Prólogo
Jace no paraba de dar vueltas en la biblioteca del instituto. Maryse les había mandado allí a través de un portal hecho por Clary antes de volver a la lucha.
Habian dejado que él e Isabelle, junto a otros menores de edad, participaran en la guerra ya que,el ejército de Sebastian, les superaban en número. Cuando se encontraron con la muerte inminente, Maryse y algunos cazadores de sombras, que vivían aun, mandaron a sus hijos sobrevivientes a diferentes Institutos.
Miró a Isabelle, que se encontraba sentada en uno de los sillones de la biblioteca, con sus rodillas arriba y su cara oculta en ellas. Su hermana había perdido a su novio, a su hermano y a su cuñado.
Alec. Jace miró su pecho, justo donde debería estar la runa parabatai, que cada vez era más blanquesina. Notó un vacío en su interior como nunca antes lo había sentido. Alec, su parabatai, había muerto y él no pudo hacer nada para evitarlo. Su mente se llenó de recuerdos de momentos que había pasado junto a él y notó como nuevas lágrimas se asomaban a sus ojos. Ya no habría más recuerdos. No volvería a verlo.
Había perdido a su parabatai. Jace cerró fuertemente los puños. Mataría a Sebastian, aunque eso fuese lo último que hiciera.
Miró a Clary, que lloraba en silencio en el otro extremo del sofá.
Sabía cómo se sentía. No soportaba verla así. Se sentó a su lado y la abrazó.
-Sebastian va a venir.-Dijo la chica en un susurro.
-No dejaré que se acerque a ti.
-No podremos defendernos.
-Solo, ten un poco de fé.-Le dio a la chica un beso el pelo y siguió abrazándola protectoramente.
Miró a su hermana. No había dicho ni una sola palabra desde que habían llegado. Separó uno de los brazos con los que abrazaba a su novia y lo puso en el hombro de Isabelle.
-Izzy -suspiró.
No sabía qué decirle. ¿Qué todo iba a estar bien? Eso no era cierto, lo sabía muy bien.
¿Qué todo iba a ir mejor a partir de ahora? Tampoco. Así que solo se quedó en silencio correspondido por ambas chicas.
Clary cerró fuertemente los ojos. Quería volver atrás. En su mente recordó lo sucedido hacía tan solo dos semanas. Estaban en el loft de Magnus y ella y Simon habían convencido a Alec, Jace, Izzy y Magnus para ver Starts War. Sonrió levemente ante el recuerdo. Quería volver atrás. Quería volver a ese momento.
Pero esos recuerdos desaparecieron, y en su lugar una imagen de una runa que no había visto antes, la remplazó.
La runa era simple. Era una espiral con una línea atravesada.
Se levantó, fue hacia el escritorio, cogió un lápiz y papel y la dibujó. Ella sabía para lo que servía. Sabía que quizás podrían volver atrás. Quizás podrían evitar que Jonathan ganase.
-¿Qué sucede, Clary? -preguntó Jace que había seguido con la mirada a la chica.
Clary miró hacia el sofá. Isabelle también la miraba.
-Creo, creo que esta runa nos permitirá volver atrás -dijo la
pelirroja levantando el papel.
Izzy y Jace la miraron sorprendido. ¿Funcionaría? Ambos Nefilim se acercaron a la chica que sostenía el papel con la runa.
-¿Funciona? -preguntó Isabelle.- ¿Cuánto tiempo volveremos si es así?
-No lo sé.- admitió Clary.- Yo estaba pensando en -respiró profundo- en cuando vimos la película en el loft de Magnus y, me vino esta runa. Sé que sirve para volver atrás. Pero sólo no estoy segura de cuánto tiempo retrocederemos. Creo que, si pensamos en el momento al que queremos volver mientras nos hacemos la runa, iremos allí.
Los tres cazadores de sombras se miraron por un momento.
-Creo que es nuestra única oportunidad -dijo Isabelle.
-Pero si no funciona...
-Nos encontrará Sebastian, vendrá con los otros Nefilim que bebieron de la copa. Y te digo que prefiero morir antes de convertirme, es más, dudo que ese maldito engendro me dé oportunidad de elegir –la interrumpió Isabelle. - No pierdo nada probándolo. Así que si puedo intentar que esto no suceda, lo haré.
Jace se quedó mirando a su hermana. Tenía razón. Si tenían una oportunidad para evitar que Jonathan ganase, debían de aprovecharla.
La aprovecharían.
- Creo que si vamos a ese día tendremos tiempo para intentar
cambiarlo. -dijo Jace acabando el silencio.
En cinco minutos, acordaron en el momento exacto que debían pensar.
También acordaron en no decirle nada sobre sus muertes. No querían que tomaran sus muertes como algo inminente. Quizás pudieran evitar sus muertes.
Sacaron sus estelas. Cerraron los ojos y cuando en su mente ya estaba ese momento, empezaron a dibujarse la runa en uno de sus antebrazos.
Lo que le siguió fue una sensación de caer vacío. Luego escucharon murmullos y abrieron los ojos y...
