Hola a todos n.n
Bueno, es la primera vez que escribo algo de Bleach y es por petición a un cumpleaños n.n. Perdón si los personajes no son muy suyos, pero como ya digo, es el primero ú.ù. Son dos one-shots. Éste es primero de todos y el segundo está terminándose, por supuesto, lo tendré listo para hoy, ya que me pidieron dos one-shot n.n.
-Es un Hitsuhina (el primero de esta pareja O.O... que por cierto, también me gusta aunque no éste muy puesta en ellos T.T)
-Seguramente, debido a la falta de lectura y visión de la serie (cosa que estoy solucionando poco a poco y me voy poniendo al día n.n), estará en OOC.
-NO hay yaoi.
-Lemon. (como todos mis fics XD).
Resumen:
Hinamori esconde un secreto junto a Hitsugaya. Un secreto que no la llevaba a niguna parte, hasta que se descubrio parte de él. ¿Realmente es siempre un secreto?
Tengo un secreto. Desde hace bastante tiempo. Nunca se lo he contado a nadie porque... deseo guardarlo para mi. Por supuesto, soy consciente de que la otra parte de el secreto es conocido por todos, pero... esta prefiero guardarla siempre para mi. Hace ya tiempo que comenzó. Algo que era como una amistad, se convirtio en algo más cuando opté por la opción de dar una oportunidad, y él, por la de el valor característico propio. Sí... Realmente fue su final valor para que me diera cuenta de todo.
Y de eso hace ya... cincuenta años...
Caminó lentamente, con decisión. Sus finas manos apretadas con fuerza y los dientes por igual. Suspiró y finalmente, se adentró en el despacho tras recibir la señal de entrada. Matsumoto la miró con atención y finalmente, una sonrisa complice se mostró en su rostro. La abrazó y alzó sin el menor de los esfuerzos, mientras que ella dejó escapar un gemido ahogado al ser privada de aire por aquellos delgados brazos.
-¿Preocupada?- Preguntó la peliroja divertida.
-Sí...
Sus ojos buscaron por la habitación, hasta que finalmente hayó al personaje en cuestión que buscaba, con la mirada pegada en los documentos y fingiéndose que no le interesaba lo que sucedía. Y así podría haber sido, si, Matsumoto, la cual la arrastró hasta el sofá, no hubiera terminado dormida.
-Hinamori.
Alzó sus ojos de el rostro relajado de la mujer y la fijó en la única figura masculina. Pese a que no era su capitán y lo continuaba viendo más como amigo que superior, por mucho que a él le doliera y se quejase, en esos momentos la hacían tensarse. Los ojos aguamarina, se posaron sobre ella, perezosos y de aspecto aburrido. Tragó saliva. Era la única de ver aquella chispa escondida que conocía bien. Desde hacía tres años.
¿Cuándo comenzó todo? Aún lo tenía clavado en su mente y... en su cuerpo. Aquel día, bajo las estrellas y en descuido de algunos de sus acompañantes, se alejaron y en un menor segundo, descubrio lo que era besarse, seguidamente de millones de experiencias más. Pero aún hoy no se aconstumbraba. El chico parecía haber nacido para sorprenderla.
Si alguien descubriera el secreto de el famoso capitán, ¿qué dirían? Seguramente nadie se lo creería. Continuaba teniendo su rostro de aspecto infantiloide, pese que ella sabía y conocía perfectamente que no era así debajo de las ropas. Sus mejillas optaron por un leve color rojizo al instante.
-Ven.
Lo había ordenado, echando la silla hacia atrás y con la mirada fija, de nueo, en aquellos documentos. Negó con la cabeza y avanzó hasta él. Sin dudarlo, apresó la mejilla izquierda de el joven, sorprendiéndolo.
-Prometiste cuidarte- recordó con un susurro- y mira... el tajo que te han dado...
-Nada importante.
Sujetó con rapideza su muñeca y con precisos movimientos, en un simple pestañeo, se encontró sentada sobre las rodillas masculinas, su cintura presa de uno de los brazos y la frente de el peliplateado en su hombro izquierdo.
-¿Shiro... chan?- preguntó confundida.
-Demasiado tiempo fuera...- susurró él entre dientes.
Alzó el rostro hacia ella y una sonrisa maliciosa se dejó ver através de sus labios, a la vez que comenzó a ser consciente de la mano que circulaba por su pierna izquierda, anunciando su demasiada cercanía hasta sus ingles.
-Pero... Matsumoto... está...
El rostro masculino quedó ante el de ella, con gran rapideza y una sonrisa maliciosa. Su cuerpo se inclinó hacia atrás y sus piernas le permitieron adentrarse en su intimidad a la única persona que podría.
-Entonces...- opinó mordiéndole el labio inferior- será mejor que no grites.
Por encima de la tela, su sexo fue acariciado. Lentos caminos lujoriosos que se adentraban entre sus más íntimos labios. De nuevo, su labio quedó apresado por el masculino, cuando un lijero suspiro escapó de sus labios, cubriendo estos con rapideza.
Toushiro podría matar a quien la hiriera, pero en esos momentos, parecía disfrutar incitándola a más, riéndose de sus respuestas corporales con orgullo y amándola como nadie haría, claro está, después de ser su muñeca durante placenteros minutos.
Su seno derecho quedó deliciosamente aplastado por unos lujoriosos dedos bajo su axila y su cuello sufría las deliciosas sensaciones que la boca masculina le proporcionaba. Gimio de nuevo, cuando sintio la calideza de los largos dedos usurpar la ropa y dar el contacto carnal más deseado. Apretó la mandíbula para no gemir de nuevo, cuando los sintio deslizarse con gran precisión sobre su sexo y adentrándose en su interior.
Y era la primera vez.
En todo el tiempo que llevaban teniendo aquel tipo de relación sexual, nunca la había tocado tan íntimamente. Ni siquiera la boca masculina se había atrevido a saborear aquel rincón secreto de su femenidad. Y ahora, eran sus dedos los que lo exploraban, por primera vez, tan profundamente.
-¿Dónde? - Quiso saber él.
Apoyó las manos sobre los fuertes hombros y resguardó su excitado rostro en el pliege de el cuello, jadeando en su oido. Toushiro marcó con sus dedos diversos caminos en su interior, buscando el delicioso punto que terminaría por guiarla más hallá en el que sabía y era, su primer orgasmo.
-¡Ahí... !- gimio aferrándose más.
Arqueo su cuerpo contra la mano masculina, al sentirla alejarse, para regresar hasta el punto indicado. Intentó que sus pulmones recuperaran la necesidad de aire que le había brotado de su interior y apretó los dientes al sentirse aún más expusta a él, que se mantuvo entretenido con sus senos, excitándolos entre sus dedos con paciencia. Demasiadas se había preguntado lo mismo.
¿Cómo podía mantener la calma cuando ella se excitaba con tan solo una de sus miradas?
No. Ahora estaba segura de que no era ella sola. La dureza que rozaba contra sus nalgas no era posible de ignorar y su cuerpo reconocería esa sensación en cualquier momento. Aún jadeante, gio su mano hasta la zona, sorprendiéndolo.
-¿Hinamori?- Preguntó dando un brinco.
-Shu...- susurro sobre su oido- déjame a mi también.
Buscó bajo la ropa, con torpeza, hasta que finalmente, halló el erecto y duro miembro. Lo había sentido en su interior demasiadas veces, visto en su esplendor, pero no tocado. Era claro que aquel día tras una corta ausencia por parte de el peli plateado, era un recor de reconocimiento sexual.
Sus delgados dedos recorrieron por completo la longuitud, embriagándola en suaves caricias y deteniéndose sobre la zona más érogena de todo hombre y volviendo a recorrer la calideza expectante, sintiendo como la dureza crecía en cada uno de sus movimientos. Buscó el rostro masculino, besándolo con intensidad aprendida, hasta que finalmente, una rápida mano le impedio continuar.
-Basta...- ordenó él apretando los labios con fuerza.
Con rápidos movimientos, arrebató la poca ropa que aún cubría su cuerpo, dejándola totalmente a su merced, como siempre. Apresós sus desnudos muslos con suavidad, sentándola a horcajadas sobre él. Su erecto miembro rozó sus nalgas juguetonamente y se centró en mover sus caderas sobre este, humedeciendo su sexo y excitándola de nuevo, hasta que al final, mientras su boca engullía uno de sus pezones, la penetró.
Sus nalgas quedaron apresadas por las fuertes manos, heridas por el desenvainar de la espada, creando las placenteras bibraciones que los guiarían al placer. Lentamente, sintio como su sexo engullía el erecto de el hombre bajo ella, como el aliento golpeaba contra sus húmedos pezones y ambos se esforzaban por no dejar escapar más gemidos de los innecesarios. Al fin y al cabo, no estaban solos. Recordarlo, sin saber por qué, la hizo excitarse más y optar por crear los propios movimientos de la penetración.
Adentró su mano bajo la tela de la ropa y buscó el fortalezido torso, circulando sus dedos por las diversas cicatrizes de el torso. Embriagada en el placer, descendio su rostro, hasta que su lengua logró rozar la forma de la más cercana, perdiéndose en el pezón masculino. Sintio que su nuca era sujeta con delicadeza y como construmbre, mostró sus labios a la boca hambrienta, jadeantes ambas dentro de su propio placer. Sus lenguas parecían más ansiosas fuera que cuando sus bocas se unían y por primera vez, se preguntó si él también disfrutaría tanto como ella de aquellas cosas secretas. Un secreto, que tan solo conocían ellos.
Ninguno dijo nada de hacerlo público, de mostrar ante todos que realmente se amaban de esa forma. Aunque ella desconocía de que forma exactamente la amaba el ojos aguamarina. Desde aquel día, en que comenzaron por primera vez a descubrir el mundo de la sexualidad, no le había dicho ni una sola vez, las palabras que esperaba. Pero también recordaba quien era y era capaz de no decirlas.
Su cuerpo sintio los expasmos finales de aquel acto placentero y se sujetó de las ropas, gimiendo en el oido de el joven. Cansada, descansó sobre el cuerpo masculino. Sintio como el miembro masculino era aferrado en su interior, húmedo y cálido, expuesto todavía a él. Las últimas embestidas, sabía en cencia cierta donde terminarían y cuando se dio cuenta, su espalda estaba contra el escritorio, sus piernas alzadas sobre los hombros masculinos y sin poder controlarlo, su placer volvio a crecer, uniéndose esta vez, al de Hitsugaya.
Alzó su cuerpo hacia el contrario y su rostro se inclinó hacia atrás, taponando sus gritos con los dedos y sintiendo los ahogados gemidos de el hombre sobre su pecho. Abrio los ojos asombrada y pestañeo, intentando quitar la nube de placer de su vista.
-Shiro-chann, Shiro-chan...- llamó con miedo.
-¿Qué..?- Gruñó este cansado sobre ella.
-Creo que... Matsumoto... está despierta.
-¿Eh?
El chico se incorporó, apoyando ambas manos a cada lado de su cuerpo, permitiéndola liberarse de su unión con cuidado extraño. La ayudó a descender de la mesa, dolorida por la demasia intensidad. Cerrando sus ropas inferiores, él se acercó hasta el sofá y negó con la cabeza al ver el cuerpo femenino de su teniente, estendida cuan larga era y babeando.
-Está dormida completamente- declaró.
-Uff... que susto.
Él arqueo las cejas y con un simple suspiro, comenzó a vestirse, siendo imitado por ella. Le miró de reojo. Ante sus últimas palabras de alivio, había mostrado una clara molestia. Tras vestirse, decidio que, como siempre hacía él cuando la visitaba en su habitación, abandonar el despacho era lo mejor. En silencio, caminó hasta la puerta, pero antes de que esta fuera descorrida, una mano la sujetó. Cuando se quiso dar cuenta, era besada de nuevo por el capitán.
-¿Eh?- murmuró sorprendida- ¿Por qué?
Hitsugaya se encogio de hombros y se acercó hasta el despacho, colocando todo lo que había sido esparcido en su encuentro. Aún le dolía las nalgas y su espalda había sufrido algún que otro añarazo con las hojas de los documentos, además de los diversos chupetones que llevaba por su cuello y pecho. Siempre lo hacía. Le dejaba alguna marca escandolosa en su cuerpo y disfrutaba cuando ella se esforzaba por esconderla.
Se volvio hacia la puerta, desconcertada. Los demás días, no era tan pasional y mucho menos... tan posesivo como en ese instante. Se había molestado por algo que desconocía y no comprendía como podría cambiarlo.
¿Otra sesión de sexo?
-No...- negó en voz alta.
-¿no, que?- Preguntó una voz tras ella.
-¡Ah!- Gritó dando un salto- Renji-san. Estabas apunto de caerte por las escaleras. Ten más cuidado- adviritio el presuroso pelirojo- por cierto, bonito chupetón.
Llevó la mano rápidamente hasta su labio inferior y sintio el ligero escozor de una herida. La mordedura le había dejado marca en un lugar que no podría ocultar por más que deseara. Apretó los dientes y con decisión, se volvio. Le exigiría las razones de eso, pero se detuvo, al verle apoyado sobre la pared cercana, cruzado de brazos y sonriente malicioso.
Había caido en la trampa de el capitán. Se acercó hasta él y estiró de las ropas.
-¿Por qué... me has marcado?- exigio.
-Uhm... no sé.
-¿Qué hacen?- Preguntó Matsumoto saliendo de el despacho mientras bostezaba- Oh, un chupetón.
-No es un chupetón- negó rápidamente- es un corte. Solo eso.
-Ya, ya- dijo esta encogiéndose de hombros- El caso es que he tenido un sueño muy raro... en fin. Nos vemos.
Su boca cedio ante el asombro y buscó los verdosos ojos con miedo. El rostro serenos de el muchacho se había transformado en enfado, mientras miraba el lugar por el que había desaparecido su viceCapitán.
-Estaba...
-Despierta- interrumpio él encogiéndose de hombros.
Se llevó las manos hasta el rostro, al pensar en las millones de cosas que podría escapar de la mujer. Mientras que él continuaba impasible, con la espalda firme en la pared.
-¿Qué haremos...?- Preguntó pensativa.
-Nada- respondio.
-¿Cómo que nada?- señaló asombrada.
-No dirá demasiado. Seguramente, que estamos juntos, nada más- aclaró.
-Eso... será una molestia para ti- opinó, preocupada por el siempre silencio de el capitán.
Hitsugaya la miró por un instante y de nuevo, el calor crecio en su cuerpo. Si seguía mirándola tanto, no podría volver a controlar las sensaciones de su cuerpo. Aferró su ropa entre las manos y desvio la mirada. Hitsugaya suspiró finalmente y se volvio.
-No es una molestia. Nunca lo he mantenido en secreto.
Su boca volvio a ceder al asombro. Se frotó el flequillo con nerviosismo y buscó algo en el que centrar su mirada nerviosa. Finalmente se había dado cuenta. La persona que había estado ocultando todo, no había sido él, si no ella. Lo había querido proteger de ese modo, creyendo que era lo mejor para él, pero lo único que conseguía, era molestar al serio capitán con su silencio. Sonrio y saltó contra él abrazándolo de golpe y casi asustándolo.
-¿Hinamori?
-Lo siento- se disculpó- por haberlo ocultado. No pensé en tus sentimientos correctamente. Apartir de ahora, no diré ni esconderé nada- juró sonriente.
Quizás no fue la mejor forma de darme cuenta de que él sentía más hacia mi de lo que pensaba. Que disfrutaba de estar conmigo a solas y en nuestra intimidad, como yo. Pero que nuestra relación quedara al descubierto, fue algo... más difícil de llevar...
¿Quién iba a decir que Shiro-chan...?
-Hinamori- Sonó la voz de el capitan tras ella, alertándola al igual que a los de su alrededor- Tenemos reunión.
Otra vez... Sí, ese era el problema... un delicioso problema y nuestro secreto. ¿Reuniones?... sí. La escusa perfecta para que se adueñara por completo de mi cuerpo.
Mi pequeño Shiro-chan, era un serio pervertido escondido.
Ese... era mi secreto. No se lo cuenten a nadie y guárdenlo en sus corazónes.
-¿A quién intentan engañar?- Preguntó Matsumoto cruzándose de brazos- si está claro que son esas reuniones.
-Dejémosles que crean que son secretas- opinó Renji sonriendo malicioso- Así serán felices.
Notas autora:
Bueno, pues hasta aquí el primer regalo, aunque tengo que reconocer que me gusta más el siguiente u.ú.
Al menos, el primer regalo ta hechoXD.
Voy con el siguiente!
¡Nos vemos pronto!
