PROLOGO
En la profunda oscuridad de su laboratorio y, acompañado por la mujer más misteriosa que alguna vez conoció, Winston sintió que los muertos regresaban del más allá. Las palabras de la joven que se hacía llamar Ann Williams eran precisas, directas y absolutamente entendibles, pero el científico no terminaba de creer en ellas.
-¡¿Cómo que está vivo?! –preguntó confundido por tercera vez en los últimos diez minutos.
-Ya se lo dije, señor. Está más vivo que nunca… –respondió Ann. La chica estaba en una esquina del laboratorio, recostando su espalda contra una pared y envuelta en sombras. Tenía unos 22 años de edad, cabello negro muy corto, tez blanca y penetrantes ojos celestes. Su rostro, ligeramente redondeado y con manchas en las mejillas mantenía una frialdad autentica frente a la postura de desconcierto del simio.
-Pero… vi su cuerpo… ¡vi su tumba! ¡la autopsia confirmó que era él! ¡Warren se había suicidado!
Williams estuvo a punto de perder la paciencia, pero continuó con su juego. El misterio era el arma predilecta de su superior. La suya también.
-¿Trabajo con una mujer que revivía a los caídos con un simple movimiento de su mano y le sorprende esto? Lo creía más listo, doctor.
"Te creía más listo, colega" resonó en la mente de Winston. Una voz fría, imponente, casi mecánica, con un marcado acento británico y un tono inexpresivo que se desenterraba de sus recuerdos, de sus años en Overwatch…
-Winston, cálmate por favor. –intervino Athena con preocupación. –Tu ritmo cardiaco esta por las nubes.
Luego de unos segundos de silencio absoluto el gorila bufó pesadamente, caminó con lentitud hacia una rueda y se recostó en ella. Limpiando sus lentes con una delicadeza sorprendente pese a sus enormes manos comenzó a ralentizar el ritmo de su respiración, en un intento por mantener la calma y controlar al instinto animal que llevaba dentro. Ann, sin dejar de observar con detenimiento el "ritual" de Winston, sacó un sobre de papel madera de su elegante gabardina y lo dejó juntó a la computadora del científico. Ya había jugado demasiado con él.
-Quiere ayudar, no solo a rearmar Overwatch sino a reinstalarla oficialmente. Si no me cree… échele un vistazo a su envío. Nos veremos pronto, doctor.
La mujer lo saludó a la distancia y se dirigió a la salida del laboratorio con rapidez. El sonido hueco de sus tacones fue interrumpido por la gruesa voz de Winston. Tenía una última duda.
-¿Y cómo va a hacerlo?
Williams sonrió. Estaba esperando esa pregunta.
-La cuestión no es el cómo, sino el quien.
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En algún punto perdido de Dorado…
La alargada silueta avanzo tranquilamente por las desoladas calles de Dorado para adentrarse en un oscuro callejón, en donde las desconfiadas miradas de unos maleantes comenzaban a rodearlo con discreción. El hombre de traje sabía perfectamente que era zona era controlada por la peligrosa banda de Los Muertos, pero ese mínimo contratiempo no detendría su búsqueda. Si los rumores eran ciertos, su presencia allí estaba más que justificada. El inglés levantó ligeramente la vista y sonrió confiado. Alguien lo estaba cubriendo desde arriba.
-¡Eh, gringo! –grito uno, con cierto acento burlón. El hombre se detuvo al instante. Saliendo de la oscuridad, un joven con tatuajes fluorescentes en todo su cuerpo se acercó a él, con un bate metálico en sus manos. –Este no parece un lugar para los de tu clase…
-¿Qué haces por aquí, gringo? —preguntó otro, estudiándolo con la mirada.
-Visito a un amigo. –respondió, con las manos dentro de los bolsillos de su elegante pantalón. Al instante, el grupo rio animadamente.
-¡Calmados! —ordeno el joven. El hombre supuso que él era el "líder" de esa pandilla. Acercó el bate hasta su rostro, con una sonrisa amenazante. -¿Acaso ese amigo tuyo también es gringo?
El hombre de traje sonrió siniestramente. La sombra que lo vigilaba desde el aire se preparó para atacar. Estaba en el lugar indicado, pero no en el momento, y eso era algo que el hombre le había enseñado muy bien durante su entrenamiento. Finalmente respiró profundamente, se contuvo y retrocedió.
-Mira, hay un cabron que esta tras nuestra banda... –prosiguió el pandillero, mientras se escuchaban sonidos de armas cargadas y seguros quitados a su alrededor. –Un viejo soldado que se hace el valiente con mis muchachos, ¿lo pillas?
El hombre borró su sonrisa y tomó una bocanada de aire, preparando su cuerpo y su mente para matar. Estaba rodeado por ocho sujetos en un espacio de menos de cinco metros de ancho. Solo un par tenía armas de grueso calibre mientras que los restantes portaban pistolas o rifles ligeros. El líder, mucho más confiado que los demás, con un bate. Seria pan comido.
-Déjame al jefe, acaba con el resto. –ordeno. Al instante, se desató el infierno.
Dos granadas de humo cayeron del cielo, rebotaron un par de veces con el concreto y cubrieron el callejón con una densa niebla blanquecina. Casi por instinto, un par de maleantes gatillaron frenéticamente hacia donde se encontraba el hombre de traje, pero fueron abatidos al instante por certeros disparos a la cabeza. Al mismo tiempo, una delicada silueta aterrizaba ágilmente sobre otro de los miembros de Los Muertos y le clavaba un puñal en la garganta. La silueta sonrió, sacó dos cuchillas más y se abalanzó sobre los tiradores pesados, perforando sus pulmones con eficacia. La sangre brotó con la misma rapidez con la que los moribundos dejaban escapar varias ráfagas de fuego contra ningún objetivo. El líder, aterrorizado, tambaleo y se derrumbó en el piso mientras observaba como sus últimos hombres morían atravesados por balas. Luego hubo silencio, uno que el hombre de traje se encargó de romper con el recargar de su arma. Salió de entre la niebla, sonriente, impecable, apuntando directamente a la cabeza del líder.
-¡No, por favor! –gritó mientras se arrastraba en el suelo, en un intento por alejarse de aquel sujeto. -¡Pue… puedo darte información de la tía! ¡La hacker! ¡La que todos están buscando! ¡Solo… no me mates!
El hombre guardó la pistola, hizo un rápido gesto con su mano y el joven recibió un duro puñetazo en su cara. Luego de un par de segundos de atontamiento notó el rostro determinado y frio de una jovencita frente al de él. Era totalmente calva, de exóticos ojos morados y tez muy pálida. La delicadeza de sus facciones contrastaba con la sangre fresca que salpicaba sus mejillas rosadas.
-Mi agente te hará un breve interrogatorio. –rugió el hombre de traje, prosiguiendo su camino como si nada hubiese pasado. –SI la convences con tu información, puede que sigas viviendo. ¿Entendido?
-Si, si… señor. –contestó entre temblores. La chica soltó una pequeña carcajada y lo arrastro varios metros hasta el punto más oscuro del callejón. El hombre de traje apuró sus pasos, acomodó como pudo su elegante vestimenta y salió del lugar. "Ya no estoy para el trabajo de campo… " pensó, mientras avanzaba por una estrecha calle y evitaba la mirada de un pequeño grupo de miembros de Los Muertos. Por suerte (para ellos), no le prestaron mucha atención.
Metros adelante, se detuvo frente a la oxidada puerta metálica de un deposito abandonado.
-Con que aquí te escondiste… –susurró, empujando con ligereza la puerta.
Su punto de llegada era un enorme, vacío y sucio almacén que había dejado de utilizarse hace bastante tiempo. La luz de la luna llena se filtraba por las enormes hendijas del techo, iluminando tenuemente las pilas de basura y escombros endurecidos que cubrían parte del suelo. No era el lugar más apto para encontrarse con alguien. El hombre de traje desenfundó la pistola con silenciador de su saco, atento a cualquier movimiento que pudiera notar en la oscuridad, a cualquier objeto fuera de lugar. A pesar de sus 53 años recién cumplidos, su vista y su oído funcionaba a la perfección. Sin embargo, no esperó sentir el frio cañón de un rifle apoyado en su espalda. Había alguien tras él.
-¿Quién eres? –pregunto amenazante, mientras hundía el cañon del arma en sus costillas. Su tono de voz. seco y estricto, delataba una extensa carrera militar. A pesar de la pequeña distorsión en su voz, el hombre de traje reconoció a su asaltante de inmediato.
-Con que los rumores eran ciertos… -dijo en voz baja, con un inconfundible acento británico. El inglés se dio la vuelta muy lentamente y le plantó cara con una irónica sonrisa. El asaltante misterioso tardó pocos instantes en reconocerlo.
-¿Warren… Johnson?! -exclamo asombrado mientras se alejaba del hombre a grandes zancadas, sin dejar de apuntarle en ningún momento.
-Jack Morrison. –contestó Warren. Guardo su pistola dentro del saco, en señal de que venía en son de paz. Frente a él estaba el, aparentemente muerto, ex líder de Overwatch; la cabeza de la organización militar más grande del mundo: Jack Morrison. –Los rumores eran ciertos: seguías con vida.
-¿No te habías… suicidado?
-No, viejo amigo. Estuve demasiado ocupado como para meterme una bala en la sien. –contestó irónico Johnson, reacomodando su saco negro. Para la mayoría de las personas el ex director de contrainteligencia de Overwatch se había matado horas después de la aprobación del Acta de Petras. Al parecer, su plan para desaparecer había funcionado muy bien. —Ocho años… ocho años y te creí muerto, amigo. Cuánta razón tenía Angela: Los héroes nunca mueren.
-Ya no soy un héroe, Warren. –contestó Jack con frialdad, guardando su rifle.
-¿Y que eres? ¿Un soldado solitario y perdido? ¿Un psicópata suelto con un arma experimental?
-Un vengador.
-Uno que necesito para la causa.
-¿Causa? ¿Para eso viniste aquí? –respondió enojado. Antes de continuar tomó una pequeña pausa para tratar de calmar sus ánimos. No quería confrontar con un antiguo camarada. –Winston es muy ingenuo. Cree que con una llamada todo se solucionara, que los demás harán borrón y cuenta nueva y nos dejaran actuar, que nos olvidaremos de todo lo que dijeron, de todo lo que nos hicieron…
-Winston es noble, no hace las cosas por ingenuidad sino por pasión. Tendrías que verlo, se siente tan vivo hablando con Tracer y los demás. No los ve a ustedes como sus compañeros, sino como su familia.
-Una familia que se encargaron de destrozar.
-¿Lo dices por Ana?
-Ana, Gabriel, Selina, Gerard… ¡acabaron con todos!
-Si estalla una nueva crisis entre los omnicos y los humanos todo por lo que ellos pelearon se perderá. Sus muertes habrán sido en vano…
Morrison suspiró frustrado. Warren sonrió victorioso, casi lo tenía en sus manos. "Tengo que seguir por esa senda… "
-Tienes que volver a la acción. –continuó, intentando sonar lo más sincero posible. —Overwatch necesita un líder fuerte, un visionario que inspire a sus hombres a defender la paz, la libertad y la justicia. Y nadie está más preparado para ese puesto que tú. Es nuestra oportunidad para cambiar…
-No.
La corta y concisa respuesta dejó a Warren sorprendido, quien tardó varios segundos en asimilar dos simples letras. No podía creer que la cabeza de Overwatch durante años se rindiera tan fácilmente, que el soldado que abatía ejércitos enteros sin inmutarse dejara pasar una oportunidad única. Pero cuando observó con mayor detenimiento el rostro cubierto y cicatrizado de Jack, Johnson cayó en la cuenta de que no estaba hablando con un antiguo camarada, sino que con un fantasma. Un hombre sin alma que había perdido todas sus motivaciones hacía mucho tiempo y vagaba por el mundo sin ningún objetivo aparente. "Un muerto viviente" pensó Warren decepcionado. "El mejor soldado de la historia se ha convertido en un muerto viviente. "
-He hecho cosas terribles para sobrevivir, Warren. Ya no merezco ese puesto.
-Vaya, que lastima… -respondió, escondiendo su pena ante la elección de su ex compañero. -Si esta va a ser la última vez en la que nos vamos a ver al menos hazme este favor.
Warren sacó una pequeña tarjeta metálica del bolsillo de su saco y se la acercó a Morrison. Jack la tomó, la observo por un solo segundo y la guardo en su chaqueta.
-¿Favor?
-Me contaron que te llevas de maravilla con Los Muertos.
Jack gruño molesto. Odiaba el uso de la ironía de Warren.
-Tengo información de que han estado recibiendo cargamentos de armas por parte de cierta organización terrorista que busca expandir sus horizontes. Si puedes, hazles una visita.
El hombre de traje lo saludo de forma militar y se dirigió a la salida con lentitud. Desconcertado, Jack lo observó desde las sombras, intentando buscarle una explicación lógica a semejante aparición. No era solo por Overwatch, no era solo por Los Muertos, había algo más. Con Warren Johnson, el hombre de las conspiraciones, siempre había algo más.
-Sabes quienes fueron, ¿verdad? –se animó a preguntar. Johnson se detuvo en seco y contestó.
-Quizás...
"¿Quizás? ¡Es un puto sí!" pensó Jack, ansioso por saber la identidad de los idiotas que se atrevieron a meterse con él y con su familia, con Overwatch.
-Seguramente estás pensando que te lo diré. –prosiguió el hombre de traje, tanto con sus palabras como con su andar.
-¡Me lo debes!
-Esa deuda ya está saldada hace tiempo, Morrison. Vine para subirte a un avión, no para darte información que terminara por matarte.
-¡¿Dejaras que sigan libres los que destruyeron nuestro trabajo, nuestro esfuerzo, nuestra familia?!
-Por ahora sí.
El ligero estruendo metálico de la puerta le aviso a Jack de que su invitado se había marchado.
Afuera, la joven calva esperaba impaciente a Johnson, con el pandillero de Los Muertos derrumbado bajo sus pies. El mismo estaba en silencio, en posición fetal y con sus manos ensangrentadas cubriendo su rostro. Temblaba como si hubiese visto al mismísimo diablo en persona.
-Parece que te convenció.
-Me hablo de la hacker. Dice que una vez al mes llega a la ciudad a compartir información con los jefes de la banda. Este lugar es seguro para ella, nadie se atrevería a traicionarla.
-¿Y por qué él sí?
-Digamos que ahora le falta un ojo…
Warren sonrió satisfecho, sacó la pistola de su saco y disparo a la cabeza del maleante sin más. "Puede que sigas viviendo" le había dicho minutos antes, y su mueca se profundizó al recordar que tan buen mentiroso era.
-¿Algo más?
-Me ha llegado un informe de tus coleguillas. Tu chico se está moviendo.
Johnson aguzó el oído. Estaba esperando hace tiempo esa información.
-¿En dónde está?
La chica desplegó una pequeña pantalla holográfica con sus manos y tecleó sobre ella, abriendo un mapa del destino al que se dirigía el desconocido. Warren sonrió sorprendido y contagió a su compañera con el mismo sentimiento. Era muy extraño que Johnson se asombrara por algo.
-Vaya… va a la jurisdicción de Oxton. Tendremos que incluirla en el juego antes de lo previsto. –dijo, desactivando la holopantalla. -Llama a EVI-7, nos vamos de aquí.
-¿Y el Soldado?
-Katrina, aún no jugué mi as bajo la manga.
-¿Y qué esperas para usarla?
-Que Morrison se arriesgue más, que juegue más fichas. Lo entenderá algún día, agente.
-Eso espero, señor Johnson.
