Bajo del taxi, y por fin, estoy en Nueva York. Los rascacielos se suceden a mi alrededor, y los letreros luminosos y las marquesinas son la seña de identidad de la ciudad. El ruido, la masa de gente que fluye de un lado a otro de la ciudad no cesa, y ahora es cuando mi maleta y yo, nos preguntamos: ¿Cómo puede vivir Rachel en esta ciudad? Voy buscando la dirección del piso de Rachel, buscando su edificio por los rascacielos de Nueva York, y por fin lo encuentro. Subo en el ascensor y pego a la puerta, esperando a que abra. La puerta corredera corre hacia la derecha, y Rachel, toda vestida con unas mallas negras y una camiseta de mangas largas de licra pegada al cuerpo me abre la puerta.
-¡Quinn!-Grita abalanzándose sobre mí para abrazarme. Le respondo al abrazo, sorprendida.-Pasa, pasa.-Dice cogiéndome de la mano y metiéndome dentro de su loft. Veo a Rachel sonreír, hacía mucho tiempo que no la veía así.-Iba a irme ahora a clase de danza, pero puedes venir.-Dice sonriendo. No suelto ni la ropa en casa de Rachel, cuando ya estoy saliendo con ella hacia la escuela de baile.
Llegamos al estudio y todos los chicos están calentando en el suelo de parquet, estirando los músculos. Una mujer de unos treinta años aparece por la puerta. Rubia, ojos azules, atractiva, guapa. Me mira, la miro, pero aparta la mirada.
-Comenzamos la clase.-Dice dando una palmada. Las notas del piano comienzan a sonar, y ella va dando vueltas por el aula, mirando los pasos de los alumnos. -¡SCHWIMMER!-Grita. Rachel sale corriendo y va hacia ella, casi corriendo. Le susurra un par de cosas, que hacen que Rachel agache la cabeza, mientras yo me río poniéndome la mano en la boca.
La clase termina, y Rachel va a recoger sus cosas, mientras la profesora se acerca a mí.
-¿Nos conocemos?-Me pregunta. Niego.-Cassandra July, profesora de danza en NYADA.-Dice extendiéndome la mano.
-Quinn Fabray, alumna de arte dramático en la universidad de Yale.-Digo estrechándosela. Se queda mirándome.
-Tienes buenas piernas para ser bailarina, no como Schwimmer.-Dice arqueando una ceja.
-Rachel antes era muy irritante, le hacía la vida imposible. Luego cambió, dejó a su novio del instituto, me hizo caso por una vez en su vida, y ahora está aquí.
-Jodiéndome la vida.
-Te divierte que lo haga.-Le achaco.
-Lo sé.-Dice arqueando una ceja.-Bueno, hasta otra, Quinn Fabray.-Dice mordiéndose el labio y saliendo del aula jugando con su bastón. Rachel viene detrás de mí, y me da un cachete en el culo, y me quedo mirándola. No le pregunto qué hace, simplemente la sigo de nuevo hacia el coche.
Montamos, y ni siquiera se ha despeinado la melena en la que se distinguen varios destellos dorados. Ha cambiado, no es la Rachel repelente de jerséis de ciervos y calcetines hasta las rodillas, esta Rachel me gusta.
Llegamos de nuevo a su casa, y por fin puedo guardar la ropa de mi maleta. Entro en la habitación que Rachel tenía preparada para mí, y comienzo a sacar la ropa de la maleta.
-¡Quinn!-Grita Rachel.
-¡Qué!-Le respondo.
-¡Tráeme toallas, que no tengo!-Dice. Cojo unas cuantas toallas de su habitación, y entro en el baño. Veo las toallas encima de la taza del wáter, levanto la mirada y no está. Me asalta por la espalda, metiendo sus manos por debajo de mi camiseta.
-Rachel…-Digo mirando su mano.
-Ahora no me digas que no…-Susurra en mi oído. Comienza a besarme el cuello, llegando a mi oreja, dejando una mordida en el lóbulo. Me estremezco, sabe mi punto débil. Maldita Berry. Se pega contra mí, y noto que aún no se ha quitado la ropa de baile y eso, crecenta aún más el calor que me sube por la entrepierna. Me doy la vuelta, y comienzo a besar a Rachel, desgarrándole la boca, los labios, pegándola contra la pared del baño.
-Qué quieres, Rachel…-Le susurro sin dejar de besarla.
-¿A ti que te parece?-Dice mirando mis labios. Muerdo su labio inferior, cogiéndola de la nuca y saliendo del baño, y empotrándola contra la pared del salón.
-¿Cómo sabes mis puntos débiles?-Le susurro.
-Sé observar.
-¿Observar?
-Observar.-Dice ella mirándome a los ojos. Le cojo en brazos, sin dejar de empujarla contra la pared, mientras me quita la camiseta y la tira al suelo. Le quito esa camiseta pegada al cuerpo y la tiro también al suelo, comenzando a besar y morder sus pechos. Subo hacia su cuello, mordiéndolo, vuelvo a bajar, recreándome en sus pechos aún sin quitarle el sujetador. Le quito las mayas, dejándola sólo con la ropa interior de encaje negro. Deslizo mis manos por su espalda, hacia arriba, desabrochándole el sujetador y mordiéndole los pezones, apretándolos entre mis dientes, mientras un gemido de Rachel se escapa al hacerlo. Los muerdo, los beso, dejo lametones por todos ellos, y vuelvo a su boca.
La llevo hacia la habitación, y la tumbo en la cama, mientras me quita el sujetador y mis pantalones. Dejo la boca de Rachel, me deslizo por su cuello, dejándolo marcado por mis dientes, pasando por su clavícula, arrancándole piel sudorosa, bordeando sus pechos con mi lengua, haciendo un camino con mi lengua hasta el borde de sus braguitas quitándoselas con la boca y tirándolas al suelo. Mi boca se dirige a su sexo, moviéndose mi lengua allí, cogiéndola de las caderas y pegándola contra mi boca, estimulando su clítoris con el dedo pulgar. Rachel gime, me coge la cabeza para que no me vaya, para que siga allí. Muerdo uno de sus labios, haciendo que suelte un pequeño grito, no sé si de placer o de dolor, pero sigo allí, entre sus piernas. Rachel susurra mi apellido, pidiéndome más, agarrándome del pelo. Mi lengua sigue aumentando el ritmo, y me levanto, volviendo a su boca, volviendo a besarla con ansia, con hambre. Haciéndole un pequeño corte en el labio, pero me da igual. Mis dedos se pasean por su sexo, tendándola.
-Quinn, por favor. Hazlo…-Me suplica. Pero yo no soy tan fácil. Mis dedos siguen por allí, acariciándola y estimulándola.-Quinn… Te lo suplico…-Dice cerrando los ojos. Sumerjo dos dedos en ella, que entran y salen con fuerza, haciendo que arquee la espalda y estire el cuello. La beso, muerdo sus labios aunque ella no puede decir nada. Muerdo su mentón, beso su cuello. Juego con sus pechos. Rachel Berry es mía. Mis dedos aumentan el ritmo y Rachel grita mi nombre, lo grita varias veces. El nombre de Quinn suena por toda la habitación, y la vena de Rachel sale a la luz. Me coge de la espalda, y comienza a desgarrar con sus uñas, a hacer que mi espalda esté marcada por sus manos.-Quinn… No aguanto.-Dice susurrando entre mis labios y yo aumento el ritmo hasta que Rachel llega al orgasmo, dejando ir de su boca un gran gemido que se escucha en todo el loft.
-Mírame.-Digo haciendo que abra los ojos para que me mire mientras tiene el orgasmo. Sus ojos se abren, y me miran. Grandes, haciendo que vuelva a besarla. Su respiración está agitada, y sus manos caen agotadas sobre la cama, mientras yo retiro mis dedos de su interior, y sigo mirándola. La vuelvo a besar, esta vez con más calma, suavemente.
-Quinn…-Dice entre mis labios sin dejar de besarme.
-Yo…-Digo sonriendo.
-Dios mío…-Dice aún con los ojos cerrados. Me recuesto en la cama, poniéndola sobre mí.
-Ahora te toca a ti hacer que me retuerza bajo tu mano pidiéndote que me lo vuelvas a hacer.-Digo dándole un último beso. Rachel, es mucho más tranquila, me besa, juega conmigo, dirige su boca a mi sexo, y ahora es ella la que hace que agarre su melena morena. Que la pegue más a mí, pidiéndole que no acabe, que siga, que quiero más, y ella aumenta el ritmo de su lengua, introduciendo a la vez dos dedos dentro de mí, que hacen que gima, que gima y que agarre más fuerte la cabeza de Rachel. Que grite su nombre, mientras Rachel sigue aumentando el ritmo de sus dedos y de su lengua a la vez, ahí, en mi centro, en mi sexo, haciendo que retumbe en la cama, deseando que esto no acabe, pero sí, sí acaba. Lo estoy viendo.-Rachel… Ya…-Digo agarrándome a las sábanas de la cama. Aumenta el ritmo y vuelve a mi boca, para besarme, mientras me sumerjo en ese orgasmo que me ha provocado. Me quedo inmóvil, mientas Rachel se echa encima de mí.
-De Finn no has aprendido tú…-Digo, y ella saca sus dedos de mi interior. Sigo besándola, no quiero parar de hacerlo.
-¿Te han gustado mis labios?-Me pregunta encima de mí.
-Sí. Repetiría.-Digo cogiéndole la cara y besándola de nuevo.
-¿Y los míos?
-Demasiado.
