Hola, hoy he venido con una nueva historia NaruHina. Es un poco distinto a lo que hecho anteriormente pero me agrada la idea y espero que a ustedes también les agrade. Este fic no tendrá más de cuatro capítulos y trataré de actualizar lo más rápido que mi tiempo de estudiante me lo permita. Espero que disfruten la lectura.

Los Personajes de Naruto pertenecen a Masashi Kishimoto


La luz de sus ojos.

Yo cuidaré de ti sobre fuego y agua por tu amor
y te sostendría cerca
Espero que tu corazón sea lo suficiente fuerte
Cuando la noche esté bajando hacia ti
Buscaremos un camino a través de la oscuridad

Capítulo 1.

A sus 23 años, no podía quejarse de lo que la vida le había dado. Tenía dos grandes amigos y el amor de su hermosa madre. Pero en la vida, nada es perfecto. Su padre había muerto en un accidente de avión hace 3 años atrás, lo que causó que su madre tuviera que trabajar duro para sacar la empresa adelante ella sola, mientras él terminaba sus estudios universitarios. Y la mujer que amaba, aquella con la que planeaba pasar el resto de vida juntos, un día desapareció sin dejar rastro de su paradero.

Por causa de un accidente de automóvil perdió la luz de sus ojos, pero ese fatídico accidente lo llevará a reencontrarse con la mujer de su vida, sin que él se diera cuenta. Extrañaba su antigua vida, él estaba acostumbrado a hacer todo por sí mismo, pero hace más de tres meses desde el accidente, ha tenido que depender de todos. Odiaba el hecho de que lo estuvieran tratando como un inútil, cuando solo debía acostumbrarse a su nueva condición. Encerrarse en su habitación a escuchar música era su nuevo hobbie.

– ¡Naruto!– llamó su madre desde fuera.

– ¡Pasa, mamá!– gritó para que su madre pudiera escucharlo a través de la música.

– No puedes seguir así, Naruto– reclamo angustiada– me preocupa que estés encerrado en tu habitación todo el día ¿qué pasó con el alegré Naruto que tenia a donde ir todos los días? Ni siquiera le permites el paso a Sasuke-kun y Sakura-chan.

– ¡¿Y qué quieres que haga?!– vociferó furioso– estoy ciego, no quiero darle lastima a nadie.

– Ellos están preocupados por tu actitud, sé que estás en proceso de asimilación pero salir con tus amigos te ayudará. Si no quieres hacerlo por ti mismo, entonces hazlo por mí– gimoteo. Se sintió como un maldito, se dio cuenta que no era el único que está sufriendo, su madre también lo estaba. Siguió el sonido del llanto de su madre y camino con precaución hasta ella. Busco con los brazos extendidos su pequeña figura y la abrazo cuando la tuvo enfrente. No era justo para su madre, hace tres años habían perdido a un esposo y un padre, ella pudo reponerse de ello gracias a él. También imagino la agonía que debía vivir cuando él mismo estaba en terapia intensiva en estado de coma.

– Mi corazón no puede soportar verte deprimido y sentirme impotente por no poder hacer nada por ti– su voz sonaba ahogada en su pecho. Apretó el abrazo intentando consolarla.

– Perdóname, mamá– masculló después de un rato– prometo que volveré a ser como antes, no solo por mi sino también por ti. Pero, dame tiempo ¿si?

– Está bien– accedió dejando de llorar– tengo algo importante que decirte– él siguió en silencio esperando que ella continuara– las cosas en la empresa no están del todo bien desde que te fuiste, debo volver a trabajar e indagar sobre lo que está sucediendo. Por eso contratare a una enfermera para que éste a tu disposición, ella solo estará al pendiente de que tomes tus medicinas y que yo esté más tranquila ¿estás de acuerdo?– ¿Una enfermera? Tenía que ser una jodida broma ¿acaso no dejó claro que no quiere ayuda de nadie?. Luego de meditarlo unos minutos, aceptó la petición de mi madre, no quería mortificarla por estar de caprichoso.

– Acepto– contestó de mala gana. Su madre le dio un beso en la mejilla y fue a preparar todo para que él tuviera compañía lo más pronto posible. Suspiro con pesadez y volvió a tirarse en la cama, cerró lo ojos dejándose llevar por la música hasta que el sueño le venció.

...

– ¡Neji-niisan!– llamó desesperada a su primo. Este estaba durmiendo en el sofá, luego de una larga noche de revisar unos documentos importantes para su trabajo.

– ¿Qué sucede, Hinata-sama?– preguntó malhumorado. Él tenía un mal despertar, sobre todo cuando interrumpen su descanso, como ella lo estaba haciendo en ese mismo instante.

– Perdona que te moleste, pero necesito que cuides a Boruto por mi un par de horas– habló apresurada. Acababa de recibir una llamada del hospital donde estaba trabajando desde que había huido, tuvo sus meses de reposo, pero ahora no podía darse el lujo de tomarse licencia post parto porque tenía un bebé que mantener.

– ¿A donde iras?– el hombre de cabello castaño mostró preocupación en sus ojos perlas. Ella depositó con cuidado al bebé de siete meses de nacido en sus brazos, hace poco que había conseguido dormirlo luego de amamantarlo. Y vaya que era difícil conseguirlo.

– Me llamaron del hospital, aparentemente la directora tiene algo importante que decirme– no podía evitar preocuparse, probablemente no estaba dando la talla y la despedirán. Había cambiado su turno con otras enfermeras varias veces, debido a que su bebé se había enfermado esas veces y no podía dejarlo al cuidado de un tercero.

– Regresa pronto, tengo que irme al trabajo a entregar esos documentos– informó con seriedad.

– Prometo que volveré pronto– le dio un beso en la mejilla a su primo y otro a su bebé– nos vemos al rato– salió del pequeño departamento donde vivía con su hijo. Luego de quedar embarazada, su padre la había desterrado de la familia por no estar casada y porque el padre de la criatura no estaba para hacerse responsable. Para su padre era inconcebible que su heredera fuera a ser madre soltera, le importaba más lo que diría la alta sociedad al respecto, que brindarle apoyo a su primogénita. Con las únicas personas que podía contar, era con su primo Neji y su hermana menor Hanabi. Sobre todo Neji, quien le brindaba apoyo en lo que podía de manera financiera y le regalo ese pequeño, pero cómodo departamento, para ella y el bebé. Donde estaba viviendo desde hace año y medio aproximadamente. Él iba a hacerle compañía de vez en cuando y días como ese, se quedaba hasta el otro día, incluso cuidaba a Boruto en ocasiones en donde estaba desocupado. Pero generalmente pagaba una niñera para que Hinata pudiera irse a su trabajo en el hospital.

Camino hasta la parada del autobús, no tenía dinero para darse el lujo de pagar un taxi. Además, debía comprarle pañales a Boruto y hacer mercado porque la alacena estaba vacía. Su primo podría ayudarla económicamente, pero a ella tampoco le gustaba abusar de su buena fe. El autobús le tomó 20 minutos dejarla en la parada frente al hospital, se detuvo a mirar la enorme infraestructura de su lugar de trabajo. Respiro profundo intentando así disipar sus nervios, tenía la esperanza de que no fuera nada malo. Se dirigió a la oficina de doctora en jefe a paso decidido, con la frente en alto, dispuesta a pelear por su empleo si era necesario, todo sea por el bienestar de su hermoso bebé. Toco la puerta de la oficina un par de veces antes de que le permitieran el paso.

– ¿Quería verme, Tsunade-sama?– preguntó tras cerrar la puerta, junto a ella estaba la jefa de las enfermera, Shizune.

– Toma asiento, Hinata– ofreció indicándole la silla frente a su escritorio. Tomó la palabra y se sentó. Tsunade se notaba pensativa, la Hyuga se imaginó lo peor.

– ¿Sucede algo malo?– preguntó ocultando su nerviosismo, comenzó a jugar con sus dedos por debajo de la mesa.

– Para nada, de hecho hay buenas noticias para ti– comenzó, el alivio lleno el alma de la ojiperla– una señora adinerada pidió los servicios de una enfermera para que se encargue de cuidar a su hijo invidente. La paga es buena y solo debes pasar cuidando de él desde las 8:00 am, hasta las 6:30 pm. Tienes libres los fines de semana y solo debes venir a reportarte al hospital una vez por semana ¿te interesa?– una inmensa alegría la invadió, sentía que esto era una señal del cielo, eran pocas horas de trabajo comparadas con una guardia en el hospital y podría ver a su hijo cada día.

– ¡Por supuesto que me interesa!– exclamó emocionada. Tsunade suspiro con pesadez, causando que la Hyuga mostrará confusión.

– Te llame a ti porque sé que tienes un hijo que sacar adelante tu sola y necesitas el dinero, pero es una lastima porque eres una de mis mejores enfermeras. Aquí está la dirección de tu paciente y las exigencias del contrato– le entregó la carpeta que contenía la información requerida. Esta la tomó entre sus manos temblorosas, causada por su propia emoción

– ¿Por cuánto tiempo será?– preguntó de nuevo.

– El paciente tiene apenas unos pocos meses con su condición, pero debido a que su familia tiene una buena posición económica, ya está en lista de espera para un trasplante de córnea– explicó– la espera puede tardar años, es decir que tu tiempo cuidando de él es indefinido– asintió al entender la situación– puedes retirarte.

– Muchas gracias por considerarme, Tsunade-sama. Prometo no defraudarla– se levantó e hizo una reverencia antes de retirarse. Abrazó la carpeta a su pecho antes de guardarla en su cartera, no podía perderla por nada del mundo. Camino al pequeño supermercado que estaba cerca del hospital, compro lo que necesitaba para llenar la alacena y los pañales de Boruto.

– Estoy en casa– anunció al llegar. Estaba cargada de bolsas. Emocionada por su nuevo trabajo, compro todo lo necesario para preparar una buena comida. Neji salió a recibirla, le ayudó a llevar las bolsas a la pequeña cocina– ¿Dónde está Boruto?

– Despertó luego de que te fuiste, me costó trabajo a que volviera a dormirse– protestó. Ese niño es una mini replica de su padre, incluso en lo imperativo y gritón, pero su madre fue bendecida con una infinita paciencia, capaz de tolerar lo fastidioso que era el padre de su hijo.

– Es digno hijo de su padre– alegó con alegría, pero luego sintió una punzada en su pecho al recordarlo. Lo amaba tanto, él era todo para ella y por eso tuvo que dejarlo. Neji entendió cómo se debía sentir su querida prima, así que cambió de tema para hacerle olvidar por un momento a su ex novio.

– Entonces...– comenzó tanteando el terreno– ¿qué te dijeron en el hospital?.

– ¡Ah sí!– dijo volviendo a su humor normal– me ofrecieron un trabajo nuevo, debo cuidar a un chico invidente. Primero tengo que leer las exigencias del contrato y luego ponerme en contacto con la persona que me contrató. El horario es accesible y la paga es buena.

– Me alegro– contestó Neji. Tomó su portafolio y su chaqueta– tengo que irme, te veo luego.

– Olvide que debías ir a la oficina– añadió con tristeza– te había incluido en la cena especial que preparare para celebrar.

– Te la debo– se acercó a ella y le dio un beso en la frente antes de irse– te invitare a cenar, apartare una de estas noche en mi agenda.

El departamento quedó en completo silencio, solo se escuchaba el abrir y cerrar de las puertas de la alacena y el sonido de las bolsas al abrirse. Pero pronto la paz se vio interrumpida por el potente llanto de su hijo, corrió a atender su llamado.

– Hola, cariño– susurró cariñosa al tomar a su bebé en brazos, quien al escuchar a su madre se quedó tranquilo– solo querías que mamá te mimara un poco, Bolt-chan– tarareo una canción de cuna que su madre solía cantarle a ella y a su hermana. Aún era temprano para la cena.

Mientras le daba de comer a Boruto, revisaba lo contenido en la carpeta. No era mucho lo que debía hacer, solo asegurarse que él tomara sus medicinas a las horas prescritas y prepararle de comer si así era requerido. Pensó que la paga era ridículamente exagerada para lo poco que debía hacer, pero a ella solo le importaba el bienestar de su hijo. Tal vez con ese dinero podría buscar un piso más grande y Boruto tendría un lugar más grande para crecer. Probablemente buscaría irse a otra ciudad con el tiempo, solo era cuestión de tiempo antes de que él la encontrara otra vez. Se enteró por boca de su primo que él ha ido muchas veces a preguntarle sobre su paradero y la razón de su repentina desaparición. Cada vez que eso pasaba se sentía miserable por negarle el amor de un padre a su hijo y por negarle a él la dicha de ser padre. Si siguieran juntos, ella y Boruto no estuvieran es esa precaria situación. Sacudió su cabeza para disipar esos pensamientos acusadores y se enfocó en el contenido de los papeles, la dirección de la residencia que visitará estaba un poco lejos del complejo donde vivía pero el dinero le alcanzaría para costear los taxis que la trasladaran, de hecho trataría de quitarle el número de teléfono a uno que le parezca confiable para que viniera a buscarla cada día. Llamó al número de teléfono adjuntado en los documentos para informarles que estaba interesada en el empleo y que podría comenzar cuando sea, la mujer del otro lado de la línea le pregunto que si podría mañana mismo, a lo que ella contestó que sí. Quedó en llegar puntual y dio por finalizada la llamada.

– Las cosas cambiaran para mejor, Boruto ¡Ya lo veras!– dijo acariciando con el pulgar su pequeña mejilla, los ojos azules del bebé le devolvieron la mirada. Llamó a la niñera para preguntarle sobre su disponibilidad de cuidar a Boruto 5 días a la semana, y que debía llegar a las 7 am para darle bien las indicaciones y asegurar su puntualidad en el trabajo.

...

Su madre acababa de informarle que la enfermera que estará a su cuidado, comenzaría su trabajo a partir de mañana. Maldijo su suerte, pues pensó que se tardaría un poco en encontrarla, pero apenas le dio unas horas para asimilar la noticia y ya al día siguiente tendría que verla. Moverse en su casa no era problema para él porque la conocía tan bien como la palma de su mano, a pesar de que tenían solo un año habitándola y es que tuvieron que dejar la anterior porque su madre le hacia mal el recuerdo de su difunto padre. A él le costó despegarse de aquella casa, porque esas paredes guardaban muchos recuerdos, tanto buenos como desagradables. Pero si su madre estaba bien con ello, entonces él también lo estaría. Decidió ir al jardín a despejar su mente, y tal vez tomaría la palabra de su madre y le marcaría a sus amigos para que vinieran a visitarlo, extrañaba la contagiosa alegría de Sakura y la seriedad de Sasuke. Eran 2 polos completamente opuestos, pero eso los hacia la pareja perfecta a su parecer. Tal vez si ella no se hubiera ido, ellos también serían la pareja perfecta.

Llegó al jardín, se sentó en la mesa de té que su madre había puesto allí, unos minutos después escuchó como una bandeja fue colocada frente a él. No le presto atención a lo que en ella había, porque no tenía apetito. Tenía intenciones de llamar a su amigo, pero su teléfono sonó antes.

– Uzumaki Naruto al habla– dijo al contestar la llamada.

Naruto, soy Sasuke– contestó la voz al otro lado de la línea.

– ¡Teme!– exclamó con entusiasmo, casi extrañaba la voz de amargado que tiene su amigo– estaba a punto de llamarte, me preguntaba si tienes planes para cenar esta noche.

No, de hecho Sakura y yo íbamos a visitarte. Kushina-san nos llamó para decirnos que cambiaste un poco tu actitud y decidimos ir a verte, tenemos algo importante que decirte– su amigo se escuchaba feliz, incluso apostaría sus preciados cupones de ramen a que él estaba sonriendo.

– Entonces los espero para la cena– respondió antes de colgar. La cena en su casa siempre era a las 7:30 pm, por lo tanto sus amigos no necesitaban que les informaran sobre la hora de llegada.

Se quedó allí, sin saber cuánto tiempo había transcurrido, solo dejándose llevar por el profundo mar de los recuerdos, lo perfecta que era su vida hace año y medio atrás. Si tan solo pudiera haberla visto una vez más, aunque fuera de lejos, antes de perder la vista. Tal vez si ella no se hubiera ido, él no se quedaría hasta tarde en la oficina porque su deber era ir a casa con su esposa y tal vez un hijo, si tenían suerte. Pero las cosas pasan por algo, tal vez esto le traerá algo bueno a su vida o tal vez solo seria desgracia. Bueno, la desgracia ya estaba hecha, bien dicen que después de la tormenta viene la calma ¿o era al revés? No sabía, nunca fue bueno recordando refranes. Se recrimino a sí mismo por pensar de forma tan sombría y negativa, nada común en él, quien se caracterizaba por ser entusiasta y jodidamente positivo.

Un apretón en el hombro y un beso en la mejilla lo hizo volver a la realidad, entonces supo que ya había anochecido, pues sus amigos habían llegado.

– Que bueno saber que estas bien, Naruto– pronunció Sakura, esta se escuchaba de buen humor.

– Pensamos que te convertirías en una especie de emo muy llamativo– agregó Sasuke con burla.

– Ja, el único con el apelativo de emo aquí eres tu, Sasuke– contraatacó igualmente burlón. Una sonrisa zorruna se dibujó en su rostro al escuchar a su amigo gruñir y a la esposa de este soltar una sonora carcajada. Un alivio surco en su pecho al notar que ellos lo seguían tratando igual que antes– me alegra que pudieran venir.

– Estábamos preocupados por ti, Naruto– dijo ella– y por supuesto darte las buenas nuevas– podría apostar que ella se estaba mordiendo el labio para evitar gritarlo.

– A ver mis pequeñuelos, díganle a Naruto-sama que se traen entre manos– recitó como todo un anciano con sabiduría, que obviamente no tenía. Sus amigos no pudieron evitar reír por las ocurrencias del rubio, porque tenía la manía de decirles eso, cuando irónicamente, él era el menor de los tres.

– Muy bien, Naruto-sama– recito la pelirrosa con sorna– ¡Sasuke-kun y yo seremos padres!– anunció dando saltitos de alegría. Lo noto por dos cosas, una era que escuchaba sus zapatos chocar en el piso de madera y otra eran los reclamos de su esposo pidiéndole que tuviera cuidado que podría caerse y hacerse daño ella y el bebé.

– ¡Felicidades!– se levantó dispuesto a abrazarlos a ambos pero su "problemita" no le permitía saber su ubicación, pero sintió a su amiga rodearlo con uno delgados brazos y con el otro jalo a su marido para que se les uniera. Rodeo a ambos por los hombros.

– Tú serás el padrino, por supuesto– declaró el futuro padre. Se sintió feliz de tener tal honor, pero no pudo evitar pensar en que siempre sería el padrino, nunca el novio o el padre. Si, él también fue padrino de la boda Uchiha/Haruno que se llevó a cabo hace cuatro meses atrás, cuando sucedió el accidente ellos interrumpieron su luna de miel para apoyar a su mejor amigo recluido en terapia intensiva y a su desconsolada madre.

La cena transcurrió con normalidad, hablaron sobre los lugares que visitaron en su luna de miel, sin mencionar ni por asomo, la razón por la que tuvieron que dejarla. Naruto les comentó lo de la enfermera que estaría a cargo de él, a lo que su amiga sobreprotectora respondió que ella debía conocerla para saber si era de confianza. Se marcharon, pero no sin antes prometer que lo volverían a visitar el sábado, al día siguiente era jueves y ambos tenían que trabajar. Se fue a dormir un poco más tarde de lo habitual, pues no podría hacerlo hasta asegurarse que su madre hubiera llegado a casa. Ella le comentó que tuvo que asistir una cena de negocios y se le fue la noción del tiempo.

...

Todo estaba listo, solo faltaba que la niñera llegará. Faltaban menos diez para las siete y ella todavía no llegaba, pero bueno, su hora de llegada era a las 7 en punto. Boruto estaba sumamente inquieto, se removía entre sus brazos y se quejaba, sabía que su madre se iría y lo dejaría solo. Siempre que ella iba al trabajo debía afrontar la difícil situación de dejar a su bebé solo con un extraño y lo peor, es que se quedaba llorando.

– Tranquilo, bebé– lo balanceo un poco entre sus brazos para intentar calmarlo, pero nada. Verificó que su pañal estuviera limpio, pero este seguía igual de limpio que cuando se lo había puesto hace una hora atrás. La puerta fue tocada un par de veces, se levantó del sofá y se encamino para abrirla.

– Puntual como siempre, Tenten-san– admiró como siempre la responsabilidad de la mujer a la que le confiaba lo que más amaba en este mundo. Tenten era una conocida de Neji, no podía decir a ciencia cierta qué tipo de relación había entre ellos, pues él era muy reservado y a ella no le tenía tanta confianza como para atreverse a fisgonear en su vida.

Con una pena en el alma, dejó a su pequeño en brazos de Tenten, pero su llanto hizo con considerara la posibilidad de mandar todo al demonio y volver a mimarlo. Acomodó su uniforme blanco y caminó hasta la avenida para tomar un taxi, tuvo suerte ya que no le costó mucho trabajo conseguir uno o tal vez se trata de que el taxista es un buen amigo suyo.

– ¿Hinata?– preguntó el chico de cabello castaño y aspecto salvaje que conducía el taxi.

– ¿Kiba-kun?– preguntó de regreso impresionada, hacia casi 5 años que no lo veía. Él y ella se graduaron juntos de la secundaria, ambos fueron grandes amigos.

– Sube– pidió con una enorme sonrisa. La Hyuga subió al asiento trasero– ¿a donde la llevó, my lady?– recitó galante. Hinata rió ante el atrevimiento de su amigo, él siempre era así.

– Esta es la dirección– le entregó una nota adherente donde había apuntado la dirección, el Inuzuka comenzó a conducir hasta el lugar– ¿Qué tal te va?– interrogó, faltaba mucho para llegar a su trabajo, tenía tiempo de sobra para conocer la vida de Kiba y tal vez de Shino. Su otro amigo, al que tampoco había visto desde la graduación.

– Bien a decir verdad, soy veterinario. Sabes que ese era mi sueño desde niño– comenzó con entusiasmo– trabajo en el auto que me obsequio mi madre por mi graduación para ayudarme a costear la renta de mi departamento. Y ¿qué hay de ti? Estas muy hermosa, tu mirada refleja una madurez impresionante, como si tu vida hubiera pasado por una increíble transición.

– Soy madre, tengo un hijo precioso– respondió orgullosa, Kiba abrió los ojos como platos– hoy comienzo a trabajar como la enfermera personal de un hombre invidente.

– Me alegra lo de tu trabajo, pero ¿en serio eres madre? ¿Cómo se llama tu hijo? ¿Cuándo nació? ¿Estás casada? ¿Quién es él padre? Según lo que escuche, comenzaste a salir con el cabeza hueca de Naruto después de graduarnos– las preguntas de Kiba estaban taladrando en sus oídos, pero ella sabía que podía contar con él y decirle la verdad. Le contó solo lo más importante de su relación con Naruto, él solo la escucho en silencio. De repente estaciono el auto, entonces supo que había llegado.

– Fue un placer verte de nuevo, Hinata– dijo. Sacó una tarjeta de su billetera y se la tendió– esta es mi tarjeta, puedes llamarme cuando quieras. Le hablaré a Shino para que podamos ir a visitarte y poder conocer al pequeño Boruto.

– Me has caído como anillo al dedo, Kiba-kun– confesó, el mencionado ladeó la cabeza confundido– ¿Puedes ir a buscarme cada mañana en la misma dirección que hoy y traerme aquí? Necesito a alguien de confianza– Kiba asintió en respuesta– nos vemos luego, te llamare para ponernos de acuerdo– le dio el dinero, al cual este se negó pero ella insistió y no le quedó más que aceptarlo. Estaba por bajarse del taxi, pero Kiba la tomó de la mano deteniendo su andar.

– Lamento mucho lo que paso con Naruto– murmuro con pena.

– Yo también lo lamento– respondió a secas.

Faltaban cinco minutos para las 8 am, atravesó el jardín delantero hasta llegar a la enorme puerta blanca. Toco el timbre una vez, solo eso, un minuto después una mujer unos 2 años o más mayor que ella le dio la bienvenida.

– Usted debe ser la enfermera, pase adelante– dijo abriéndole paso para entrar– Naruto-sama la espera en el patio– "¿Naruto-sama? No puede ser, a lo mejor y es otro Naruto" pensó aterrada. Su corazón amenazaba con salirse de su caja torácica, quedó paralizada en el recibidor de la enorme mansión. Miles de recuerdos la invadieron, tenía que ser él, nadie en su sano juicio llamaría a su hijo como el ingrediente del ramen, el cual por cierto, era el plato favorito de él.

– ¿Sucede algo malo, señorita?– la mujer agitó la mano frente a sus ojos un par de veces antes de esta volviera a la realidad, guardo con llave todas sus emociones y puso la cara más profesional que tenía. De hecho se activó su "modo trabajo". Atravesó la enorme sala siguiendo a la mujer de servicio, entonces lo vio, después de año y medio, estaba sentado de espaldas pero ese porte lo reconocería donde fuera. Quiso tirar todo por la borda y huir como lo que era, una cobarde.

– Naruto-sama, la señorita...– se interrumpió a sí misma, pues no conocía el nombre de la Hyuga. No podía dar su verdadero nombre, así que debía pensar en uno y rápido.

– Jinguji– respondió con rapidez– Jinguji Konata– fue el primer nombre que cruzó por su mente, su voz puso alerta al rubio que amaba tanto, quien anteriormente tenía la mirada perdida en algún punto fijo del pasto.

– ¿Hinata?– preguntó alterado, la mencionada se tenso al sentirse al descubierto. Este se levanto de donde estaba sentado, se giró hasta donde provino la voz de ella. Sintió su corazón romperse en mil pedazos, sus preciosos ojos azules no miraban a ningún lugar en específico. Sus piernas temblaban como gelatina, de forma disimulada se sostuvo del respaldo de la silla para no caer de rodillas en el suelo. Se aclaró la garganta para decir la mentira más grande que ha dicho en su vida, le duele tener que mentirle en la cara pero aún no estaba lista para enfrentarlo y contarle la verdad.

– Debe estar confundido, mi nombre no es Hinata– mintió descaradamente.

– Lo siento, supongo que hay personas que tienen voces parecidas– se rasco la nuca en señal de incomodidad– mucho gusto, Jinguji-san. Mi nombre es Uzumaki Naruto, cuide de mi por favor.

– Puede llamarme por mi nombre, Naruto-san, si no le molesta– respondió siguiendo con su convincente actuación que tendrá que seguirla hasta que la madre de este la descubra.

Pasar el día con él era como retroceder el tiempo, a la época en la que compartían una hermosa relación. Naruto como siempre confiaba rápido en las personas, ella sentía como si él en el fondo supiera que en realidad si se trataba de ella.

– ¡Naruto, regrese!– gritó desde abajo su madre. Naruto y ella estaban en la habitación del primero, él había insistido en que quería escuchar una película y ella tenía que describirle todo lo que veía. Le daba tristeza verlo así, pero le reconfortaba el hecho de que siguiera siendo el mismo de antes. Más de una vez se encontró en un intenso debate interno, pues en varias ocasiones casi le acariciaba la mejilla.

El momento de la verdad al fin llegó, se decidiría si tendría que decir toda la verdad de una vez por todas o Kushina le daría una oportunidad. La pelirroja cruzó el umbral de la habitación de su hijo, las miradas de ambas se cruzaron, se miraron fijamente por lo que a la más joven le parecieron horas. La mayor mostró enojo, estaba lista para gritarle a esa ingrata sus verdades a la cara, pero ella le pidió en silencio que no dijera nada. La tensión en el ambiente era palpable, tanto que el rubio no dudó en preguntárselo.

– ¿Sucede algo malo?– su voz mostraba confusión. Su madre desvío la mirada de la mujer frente a ella y respondió.

– Nada, sólo estaba analizando a la joven que nos envió mi amiga Tsunade a encargarse de ti– se giró dispuesta a irse pero antes de salir se dirigió a la joven con voz contenida– te espero en mi despacho, tengo un par de cosas que discutir contigo.

Un silencio sepulcral reinó cuando ella y Naruto se quedaron solos. Él nunca fue del tipo que se quedaba callado, así que decidió romper el silencio.

– La voz de mi madre fue enigmática, no puedo asegurar lo que realmente estaba pensando– comentó distraído. Ella lo miró de reojo y se preparó mentalmente para ir a hablar con su antigua suegra, antes de irse a casa.

– Debo irme– anunció después de un rato– fue un placer pasar el día con usted, nos vemos mañana– se despidió. Quiso darle un beso en la frente pero se contuvo apretando los puños en el proceso.

Se encontró con la madre de su amado, de brazos cruzados en el pasillo, esta no se veía nada feliz, de hecho pensó que estallaría en cualquier momento. Bajo la cabeza avergonzada consigo misma y la siguió en silencio hasta el despacho que estaba en planta baja. Estaba parada en medio de una enorme oficina cabizbaja, frente a un enorme escritorio de madera y rodeada de centenares de libreros. La pelirroja tenía los codos apoyados en su escritorio y sus manos entrelazadas, mirándola con una ceja arqueada esperando a que se dignara a hablar.

– ¿Y bien?– comenzó con sarcasmo– los ratones te comieron la lengua– la Hyuga se sentía como animal herido encerrado en una jaula, o mejor dicho, como un criminal al que habían atrapado haciendo de las suyas y ahora estaba siendo interrogado por el policía malo de la historia.

– Sé que...– comenzó en voz baja– no tengo justificación, no merezco que usted me éste dando la oportunidad de explicarlo todo, pero tenía miedo.

– ¿Miedo? ¿De qué?– preguntó en tono ácido. Hinata se estremeció ante ello, creía que la pelirroja se convertiría en el tan temido por sus allegados "la Habanero sangriento" y se lanzaría sobre ella. Pero no, ella simplemente se quedó en su lugar esperando que ella hablara.

– Miedo de arruinar su futuro prometedor– confesó levantando el rostro. La mujer se mostró confundida– él estaba muy ilusionado, deseaba graduarse cuanto antes y comenzar a manejar la empresa. Convertirla en la mejor de país, hacer que se expandiera hasta más allá del continente. No hablaba de otra cosa que no fuera de eso y yo estaba feliz por él, no puede imaginar lo orgullosa que me sentía por su determinación– hizo una pausa para respirar profundo, porque estaba a punto de revelar sus motivos– pero algo ocurrió, algo que repercutiría en su futuro brillante. Y es que yo... Yo estaba embarazada– Kushina desencajó la mandíbula por la sorpresa.

– ¿T-tú qué?– balbuceó.

– Estaba embarazada– repitió– Naruto-kun es padre, sé que él estaría muy ilusionado con la idea de ser padre, pero se convertiría en una distracción para él y se hubiera desviado de su camino– guardó silencio, las lágrimas eran derramadas sin su permiso. Tapó su rostro para intentar ahogar sus sollozos y no lucir más patética de lo que ya se veía.

– Sabes– habló Kushina después de un rato, llamando la atención de la ojiperla– recuerdo bien el día en que te fuiste, lo dejaste plantado en una cena que había preparado para ti. Recuerdó cuando llego a casa con su rostro bañado en lágrimas, dijo que quería dar el siguiente paso contigo pero tú no te presentaste en la cena. Dijo que nunca contestaste sus llamadas y que en tu casa nadie sabia donde estabas, de hecho todos actuaban como si ya no existieras. Los días pasaron y él ya no mencionaba tu nombre, pero ya no era el mismo de antes. Sus amigos y yo nos pusimos como regla nunca mencionar tu nombre, sin embargo él insistía en dar con tu paradero y que le dieras una explicación. Poco a poco se fue metiendo más en el trabajo en la oficina, casi no descansaba. Llegaba muy tarde a casa, tal vez lo hacía para mantener su mente ocupada y evitar pensar en ti.

– No sabe cuánto lamento haberlo hecho sufrir tanto– musitó arrepentida. Kushina gruñó furiosa, se levantó estrepitosamente de su asiento golpeando el escritorio con ambas manos.

– ¿Lo lamentas? ¿Por qué no pensaste eso antes? ¿Por qué no volviste después de dar a luz? ¿Sabes porque él está ciego? Por tu culpa, si tú no te hubieras ido, él no se quedaría hasta tarde en la oficina. Seguramente sería el primero en salir para ir a casa y pasar tiempo con su hijo. Si tú no hubieras desaparecido, ese horrible accidente que lo dejo así podría no haber sucedido– cada reproche que Kushina gritaba hacia ella, era una daga que se clavaba en su pecho. Había sido fuerte todo el día, pero ya no podía soportarlo más, sus piernas la traicionaron y cayó de rodillas mientras seguía llorando con amargura.

La pelirroja pensó que había ido demasiado lejos al culparla por lo que le pasó a su hijo, así que se agacho frente a ella, la tomó por la barbilla para que esta la mirara.

– Perdón, me deje llevar por mi rabia– se disculpó– sé que no es tú culpa, no es culpa de nadie. Ni del chofer, ni del asaltante, ni mucho menos de Naruto.

– Lo sé, pero no puedo evitar creer que usted tiene razón y es mi culpa– alegó– no merezco el perdón de Naruto-kun, tampoco merezco verlo siquiera. Pero tengo una petición que hacerle– vaciló al continuar, pues aún creía que no lo merecía– permítame seguir fingiendo ser alguien más, seguir cuidando de él sin que sepa que se trata de mi. Es lo menos que puedo hacer por él y por la paga no se preocupe, yo veré como hago para mantenerme a mí y a mi hijo.

– Está bien– aceptó, ella siempre creyó que todo el mundo merecía una segunda oportunidad– pero no voy a permitir que mi nieto pase calamidad, tu paga seguirá siendo la misma– sonrió, la idea de ser abuela la estaba enloqueciendo– pero hay una condición, debes decirle la verdad o me veré en la obligación de hacerlo por ti.

– Por favor, concédame algo de tiempo– la Uzumaki iba a interrumpirla, pero ella no se lo permitió– mi fecha límite será hasta la cirugía, debo decirle antes o estar allí cuando recupere la vista y explicarle mis razones ¿le parece?

– Muy bien, hasta la cirugía será– tomó las manos de la joven entre las suyas y ojos brillaron expectantes– ¿Cómo se llama mi nieto? ¿Se parece a su padre o a ti? ¿Cuándo nació? ¿Quién lo cuida ahora? ¡No puedo esperar para conocerlo!– la joven madre rió y comenzó a responder las preguntas con orgullo.

– Su nombre es Boruto, pero de cariño le digo Bolt. Es la réplica de Naruto-kun, incluso sacó las marcas en las mejillas, pero en lugar de tener 3, tiene 2– la pelirroja chillo emocionada.

– Te llevare a tu casa, no puedo esperar para conocerlo– se levantó de un brinco, tomó su bolso, las llaves de su auto y prácticamente arrastró a la Hyuga hasta el auto. En el camino solo hablaron del bebé, solo eso. La pelirroja aún estaba enojada con ella, pero era la mujer que su hijo amaba y la madre de su primer nieto, porque ella esperaba que tuvieran más hijos, al menos uno o dos más.

La Uzumaki sintió tristeza al ver el lugar donde vivía actualmente la que era conocida como la princesa Hyuga, esa chica estuvo rodeada de lujos desde antes de su nacimiento, pero siempre fue de corazón humilde. Sin embargo ahora vivía en un departamento donde apenas podrían vivir 2 personas. Supuso que el patriarca de los Hyuga desheredó a su hija cuando esta salió embarazada, pues esta no estaba casada y seria madre soltera, en pocas palabras, una vergüenza para la familia. Pero ella se veía tan feliz que le costaba trabajo creer que extrañaba todo eso, tal vez solo le afecte el desprecio de su padre.

– Sé lo que piensa, Kushina-san– dijo mientras sacaba sus llaves de su bolso– Irónico ¿no lo cree? La gran heredera de las aerolíneas Hyuga viviendo en un departamento que es del mismo tamaño que su antiguo armario.

– ¿No te ha costado trabajo despegarte de lo material?– preguntó, aunque ya conocía la respuesta.

– No, de hecho soy más feliz ahora. Usted y su esposo solían darle amor a su hijo a pesar de no tener tiempo, en cambio mi padre... – suspiró con cansancio.

– No tienes que decirlo, lo sé– interrumpió.

– Mi vida ya no tiene las comodidades de antes, apenas tengo dinero para comer. Pero mi hijo me da felicidad y eso es todo lo que importa, también cuento con el apoyo de mi primo Neji y mi hermana menor Hanabi– giro la llave y abrió la puerta dejando a la pelirroja entrar primero– Estoy en casa.

– Bienvenido, Hinata– salió la castaña, traía sus pertenecías dispuestas a retirarse, su trabajo había terminado– Boruto acaba de comer pero no he podido conseguir que durmiera, lo siento.

– Descuida, hasta para mi es difícil conseguirlo– dijo riendo. Tenten reparó en la presencia de la pelirroja, su vestimenta era la de una dama de la alta sociedad– Tenten, ella es Uzumaki Kushina, la madre de Naruto– ella no conocía al hombre en persona, pero si por foto y por todo lo que Hinata le había contado– Kushina-san, ella es Tenten, una amiga que cuida de Bolt cuando yo tengo que ir al trabajo.

– Mucho gusto– ambas levantaron la mano en forma de saludo– tengo que irme, hasta mañana.

– Hasta mañana– respondió. Cerro la puerta antes de guiar a la pelirroja hasta donde estaba su habitación. El niño tenía sus manitas levantadas jugando con algo imaginario acostado en la pequeña cuna con sábanas azules, su madre se acercó a él y lo tomó entre sus brazos, deposito un beso en su frente y se lo entregó a su abuela.

– Es hermoso– admiró la mujer al borde de las lágrimas, era como retroceder 23 años y volver a tener su único hijo en brazos– tenías razón, es la réplica de Naruto. Por lo que escuche, también es igual de hiperactivo.

– Si, así es– se quedo mirando como la Uzumaki jugaba con su pequeño. Por un instante imaginó que era Naruto quien estaba allí y no su madre, que era él quien sonreía por tenerlo entre sus brazos. Incluso podía verlo hablarle con esa hermosa sonrisa reluciente. Salió de su transe al darse cuenta que la pelirroja le estaba hablando– disculpe ¿me dijo algo?.

– Me preguntaba si podrías llevarlo a mi casa un día de estos.

– No habrá ningún problema– respondió– solo no debemos mencionar su verdadero nombre.

– Lo llamaremos Bolt y tú ¿qué nombre te inventaste?– pregunto burlona imaginando la incómoda situación por la que tuvo que pasar al conocer a su "paciente".

– Jinguji Konata– murmuró sonrojada, la Uzumaki soltó una sonora carcajada– estaba entre la espada y la pared, Naruto-kun reconoció mi voz. Tuve que darle el primer nombre que se me ocurrió y negarle que era yo.

– Tendré que acostumbrarme a tu nuevo nombre, Jinguji Konata– su ex suegra le parecía divertida su desgracia. Le entregó al bebé y se marchó, no sin antes recordarle la conversación que tuvieron en su casa.

– Tu abuelita es una persona muy buena, Boruto. Ha perdonado a mamá por su estupidez– miró a su bebé, sus ojos azules le devolvía la mirada con confusión como si tratara de comprender lo que ella decía– volví a ver a tu papá, pero no puede ver. Mamá se siente culpable por no haber estado con él en todo esto, pero no te preocupes– acarició su nariz con el índice– tú y yo lo haremos feliz de nuevo, lo haremos ver la luz a través de la oscuridad. Solo es cuestión de tiempo, de veras.

...

Desde que escuchó la voz de esa mujer, una llama que creía apagada en su pecho, volvió a encenderse. Estar en compañía de ella, le recordaba a su amada Hinata.

– Perdóname, Naruto, pero me ofrecí a llevar a Konata-san a su casa– escuchó decir a su madre, esta se sentó a su lado. Se incorporó, buscó la mano de su madre y la apretó– háblame de aquello que te acongoja, soy toda oídos.

– Esa mujer– comenzó inseguro– me hace recordarla a ella, tanto que es doloroso. Su voz es muy parecida, tanto que la confundí con la de Hinata ¿Como es físicamente Konata?– su madre se sintió miserable porque debía mentirle. Pensó en cómo describir a la Hyuga y por supuesto ordenarle a la mucama que ella también le respondiera lo mismo, en caso de que él llegue a preguntarle.

– Es muy bonita, tiene el cabello negro corto hasta los hombros y los ojos grises– no era una descripción muy alejada de la realidad, solo que Hinata tiene el cabello azulado y sus ojos son de un peculiar color perla. Ella solía llevar el cabello hasta la cintura, pero ahora está a la altura de los hombros, dándole un aire más maduro.

– Ya veo– fue lo único que acotó. Volvió a recostarse y le informo a su madre que no cenaría con ella, no tenía apetito. La pelirroja lo miró con pena, le dolía mentirle a su único hijo, pero también entendía que era lo mejor para él. Aunque no pueda ver que su amada es quien lo cuida, su corazón estará lleno de gozo porque sabrá que se trata de ella.


Hasta aquí el primer capítulo, espero que haya sido de su agrado.

Espero que se tomen la molestia de dejarme sus opiniones en un Rewiers, por allí leí que un rewiers hace a un escritor feliz. No hay nada más cierto que eso.

Nos leemos en el próximo capítulo, Hasta la próxima.

EAUchiha