Capitulo 1. - Los gatos negros no traen mala suerte. Ellos tienen mala suerte.
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Corría entre las calles tratando de huir de la horda de gatos que habían decidido molestarme. Y no era una exageración cuando los llamaba "hordas". Sentí como uno había envuelto mí, ahora larga cola negra, entre sus dientes, haciendo chillar de dolor. Lo golpee con mi pata trasera para apartarlo de mí hasta que me soltó, pero podía sentir las marcas de sus dientes y el palpitante dolor en la base de la cola. Esos condenados gatos del demonio tenían los dientes demasiado afilados.
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¿Cómo empezó esa persecución? No, no, mejor ¿Cómo rayos me convertí en un gato? Y no, no es ese traje que suelo usar cuando salvo parís. Que va. Ahora soy, literalmente, un gato.
Todo había empezado cuando la mañana estaba finalizando. Un akuma había atacado la ciudad –otra vez- y necesitaba transformarme en Chat Noir para poder ayudar a Ladybug. Sin embargo, cuando logre esconderme para transformarme, note a Plagg un poco decaído. Se quejaba a ratos y flotaba con pereza, o dificultad, frente a mí. Sus orejas estaban caídas y respiraba con un poco de irregularidad.
—¿Plagg? —Pregunté. No tenía una apariencia sana y energética como siempre y eso me preocupo.
—¿Qué? —Respondió de mala gana.
Arquee ambas cejas con confusión —¿Estás bien?
—Sí, ahora transformémonos…—Hizo una pausa para tomar aire— No, mejor no. —Se quejó en voz baja y tuve que sostenerlo antes de que cayera al suelo —No me siento bien…
Me alarme un poco no solo por la salud de mi pequeño compañero, sino también porque no podría ayudar a my lady. Esto era muy malo.
—¿Qué te sientes? ¿Te duele el estómago o algo?
No me sorprendería que le doliera. El día anterior me había exigido una mesa completa de queso por haber logrado mantener la transformación unos minutos más luego de que usará cataclismo por segunda vez. Si, segunda vez. Increíble ¿No? Él me había advertido que hacer eso requería demasiada energía y que podría traer consecuencias cuando se lo pedí. Creo que las consecuencias llegaron, y muy rápido.
—No, no. —Negó respirando con dificultad. —Es un ciclo.
—¿Un ciclo? —Pregunté. Él asintió.
—Cada cierto tiempo, los kwamis necesitamos descansar dependiendo de qué tan seguido los Chat Noir se transformen. — Si me ponía a pensar, en los últimos dos meses me había transformado al menos cuatro veces por semana. A veces cinco. —Mantener la transformación no es difícil, somos criaturas mágicas, podemos resistir esas cosas. Pero también somos seres vivos y nos cansamos como cualquier otro. Ayer mantuve la transformación mucho más tiempo del acostumbrado y eso absorbió mucha de mi energía. Cataclismo es una habilidad demasiado peligrosa y requiere de mucho poder, la usaste dos veces, creo que enferme. Hace muchos siglos que no hacía eso y la falta de practica afecto mi condición.
Solté una exclamación por lo bajo, Plagg realmente lucia mal. Mi preocupación estaba divida. Desde el sitio en el que me encontraba, podía ver que a Ladybug le estaba costando luchar sin ayuda y miraba para los lados, supongo que rogando que Chat Noir apareciera.
Plagg se removió entre mis manos y se inclinó fuera de mis dedos para vomitar. Hice una mueca de asco y me eche hacía atrás para evitar que el vómito me manchara. Los quejidos de Plagg me estaban empezando a poner nervioso, necesitaba hacer algo para ayudarlo.
—Transfórmate. —Dijo jadeando.
—¿Estás loco? ¡No puedo hacer eso! Mírate, estas horrible.
—Mejor que tú siempre me veo aunque enferme —Dijo burlón. Rodé los ojos. —No podemos dejarlas solas—Hablo en plural, extrañándome— Si Tikki puede mantener la transformación de Ladybug, yo también puedo.
No era la primera vez que escucho el nombre de "Tikki" de la boca de Plagg. Luego de analizarlo muy bien, entendí que Tikki debía ser la kwami de Ladybug. No debía sorprenderme el que posiblemente ellos se conocieran, después de todo eran kwamis. Pero aun así, la sensación de sorpresa estaba allí.
Mire seriamente al pequeño felino, era la primera vez que veía a Plagg tan mal. Creo que hasta había empezado a sudar.
—No, Plagg —Negué con la cabeza. —Necesitas descansar o de lo contrario algo malo puede pasar.
Plagg resopló irritado más consigo mismo que conmigo. Y era entendible, podía sentir lo impotente que se sentía en ese momento por no poder ayudar, y yo compartía el sentimiento. Pero la salud de Plagg era primordial en ese momento, sin él, yo no podría ser Chat Noir.
—Adrien—Llamó Plagg. Lo mire y lo que vi me dejo horrorizado.
Una especie de aura negra lo había envuelto y la cara de pánico de Plagg solo hizo que me asustará más.
—Oh ¡No no no no! —Exclamó en voz alta. —Adrien ¡Aléjate de mí!
Probablemente debí haberle hecho caso en cuanto grito esas tres palabras, pero estaba tan sorprendido que apenas pude reaccionar. Gracias a una especie de magnetismo, el aura negra que Plagg estaba emitiendo atrajo al anillo de miraculous haciendo que levantará mi mano inconscientemente. Trate de alejarme, pero cuando el aura toco la punta del anillo, no pude moverme ni un centímetro, me tenía anclado allí. Plagg grito cuando el anillo lo empezó a absorber como suele hacerlo cuando me transformo, pero esta vez yo no había pedido la transformación.
Sentí un dolor indescriptible en mi cuerpo, era como si mis huesos estuvieran reacomodándose de lugar. Crujían. Grite y caí de rodillas al suelo, cerrando los puños con fuerza mientras jadeaba. Esperaba no haber atraído miradas indeseadas. El dolor era casi insoportable, nada que haya sentido antes. Hasta que de repente, acabo.
Jadee tirado en el suelo, tratando de recuperarme de esa energía extraña que me había lastimado. Mantenía mis ojos firmemente cerrados, con el pensamiento de que quizá así sería más ameno el dolor. Me puse de pie con torpeza y aullé mientras me tambaleaba en cuatro patas.
Esperen…
Mire alrededor, todo estaba más grande de lo que recordaba. Mire mis manos, sintiéndolas extrañas. Pero no eran manos, eran patas peludas y negras.
El corazón empezó a latirme con fuerza en el pecho.
Me revise lo poco que mi limitado campo visual podía otorgarme. Estaba en cuatro patas, con un pelaje negro como la noche y una cola que se mecía de un lado a otro. Grite, pero lo único que salió de mi boca fue un maullido de pánico.
Oh, no, no, no.
Mierda. Me había convertido en un gato. ¡Un maldito gato! ¡Y está vez es muy literal!
Los ruidos de una explosión me erizaron por completo y maullé muy fuerte. Ladybug había logrado capturar el akuma, pero se veía terriblemente cansada. Sentí una punzada de culpa en el pecho mientras la miraba irse por los tejados, estaba herida y yo no pude ayudarla.
—Rayos —Escuche una voz en mi cabeza. —¡Te dije que te alejaras! —Me regañó.
Era la inconfundible voz de Plagg.
—¿¡Me puedes decir que mierda ha pasado!? —Exclamé, ahora histérico.
—Cálmate ¿Quieres? —Bufó. ¿Cómo puede bufar? ¡Está en mi cabeza! —Esto paso debido a que me enferme. Nunca se sabe que puede pasar cuando un kwami enferma, los miraculous hacen cosas extraordinarias cuando eso pasa. —Explicó— Te convertiste en gato. No eres el primero que se convierte en gato, pero si el primero con el que puedo hablar, normalmente cuando esto pasa, quedo recluido en el anillo, pero parece que me mezcle con tu mente. Incluso tienes el color de mi pelaje.
—No entiendo. —Murmure. —Un momento. —Me di cuenta de algo en particular. —¡¿Cómo mierda puedo hablar!? ¡¿No debería maullar?! ¿¡Eso significa que puedo hablar con otros gatos!?
—Adrien, cálmate —Me regañó. No estoy acostumbrado a que Plagg me regañe, normalmente se ríe de mí. —Ahora eres un gato, es normal que te entiendas a ti mismo, pero los humanos solo te oyen maullar. Y si, puedes hablar con los animales.
—Oh—Musite —Eso si es interesante.
—No, no lo es ¿Cómo vas a regresar a casa? ¿Cómo rayos sobreviviremos si somos un gato? Tú no estás acostumbrado a ser un animal y algunos humanos pueden ser crueles con los gatos. Créeme.
Viéndolo desde esa perspectiva, las cosas si estaban muy mal. No podía ir a casa en esta forma y, la única chica que probablemente pueda ayudarme, se ha ido por los tejados y no se su identidad.
Joder.
…
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Y así termine huyendo de los gatos agresivos con los que me había topado. No sabía que los gatos eran muy territoriales y los machos suelen pelearse entre ellos. Así es como esa "horda" de felinos machos decidió que yo era una presa fácil de roer y empezaron a perseguirme como si yo fuese un indefenso ratón.
E iba a luchar, porque yo no era un cobarde y menos iba a dejarme amedrentar por unos estúpidos y sucios gatos callejeros, pero Plagg me dijo que eran demasiados y en ese momento era tan vulnerable como ellos.
Sin embargo, a pesar de que me esforcé mucho por huir, sentía la cola adolorida y apenas podía moverla, estaba seguro de que estaba sangrando. Salté por un muro y corrí todo lo que mis cuatro patas podían darme, necesitaba esconderme y sanar, no sabía cuánto duraría en esta forma y Plagg tampoco estaba seguro del tiempo que requería para recuperar energías dentro de mi mente. Así que estaría desaparecido por un tiempo indefinido, dejando sola a Ladybug.
Y eso era lo que más me preocupaba.
No era bueno que ella peleara sola con los akumas. Ambos luchábamos en una sincronía perfecta y eso hacía más amena las batallas, pero hoy ella peleo sola y salió herida porque no pude presentarme.
Volví a sentir esa punzada de culpabilidad en mi pecho.
Escuche un maullido agresivo y no pude reaccionar cuando un gato color café salto hacía mi tirándonos a ambos del muro. Razonar con ellos era como tratar de razonar con una piedra, ya que actuaban dejándose guiar por sus instintos. Pero yo no era un gato, era un humano.
Chille cuando el maldito gato mordió la base de la cola, justo donde me habían mordido antes y trate de liberarme sin éxito alguno. Un poco más y estaba seguro que perdería la cola, lo peor de todo es que no sabía que consecuencias podía traerme esas mordidas en mi forma humana, esperaba que ninguna.
—¡Oye! ¡Déjalo! —Escuche que gritaban.
El gato café me soltó y corrió lejos de mi mientras yo soltaba quejidos felinos de dolor, sin poder moverme de lo adolorido que estaba. La cola me palpitaba y salía sangre a montones, no podía moverla en lo absoluto.
—Oh, pobresito…—Escuche cerca de mí. Era una voz femenina y muy conocida. Por alguna razón me trajo un poco de alivio a mi dolor. —Mira cómo te dejo.
Mire a la chica que ahora estaba agachada en frente de mí, estirando su mano con cautela hasta mi cuerpo. No me sorprendí al ver los ojos preocupados de Marinette, pero si sentí un alivio sorpresivo de saber que ella era quien me había salvado.
—Tranquilo, no te haré daño —Dijo con dulzura y suavidad, sentí mi corazón latir un poco.
Maúlle de dolor cuando ella toco mi cola, pero aparto la mano de inmediato pensando que la atacaría.
—Pobre… Ven aquí, te ayudare ¿De acuerdo? —Me tomo entre sus brazos, sin importarle que estuviese manchando su camisa de sangre. —Te curaremos eso en casa.
No me había fijado que estaba en la calle de la panadería de los Dupain-Cheng, la familia de Marinette. Agradecí mentalmente a mis patas por haberme llevado a ese lugar y no a otro callejón oscuro en el cual me había topado con los gatos del demonio.
—¿Tus patas? ¿Es en serio? —Dijo Plagg burlonamente en mi cabeza.
Joder, había olvidado que él podía escuchar mis pensamientos.
—Sí, que no se te olvide ahora que estas con una chica. Conozco a los adolescentes hormonados como tú, así que más te vale que mantengas tu imaginación a la raya.
Me sonroje furiosamente. ¡No iba a tener pensamientos indebidos con ella! Por Dios ¡Es Marinette! ¡Es la chica más tierna y dulce que conozco! Todo en ella me provoca calidez.
—¿Sabes que eso de "calidez" puede interpretarse de muchas formas?
—¡Plagg! —Exclamé escandalizado y lo escuche reír con ganas. —Maldito bicho. —Refunfuñe.
—¿Estas bien? —Preguntó Marinette preocupada. Supuse que era por mi exclamación, que para ella fue un maullido.
Maullé de forma aguda en respuesta y ella me sonrió rascándome detrás delas orejas. Suspire de satisfacción y de mi garganta broto un ronroneo que me tomo desprevenido. Escuche la risa fresca y alegre de Marinette.
—Eres muy lindo. —Dijo y me sonroje. O eso sentí, porque lo que ahora eran mis mejillas, estaban calientes.
Marinette entró a una puerta al costado de la panadería, la cual era la entrada de su casa, y se encontró de frente con su madre. La señora Sabine era increíblemente parecida a ella, se notaba a leguas que eran madre e hija y ambas eran igual de hermosas. La mirada de la madre de Marinette se posó en mí, primero con el ceño fruncido y luego con sorpresa. Se acercó a pasa rápido a nosotros hasta que quedo de frente y me arrebato de los brazos de Marinette.
—¡Dios mío! Pobresito ¿Qué le paso? —Preguntó mientras examinaba mi cola y yo temblaba tratando de aguantar el maullido de dolor que quería salir desde lo profundo de mi garganta.
—Un gato lo estaba mordiendo, lo ha dejado muy mal y me ha dado lastima dejarlo en la calle ¡Mira lo lindo que es! —Respondió Marinette.
Dijo que era lindo.
Oh.
—Tiene la cola muy lastimada, hay que curarla… Busca una toalla o algún trapo para que le sostengas la cabeza y yo le limpiare la cola para que podamos bañarlo, mañana lo llevaremos al veterinario.
Bueno, al menos me curarían, pero la parte de la toalla no me agrado mucho.
—¿En serio? —Preguntó Mari.
—Sí, es para que no te muerda o nos arañe, ellos son muy inquietos cuando tienen heridas y no dejan que les revisen.
Quería decirles que yo era tranquilo, pero obviamente no me podían entender.
Escuche que Marinette iba a algún sitio y me removí entre los brazos de la señora Sabine sin saber porque no quería que ella me dejara allí y se fuera arriba, quería estar en sus brazos. Maúlle para llamar su atención y cuando ella volteó a verme, la mire a los ojos suplicantes.
—Creo que no quiere que te vayas. —Dijo la señora Sabine.
Marinette pareció enternecida y se acercó a mí para cargarme. Escuche que la señora Sabine le dijo algo, fue ella la que subió, pero no logre entender que era pues Marinette me había acurrucado en su pecho y sentí a plenitud sus atributos contra mí, ahora pequeño cuerpo. Me sonroje mucho y sentí la respiración un poco irregular, era un sitio cálido y suave, demasiado cómodo para mi cordura. Después de todo seguía siendo un hombre que jamás había estado de "esa" forma con alguna chica.
—Adrien, rayos, no quiero saber ese tipo de cosas ¡Para!
—Mierda— murmure recordando que Plagg podía oír mis pensamientos.
—Dios, humanos. —Se quejó.
Luego de unos minutos, entendí porque la madre de Marinette quería tomar precauciones conmigo. La cola me dolía como los mil demonios y cada vez que me pasaban la gasa mojada con agua y alcohol, me removía tratando de librarme del fuerte agarre del señor Tom, quien había decidido ayudar cuando me vio. Y no era porque yo quisiera liberarme, quería que me curaran y sabía que debía aguantar, pero mi cuerpo de movía solo y los maullidos de dolor salían de la nada sin yo poder retenerlos.
—Calma pequeño, ya casi —Dijo Marinette tratando de calmarme. Y aunque su voz fue como una caricia para mí, el encantó se rompió cuando volvieron a pasarme la gasa por las marcas de los dientes que habían en mi cola.
—Ya está, solo hay que aplicarle la crema y vendarlo. Esperemos que no se la quite. —dijo el señor Tom.
Solloce, el dolor era mucho peor gracias al alcohol. Ardía, pero sabía que me haría bien. Con mucho cuidado, la madre de Marintte envolvió la base de mi cola en una venda y la sostuvo bien con un gancho clínico para que no se soltara. Sentí un poco más de alivio cuando el señor Tom me soltó y suspire mientras recostaba todo mi cuerpo en la mesa que habían usado para curarme. Dios. Los gatos soportaban muchas cosas en las calles cuando no tenían quienes los cuidarán y me sentí increíblemente afortunado de ser encontrado por Marinette, ahora la cola no me dolía tanto.
—Ya paso, pequeño—Susurro Marinette acariciándome detrás de las orejas.
Me deje mimar por las suaves y dulces manos de mi compañera de clases mientras un suspiro salía de mi boca seguido de un ronroneo satisfecho por las caricias. Pronto me olvide del dolor y de todo lo que estaba a mí alrededor hasta que sentí como los brazos de Marinette me cargaban. No me moví, solo recosté mi cabeza en su pecho disfrutando del lugar –porque vamos, soy hombre y su pecho es cómodo.- Cuando me di cuenta, Marinette me había depositado en un mullido cojín rosa, y fue cuando me percaté de que estábamos en su habitación. Había estado tan a gusto con sus caricias que jamás supe en que momento habiamos llegado allí.
—¿Te sientes mejor? —Me pregunte, maúlle en respuesta.
—Mimado.
Plagg.
Rodé los ojos ante la vocecita de mi kwami.
—¿Cómo está? —Escuche una voz muy aguda y diferente a la de Marinette, lo cual hizo que prestara atención y con mis orejas buscaban la fuente del sonido.
—Está mejor, ya está tranquilo. Mañana lo llevaremos al veterinario para que lo revisen—Respondió ella a la voz desconocida.
—¿Y que nombre le pondrás? —Preguntó aquella voz.
—Mmm… Mira su pelaje, y esos pequeños ojitos verdes… —Ella rió con ternura, derritiéndome por dentro.
—Cursi.
Plagg.
—Te llamarás Chat Noir, eres igual de adorable que él. —Me dijo a mí mientras me acariciaba la cabeza.
Ella pensaba que yo era adorable…
Oh.
Fue entonces cuando vi una pequeña criatura roja volar al lado de Marinette.
Mi corazón latió inquieto en mi pecho.
Oh, mierda.
