San Valentín de 1977

– Lily, de verdad, sólo hago esto porque James y tú me lo pidieron. – Murmuró Mary mientras se ponía un cazadora negra y un gorro de lana violeta y rosa que su abuela le había tejido para las navidades. Ambos les habían pedido a ella y a Peter (Ya que Sirius y Remus se habían negado) A que los acompañen a Hogsmeade a una cita

– Es sólo un pequeño favor. – Un escalofrío recorrió la espalda de las chicas. – Es sólo una salida de a cuatro y a ti te tocó con Peter. – Murmuró la pelirroja mientras se ataba su cabello en una coleta.

Su amiga la fulminó con la mirada y Lily se encogió en su lugar.

– Lo hago porque es un buen chico, y porque se que no quieres que te vean con Potter sola el día de San Valentín. – Su amiga sonrió y se puso colorada.

– Lo sé, lo sé. – Murmuró. – Ahora vamos. – Dijo sonriendo y abriendo la puerta de la habitación.

Mary soltó un suspiro y bajó las escalinatas mientras se ponía una bufanda en el cuello. Lily camino hacia donde estaban los dos amigos y forzó una sonrisa. Al llegar los dos chicos las observaron y James le dedicó una excepcional sonrisa a su amiga castaña.

– ¿Vamos? – Preguntó mientras Lily tomaba de su mano.

– Si. – Tartamudeó Peter, quien se posicionó al lado de Mary.

Ésta suspiró y asintió con la cabeza. Se despidieron de Remus; quien se quedaría haciendo tarea; y luego emprendieron marcha rumbo a Hogsmeade.

Los cuatro entablaron una pequeña charla mientras caminaban. Comenzó a nevar levemente y Mary sonrió, su ánimo se repuso un poco mas. Se detuvieron frente al salón de té de Madame Pudipié y James les abrió la puerta. Las chicas entraron primeras mientras disfrutaban de la decoración; pequeños querubines con grandes flechas y corazones, las mesas con manteles rosas y demás cosas típicas de esa fecha.

Tomaron asiento en una de las mesas más lejanas y comenzaron a hablar de la decoración, muy ñoña según James y muy empalagosa según Peter. Mary estaba de acuerdo con ellos, mientras que Lily negaba con la cabeza y decía que la decoración era perfecta. La camarera les tomó el pedido y los cuatro pidieron café con bollos de chocolate. Mary se quedó en silencio mientras jugaba con el relicario que había pertenecido a su bisabuela. Levantó la vista y le sonrió a Peter, quien la miraba apenado.

Le dio un sorbo a su café, mientras miraba a su alrededor, todas las mesitas con parejitas que se besaban, o se tomaban de las manos. Ella mordió sus labios; solo recordó que estaba allí por sus dos amigos, quienes estaban en una charla acalorada.

Escuchó como la puerta del lugar se abría y volteó su rostro. Sentía como su corazón se detenía y se hacía añicos. Sirius estaba ingresando al lugar con una alumna de Hufflepuff tomados de las manos. La chica era Samanta Ronson, la conocía porque iba con ella a adivinación. Era alta, esbelta, con una cabello largo y rubio, ojos color del cielo y una pequeña nariz en punta.

Mary suspiró, esa chica era perfecta para Sirius, mientras que ella no. Agacho su cabeza y permitió que las lágrimas no se le escapasen. Removió la cuchara en su café y luego entabló una charla con su acompañante; éste le contaba cómo se estaba preparando con cierta dificultad para los EXTASIS, y ella lo entendió. Era un alumno promedio comparado a sus amigos. Apoyó una mano en su hombro y le sonrió.

– Tranquilo, Peter, lo harás genial. Ten fe. – Dedicó una sonrisa y después desvió la mirada a donde estaba Sirius.

Sintió un nudo en su garganta y como una lágrima se escapaba por su rostro.

– Lo siento, tengo que irme, perdón. – Murmuró tomando su abrigo y escapándose de allí.

Comenzó a correr rápidamente, mientras tapaba su rostro con sus manos y comenzaba a llorar, mientras su nudo comenzaba a dejarla sin respirar. Tropezó con alguien debido a su huida y se lamentó de no haber corrido por lo menos mirando al frente.

Regulus Black estaba tirado en el suelo junto a ella mirándola fijamente.

– ¿Acaso no ves por dónde corres, inmunda sangre sucia? – Preguntó mientras se levantaba del suelo y sacudía sus ropas.

Mary se hizo pequeña en su lugar y las lágrimas comenzaron a caer por su rostro, mientras apretaba sus puños. Él hizo una sonrisa de lado, y luego suspiró y le tendió una mano. Mary lo miró confundida pero no la tomó; insistió, hasta que al no ver reacción de la chica, se agachó y la ayudo a levantarse. Mary retiró con rapidez su mano, como si se hubiese quemado con fuego y lo miró.

– Gracias por tu ayuda. – Murmuró sin mirarlo y se secó las manos en sus pantalones mientras murmuraba un par de cosas sin sentido.

Regulus tragó en seco mientras la miraba a la chica frente a él. Mary McDonald, compañera de casa de su hermano, sangre sucia, como toda la gente con la que él se juntaba. Sus puños se apretaron con fuerza mientras que la chica comenzaba a levantarse ¿Qué era esa sensación que sentía cada vez que ella lo miraba? Era como algo que lo quemaba en su interior, pero que aún no entendía aquello. La chica se dio media vuelta y comenzó a caminar, dejándolo solo. Regulus la alcanzó, tomó del brazo de la chica violentamente y la volteó. La chica se giró asustada, y cuando quiso gritar, los labios del chico estaban en los suyos; besándolos con violencia. Mary comenzó a golpear con fuerza su pecho, pero al ver que el muchacho no se inmutaba se rindió y puso sus brazos junto a su cuerpo y comenzó a contestar el beso con violencia también.

Se separaron para buscar aire, y Mary comenzó a correr deprisa sin mirar atrás, mientras comenzaba a limpiar sus labios con sus manos desesperadamente. Sentía el amargo sabor de Black en sus labios.

Mary se sentó aquella noche junto a sus amigas Helen Fisher, Marlene Mckinnon y Lily mientras hablaban de la salida a Hogsmeade. Marlene había salido en aquella ocasión con el Capitán de Quidditch de Ravenclaw y Helen con un alumno de Hufflepuff de quinto. Mary se encontraba callada, se dedicaba a jugar con el alimento o simplemente revolvía su puré de papas y calabaza, mientras cenaba muy poco.

– ¿Estás bien? – Preguntó una voz masculina conocida en su oído. Mary suspiró y asintió con su cabeza. 'No' gritó su interior, pero no le hizo caso. Sacudió su cabeza y Sirius se sentó a su lado.

– Estoy bien. – Dijo mientras sonreía de lado.

– Mary, – Dijo el muchacho mientras tomaba su mano. – no tocaste tu cena y no le has dado un bocado al pan. – Dijo mientras miraba el bollo de pan; comida favorita de la chica. – Eso es raro en ti. – Dijo mientras fruncía su ceño.

– Sirius, de verdad, – Dijo exasperada. – no tengo tanto apetito. – Murmuró y luego relamió sus labios mientras el chico enarcaba una ceja.

– No te creo. – Se cruzó de brazos y la miró.

Marlene y Helen, quienes se encontraban escuchando la conversación de ambos, comenzaron a hablar entre ellas, cuando se dieron cuenta que Sirius comenzaba a ponerse nervioso ante su amiga que no hablaba.

– Mary, – Volvió a murmurar el chico.

– ¡Ya basta! – Gritó ésta poniéndose de pie. – No me pasa nada Sirius, solo estoy sin apetito. – Murmuró dándose la vuelta y salió echando humo del gran comedor.

Sirius se puso de pie y comenzó a caminar tras ella, mientras todos parecían admirar aquella escena entre ambos. Escuchó que la mesa de Slyherin le gritaba algo a Mary, y convirtió sus manos en dos grandes puños cuando escucho la palabra 'sucia'. Otra vez se estaban metiendo con el estatus de sangre de su amiga. Sirius salió chocándose con algunos alumnos pequeños, murmurando disculpas sin sentido, y luego comenzó a seguir a su compañera.

– ¡Mary! – Gritaba mientras la seguía a través de los pasillos. – ¡Mary McDonald, detente! – Rugió con fuerza haciendo que la chica se quedará estática.

Sirius llego a su lado y la miró. Pequeñas lágrimas corrían por su rostro, lágrimas que; ambos sabían; habían sido provocadas por aquellos malditos alumnos de Slytherin.

Sirius la tomó entre sus brazos y apretó a su cuerpo. – Ya tranquila, Mary, tranquila. – Susurraba mientras acariciaba el cabello de la chica y su espalda.

– ¿Por qué a mi, Sirius? – Murmuró ella mientras aspiraba el perfume de su amigo. – Yo no hice nada para merecérmelo.

– Lo sé, – Dijo él alejándose y tomándola de los brazos. – Mary, tu eres una chica excelente. No tienes que hacerle caso a esas personas, se creen superiores cuando no lo son. – Dijo mientras limpiaba con su pulgar una lágrima que caía solitariamente. – Vamos, no llores cariño. – Dijo mientras la abrazaba fuertemente.

Bueno, ¿Final abierto? Claro que no. Va a tener una segunda parte, un cierre oficial. No me gusta hacer los fics largos (Creo que quedan muy pesados) Así que los divido en partes.

Un agradecimiento a Pokechessi (Yessica) Por ser mi beta en este fic y en Culpable (Y por aceptar el reto de ser mi beta en futuros escritos) De verdad, la chica es una genia.

Los quiero, y nos leemos pronto en la segunda parte.