Day 1: Holding Hands
La noticia de la muerte de su hermana cayó como un peso sordo.
Una noche de octubre, tan gris como la anterior y como la luna que entraba por la ventana, iluminando la estancia con una luz frágil y desolada, como si el satélite le acompañase en el luto. John estaba hundido en el sofá, con una taza de té frío en sus manos. Creía recordar que antes el té estaba caliente. Y qué. Su hermana había bebido demasiado, su hermana no había visto el semáforo en rojo y su hermana ya no estaba. Enterró la cara entre sus manos, cerrando los ojos con fuerza, mordiéndose la mejilla interiormente porque quién sabe, aún podía haber sido todo un sueño. Una pesadilla de la cual se despertaría, empapado en un sudor helado, hiperventilando, angustiado. Mal, fatal, pero no. No era una pesadilla porque ahí seguía, a las tres y veinte de la madrugada, y las ondas en el té frío eran casi lo único que delataba el temblor errático en su mano derecha.
Cuando levantó la vista de nuevo se acordó de que no estaba solo. Sherlock le miraba, llevaba horas mirándole, siempre le estaba mirando y él nunca se había dado cuenta hasta ahora. Y se sintió a la vez estúpido y furioso consigo mismo y furioso con él porque le miraba sin decir nada, porque era un cobarde. Siempre en silencio, sentado en su sofá, observando. Como ahora.
En realidad Sherlock no terminaba de entenderlo; John nunca había tenido una relación precisamente estrecha con su hermana. Ni llamadas, ni comidas, "qué tal te va", nada. Hasta donde sabía, llevaban años sin dirigirse la palabra. Para Sherlock, John estaba guardando luto y llorando por una desconocida. Obviamente no había llorado delante de él, pero era evidente que lo había hecho. John había llorado y él lo sabía y se sentía impotente e inútil porque no sabía qué hacer. Mycroft nunca había llorado y nunca había tenido que consolar a nadie, pero tal vez era porque nunca nadie que le importase de verdad había llorado antes y él no había visto la necesidad. Pero esta vez era John y sí que importaba, siempre importaba. Incluso cuando le preguntaba de qué hacerse el sándwich. Daba igual. Sherlock se levantó, dubitativo, acercándose a él.
-Míralo por el lado bueno. Hacía años que no hablabas co...
-No te atrevas. Cállate.
-John, Harriet era casi una... -la palabra "desconocida" nunca llegó a salir de sus labios y Sherlock supo que había metido la pata y mierda. John se levantó, mirándole a él y a sus palabras con furia y propinándole un puñetazo certero en el pómulo. Le pegó porque estaba enfadado con él y con el mundo entero, con su hermana, con sus padres, pero sobre todo con él. Porque se suponía que Sherlock era un genio, que Sherlock lo sabía todo, y sin embargo no podía ver lo que estaba delante de sus narices. Porque era obvio, oh, era tan obvio desde el principio. Y le golpearía las veces que fuesen necesarias porque en aquel momento le odiaba a él y a todo lo que representaba. Fue a por el segundo, pero el detective le estaba esperando. Antes de que sus nudillos llegasen siquiera a rozarle le detuvo, sosteniéndole la mano. Enseguida notó cómo John perdía todo su ímpetu y su arraigue y sus fuerzas y se derrumbaba delante de él. Le sostuvo la mano con fuerza, y su compañero no tuvo más remedio que apoyarse en él, dejándose abandonar.
No podía más. Y Sherlock estaba a su lado y era reconfortante (y le cogía de la mano) y estaba tan cansado. Murmuró un "lo siento" por lo bajo, siendo consciente ahora de la fuerza imprimida en el puñetazo.
Sherlock no dijo nada, no sabría el qué.
Simplemente le agarró la mano con más fuerza, sin soltársela. No le dejaría caer.
NdA: En teoría esto es un challenge /30 drabbles de tu OTP -que obviamente es el Johnlock, a quién voy a engañar-/ que va a un drabble por día pero a mi paso creo que habrá suerte si voy a un drabble por año. O por mes si me emociono de repente, quién sabe.
No me lo tengáis en cuenta.
(Tampoco me lo tengáis en cuenta si de repente meto un poquito de Mystrade disimuladamente como quien no quiere la cosa...)
