Descargo de responsabilidad.

Katekyo Hitman Reborn! No me pertenece, es propiedad de Akira Amano. Si fuera mío hubiera tenido un final más decente y más yaoi.

Advertencias: AU (universo alterno), OoC en los personajes.

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[Capítulo cero]

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"La vida es sólo una visión, un sueño, nada existe… sólo espacio vacío y tú… y tú no eres más que un pensamiento." Las Aventuras de Mark Twain.

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Tsunayoshi Sawada era un niño torpe por naturaleza. Él no podía evitar tropezarse con sus propios pies con frecuencia. Los otros le hacían burla pero, nunca le importo mucho, después de todo, la única opinión que tomaba en cuenta era la de su mamá.

Tsunayoshi Sawada era un niño común a pesar de su torpeza. No había muchas cosas que le distinguieran de las demás personas.

Luego comenzó a tener sueños y entonces sus similitudes con otros comenzaron a desaparecer.

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II

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Tsuna observo a Yamamoto Takeshi. A pesar de que compartían clase desde el primer año de primaria nunca le hablo. Ahora, tres años después, tenía ganas de cruzar palabras con el ídolo de la escuela.

Y todo por un sueño. El castaño comenzó a tenerlos desde que cumplió seis años. Soñaba que se convertía en un jefe de la mafia porque un bebé aterrador llegaba a su casa diciéndole que era el último heredero de sangre de la familia y por ende tendría que voluntariamente a fuerzas ser el Décimo Vongola.

Soñó con un albino de nombre Gokudera Hayato. Y soñó con Hibari Kyoya; con un niño vestido en un traje de vaca que respondía al nombre de Lambo; con un joven aterrador pero amable que se hacía llamar Mukuro Rokudo. También había una tímida chica a la que todos llamaban Chrome, un joven enérgico llamado Ryohei. Yamamoto Takeshi también estaba ahí.

Tsunayoshi no estaba seguro de que fuera normal que tuviera esa clase de sueños. Tal vez su madre tenía razón cuando le comentaba que sería bueno que consiguiera unos cuantos amigos porque se le veía solo.

El castaño, impulsado por un extraño sentimiento se acercó hasta Yamamoto y entonces todo comenzó a moverse de una forma diferente a la que el destino había planeado.

—Hola, me llamo Tsuna ¿quisieras jugar conmigo Yamamoto-kun?

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III

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—De nuevo tuve un sueño extraño —dijo Tsuna.

—¿A sí? —preguntó Takeshi.

—Si… creo que los farmacos que mando el médico no son lo suficientemente fuertes.

—Es un poco preocupante… ¿estás seguro de que no comes ni ves nada extraño por la noche?

—Sí… francamente he hecho todo lo que me han recomendado para evitar las pesadillas. —Tsuna suspiró—. Lo más extraño es que el doctor dijo que no debería de recordar mis sueños con tanta claridad… tampoco recordar los rostros de la gente con facilidad, además…

—¿Además? —Yamamoto se había detenido. Miraba con el ceño fruncido a Tsuna.

—Nada. Creo que estoy actuando algo paranoico —dijo el castaño. Sonrió para calmar a su amigo.

Takeshi suspiró. Hacía cinco años que conocía a Tsuna pero a menudo no lo entendía. Tampoco ayudaba que Tsunayoshi siempre dijera que tenía sueños raros pero no hablara de que trataban. A veces Yamamoto se preguntaba si era la falta de confianza. Pero luego se arrepentía por tener tales pensamientos, después de todo el castaño siempre había sido la persona más sincera y bondadosa con la que se hubiera encontrado.

Yamamoto nunca olvidaría el día en el que se invitó a las madres a la escuela y debido a que él era el único sin una figura femenina a su lado se había sentido desolado. Entonces Tsuna había llegado, jalando a su madre para compartirla, porque para el chico, su mamá tenía un corazón tan grande que podría querer también a Takeshi, aunque fuera sólo por ese día. ¡Qué idea tan más inocente y dulce! Recordó también la mirada sorprendida y orgullosa que mostro Sawada Nana.

Desde ese día la madre de Tsuna se encargó de amar a Takeshi.

Porque efectivamente tenía un corazón tan grande como para querer a más de un niño como si fuera otro de sus hijos. Le podía amar con la misma intensidad que a Tsuna. Ella era realmente maternal.

—Dime, Tsuna… ¿Ya te han quitado la detención? —preguntó Yamamoto.

—No… Hibari me ha dicho que no perdonara ninguna falta y que necesito un castigo ejemplar para no repetir mis malos actos —murmuró Tsuna, desganado.

Yamamoto sonrió a ver al otro deprimirse con tanta facilidad.

—Lo siento, fue mi culpa que terminaras en una situación tan penosa.

—Nah. Ni lo menciones, esos bastardos comenzaron y no podía permitir que te metieras en una pelea… hubieran sancionado al club de baseball.

—Tsuna ¡eres tan genial! —dijo Yamamoto emocionado.

Algunas cosas tal vez no cambien, pensó Tsuna. A su parecer Yamamoto lo tenía en alta estima. Demasiado, dirían muchos.

—Exageras…

—¡No lo hago! —Y entonces Takeshi comenzó a reír. Sólo se detuvo cuando llegaron a la puerta de la escuela y Hibari los miró de forma intimidante.

"Creo que roba felicidad con sólo mirarte", había dicho una vez un chico en voz baja. Pero Tsuna lo había escuchado. Aunque Yamamoto rara vez se veía afectado por las miradas de Hibari.

—Herbívoro.

—¿Si?... —preguntó Takeshi.

—Tú no, el otro herbívoro.

Tsuna inclino la cabeza a un lado. Estuvo a punto de abrir la boca pero no lo logro, un trozo de tela se estampo contra su cara. Lo tomo antes de que se cayera y leyó las letras bordadas.

"Secretario".

Oh… así que había sido ascendido del herbívoro rompe reglas a el secretario rompe reglas.

Tsuna dejo de lado aquello y alzó la mirada para buscar a Hibari pero él ya no estaba. Yamamoto a su lado veía con interés el brazalete.

—¿Cómo paso? —preguntó Takeshi.

—Ordene sus documentos por fecha, que importancia tenían para ser revisados, asunto y le hice un café expreso, que según el vice-presidente es increíble —dijo Tsuna mientras rememoraba la última semana en la que estuvo en la oficina de Hibari acomodando todos los registros que estaban esparcidos por anaqueles y en su escritorio.

—No sabía que pudieras hacer eso.

—Ni yo —comentó Tsuna. Luego comenzó a caminar hacía el salón.

Pero tal vez algo tiene que ver el hecho de que haya soñado varias veces con Hayato y alguien llamado Xanxus regañándome porque no acomodo bien mis documentos. También con un bebé obligándome a hacer un buen café, pensó Tsuna.

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IV

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Tsuna observó el calendario. Ayer le habían entregado su examen de matemáticas y según sus extraños sueños hoy era el día en el que llegaba Reborn. El bebé que desafiaba todo lo establecido como común.

El castaño se pasó una mano por el cabello y lo revolvió ¿Qué diablos estaba pensando? No había forma de que sus pesadillas se hicieran realidad. Decidido salió de su habitación y camino con calma. Miró las escaleras por varios minutos.

Se preguntó qué pasaría si caía por ellas ahora. ¿Un bebé trajeado y con fedora estaría esperándolo abajo para decirle que era torpe? Por supuesto que no. Eso no pasa en la vida de una persona común.

Bajo cada escalón con parsimonia. Al llegar al final saltó desde el penúltimo, porque el último chirriaba si lo pisabas. Tsuna estuvo a punto de caminar hacía la cocina pero la persona delante de él hizo que se detuviera en seco.

—Ciaossu —dijo el desconocido.

Tsunayoshi suspiró y entonces rió con suavidad. ¿Qué mierda estaba sucediendo?

—Hey… ¿qué hay? —preguntó Tsuna mientras miraba al bebé.

Reborn observo al chico. Le pareció que el castaño había tenido una reacción extraña.


N/A: Estaba escribiendo para mis otros fanfics pero a la mitad me quede en blanco. Decidí entonces aprovechar para escribir esto. El fandom está algo olvidado y sería bueno reanimarlo. Es un proyecto extrañamente ambicioso.

Esto es sólo una introducción. Espero que los demás capítulos salgan mucho mejor.

Arrivederci.