Disclaimer: Nada relacionado con Harry Potter y Sailor Moon es mío.
Nota preliminar: Este es mi primer crossover (y probablemente el último) y decidí hacerlo entre dos de mis fandoms favoritos. No se alarmen si la historia resulta ser extraña, porque es difícil hacer una historia canon con dos universos tan distintos, pero haré lo posible para armonizar ambos universos.
Un saludo.
Advertencia: Este fic contiene un romance entre dos chicas (y jamás he hecho una pareja como la que voy a plantear aquí). También podría contener un poco de violencia y algo de sexo. A quién no le guste las parejas del mismo sexo, favor abstenerse de leer.
Mente y corazón
Prólogo
El descubrimiento
Amy Mizuno iba pensando en muchas cosas mientras viajaba a once mil metros sobre el continente asiático.
Hace algunos meses había descubierto que era una Sailor Senshi, una guerrera con poderes sobre el agua, y había pasado por pruebas que ninguna chica de su edad había experimentado alguna vez, a excepción de sus amigas. Pero lo que había ocurrido hace dos semanas atrás era lo que la tenía a bordo de un avión, rumbo a Inglaterra. Se trataba de algo tan desconcertante que incluso sus amigas habían tenido muchas dificultades para entender lo que estaba pasando.
Había trascurrido dos semanas desde que el clan Black Moon fue derrotado y Serena se las había arreglado de algún modo para caer a una cámara de inspección, pese a que había sido correctamente señalizada con cintas de peligro y conos de seguridad. Sus amigas no hallaban la forma de sacarla y estuvieron a punto de pedir ayuda cuando Serena salió eyectada del agujero, cayendo de lado sobre el pavimento. Amy no se explicaba qué rayos había pasado y no supo la respuesta hasta el día siguiente, cuando una lechuza llegó a su departamento, la cual le entregó una carta comunicándole que ella había empleado un "hechizo levitador", o lo que fuese que significara eso. Amy no entendía nada, desde el contenido de la carta hasta el material de la que estaba hecha. Hasta donde ella sabía, el pergamino hace mucho que ya no se usaba para escribir y no se podía explicar por qué habría recibido tal misiva. Las preguntas la persiguieron incluso durante la noche, y despertó en cinco oportunidades entre sudores fríos y sueños relacionados con el incidente.
Al día siguiente, Amy tenía ojeras. Su madre había salido a trabajar al hospital e iba a prepararse un café cuando alguien tocó a la puerta. Amy puso la tetera a calentar y le abrió a quienquiera que esperaba afuera.
Amy se quedó mirando al hombre con una expresión de perplejidad. Su apariencia no desentonaría en la Inglaterra del siglo XIX y los colores de su indumentaria eran peculiares. A juzgar por las características de su cara, el sujeto parecía ser inglés.
—Buenas tardes, señorita Mizuno, ¿verdad?
Amy se tomó su tiempo para responder. De todas formas, ella jamás había visto a alguien como quien esperaba delante.
—¿Señorita?
—Sí, soy yo —repuso ella, un poco a la defensiva—. ¿Puedo preguntar por qué me envió esa carta?
—Se la envié porque usted realizó un hechizo levitador para sacar a su amiga de una cámara de inspección —dijo el hombre inglés—. He sido enviado para comunicarle algo importante, algo que puede beneficiarle de maneras inimaginables.
—Pero la magia no existe, señor…
—Robinson. Ignatius Robinson, a su servicio, señorita Mizuno. Y se equivoca con respecto a la magia. —El señor Robinson extrajo una varita de su bolsillo e hizo aparecer un vaso de vidrio y una caja de leche encima de la mesa. Amy se quedó mirando con ojos desorbitados las cosas que habían aparecido de la nada.
—¿Cómo lo hizo? —preguntó Amy, a medio camino entre el asombro y el miedo—. ¿Acaso hizo algún tipo de transmutación cuántica?
—No, no, no —dijo el señor Robinson, enarbolando su varita despreocupadamente—. Esto es magia, y lo que usted hizo para rescatar a su amiga también lo es, por cierto. Pero quiero que quede claro que no he venido a reprenderla por eso, sino para hacerle una invitación, una que no podrá rechazar.
—¿Qué invitación?
—Bueno, se trata de una invitación especial para estudiar en uno de los mejores colegios de magia del mundo —dijo el señor Robinson en un tono tan casual que Amy quedó sorprendida de que él hablara de colegios de magia de ese modo. Se preguntó si en realidad había lugares así, pero se dio cuenta que esa no era la pregunta que más importaba.
—¿Y podré aprender a hacer magia?
—Claro —repuso el señor Robinson alegremente—. Dentro de unos cuantos años, podrá hacer más que rescatar amigas de cámaras de inspección. ¡Las posibilidades son realmente ilimitadas!
Pero Amy no lucía emocionada, sino preocupada.
—¿Le ocurre algo?
—Si acepto esta invitación, dejaría atrás esta ciudad, mis estudios y, especialmente, mis amigas —dijo Amy, bajando la cabeza y sonando apesadumbrada—. Además, yo quiero ser doctora, como mi madre, y dudo que estudiar magia me permita eso.
—Pero también tenemos doctores en el mundo mágico, solamente que les llamamos sanadores —dijo el señor Robinson, tratando de animar a Amy—. Mire, no la estoy obligando a que estudie magia o algo por el estilo. Solamente le estoy dando una oportunidad para ser más de lo que es hoy. Depende de usted si la toma o la deja. Y, en caso que desee aceptar la invitación, escríbame a la dirección que aparece en el pergamino que le envié y arreglaré todo para su viaje.
Después que el señor Robinson se fue, Amy se quedó pensando largo y tendido sobre la propuesta que había recibido. Pese a que sonaba increíble, Amy había aprendido a aceptar nuevo conocimiento, por difícil que fuese, y aprender magia podría ser muy útil, e incluso podía concretar su sueño de una forma totalmente inesperada. Lo único que la detenía de irse en ese mismo momento era Serena y sus amigas. No tenía idea cómo ellas iban a tomar la idea y estuvo varios días tratando de encontrar las palabras adecuadas, fallando estrepitosamente. No importaba cómo lo dijese; la mera existencia de la magia era suficiente para dejar bocas abiertas y expresiones vacantes en muchas caras. Su madre también había resultado ser un problema, pero ella entendió las razones de Amy para irse a estudiar al extranjero, aunque no le dijo con precisión en qué colegio iba a hacerlo y qué iba a estudiar. Al final, después de más noches de vela, decidió emplear la misma estrategia con sus amigas. De todas formas, no era mentira que iba a estudiar en el extranjero, y Amy detestaba las mentiras. Por eso se sintió mal cuando ocultó el asunto de la magia a su madre y anticipó que iba a sentirse del mismo modo cuando fuese el turno de sus amigas. Sin embargo, sus preocupaciones habían sido infundadas.
—No tienes que estar atada a nosotras, Amy —dijo Serena cuando Amy le contó sobre lo que había ocurrido ese día, omitiendo el asunto de la magia—. No puedes permitir que esta oportunidad se te escape por culpa de nosotras.
—Secundo lo que dijo Serena —añadió Rei con una sonrisa.
—Podrás conocer nuevos lugares —acotó Lita.
—Y nuevos chicos guapos —dijo Mina con una sonrisa pícara.
—Mina no tiene remedio —dijo Artemis y Mina le apretó la cola a modo de represalia.
—Te deseo lo mejor, Amy —dijo Luna con una sonrisa—. Te prometo que iremos a visitarte cada vez que podamos.
—Gracias, amigas —dijo Amy con una sonrisa y lágrimas en los ojos—. Les escribiré de cuando en cuando… con detalles.
Amy salió de sus pensamientos a causa de una turbulencia. Recordaba que había sido más difícil despedirse de su madre, por mucho que ella le instara a que tomara esa oportunidad que la vida le estaba dando. Al final, después de muchas lágrimas, abrazos y despedidas, fue capaz de dejar atrás su hogar y abordar el avión que la llevaría a su nuevo destino. Las lágrimas volvieron a asomarse en sus ojos al recordar la despedida en el aeropuerto, pero se las limpió a los pocos minutos, tratando de enfocar su pensamiento en eso llamado magia. Era algo totalmente nuevo para ella y, aunque la mera noción podía llegar a asustarla, también creía que aprendiendo magia podría ayudar mejor a la gente. De todas formas, ya no había amenazas que requirieran que ella combatiera el mal como Sailor Mercury y adquirir nuevo conocimiento siempre era bienvenido, sobre todo conocimiento que podría hacerla mejor de lo que ya era.
Tengo que creer que este camino es el mejor para mí.
Faltaban cuatro horas para aterrizar en Heathrow.
