Condenada al demonio

.

.

Los personajes de Masashi Kishimoto NO son de mi propiedad.

Naruto, Sakura. Palabras fuertes y lemon explícito más adelante.

Ooc en Naruto.


Toman mi alma entre sus manos
y con caprichosas formas
me transforman en un ente nuevo

-xxx-

Un ave blanca pasó volando libremente por la ventana y ella deseó poder hacer lo mismo.

En ese momento, el jefe espiritual elevó la mano, callando a los demás.

La mujer envuelta en mantas blancas, suaves y puritanas, miró adolorida a sus padres entre el gentío sintiendo que un abismo se abría bajo sus pies. Su madre cubrió el rostro, llorando desesperada y su padre, un hombre de buen corazón, la acunaba para evitar que desmayara o cometiera una locura, como la de ir contra el consejo y la decisión que se había tomado respecto a su hija. El silencio sofocante de la habitación, las miradas anhelantes y demenciales dirigidas a ella, la hicieron temblar de puro miedo, su cuerpo estaba rígido y el corazón le latía rápidamente. Quiso pedir clemencia por su alma, pero las oraciones no le servirían para evadir el calvario al que iba a ser expuesta por resolución de la jerarquía.

Las lágrimas ya estaban ahí, en sus ojos.

—Hija mía —llamó de pronto el más viejo de los ancianos—. Pediré por tu alma.

Los restantes asintieron.

Sakura respiró agitadamente, presa del estupor. Erguida en la tarima, frente a los demás integrantes, siendo preparada y expuesta como un objeto en exhibición, porque su cuerpo cumpliría las demandas del demonio más temido de la época: El Kyubi. Ella sería el sacrificio, que llevaría al apaciguamiento y la obediencia que se había mantenido vigente desde siglos atrás en la aldea, consiguiendo mantener alejado al mal que vivía fuera de los muros, que se movía entre el espeso y oscuro bosque; acechando con sus ojos rojizos y fieras garras, esperando por una próxima víctima para saciar la sed de sangre humana.

Bajó la vista llorosa hasta sus manos entrelazadas.

Esa era su condena.

-o-

Lavaron su largo cabello rosa con esencias naturales, la peinaron... acomodando las coloridas hebras en una trenza adornada por flores blancas y la vistieron con túnicas blancas (casi transparentes) que representaba la pureza de su espíritu y cuerpo. Sakura lloraba en silencio mientras era preparada. Le habían negado despedirse de sus padres, ni siquiera después de la reunión se le había permitido hablar con ellos para intercambiar las últimas palabras, el último abrazo antes de desaparecer por siempre.

Una sacerdotisa, fría y distante, la condujo al tradicional carruaje que esperaba afuera. Le cubrió la nuca con un velo, privando a los curiosos de poder ver su rostro al partir hacia las periferias.

Una figura masculina se acercó hacia ambas.

—Danzou-sama, ella está lista —dijo la mujer, mostrándole a la ausente muchacha.

El hombre asintió después de evaluarla—. Retírese, miko. Déjeme a solas con ella.

La mujer desapareció y quedaron a solas. Sakura se mantuvo cabizbaja en todo momento.

—Lo siento, Sakura, te conozco desde pequeña —suspiró—. No creí que tú fueses la elegida... al parecer, te esmeraste demasiado por llamar la atención trabajando por los enfermos y acercándote a leprosos.

Por ser bondadosa, estaba siendo crucificada. Claro.

Apretó el puño fuertemente, iracunda.

—No lo entiendo, señor —siseó bajo el velo.

—Y no esperaba que lo hicieras, sólo debes acatar y salvar a tu pueblo de una catástrofe —contestó en una sonrisa retorcida—. Es una verdadera pena, chiquilla, que te priven de poder disfrutar de la vida y de un... —se detuvo para mirar a ambos lados— hombre.

Lo último lo susurró de una forma que le causó repugnancia, pero que además, la llenó de rabia. Deseaba molerlo a golpes con sus puños.

Levantó el rostro, enfrentándolo y lo contempló asqueada—. No entiendo lo que dice y no me gusta su tono, señor.

Él lanzó una risotada.

—Ya entenderás cuando ese repugnante monstruo te someta de las peores formas —añadió—. Chiquilla, no por nada, ofrecemos vírgenes bondadosas.

Esta vez, la fémina tragó saliva dolorosamente por la garganta, imaginando de qué iba la advertencia en sus palabras y de lo que le ocurriría al estar a merced de la bestia. Dio un paso atrás, mirándolo asustada como un corderito que va al matadero, causando que una evidente risita burlona saliera de Danzou al notar la exagerada reacción, mueca que duró sólo unos segundos, ya que el anciano, el jefe espiritual con más jerarquía, se acercaba acompañado de dos guardias.

Sakura también lo miró y tapó su rostro con ambas manos sabiendo que el tiempo se había acabado para ella.

—Es la hora, la luna está llena. Te debes marchar —informó el viejo estrictamente, luego elevó ambos brazos en señal de oración—. Que el alma de esta muchacha, nos libre...

La aludida, cerró los orbes y pidió por ella misma, dado que nadie lo haría, salvo sus padres.

Una vez concluida la plegaria, el anciano hizo un ademán con la cabeza y los guardias la guiaron hasta el carruaje sin tapadera. La chica subió lentamente los escalones, quedando parada en la plataforma, con la cabeza escondida en la blanca capucha. Danzou la contempló insistentemente desde abajo. Dos guardias la acompañarían hasta el inicio del bosque prohibido (como le llamaban), después ella debía continuar el trayecto a pie y en completa soledad; como señal de ofrecimiento y vulnerabilidad frente al demonio.

Ninguna mujer hasta ahora, había regresado a la aldea viva o muerta.

Con antorchas en la manos, algunos aldeanos la despidieron desde la calle, orando para que la escogida fuese la indicada para saciar el tormento del Kyubi.

El caballo tiró... comenzando el largo recorrido. La fémina giró el pálido rostro, notando cómo las siluetas de esos crueles hombres, que no dieron una palabra de aliento para ella, se distorsionaban a medida que se iba alejando del lugar donde creció, pensó en su madre y padre, amigos y enfermos que no terminó de cuidar. Pensó en toda su vida y en lo que le esperaba. Y gritó, entre un llanto desesperado.

Los destinados a llevarla, se miraron entre sí, compasivos. Esperando que sus hijas jamás llevaran esa pesada carga.

Después de unos minutos, el carruaje pasó los altos muros de la aldea, internándose en un camino estrecho y polvoriento. Unos metros más allá, el inicio de bosque prohibido comenzaba a notarse, no habían flores ni extensos campos alrededor, solamente oscuridad y aves aterradoras volando de un lado a otro, apuntada en las ramas desnudas de los árboles, acechándolos seguidamente con sus ojos rojos como la sangre.

La luna iluminaba el sendero a seguir, haciéndolo todo más tétrico.

Sakura sintió frío, al resoplar por su boca, salió una nube de vapor. Las malas lenguas, decían que al acercarse al bosque un frío abrumador se comenzaba a sentir, símbolo de la inmensa maldad y poder del monstruo que gobernaba esas pérdidas tierras. La chica talló sus brazos repetidas veces tratando de buscar algo de calor en esas ropas ligeras.

—Dios, que frío... —comentó un guardia al otro mirando a todos lados—. Siento que nos observan... date prisa.

—Vamos, muchacho, vamos —aceleró el trote del equino.

De pronto, una poderosa ventisca asustó al caballo que se paralizó a mitad del solitario camino, negándose a seguir. El hombre gritó y agitó las cuerdas desesperadamente, consiguiendo asustarse más. La de cabello rosa apretó las manos contra su pecho, asustada, el corazón le latía desbocado bajo esas túnicas.

—¡No quiere seguir! niña, sigue tú, ¡bájate! —ordenó el más joven de los guardias, indicándole que descendiera.

Un gruñido animal y fiero se extendió por toda la zona, ahuyentando a las aves y provocando que el caballo relinchara aterrado, irguiéndose en sus dos patas traseras para soltarse de las amarras.

Las tres personas cayeron al suelo por el brusco movimiento.

La fémina se golpeó la cabeza y sangró un poco, quitó la túnica para cubrir con la mano la frente lastimada.

—¡Sube y vámonos, Tanaka! —gritó el hombre, el otro hizo caso y como pudo, subió al carruaje, ordenando al caballo a andar.

Sakura estiró la mano.

—Espe... esperen... —gimió, presa del dolor y del miedo.

Ignorándola, dieron media vuelta y se perdieron en la oscuridad del sendero de vuelta al pueblo.

A duras penas, logró ponerse de pie, tambaleó debido al repentino mareo que la dominó y caminó sin darse cuenta hacia la espesura del bosque. El golpe en su cabeza la había dejado desenfocada, veía las figuras borrosas y negras, siluetas escalofriantes y oía gruñidos respirando muy cerca de su oído. Escuchó un jadeo animal acercarse, la tierra se movió bajo sus pies, como si una criatura viniera directamente a ella, tumbando gigantescos árboles a su paso. Sakura alzó la mirada verdosa hacia el frente y se fijó en la luna que se alzaba tras una colina siendo adornada por pinos extremadamente altos y junto al árbol, en la fina punta, apareció una silueta monstruosa de calibre pesado. Un escalofrío la recorrió entera y ya no pudo más.

La fémina cayó de rodillas.

—Voy a morir, voy a morir —repitió abrumada, sintiendo la garganta apretada.

Cerró los ojos, comprimiendo los párpados y finalmente se desmayó, tumbándose sobre la tierra.

La tenebrosa figura empinada en la punta del pino, dio un gran salto para llegar hasta a ella. Las múltiples colas se dispersaron alrededor, causando una ventolera que removió la vegetación.

—¿Una mujer? —preguntó una voz humana.

Otra voz rió.

—Una mujer humana para el sacrificio.

Acercó el hocico a la mata de cabello rosa y la olfateó minuciosamente.

—Está muerta —sentenció el que parecía ser humano.

—Sólo herida, huelo sangre en ella, está viva y mira... está despertando.

Sakura entreabrió los orbes y se fijó unos segundos en la mirada rasgada que la observaba atenta. Volvió a desmayarse antes de ver, que la silueta animal comenzaba a tomar la forma de un hombre común y corriente y las colas de fuego (como látigos del diablo), desaparecían lentamente.

—Volvió a dormirse, qué debilucha es. Mátala.

—Cállate. —Ordenó en un gruñido.

La tomó en un ágil movimiento, la acomodó en un hombro, como si fuese un saco de verduras y caminó hacia el corazón del bosque, donde estaba su guarida.

—Creo que tendrás diversión, muchachito.

—Tú también.

El misterioso hombre esbozó una sonrisa, enseñando dos pequeños colmillos en su dentadura, manifestando que sus intenciones no eran precisamente buenas.

Continuará...


Pobre Sakura u.u

¿Y? cómo estuve? espero que bien... :'D cualquier cosita me la dicen en un review, me gustaría mucho saber sus opiniones. De verdad. Así que no sean tímidos, lectores y déjenme comentarios.

¡Muchas gracias por leer! y aviso que esta historia será cortita, tendrá lemon, palabras vulgares y más.

NO PERMITO QUE TOMEN ESTA IDEA SIN MI CONSENTIMIENTO. NO AL PLAGIO.

byebye!