Cupido
-¿Qué es eso?-preguntó, después de saludar, señalando hacia la espalda de Mayura. Un par de pequeñas alitas blancas y suaves parecían salir de su espalda.
-¡Es un disfraz!-repuso Mayura, exultante-. ¡Soy una enviada de Cupido!
Loki sintió fuertes ganas de reír. Recordaba varias cosas que había leído sobre el supuesto dios del amor en la mitología griega, y ninguna le parecía lo suficientemente seria.
-¿De verdad crees que alguien como él puede ser un dios?
Mayura frunció el ceño. Debía darle a su pequeño compañero una lección.
-Por supuesto. Además, si no te lo tomas en serio, te pasará lo mismo que a Apolo.
Loki hurgó en su memoria. No recordaba ningún mito en el que Apolo tuviera alguna relación con Cupido. Su cara debía de reflejar la perplejidad que sentía por dentro, o tal vez su aprendiza estuviera muy atenta, porque enseguida le explicó cómo Apolo, habiéndose burlado del dios del amor, fue herido con una flecha que hizo que se enamorara de una ninfa. La ninfa, por obra de Cupido, sentía una profunda aberración por él, por lo que echó a correr cuando él quiso acercársele, transformándose finalmente en un laurel.
-No me da miedo, mientras no sea yo quién se convierta en una planta-respondió, irónico, cuando Mayura finalizó su relato.
-Entonces, me voy. Iré a contagiarle el espíritu de San Valentín a otra persona-dijo ella, inflando sus mejillas en un gesto de molestia.
Hubo un minuto de silencio mientras se acercaba a la puerta, roto por el ruido de un libro al caer a un escritorio.
-Lo siento. No me burlaré, si prometes quedarte.
Radiante de alegría, Mayura corrió a abrazar al pequeño detective.
FIN
