problema.
Sin embargo tendría que esperar, pues no era la única que se le había ocurrido conversar con la maestra Himemiya-san, así que tendría que quedarse ahí mientras sus compañeros entraban y salían de esa oficina.

El tiempo en que atendía a cada alumno es variable, algunos ni siquiera alcanza a cerrar la puerta cuando ya Himemiya-san lo está echando. Ver esas escenas, el nerviosismo de Himeko aumenta, sin embargo sabe que se está jugando algo sumamente importante, como lo es su beca, para retenerla está dispuesta a hacer cualquier cosa. Pero no sabe que tan cierto puede ser ese pensamiento.

Con su óleo en la mano derecha y su bolso en su otro brazo, camina con seguridad los escasos metros que la separan de aquella oficina arreglada son elegancia y estilo, mientras ve a su profesora con un par de cristales adornando su rostro, de esta forma pareciera que la ira de esta mañana ha desaparecido, pero no es el momento de caer en especulaciones.

Con un pequeño golpe en la puerta, su calificación ya está decidida, es ahora cuando tendrá que aceptar las condiciones que le imponga Himemiya Chikane.

-Permiso- Tímidamente camina algunos pasos cerrando la puerta tras de sí y queda de pie enfrente de su profesora, quien está detrás de un escritorio.
-Adelante, tome asiento.- Habla con calma y su tono de voz es el de siempre.
-Gracias.- Se queda en silencio en un intento de ordenar sus ideas y para calmar su nerviosismo
-No tienes que decirme a lo que vienes.- Se adelanto la profesora.- Ya han venido todos los reprobados, creo que tú eres la última.
-Sí, a eso vengo, quiero pedirle una nueva oportunidad, pues no puedo reprobar ninguna asignatura, mi beca estaría en peligro y si eso llega a suceder mi estancia en la Universidad se terminaría, por eso estoy dispuesta a hacer lo que usted me pida.- Himeko en verdad no determina el peso que tiene su última frase, pues no sabe en verdad como es la personalidad de Himemiya Chikane.
-¿Está segura de sus palabras, Kurusugawa-san?- Enarcó su ceja derecha.
-Muy segura.- No lo estaba pero tenía que fingir, ahora sospecha de la actitud de la persona que tiene en frente.
-Ya veo, así que así de importante es su beca, como para aceptar cualquier trato que le diga.- Descansa su espalda en su asiento de cuero negro, mientras que sus manos se entrelazan a la altura de su mentón.
-Sumamente importante, no quiero que el sacrificio de mis padres sea en vano, así que haré cualquier cosa que usted me pida.- Una vez más las palabras de Himeko alientan a esta profesora, pues lo ocurrido en la noche y madrugada de ayer aún la tiene mal, y esta conversación o más buen dicho trato sería la solución a su problema.
-Esta bien, pero lo que le pediré no puedes comentarlo con nadie, sino ya sabes la consecuencia.- Se levanta de su silla, tiene que asegurarse de que nadie la moleste y ninguno de sus colegas se entere de lo que está a punto de suceder. Con el seguro de la puerta vuelve a su lugar, pero en vez de sentarse se queda de pie frente a Himeko que la mira con extrañeza.- Ponte de pie.- Le pide, rápidamente la estudiante le obedece.
Mirándola detenidamente, Himemiya Chikane aprecia con mayor detalle el cuerpo de la joven de dieciocho años, nunca antes la había tenido tan cerca, así que no había podido admirar la figura de la joven, con su buen ojo para admirar y reconocer la belleza, le pide que se de una vuelta, pero lentamente, con eso le bastaba, al menos iba a conseguir calmar un poco esa frustración, pues la joven es muy agraciada, pero espera que también sea bueno en aquello.

-Me has dado tu palabra, no tienes palabra, no aceptaré que después me pidas que rectifique lo que quiero, pues no lo haré y la única perjudica serás tú.
-Ya se lo dije, es importante que siga con mi beca, no me negaré a nada.- La joven mira con nerviosismo, pues la mirada de la maestra a cambiado, algo indescifrable para ella.
Sin preámbulos, ni palabras bonitas los labios de Himemiya-san se apoderan de la joven estudiante, la que abre sus ojos de par en par, cuando sus manos se fueron instintivamente a los hombros de la hermosa mujer, recordó sus palabras y ahora estaba comprendiendo lo que le pediría la maestra, pues suponía que un par de besos no estarían más. Cuando comprendió que el beso ganaba profundidad, sutilmente separo sus labios para dejar entrar a la hábil lengua, la que rápidamente se entrelaza con la suya y que empieza danzar de manera sensual con la suya.
Pese a su edad Himeko es una de las pocas jóvenes que solo han besado, pues por conversaciones con sus compañeras en los minutos de descanso que tiene entre clase y clase se ha enterado de la vida sexual que lleva la mayoría de ellas, en un primer momento se sonrojo mucho con esas conversaciones, pero poco a poco se ha ido acostumbrando, no le quedaba más remedio.
Como el beso está siendo intenso, la profesora, rodea la cintura de la joven y la apega a ella, mientras que Himeko, las manos que descansaban en sus hombros, se movieron para entrelazarlas por detrás del cuello de Chikane. En su interior sintió miles de nuevas sensaciones distintas, toda de ellas le agradaban, el beso está siendo mucho mejor de lo que alguna vez se espero, ya la saliva se desbordaba de sus bocas, ya están saliendo los primeros gemidos, el calor de sus cuerpos van en aumento.
En un movimiento rápido, Chikane apoya la espalda de Himeko en una de las paredes, una que no tenía ningún cuadro, así su tarea es más fácil, sus manos recorrían con libertad el cuerpo de la joven, sus movimientos no son ansiosos, mas bien no quiere perderse ningún detalle de ese juvenil cuerpo.

Los minutos avanzan, ya cree que es necesario apagar la llama de su pasión. Apartándose de la joven, que no entendía muy bien porque lo hacía, pues estaba extasiada de esta nueva experiencia, no sabe lo que tendrá que hacer en pocos minutos.
Sentándose nuevamente en su silla, recobra su aliento, para poder darle las instrucciones a su alumna, quien sólo la observa.

-Ven.- Dice a la vez que mueve su dedo índice, reafirmando que tiene que estar cerca de ella, otra vez. Sin responderle camina los pocos paso y se encuentra de nuevo frente a Chikane.
Cuando la joven no sabe que esperar, la maestra se levanta para subir algunos centímetros la falda que trae, para deslizar sus bragas hasta el final de sus pies. Atónita frente a lo que acaba de ver, las mejillas de Himeko se sonrojan aún más y su corazón palpita con fuerza. Levanta su pie derecho para dejar a un lado las bragas que llevan la humedad de su excitación. Se sienta una vez más y descansa sus muslos, en los apoya brazos y levanta sexymente su prenda, dejando en claro lo que le está pidiendo.
-Ehm yo, pues.- Himeko está nerviosa, ahora que sabe las intenciones, no sabe como realizar aquello que le está pidiendo.
-¿No quieres?, pues sino accedes a mi petición pues ya sabe que es lo que sucederá.
-No es eso, es que yo bueno.- Las palabras no salen de su boca.
-¿Entonces?
-Lo que pasa es que yo...- Exhalo fuertemente, para ver si con eso conseguía cobrar valor- Nunca he hecho esto antes.- Lo dijo velozmente.
-Ahh, era eso, pues no te preocupes, es sencillo, no tiene ninguna dificultad, tienes que mover tu lengua de forma parecida a cuando comes un helado, así que es fácil.
Sin creer con seguridad en las palabras de la mujer Himeko, se resigno y se coloco de rodillas enfrente de Chikane, quien espera ansiosa. Cuando se iba acercando a la feminidad de su maestra un aroma nunca antes registrado por su nariz, le pareció embriagador, cuando ya vio con claridad que solo le faltan solo unos centímetros, cierra sus ojos, pues cree que así será más fácil.
Con timidez, con lentitud, con nerviosismo, su lengua va probando la parte más sensible de aquella mujer, en un primero momento, el nuevo sabor no le desagrado, solo es distinto, así que fue haciendo lo que le indica su maestra que habla entrecortado.

-Lo estás haciendo muy bien, Himeko, no te detengas por favor- Chikane ya está presa de la sensación tan reconfortante que es tener un buen sexo.
Himeko aumenta su ritmo cuando la mano de la mujer se deja caer en su cabeza. No sabe muy bien si lo que está haciendo está bien o no, pues no ha recibido ninguna respuesta. Cuando ya cree que perdió su oportunidad, desde la boca de la mujer sale un gemido más fuerte que los anteriores y un líquido descansa en su cara. Sin saber que debe continuar o no, las piernas de la maestra adoptan otra posición a la vez que unas manos, la jalan, ahora nuevamente está a la altura del rostro de Himemiya Chikane, quien no espera más y la besa con furia, un beso con un nuevo sabor.

La nueva experiencia vivida en esa oficina no será olvidada con facilidad, para ninguna de las dos, pero la joven estudiante espera que no se vuelva a repetir.

Continuará…