…Al final…
Capítulo Único.
Ve su mundo caer.
Las cosas están mal desde hace tiempo pero empeoran a cada segundo llevándose consigo todo aquello que conoce y aprecia, la guerra llega hasta posarse a su diestra haciéndolo participe clave, si su clan, usado y desechado al gusto de los altos mandos, gana será su gloria, si pierde todo acaba, ¿Qué necesita hacer para escuchar las voces de victoria?
Está nervioso, preocupado, temeroso, que semejante carga caiga en su hombros a tan temprana edad lo hace ver todo enorme, incomprensible, como acunar sus manos sobre el cauce del rio, levantar las palmas y ver el agua desbordarse entre sus dedos, es el precio, lo que su nombre y familia pide como remuneración por la buena vida que le ha sido dada desde la cuna.
Y ahora está ahí, en medio del campo de batalla con las ropas bañadas en sangre y los pies sobre montones de cadáveres que no distingue entre aliados o enemigos, el llamado llega tarde y la traición a su grupo es inevitable, el enemigo se muestra respetuoso y las condiciones de rendición son claras apenas se ve de vuelta en la ciudad con soldados custodiando todo y los sobrevinientes del clan enclaustrados en busca de soluciones.
Su asenso como ministro le muestra en cara sus responsabilidades, el resto de los lideres han perecido en batalla y no hay nada más que hacer, su clan se salva pero quieren su cabeza para el amanecer.
Permanece en sus dominios, la enorme mansión que toda su vida lo alberga cual prisión es también su última morada, le permiten hacer recuento de daños y enterarse de bajas, heridos y sobrevivientes, su alma descansa al ver entre la última lista los nombres de sus amigos de infancia y el reporte de su estado aunque le preocupa lo hace saber que estará bien.
La luz tenue de la vela y el sonido calmo de la noche tras la frialdad del enfrentamiento le permiten pensar que no es tan malo, que la vida después del amanecer continuara como cada mañana, el sol saldrá, y las aves cantarán, los cerezos florecerán en unas semanas y sonríe melancólico al no podrá ver su belleza una última vez.
Se convence de que el miedo se ha ido, de que está cumpliendo con su deber, de que la seguridad de todos aquellos que lo siguieron, apoyaron y protegieron hasta el último momento es suficiente ganancia tras su partida, si todos están bien…
Los gritos en la entrada lo alertan y el guardia que lo acompaña sale pidiéndole guarde cuidado, sabe quién es y no lo espera, son sus propios camaradas los que le resguardan y cuando ve a Kuroda agitado y tambaleante frente a su puerta sabe que le han dado espacio.
Le pide silencio, es tarde y ya se ha vivido demasiado escándalo en una noche, siente al moreno seguir sus pasos hasta la habitación en que descansa y aprovechando su aparición no pierde tiempo preguntando por el estado de su amigo en común, Seiya no está en las mejores condiciones pero saldrá adelante, lo sabe, ambos lo saben pero tampoco es tema que los tiene ahí.
Es fácil recordar de que va todo cuando los gritos comienzan de nuevo, los reproches, las ofensas, su corazón late con fuerza al escucharlo porque no lo entiende, trata de hacer lo correcto, de ayudarlos y devolver de la única manera que puede lo que se le ha dado pero el mayor no hace más que gritarle y decir cosas que no son verdad.
-No es verdad!
Se escucha a sí mismo vociferar, ¿Qué busca reconocimiento? ¿Qué desea aparecer en historias siendo un héroe? ¿ de dónde ha salido todo aquello?
Los héroes no son como él, no son torpes, atolondrados, cobardes, sus manos tiemblan y su voz se parte entre reclamos, es la última vez que lo tendrá de frente pero no quiere escucharlo, es demasiado, lo golpea y lo reta a largarse, a dejarlo e ir con sus locuras a otro lado, a curar lo que él piensa es residuo de la lucha en la reflexión lejos de ahí, no con él, no en el lugar que dentro de poco se verá manchado con su sangre.
-Hay cosas que puedes decir y no deberían ser dichas!
-Nadie las dice! Así que por eso estoy haciéndolo yo!
Que paré, quiere que se detenga, le grita, le pide se marche y no nota lo alto de sus gritos aun cuando él ha pedido silencio antes, un empujón lo hace trastabillar y el puño en sus ropas lo vuelcan de espaldas, el nombre del moreno saliendo tartamudamente desde su garganta, sus rostros demasiado cerca, sus labios unidos.
Entonces lo descubre, no se ha ido, no había forma que lo hiciera, el miedo sigue ahí, sus ojos se llenan de lágrimas y lo odia, se lo dice a gritos y con molestia, con dolor y frustración a punto de estallar dentro de su pecho.
-Te odio…te odio tanto…
Kuroda suspira envolviéndolo en sus brazos, "Piensa en los que se quedan atrás, en lo que dejarás cuando te marches" lo escucha en su oído, los dedos peinando sus cabellos y sus pulmones tiesos impidiéndole respirar adecuadamente.
Tiene miedo, más que nunca, ambos deben dejar de hablar, la luz de la luna entra libre por la transparencia de las puertas corredizas, y la suavidad de la tela abandonando sus cuerpos acaricia las sensibles pieles en contacto, la noche corre y las vidas que conocen terminan, porque a la mañana siguiente todo seguirá como siempre.
No sabe con certeza en que momento abandona la habitación ni cuando lo cubren con la prenda blanca que será su último traje, el jardín está lleno de testigos y sus piernas dobladas sobre la acolchada superficie que le sirve de asiento, la afilada hoja en el soporte de madera frente a sus ojos, a unos centímetros de ser alcanzada por sus dedos.
La angustia se ha disipado casi por completo la imagen de la noche anterior aparece en su mente queriendo ser su última memoria, el viento sopla levemente removiendo sus cabellos y trayendo consigo la frescura de la mañana, el escenario no le pinta tan mal, mira a los superiores a quienes entregará su vida ordenadamente como espectadores, a su lado el kaishiyaku* lo observa con reserva y resignación lo conoce apenas de vista y lo identifica como el hijo de uno de sus oficiales muertos en combate, es amable y dedicado y le agradece el gesto ante la ausencia de un familiar o un amigo cercano que cumpla con el cargo.
El joven lo reverencia y siendo su labor le aproxima el wakizashi*, Tsukishima lo toma con ceremonia y acaricia el filo con los dedos viendo su reflejo en él, sonríe viendo la claridad en sus pupilas, la paz y levanta la vista encarando a los testigos.
-Yo, estando a cargo de los actos de mi clan me hago responsable de las consecuencias que estos acarrearan. Por ello y mediante este servicio les pido a los presentes me hagan el honor de ser testigos de mi muerte.
El silencio inunda el lugar, incluso el sonido del viento y las aves parece cesar, el tiempo de estira mientras las mangas de la prenda se deslizan dejando su torso desnudo, como es costumbre su mano libre envolviendo cuidadosamente la tela bajo sus rodillas.*
Empuña la daga dando la imagen de concentrarse por última vez, no sabe lo que lo incita a hacerlo pero sus verdes pupilas suben una vez más a la multitud y está ahí.
Sus dedos tiemblan como horas atrás, ahí asomado ligeramente tras la muralla de piedra, a espaldas de todos y cada uno de los presentes, no puede verlo, no así, no quiere que lo vea, que lo último que recuerde de él sean sus entrañas saliendo de su cuerpo y su cabeza cortada desprendiéndose de su cuello.
Quiere pedirle que se marche, que de algún modo sus pensamientos lleguen a él y como si algún dios en los cielos lo escuchase un fuerte viento lo remueve todo, siente incluso su espalda ser empujada levemente como intentando acercársele, lo ve en sus pupilas, la seguridad, la resignación, el amor.
Lo entiende, no es eso lo que recordará de él, Kuroda no está ahí en un gesto masoquista, está ahí por él.
La sombra rosácea se cruza en su campo de visión y sonríe, sabe que no es temporada, no tienen porque y ahí están, aun así los ve, los pétalos de cerezo cubriéndolo como lluvia suave, escucha los jadeos y ve de reojo las expresiones incomodas, sabe que el filo ha atravesado su vientre y que la sangre comienza a bañar sus piernas, no hay dolor, lo único en su mente es el moreno y sus ojos fijos en él, el dulce olor de las flores lo inunda y el agudo latigueo del metal en el aire ensordece su final.
La cabeza cae rodando en el pasto y el verdugo se inclina en reverencia por el superior caído, Kuroda mira al cielo sin nubes escuchando vagamente el movimiento final de la ceremonia, sus pensamientos perdidos difuminándose en una especie de inconsciencia. Las ramas del cerezo están vacías, después de todo aun no es temporada.
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La luz amarillenta entra por las ventanas abiertas, el lugar es frecuentado apenas por algunos estudiantes y aprovecha el silencio para relajarse.
La pasta gruesa del libro entre sus manos, la historia lo apasiona entre las letras plasmadas en las cientos de hojas de cada ejemplar, acaricia la superficie sujetando el tomo con una sola mano, los pies de puntillas para volverlo a su sitio.
El estante es alto y el demasiado pequeño, un brazo largo se extiende sobre su cabeza y el lomo del libro es empujado hasta quedar recto en su sitio, suspira agradecido y se vuelve para devolver el gesto.
Aquel cabello negro y esos ojos marrones, sus latidos enloquecen sin saber porque asustándolo y la palma de su mano va a parar a su pecho.
La vida llega de nueva cuenta y las almas vuelven a un mismo sitio en otro tiempo, afuera los árboles desprenden las pequeñas flores rosas, las risas de los estudiantes y el amargo de un pasado con sabor a muerte esfumándose en un nuevo encuentro.
FIN
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*Kaishiyaku: Equivalente a "verdugo", es el que se encargaba de cortar la cabeza de aquel que se practicaba el seppuku, solía ser algún familiar o amigo cercano.
*Wakizashi: Los samurái solían cargar con 2 espadas, esta era el sable corto de unos 24cm aproximadamente.
*Esta acción se daba para impedir que el cuerpo sin vida se fuese de espaldas ya que todo noble japonés debía morir cayendo hacia adelante.
Estas notas salen de "Bushido. El arte de la guerra de los samurái" pequeño libro que reúne pensamientos y normas que seguían los samurái, lo leí recientemente y es muy breve y conciso, realmente interesante y recomendable :)
Ok! Antes que nada lo sé, es una sección muy olvidada, me ha pasado con Wolf´s rain incluso con Junjou, buscando algo de Hybrid Child me topé con muchos muros pero no puedo ser la única! Lloro como magdalena cada que los veo.
A mi gusto han hecho una maravilla con el manga, convertir unas cuantas hojas con una pequeña historia en esa serie de ovas me ganó, son simplemente perfectos, la música, el drama, los espacios entre historias.
Necesitaba sacarlo, en la ova se muestra del lado de Kuroda, negado a admitir sus sentimientos hasta el final, y el encuentro entre él y Tsukishima pero no dejo de pensar en que fue lo último que pensó él, en fin, me he desahogado XD tiene algunos diálogos de la historia original y dos que tres debrayes.
Para mi Ritsu y Takano son la reencarnación de este par! Así que sí, el fragmento final es un encuentro de los dos en la biblioteca en sus tiempos de estudiantes.
En fin, espero que haya sido de su agrado ;D
