Mercedes sabe que perderán esa guerra. Sabia por un tiempo largo, antes de la muerte del doctor. Antes de todos que pasaron en el ultimo mes. Antes de Ofelia.
Ofelia, quien nunca comprendió los horrores que estuvieron matando su mundo. Ofelia, quien nunca comprendió tantas cosas. Ofelia valiente, Ofelia tonta. Tan joven e inocente. Su casi- hija, su amiga. Ofelia tiene la soledad, la paz, el callado del hueso ahora. Demasiado pronto, por una niña que amaba la vida como ella. Pero Mercedes no ama su vida y no sabrá la dormida del hueso por posible un siglo, sienta. Porque sabe, en la misma manera que conoce que perderán esa guerra, que cuando su hermano quitará respirando, cuando su mundo explotará, cuando la guerra existirá no más, aún vivirá. Porque siempre debe ser un testigo a historia.
A veces quiere Ofelia por siempre, está feliz recordar nada pero la niña quien creyó cuentos de hadas. Y a veces—mirando a su hermano hablando con el hijo de sus enemigo y la mujer demasiado débil y buena para el mundo—envidia la come y jamás quiere Ofelia; Mercedes daría cualquier la olvidar.
