Bueno, antes de nada... ¡Hola! :D Es la primera vez que cuelgo aquí, y para qué negarlo, que me pongo a escribir un fic basado en Harry Potter. Había escrito sobre muchas cosas pero no sobre ello, pero fue entrar aquí y ver esta sección y me entró el gusanillo.

La historia está situada partir del séptimo libro, unos meses después de que terminase la guerra. En cuanto a los capítulos, no sabría decir cuántos serán, porque siempre me marco unos cuantos y sieeempre o me extiendo, o elimino cosas que no veo necesarias, así que nada. Y bueno, por último, si queréis lanzarme tomates o lo que sea, estáis en vuestro derecho, se aceptan críticas :)

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son propiedad y creación de J. K. Rowling.


La cerveza de mantequilla reposa sobre la mesa, intacta desde que el elfo la dejó sobre la misma. Últimamente, no hay apenas cervezas de mantequilla, ni ranas de chocolate o grageas de todos los sabores que le reconforten. En realidad, hace meses que no lo hacen, demasiados para contarlos, pero no ha sido hasta ahora cuando Draco se ha percatado de ello.

Hacía poco más de medio año que la guerra había terminado. Una guerra de la que su bando resultó vencido, aunque para él había sido poco menos que una liberación. Volvía a respirar plenamente, a sentir el oxígeno llenando sus pulmones y por primera vez en mucho tiempo, disfrutaba de esa sensación. Porque veía libertad en ella. O, al menos, eso había creído nada más terminar la guerra.

Ahora, su propia casa le parecía una cárcel a la que situaba prácticamente a la misma altura que Azkaban. Sus elfos domésticos eran de la poca compañía de la que disfrutaba, si es que se los podía considerar como tal, y sólo el whisky de fuego conseguía que se sintiese levemente mejor. Porque cada gota que ingería le rasgaba la garganta a su paso, haciendo que una oleada de calor recorriese, hasta los pies, su cuerpo. Era de lo poco que le hacía sentir con vida.

-Señor, Mafoy ¿qué desea para la cena? -la voz chillona de uno de sus elfos detuvo sus pensamientos. Cada día que pasaba se preguntaba por qué el elfo no había comprendido con su respuesta del día anterior que todos y cada uno de los días, iba a ser la misma. O eso parecía.

-Me es indiferente -contestó él, sin apartar la vista de la ventana, perdiéndose entre los jardines.

-Sí, amo.

Empezaba a pensar que la decisión de quedarse y no desaparecer, como sus padres, había sido un error. Debería haber desaparecido del mapa, como ellos. Después de todo, ¿quién habría sentido o siquiera notado la falta? Nadie. Pero aún así, cuando Narcissa y Lucius se habían marchado, a sabiendas de que ninguno de los dos, y en especial Narcissa, podría soportar en sus hombros la carga de ser unos repudiados sociales y el rencor que contra ellos tendrían hasta el fin de sus días, a sabiendas de que todo el mundo dudaría de esa deslealtad final con Voldemort, Draco había decidido quedarse. Por su orgullo; herencia de su padre. El orgullo Malfoy, con un valor similar a cien defectos agrupados en un sólo. Éso si que había resultado ser una verdadera carga. Quedarse y afrontarse a la gente era algo con lo que Draco creía que podría lidiar. ¿Desde cuándo le había importado a él la opinión de los demás?

Pero no resultó ser tan fácil como pensaba. La mayoría de los simpatizantes con Voldemort, siguiendo los pasos de sus padres, habían acabado exiliándose en busca de una vida nueva, intentando dejar todo atrás. Eso, los que habían tenido suerte, los más desafortunados habían acabado en Azkaban.

Su familia, y él mismo, por poco se habían librado. Nunca pensó que jamás tendría algo que agradecerle a Harry Potter, el perfecto Gryffindor al que había odiado durante toda su estancia en Hogwarts. Y, sin embargo, había sido él el que en el juicio de la familia Malfoy, había testificado a su favor, alegando que si el Señor Tenebroso había caído, era gracias a un rayo de compasión de Narcissa con él, mintiendo sobre su fingida muerte en el Bosque Prohibido. Quizás el juicio de los Malfoy fue uno de los más delicados y complicados, pero, finalmente, el tribunal lanzó otro rayo de compasión hacia ellos, en parte gracias a que no hubiese constancia y pruebas firmes de ningún asesinato por parte de la familia. Draco sabía que, si estaba libre, había sido por su cobardía a la hora de matar a Dumbledore. Algo que Potter había dejado claro en el juicio, lanzando un as en favor de su enemigo por excelencia.

Draco suspira, cansado, agotado anímicamente. Puede que el veredicto de "Inocencia y Libertad Mágica" le hubiese hecho respirar de nuevo y sentirse libre, pero era la gente la que le había arrancado esa sensación. Pese a creer que sí, no había estado preparado para que nadie le hablase a menos que él se dirigiese a una persona de una forma directa. Tampoco lo estaba para que la gente le mirase el antebrazo, como procurando ver la marca tenebrosa bajo la tela de su capa, con gesto de desaprobación. Y, en definitiva, no estaba preparado para ser un paria social.

Y era todo aquello lo que le había llevado a encerrarse entre las cuatro paredes de su casa. Lujosa sí, pero similar a una cárcel. Sin duda, habría aceptado cambiar su casa por la de los Weasley con tal de ser la mitad de libre que cualquiera de ellos. A día de hoy, eran considerados prácticamente unos héroes. El duelo de Molly Weasley era, por descontado, el que más había trascendido de aquella demente noche en Hogwarts, convirtiéndose en un ejemplo de cara a la sociedad por su valentía y bravura a la hora de acabar con Bellatrix poco después de la muerte de uno de sus gemelos. El otro, y no sabría decir cuál de los dos era porque jamás le había interesado diferenciarlos, triunfaba en la tienda que tenía abierta en el Callejón Diagon a la par que seguía intentando superar la pérdida de su hermano. O, al menos, eso había leído en El Profeta. También sabía, gracias al periódico, que Ron ayudaba a su hermano con dicha tienda y que Ginny Weasley mantenía una relación con Potter mientras ella cursava su último año en Hogwarts y él se preparaba para ser auror.

Ahora que lo pensaba...

¿Qué habría sido de ella, de la persona con la que más había utilizado el término sangre sucia?

Si a alguien le podía ir bien, dejando a un lado a Potter, era a ella. Sabía que sus calificaciones habían sido inmejorables y eso, sumado al papel que había desempeñado durante la guerra, la convertían en una persona que los diferentes departamentos del Ministerio se rifarían.

Todo lo contrario a él.

Por primera vez desvió la vista de la ventana, girándose y sentándose en uno de los sillones. Llevaba varios días con un ejemplar de El Profeta sobre la mesa, esperando a ser leído en su totalidad. Había un artículo del que Draco tan sólo había leído el titular. Puede que no lo reconociese ante nadie, porque no lo haría jamás, pero sentía pánico de tan sólo unas palabras cargadas de veneno. Las procedentes de Rita Skeeter no iban con ninguna otra intención.

Cogió uno de los vasos y vertió una cantidad considerable de whisky en él, posándolo en frente, imaginándose que cuando terminase de leer, iba a necesitarlo. Lo cogió y fue a la página diecinueve, abriéndolo y preparándose para leer algo que, sabía, no iba a gustarle.

"La generación que marcó un antes y un después, ocho meses más tarde"

¿Quién, hoy en día, no es conocedor de los nombres de Harry Potter, Ronald Weasley o Hermione Granger? Sus hazañas y valentía no sólo son reconocidas por todos nosotros, sino que han traspasado fronteras, mereciéndose el respeto de todos los magos y brujas del globo. Poco más de ocho meses han pasado desde aquella escalofriante batalla tras la cual El-que-no-debe-ser-nombrado cayó de manos de Potter. Nada que vosotros, mis queridos lectores, no sepáis ya. Pero, ¿qué ha sido de ellos ocho meses después?

Muchos rumores llegaron a oídos de esta humilde periodista de que, tal y como yo misma había suponido meses antes, Ron Weasley y la señorita Granger podrían mantener un romance. ¿Cómo llevará Harry Potter la traición de sus dos amigos? Recordemos el artículo, que yo misma escribí, en el que anunciaba en primicia un idilio entre la señorita Granger y el niño que vivió. Parece ser que los encantos de Granger no dejan indiferente a nadie, y sino que se lo pregunten a Víktor Krum, conocido jugador de Quidditch. Sin duda, un misterio, puesto que los modales de la joven dejan que desear -y más para alguien que ocupa un cargo en el Departamento de Aplicación de la Ley Mágica-, sobre todo desde que yo, gentil informadora del mundo mágico, le propuse una entrevista para esclarecer su estado civil y sentimental con Weasley. Parece que ninguna de las dos partes está dispuesta a declarar nada sobre nuestro culebrón favorito del mundo mágico. ¿Será cierto que quién calla otorga? Sin duda, hay opiniones al respecto y de ambas posturas, si hay gente, entre la que me incluyo, que no duda de dicha relación, hay otra que se niega en banda a creerlo, alegando que Weasley y Granger no han sido vistos juntos desde poco después de que terminase la guerra, pero que sí han sido vistos por separado junto a Potter. ¿Será cierto que no hay relación, o ambos están jugando al despiste?

Por otro lado, y en contraste con esta extraña pareja, encontramos al señor Potter con la hija de los Weasley, Ginny. ¡Lo que da de sí esta familia! Al contrario que sus amigos, Potter no ha tenido ningún tipo de reparo en que su relación esté a ojos del mundo mágico, sin censura. Pero, dejando a un lado lo idílico que todo esto pueda parecernos, a la hora de informarme sobre dicha relación y gracias a información de diversas fuentes que han venido a mi a exponerme la situación, he descubierto que lejos está de ser una relación idílica.

Ginny Weasley, hija mejor de los Weasley, actualmente se encuentra en Hogwarts cursando su último año. ¿Y Harry Potter? Pocas personas no sabrán a estas alturas que Harry, con quien comparto una estrechísima amistad que ha perdurado a lo largo de los años, se encuentra preparándose para ejercer de Auror, cargo para el que desde luego está más que preparado. Sin embargo ha llegado a mis oídos que puede que Potter no esté guardando la espera de la señorita Weasley tal y como todos nos imaginábamos.

"Sí, sin duda Harry Potter actúa como si no tuviese ningún tipo de compromiso. Yo diría que más fama aún, no ha podido digerirla, es algo que todos los que le hemos visto por el Ministerio sabemos. En el curso de auror que está ejerciendo pocas son las mujeres que no han sufrido su interés hacia ellas, yo incluso lo he presenciado", decía una de mis fuentes, lamentándose de la situación.

Por descontado, un misterio que, esperemos, pronto vea la luz y del que pueda informaros de la forma más rigurosa.

Parece que el trío de oro es capaz de hacer frente a cualesquiera que sean las artes oscuras que se presenten pero que no se les da tan bien el tema del amor, algo que sin duda, estoy convencida que decepcionará a mis queridísimas lectoras.

Si hemos hablado de los protagonistas, no podemos dejar de lado al antagonista por excelencia no sólo de Potter, sino también de Weasley y Granger; Draco Malfoy.

¿Qué ha sido en estos ocho meses del hijo de Lucius y Narcissa Malfoy? Sabemos que éste, al contrario que sus padres, no ha abandonado el país. Lo que todos desconocemos, es el motivo. Hay quien dice que, tras la muerte de El-que-no-debe-ser-nombrado, éste podría estar trazando algún plan para volver a instalar la inseguridad y caos en nuestro mundo y en especial contra aquellos que no cuenten con la pureza de sangre de la que el pequeño Malfoy desde bien joven ha presumido. ¿De que podría tratarse? Poco se sabe de él más que está confinado en la mansión Malfoy -recordemos, guarida durante un tiempo del Señor Tenebroso- y que se negó antes de que sus padres le dejasen atrás a casarse con Astoria Greengrass, deseo de éstos.

¿Qué ha sido del niño que pudo haberlo sido todo y del que no se sabe nada?

Sin duda, un misterio más a la lista, y, confieso, particularmente mi favorito.

Ocho meses parecen haber dado para mucho, y ante todos estos frentes abiertos, me comprometo a indagar todo lo que pueda en ellos para informar a mis lectoras que, seguro, están tan en vilo como yo ante todo este enredo.

Rita Skeeter.

Tiró el periódico sobre la mesa con rabia. ¿Qué se pensaban que era, un monstruo? ¿Que su encierro era voluntario pero para idear un plan? Se bebió de un trago el whisky y se levantó del sofá, en cólera, sin saber qué hacer o a dónde ir. Sabía, desde el momento en el que había visto su nombre en ese artículo, que no debía leerlo. Y, durante días lo había conseguido. Lo había dejado sobre la mesa y había gritado a un elfo cuando éste pretendía tirarlo tras verlo sobre la mesa, pensando que su amo ya lo habría leído. Debería haberle dejado que lo tirara. Apuntó con su varita hacia él, provocando que de la punta de ésta saliesen unas llamas que rápidamente se dirigieron al papel y lo consumieron, mitigándose después y dejando sobre la superficie de madera tan sólo unas cenizas.

Empezó a sentirse mareado, los párpados le pesaban y un constante pinchazo en las sienes le azotaba sin tregua, sin motivo aparente. La garganta se le cerraba y la vista se le nublaba y, si de algo más pudo ser consciente antes de que no pudiese ver más, es de que su cuerpo caía sin poder evitarlo sobre la alfombra en un golpe seco.

La cabeza parecía que iba a estallarle cuando pudo abrir los ojos, encontrándo bajo éstos la tela de la alfombra de color verde que cubría la mayoría del suelo de su habitación. Estaba desubicado, sin saber qué hacía ahí tirado y por qué su cabeza y oídos dolían como si una banshee estuviese gritando a pleno pulmón.

-Draco, Draco... Lo siento, pero es lo que tenía que hacer -siseaba una voz a sus espaldas, sin arrepentimiento alguno y casi disfrutando de la situación.

Apenas podía entender lo que decía ni tampoco podía mover su cuerpo. ¿Quién era y qué hacía en su casa? Quería contestar, soltar una de sus arrogantes frases, pero su garganta no emitía sonido alguno.

Iban a matarlo. ¿Qué haría sino alguien en su casa atacándolo de esa manera? Alguien que se había tomado demasiado en serio el artículo de Skeeter o los rumores de que planeaba algo oscuro. Estaba convencido.

-Disfruta de tu nueva vida.

Casi ni lo escuchó, el ruido de su dificultosa respiración era todo lo que sus oídos podían percibir. Su cuerpo seguía inerte, sintiendo la superficie blanda bajo sí, sus ojos cubiertos por un manto de pelo plateado y nublados como si algo cubriese sus iris. Pero lo peor no fue eso. Lo peor llegó con la sensación de vacío que penetró en su cuerpo tras percibir lo que le pareció una luz blanca.

Vacío.

Como si su mente estuviese perturbada y sus entrañas se hubiesen vuelto invisibles; como si su cuerpo careciese de todos sus órganos. No, de todos no. Los pulmones estaban ahí, su respiración lo corroborada, y el incesante latido en sus oídos delataba al corazón. ¿Qué le estaba pasando? Se sentía como si estuviese rodeado de un centenar de dementores alimentándose de todo lo bueno que él tuviese.

El dolor y la niebla de sus ojos se mitigaba poco a poco, pero no el vacío. Se giró y buscó por la habitación a alguien, pero no encontró nada, ni siquiera señales que delatasen que hubiese habido otra presencia que no fuese la suya entre esas paredes.

-¡Le digo que tengo que entrar, le haya autorizado su amo o no!

-Señorita, por favor, el amo se enfadará conmigo -se lamentaba el elfo.

La puerta se abrió de par en par, quien quiera que viniese no le importaba lo más mínimo si podía entrar o no. Aún en el suelo y sin saber en dónde se encontraba su varita para defenderse, se sintió aliviado al saber que el elfo estaba allí. Y eso no le había sucedido jamás.

-¿Malfoy? ¿D-Draco? -reconoció al instante esa voz.

-¿Granger?