Atem miraba por la ventana, preguntándose cómo sería todo al día siguiente. Estaba sentado en el escritorio de Yugi mientras el pequeño dormía profundamente, ajeno a la preocupación del mayor por reincorporarse a una vida que no le pertenecía del todo.
Suspiró aliviado al darse cuenta de que lo que había aprendido con Yugi en la escuela aún permanecía en su mente, al igual que todas las cosas que Yugi había aprendido durante su vida escolar. Escuchó ruido a sus espaldas, pero imaginó que se trataría de nuevo del pequeño removiéndose en la cama.
—Atem… —Llamó somnoliento, confundido. — ¿Qué haces aquí?
Atem sonrió. —Perdóname Aibou. —Murmuró levantándose de su sitio y encaminándose a la cama, arropó bien al pequeño y besó su frente antes de dirigirse hacia la puerta. —Mi nueva habitación es fría y solitaria, y me recuerda demasiado al rompecabezas. Me voy para que descanses.
—Espera. —Llamó sentándose y tallándose un ojo. —Puedes quedarte ésta noche aquí. Mañana podemos mover tu cama a mi habitación, no hay mucho espacio, pero si ponemos los dos colchones juntos…
—Yugi, no quiero que mi estadía en éste mundo te cause más molestias, bastante es para mí saber que me recibieron en su casa y que tu abuelo me permitirá estudiar en lugar de trabajar para pagar el hecho de que me permitan vivir con ustedes. No es justo que encima te quite tu tranquilidad al dormir.
—Pero tampoco tú puedes dormir ahí ¿O sí?
— ¿A qué te refieres? —Respondió sorprendido de la afirmación del pequeño.
—El lazo. No se rompió del todo ¿O sí? Si tú no puedes dormir, yo me despierto intranquilo.
Atem sonrió avanzando hacia Yugi. Se sentó a su lado en la cama y le acarició el cabello en un gesto conciliador y fraternal.
—No, no está roto del todo. ¿No te molesta que me quede contigo ésta noche?
—Me molesta más que preguntes. —Admitió recorriéndose hasta la pared y levantando las sábanas, invitando a Atem a acostarse. El mayor volvió a arropar a su hikari y sonrió acurrucándose a su lado.
—Desde que volvimos de Egipto no has hecho otra cosa que ayudarme… Gracias, Aibou.
1 El regreso del faraón. (Ariana Grande – Quit (remix feat Sia))
Continuación de "El secreto de la tumba"
Joey, Tea y Tristán esperaban en la entrada de la escuela, impacientes. Desde su regreso de Egipto, después de haber enfrentado a tantos enemigos, la escuela podría parecer una tontería circunstancial, pero desde que se habían anunciado los compañeros nuevos de clases, bueno, entonces cambiaban las cosas.
La última vez que habían tenido un compañero nuevo de escuela, éste había resultado ser un loco inter-dimensional obsesionado con acabar con Yugi para trascender al Plana. Tea había decidido irse a Nueva York un año para estudiar danza en Broadway y luego los Ishtar los habían invitado de vacaciones a Egipto una semana.
Para vacaciones.
De nuevo, involucrados con los artículos del milenio.
Y ahora, Atem en cuerpo y alma viviendo en su mundo.
—Qué mala educación tiene Yugi. —Espetó Joey con los ojos cerrados y cruzándose de brazos, negando con la cabeza. —Hacer esperar a los amigos después de haber pasado por tanto.
—Sí. —Añadió Tristán adoptando la misma pose. —Eso no está nada bien.
—Bueno. —Comentó Tea divertida. —Yugi nunca llegó muy temprano ¿Verdad?
—Vamos chicos. No me dirán que están nerviosos. —Exclamó Duke llegando a la entrada con el uniforme escolar y media sonrisa de autosuficiencia.
—Buenos días. —Murmuró Bakura, nervioso y emocionado al mismo tiempo.
— ¿Qué ocurre? —Quiso saber Duke al verlos a todos tan intranquilos.
—La última vez que hubo un estudiante nuevo… —Confesó Bakura sintiendo escalofríos. —Terminé atrapado entre dos dimensiones. Y el anillo del milenio… —El recuerdo de Diva poseído por los poderes oscuros del anillo consiguió que todos se estremecieran un momento.
—Oh vamos chicos. —Espetó Tea con optimismo señalando las aulas y comenzando a caminar en esa dirección. —Se acabaron los problemas y nosotros podremos seguir nuestra vida, tranquilos.
—Es cierto. Qué tonterías están diciendo. —Añadió Duke altanero mientras lanzaba guiños a un grupo de chicas que los observaban desde lejos, (En realidad, sólo observaban a Bakura y a Duke), ocultas tras un árbol.
—Nunca se sabe. —Murmuró Bakura al final, resignado. —Ya hemos dicho varias veces que se acabaron los problemas y debemos seguir adelante.
Llegaron al aula y comenzaron a instalarse en sus lugares de manera que pudieran seguir hablando de su última aventura por Egipto. Era cierto que se había sentido extraño estar al borde del peligro sin Mai o Serenity, pero también era reconfortante saber que las cosas volverían a la normalidad poco a poco. Sonrieron cuando escucharon la puerta abrirse y el saludo de Yugi, y aunque todos esperaban ver sólo la sonrisa amable de su amigo, se sorprendieron cuando Atem entró tras él con expresión pacífica y mirada distraída.
—Buenos días. —Saludó el pequeño dejando su mochila en su lugar.
— ¿Está ocupado éste asiento? —Murmuró Atem señalando el lugar en el que Joey estaba recargado, justo atrás de Yugi.
—Ah, no. Puedes tomarlo si quieres. —Respondió Joey sorprendido. Atem le dedicó una sonrisa tan ligera que apenas se curvó su boca, pero ese gesto fue suficiente para que tanto él como Tea y Bakura se sonrojaran.
— ¿Están bien? —Llamó Yugi incómodo ante las reacciones de sus compañeros.
—Yugi… —Murmuró Tristán jalándolo por los hombros y alejándose un par de pasos. — ¿Por qué no nos dijiste que el nuevo estudiante era Atem?
—No pensé que fuera a correrse el rumor. Quería que fuera una sorpresa.
— ¿Ves Bakura? —Espetó Duke sonriendo. —Y tú aquí angustiado. No te irás al reino de las sombras.
El aludido suspiró profundo llevándose una mano al pecho. —Menos mal.
—Aunque yo no me confiaría. —Añadió Joey tomando a Bakura por los hombros y componiendo una expresión maliciosa. —Dicen que como el faraón volvió directo de Egipto, aún tiene la habilidad de enviar a la gente al reino de las sombras si sus corazones son corruptos.
—Sí. —Murmuró Tristán tomándolo por el otro lado. —Yo no haría enfadar al sol de Egipto si quisiera que mi alma estuviera en paz.
Atem soltó una risa discreta y sonrió acomodando su mochila en el respaldo, consiguiendo una mirada de escrutinio por parte de todos. Al sentir sus presencias, Atem suspiró profundo y los encaró antes de preguntar con tono cordial. — ¿Pasa algo? —Todos asintieron dos veces al mismo tiempo, consiguiendo que una enorme gota creciera en la cabeza del faraón. Él retrocedió ligeramente en su lugar y trató de mantener la calma. — ¿Y está relacionado conmigo? —De nuevo, todos asintieron mirándolo fijo. Yugi se interpuso entre sus amigos y el faraón y los miró con reproche.
—Es su primer día en la escuela, estará suficientemente nervioso por ello. Déjenlo tranquilo.
—Es que Yugi… —Murmuró Tristán mirando fijo a Atem.
—Nunca lo vimos sonreír así. —Añadió Joey consternado.
—Siempre tuvo una expresión feroz cuando sonreía.
Ne, Aibou. Es cierto. Escuchó Yugi en su cabeza, gracias al lazo que aún existía entre ellos por el rompecabezas que ahora colgaba del cuello de Atem. Yugi miró al faraón un momento y luego ambos intercambiaron una sonrisa. Está bien, déjalos curiosear.
Demo, me preocupa que puedan molestarte.
Conozco su entusiasmo, Aibou. Estaré bien.
Yugi asintió quitándose del medio y todos los miraron confundidos.
— ¿Nos acabamos de perder algo? —Inquirió Duke alternando miradas con el faraón, Yugi y el resto del grupo. Yugi negó con la cabeza y soltó una risa cómplice mientras se acomodaba en su lugar.
—Muy bien, todo el mundo a sentar. —Exclamó el profesor entrando al aula. Escribió el tema para resolver en la clase y luego miró a Atem. —Tenemos un nuevo estudiante en ésta clase, así que le voy a pedir que se presente.
El faraón se levantó de su lugar y avanzó a pasos calmados, con ambas manos en los bolsillos. El profesor le entregó la tiza y se fue a sentar. Atem miró el pizarrón, recordando cuando habían tenido compañeros nuevos (Bueno, cuando Yugi había tenido compañeros nuevos), que ellos escribían su nombre en la pizarra antes de presentarse formalmente.
¿Pero qué iba a escribir él? ¿Atem, hijo de Aknamkanon, décimo faraón de Egipto, descendiente de los dioses, Elegido de Ra, protector de la tierra?
Suspiró. Y entonces se le ocurrió una idea divertida.
—Ore wo Sennen Atem. Vengo de Egipto y espero ser buen amigo de todos.
—Sennen. —Murmuraron algunos estudiantes, confundidos. —Pensé que era pariente de Muto.
—Yo también.
—Podrían ser hermanos.
—Pero Muto no tiene hermanos ¿O sí?
— ¿Entonces por qué tiene su rompecabezas?
—Muy bien, basta con tanto cuchicheo. —Llamó el profesor mientras se levantaba a recuperar su tiza. —Abran sus cuadernos y el libro de problemas en la página cuarenta y seis. Vamos a iniciar con esto. La manera de resolverlo es… —Pero la clase perdió sentido un instante cuando los ojos de Atem y los de Yugi se encontraron. Ambos sonrieron cómplices y el faraón escuchó la voz de Yugi en su mente repitiendo aquella palabra.
Sennen ¿Eh?
¿Qué? ¿Querías que me presentara como Muto Atem?
No. Sennen te queda bien. ¿Cómo planeabas presentarte?
Atem, Hijo de Aknamkanon, décimo faraón de Egipto y…
Yugi soltó una risa por lo bajo, consiguiendo una mirada inquisitoria por parte de Tea a su lado, pero luego ambos volvieron su atención a la clase. Para la hora del receso, todos estaban sentados en el aula, disfrutando de sus bentou, hablando de la cara que habían puesto algunos compañeros al ver a Atem y riéndose del club de fans de Bakura, que ahora parecía estar dividido entre Ryou y Atem.
— ¿Pero en qué momento te inscribieron? —Soltó Duke confundido mientras Atem seguía batallando para agarrar los palillos.
—Fue todo por teléfono. —Admitió frustrado, poniéndole mala cara a su desayuno. Los palillos de Yugi se atravesaron en su camino y el pequeño tomó un bocado para ofrecérselo a Atem en la boca. El faraón se sonrojó aceptando la comida y sonrió para Yugi, quien le mostró cómo sostenía sus palillos para que él pudiera imitarlo. —Y en la mañana Ishizu se encargó de darme mis "papeles" para entregarlos en dirección.
— ¿Ishizu está en Dominó? —Inquirió Joey confundido.
—Los tres Ishtar, Mahad no pudo soportar mucho tiempo la idea de quedarse en el Egipto actual, no se parece nada al Egipto de nuestros tiempos y de todos modos Kaiba le ofreció trabajo.
— ¿A Mahad? —Exclamaron todos sorprendidos.
—Y a Ishizu. —Comentó distraído mientras Yugi acomodaba su mano para que él pudiera sostener los palillos por sí mismo. —Dijo que Ahora que está trabajando junto con Ilusiones Industriales para crear nuevas cartas de monstruos, el conocimiento del antiguo Egipto y el juego original le serviría de mucho para mejorar el juego.
— ¿Y cómo Ishizu ayuda con eso? —Exclamó Tea confundida.
—Parece que los artículos del milenio ayudan bastante. Su collar funciona de nuevo.
—Y el mago oscuro tiene la sortija del milenio. —Añadió Yugi al ver que Atem no lo mencionaría.
—Debería tener cuidado. —Murmuró Bakura con un escalofrío. —Esa sortija es peligrosa.
—No en las manos de Mahad. —Aseguró Atem sonriente al darse cuenta de que había capturado su primer bocado por sí mismo. —Él siempre fue el único capaz de utilizarlo sin sufrir las represalias de la magia oscura que reside en él. Créeme, está fuera de todo peligro. Es el reino de las sombras el que debería temer.
—Pero, espera. —Pidió Tristán confundido. — ¿Qué hay de los otros artículos del milenio?
—Ishizu tiene el collar, está donde pertenece. —Murmuró Atem pensando en Isis. —Marik recibió la balanza, es lo justo. Él conoce el bien y el mal mejor que nadie, será el juez más capacitado. Mahad tiene consigo la sortija y Kaiba el cetro. Yo tengo el rompecabezas, el ojo y la llave.
—Pensé que Shadi tendría la llave. —Murmuró Bakura inseguro.
—Me la entregó en Egipto. —Murmuró Yugi mientras Atem comía otro bocado. —Dijo que era mejor que el elegido del faraón la conservara segura, y Atem y yo decidimos que era mejor guardarla bien, junto con el Ojo. Donde no haga daño a nadie más.
— ¿Y dónde la guardaron?
—Por algún motivo no se despega de Yugi. —Murmuró el faraón mientras Yugi sacaba la llave de su mochila.
— ¡Seguro que es un lugar seguro! —Se burló Duke negando con la cabeza.
—Bueno, nadie parece ser capaz de levantarlo para usarlo. —Comentó Yugi sacando la llave y ofreciéndosela al amo de los dados. Él sonrió confiado.
—Ni que fuera el martillo de Thor. —La tomó por el mango un momento, componiendo una expresión de "Te lo dije" antes de mirar al resto. Sin embargo, soltó la llave al sentir un piquete en la palma, ahogó un grito. — ¡Pero qué…!
—Perdón, se me olvidó decir que nadie parece ser capaz de levantarla para usarse… sin mi permiso.
—Yugi trampas-locas. Por eso nadie quiere jugar contigo. —Espetó divertido Duke alcanzándole la llave al pequeño. Él soltó la risa mientras el resto de sus compañeros comenzaban a volver al aula.
—Atem y Joey sí. ¿Verdad?
—Así es. —Exclamó Joey mirando a Yugi con una sonrisa amplia en el rostro. — ¿Por qué no nos batimos a duelo más tarde? Hace mucho que quiero desafiarte.
—Sí. Será divertido.
Atem rio por lo bajo antes de mirar a su Aibou una vez más. Sintió el peso del rompecabezas del milenio un instante, pero pasó casi tan rápido como vino, así que él decidió olvidarlo por el momento y prestar atención a clases.
.
Mahad miraba a Ishizu redactar algo a toda velocidad en la computadora. La oficina de ambos en la torre de KC era enorme. Los dos escritorios estaban dispuestos uno frente al otro con el gran ventanal de cristal con vista a la ciudad a un costado. Y aunque él estaba sentado en el sillón cercano al escritorio de la egipcia, sintiéndose extraño por la ropa que llevaba (Un pantalón de mezclilla, camisa blanca y chaleco negro), su mente estaba rastreando a su pequeña aprendiz, que seguramente estaría con Kisara en el jardín de Kaiba.
—Mahad… —Llamó Ishizu preocupada por el entrecejo fruncido del mago. — ¿Qué te preocupa?
— ¿No lo sientes, Isis? Algo pesa. —Murmuró acariciando la sortija del milenio, misma que se materializó sobre su pecho en un parpadeo. Ishizu acarició su collar y asintió componiendo la misma expresión que Mahad. —Pensaba que podríamos continuar con una existencia tranquila, aún en medio de todo éste maravilloso caos. Pero no es así.
— ¿Qué te parece maravilloso del caos? —Murmuró confundida, caminando hasta situarse detrás del mago oscuro y poner sus delicadas manos en los hombros anchos y fornidos de él.
— ¿Bromeas? —Murmuró acariciando una de las manos de la egipcia, consiguiendo que ella se sonrojara. —En mi tierra y en mi tiempo la gente moría de hambre y de enfermedades incurables, y éste mundo moderno está lleno de maravillas y medicinas.
—Y comedores comunes en días festivos.
—Sí. No tengo idea de qué sea eso, pero imagino que es algo bueno.
Ishizu rio por lo bajo y rodeó el sillón para sentarse al lado de Mahad. — ¿Y lo otro? Éste peso.
—No lo sé. —Admitió sintiendo de nuevo un vacío en el estómago, como si algo se avecinara.
—Hablemos con mis hermanos ésta noche, tal vez sea capaz de ver algo con el collar, por lo pronto, vamos a comer. Tienes que conocer la comida del mundo moderno.
.
Con la campana, casi todos los estudiantes salieron corriendo lejos del alcance de sus profesores, el grupo de Yugi salió de último, avanzando a pasos calmados y debatiendo entre hacer un mini torneo de duelo de monstruos en casa o ir a Kaibaland a apartar las arenas y tener el duelo el fin de semana. Atem y Yugi iban riendo a carcajadas ante las ocurrencias de Joey, Tristán y Duke, ya que éste último se había hecho su propio deck y preguntaba por las aventuras que el resto había tenido gracias al mentado duelo de monstruos. Ambos tricolores se quedaron un par de pasos atrás, observando a sus amigos con una sonrisa melancólica. En algún punto de su vida habían adquirido esa costumbre, aunque la tenían de cuando Atem aún habitaba el rompecabezas y no sabía que era un faraón. La de observar a sus amigos desde una distancia prudente, tratando de memorizar aquella escena por si era la última vez que la veían, y al mismo tiempo agradecer a sus respectivos dioses por ser tan afortunados. Ambos sonrieron intercambiando una mirada y luego Atem miro sus sombras en el suelo.
—Ne, Aibou.
— ¿Qué pasa?
—Mira ahí. —Ambos bajaron un poco la cabeza, de manera que la sombra en la parte de sus cabellos se fundía en una sola. Atem movió la cabeza para separar su sombra y luego miró a Yugi. —Antes tú y yo compartimos una misma sombra. —Murmuró parándose a espaldas del pequeño un momento, luego volvió a su lado y le ofreció una mano. —Pero ahora podemos caminar lado a lado.
Yugi lo miró sonriente, percatándose de que estaban en el mismo puente en el que, casi un año atrás, habían visto a Dima en peligro sin sospechar que él era el peligro. Aceptó la mano de Atem un instante, y ese roce fue suficiente para que ambos sintieran por un instante algo en lo profundo del pecho. Yugi respiró entrecortado y Atem miró feroz al frente, como si buscara el origen de su malestar. Sin embargo, aquello desapareció tan rápido como llegó y el faraón pudo mirar a Yugi para dedicarle una sonrisa pacífica.
—Aibou. —Llamó muy serio mientras alcanzaban a sus compañeros. —Los artículos del milenio están reaccionando. Lo que sentiste fue una súplica de la llave hacia el rompecabezas. Es casi como si sintieran que aún tienen tareas por cumplir. La magia se remueve inquieta.
—Lo sé. Lo siento desde que tengo la llave conmigo.
Atem sonrió divertido ante una idea, puso una mano en el hombro de Yugi para llamar su atención y una vez que estuvieron frente a frente, el faraón comentó. —Debería enseñarte a usar su magia. No estoy seguro de poder enseñarte todo lo que sabía hacer Shadi, pero conozco la magia de los artículos por todo lo que mi padre y los sacerdotes del templo aprendieron a hacer. ¿Qué dices?
— ¿Qué digo? —Soltó entusiasmado. — ¿Cuándo iniciamos?
—Pero escucha algo. —Pidió apesadumbrado mientras miraba a sus amigos alejarse y se llevaba ambas manos a los bolsillos. —Si te pido esto habrá peligros de por medio. Estamos hablando de magia antigua y poderosa, sí, pero peligrosa en las manos equivocadas. La llave es uno de los artículos más poderosos y menos peligroso de los siete. Pero no quiere decir que tú no estarás en peligro. Si hay gente que sepa algo de los artículos, seguramente los buscaran en Egipto en la tumba, pero cuando se den cuenta de que no están ahí, vendrán a por nosotros.
—Lo sé. Estoy preparado para seguir peleando a tu lado.
Atem volvió la vista a sus sombras y sonrió melancólico. —"A tu lado" nunca tuvo un significado tan profundo como justo ahora, Aibou. Porque ésta vez sí pelearemos lado a lado. —Dijo al final orgulloso, sonriendo para el pequeño. Quien asintió emocionado. —Vamos, o nos dejarán atrás.
