Disclaimer: La saga de Crepúsculo y todos sus personajes son propiedad de Stephenie Meyer. Yo sólo los manipulo a mi antojo para divertirme un rato. La trama sí que me pertenece.
Summary: Bella es una chica tímida y sin autoestima de la que todos se aprovechan, especialmente su novio, Edward Cullen. Pero por las noches se disfraza y finge ser otra para encontrarle algo de sentido a su vida, pero esas salidas noctámbulas y los desengaños amorosos la llevarán hacía un camino de autodestrucción y alcoholismo del que no podrá salir tan fácilmente. Y los problemas familiares tampoco le pondrán las cosas fáciles a la hora de recuperarse.
Me puse la peluca pelirroja y me miré en el espejo. ¿Cómo era posible que una simple peluca me transformara en otra persona? Mientras la llevaba puesta dejaba de ser la tímida y aburrida Isabella Swan, automáticamente pasaba a ser la atrevida y divertida Kelia.
No sabría decir con exactitud cuándo empecé a fingir por las noches que era otra persona, tampoco sabría decir el motivo, pero lo que sí sabía era que lo necesitaba. Necesitaba ser otra persona aunque fuera por un corto periodo de tiempo.
Porque odiaba a mi verdadero yo. Me odiaba. Yo nunca sería como mis amigas. Nunca sería lo suficientemente bonita, ni sexy, ni divertida, ni alegre, ni tampoco a la que llamaban siempre para quedar. No, para los demás yo sólo era la friki de la escuela. Una friki aburrida a la que todos ignoraban.
Bueno, excepto ellos. Mi novio Edward y sus amigos. Ellos me habían aceptado en sus vidas por mi propia personalidad. Pero sabía que todos lo habían hecho por Edward. Nadie entendía cómo alguien como él se había fijado en alguien tan insignificante como yo.
Yo tampoco lo entendía.
Él era popular, guapo, divertido, extrovertido y el centro de atención de todas las chicas del instituto. Por eso me convertí en objeto de odio desde que empezamos a salir.
Y no sería tan malo si sintiera de algún modo que lo que yo sentía por él era correspondido. Pero no era así, me sentía sola en esa relación. A veces me preguntaba por qué me pidió salir si no parecía sentir nada por mí. Pero no me atrevía a preguntárselo, temía empezar una conversación que no quería oír.
Porque yo llevaba enamorada de Edward desde pequeños, era mi compañero de clase, era mi amigo y ahora era mi novio. Y no quería perderle.
Gracias a él tenía amigos. Alice y Rosalie me habían aceptado como una más de ellas. Y Emmett y Jasper se portaban muy bien conmigo. No quería perder el vinculo que habíamos creado, por eso aceptaba el rol de Isabella por el día... pero por la noche... Kelia salía a la luz.
Necesitaba ser como los demás, pero ya que siendo yo misma no conseguía serlo tuve que inventarme una nueva yo, me hacía sentir viva, me hacía sentir que yo pertenecía a este mundo. Y eso era algo que nunca había sentido siendo Isabella.
Todo el mundo adoraba a Kelia. Y esa misma gente era la que me miraba con desdén siendo yo misma. ¿Cómo siendo la misma persona podía generar diferentes sentimientos en las mismas personas? Y todo por una peluca.
Cuando veía películas en las que los protas se ponían pelucas y nadie les reconocía pensaba que eso era una chorrada, que una simple peluca no te hace irreconocible, que pueden darse cuenta que eres tú con sólo mirarte a la cara. Pero en mi caso era tan radical el cambio que ni yo misma lograba reconocerme. Por lo general siempre iba con una cola de caballo y gafas. Mi color de pelo era marrón. Vamos, la simplicidad hecha persona.
Pero cuando me ponía la peluca pelirroja y me ponía las lentillas verdes aparecía en el espejo una autentica belleza. Y no es que yo fuera precisamente de esas que se echan piropos solas, pero era cierto. Allá donde fuera levantaba admiración. Pero también sabía que la peluca no hacía todo el trabajo, yo cambiaba. Mi personalidad cambiaba. Y eso era lo que había hecho que todos me conocieran como Kelia, la chica que siempre salía de fiestas y siempre veían de noche.
Había inventado que vivía en La Push y que por eso no iba a su instituto, y ellos se lo habían creído.
Mi móvil sonó y vi que era Edward.
Me senté en la cama sin apartar la mirada del espejo.
—¿Diga? —pregunté por formalismo a pesar de saber que era él. Era raro que me llamara a estas horas, sabía que él salía de fiesta y nunca me invitaba a ir con él.
Y dolía.
Mucho.
Saber que se iba de juerga con sus amigos y que a mí no me invitaba a acompañarles. Pero como la tonta que era no era capaz de enfrentarle y preguntarle el porqué. Porque nuevamente no quería oír esa respuesta que muy en mi interior sabía.
—Ey, Bells, te llamaba para ver si me podías mandar un resumen del libro de texto de la señora Kellerman —ah... así que era eso... No era la primera vez que me pedía que le hiciera sus deberes.
Por raro que fuera tuve que quitarme la peluca y mirarme para ver quien era en realidad, en estos momentos era la tonta Isabella. La misma Isabella que amaba profundamente a Edward, el mismo Edward que me trataba como a un cero a la izquierda.
Sin embargo...
—Claro, no hay problema. Luego te lo envío ¿ok? —no sabía decirle no. Temía que cualquier cosa pudiera hacerle abrir los ojos y que rompiera conmigo.
Y yo no quería perderle.
No podía perderle.
Le amaba más que a mí misma.
—Gracias, Bells. Nos vemos mañana, bye —y colgó sin esperar respuesta. Sin preguntarme siquiera qué tal estaba, ni qué hacía. Sin preguntarme cualquier cosa que un novio preguntaría a su novia cuando la llamaba.
—Te quiero —susurré antes de bajar la mano y apartar el teléfono del oído, pero Edward ya había colgado mucho antes de poder oírlo.
Una solitaria lágrima descendió por mi mejilla, pero la limpié antes de que terminara de descender. Porque la noche no le pertenecía a Isabella, sino a Kelia. Y era hora de salir. Así que me puse la peluca y me miré en el espejo. No pasé desapercibido que todo rastro de tristeza había desaparecido de mi rostro para dar paso a la alegre cara de Kelia.
Cogí el bolso y salí sin hacer ruido de mi habitación, bajando lentamente las escaleras. Papá debía estar borracho viendo un partido de béisbol, así que en teoría tenía el camino despejado, pero no quería arriesgarme.
Cuando llegué abajo oí el sonido del televisor prendido en la sala de estar, me asomé para asegurarme que papá estaba ahí y le vi dormido en el sillón, en una mano una lata de cerveza y en la otra el mando de la tele.
Algo en mi interior se oprimió. Extrañaba a mi padre. Él no era así, pero no había podido superar el abandono de mamá y se hundió en el alcohol. Ya no era el padre atento y cariñoso que había sido siempre, ahora era sólo un borracho al que ya nada le importaba. Ni siquiera yo y mucho menos él mismo.
Suspiré y me recordé que era hora de fiesta, no había lugar para cosas tristes.
Así que me retoqué una última vez en el espejo de la entrada y salí a la discoteca que acababan de inaugurar.
Se llamaba Eclipse y había creado tanta expectación que todos iban a ir a la inauguración. Era la discoteca más grande construida en nuestra pequeña localidad. Antes, por lo general, la gente se dividía entre las pequeñas discotecas que había en todo Forks, yo solía ir aleatoriamente a todas, como hacían los demás, pero ninguna conseguía llamarnos tanto la atención como para ir seguido. Pero algo me decía que Eclipse iba a marcar la diferencia, ya se podía ver lo enorme y majestuosa que estaba quedando desde fuera mientras la construían. Me moría por verla por dentro, como todos en este pueblo, así que ese lugar iba a estar a reventar.
Agradecí que papá estuviera durmiendo y no me oyera arrancar el motor del coche. Cuando estaba despierto me tocaba irme andando, pero por lo general mucho antes de que yo saliera ya estaba K.O. por tanto alcohol que ingería.
Tiempo atrás intenté evitar que bebiera, pero sólo conseguí insultos y golpes por su parte. Sabía que él no era violento, era el alcohol lo que le convertía en una persona violenta. Y a pesar de saberlo no podía evitar odiarle. Le odiaba por dejarse vencer por el dolor de la marcha de mamá. ¿Qué pensaba? ¿qué era el único que había sufrido con su marcha? ¡Era mi madre! Pero el mundo seguía y no podíamos solucionar los problemas con alcohol...
"No, claro, es mejor solucionarlos con una peluca ¿no?" me reprochó con sorna mi propia conciencia.
Pero decidí que ya bastaba, no quería pensar más en él. Esta prometía ser una gran noche, no todos los días una discoteca como Eclipse abría sus puertas en nuestro pueblo.
Me quedé sorprendida al ver el gran atasco que había para poder aparcar por la zona de la discoteca.
Aparcar se convirtió en toda una odisea. Pero después de media hora conseguí aparcar.
Miré el reloj antes de bajar del coche.
10:25 p.m.
Aún quedaba mucha noche por delante. Así que con una sonrisa abrí la puerta y salí, yendo en dirección a la discoteca, camuflandome entre toda la gente que iba hacia el mismo sitio.
Si ya sólo con ver el exterior me había parecido impresionante el interior era simplemente alucinante. El dueño debía tener mucho dinero si se había podido permitir el juego de abrir un local como este.
No faltaba de nada y todos parecían pensar lo mismo. Allá por donde caminara oía a todos deshacerse en elogios sobre este lugar.
La música era pegadiza y todos empezaron a bailar empezando a disfrutar la noche. Y yo hice lo mismo, dejándome llevar.
Al principio bailé sola, pero no tardé en recibir invitaciones a bailar juntos.
—¿Cómo era tu nombre? —le grité por encima de la música al chico que bailaba pegado a mí, había empezado una canción lenta, cosa que él estaba aprovechando para tocarme el culo.
—Carlos —contestó con una sonrisa que supuse trataba de que fuera coqueta. Y no era feo el chico, pero no era mi tipo.
"Tu tipo sólo es Edward", me recordó mi mente.
Y sabía que tenía razón, pero eso no iba a impedirme disfrutar de la noche. Tal y como sabía que él disfrutaba de todas las noches sin mí. Siempre me decía que se la pasaba encerrado en su casa y que no le gustaba salir de fiesta.
¡Mentiroso! Todos en el instituto hablaban de las juergas que hacían por las noches. Él era el único que tenía el descaro de mirarme a la cara y decirme que no salía de fiesta y que, si algún día le apeteciera, me invitaría a ir con él.
Y yo sólo podía asentir y fingir que le creía mientras le sonreía levemente. Porque nuevamente no tenía valor de enfrentarle.
Ni siquiera las chicas ni sus amigos se atrevían a mentirme con tanto descaro para justificar que nunca me invitaran a ir con ellos. Se tomaban al menos la molestia de inventar excusas más creíbles, como "perdí tú número de teléfono", "no me acordaba de dónde vivías y no pudimos ir a buscarte" o mi preferida "pensé que Juanito ya te había invitado a venir".
Al menos ellos no negaban que salían de fiesta por las noches, pero lo de Edward llegaba a tal punto de cinismo que dolía ya demasiado.
Y encima sabía que iban a discotecas de Seattle o Port Angeles con tal de que nadie me fuera con los rumores de que les habían visto en discotecas cercanas a mi casa y que no me habían invitado. Por eso nunca me los había cruzado. Yo solía ir a las de Forks y ellos se tomaban la molestia incluso de salir del pueblo para no tener que inventarse más excusas patéticas, para intentar explicar por qué me trataban como si no fuera una más del grupo.
"Es que no eres una más del grupo, aunque te niegues a verlo", empezaba a estar ya harta de mi conciencia, así que me separé de Carlos y fui a la barra a pedir un whisky con tal de acallar esa molesta vocecita.
Mientras le pedía al barman más whisky noté como Carlos se ponía detrás mío y me tocaba ahora el culo con más insistencia. Me abrazó y noté como me hacía un chupeton en el cuello.
Me mordí el labio. Me gustaba sentirme así, deseada. Cuando Edward y yo hacíamos el amor ni siquiera me sentía ni una quinta parte de deseada que como me hacía sentir cualquier mirada que me lanzaban siendo Kelia.
Tal vez por eso a veces dejaba llegar las cosas un poco demasiado lejos, pero ¿era tan malo intentar suplir la necesidad de que alguien me deseara?
—Oye, ¿por qué no vamos a los baños? —me preguntó eróticamente mientras me tocaba un pecho por encima de la ropa, yo aún seguía de espaldas a él—. Me muero por hacerte el amor...
Sonreí y me giré hacia él, rodeando su cuello con las manos.
—Pero qué rápido que vas, Carlos —exclamé juguetona con una sonrisa en los labios, él pensó que le estaba siguiendo el juego—. Pero una de mis normas es no follar con quien acabo de conocer.
Dicho eso le solté y le guiñé un ojo mientras me alejaba de él.
Oí como me llamaba "Puta" y noté cómo me agarraba del brazo intentando arrastrarme con él a los baños.
—¡Suéltame! —le grité mientras forcejeaba para librarme de él.
—No puedes dejarme ahora así, eres una calienta... —pero antes de que pudiera acabar la frase alguien le apartó de mí, logrando que liberara mi brazo y dejara de arrastrarme con él.
Lo primero que vi fue a Carlos tirado en el suelo y cuando vi quién le había apartado de mí me quedé en shock.
—¿Estás bien? —me preguntó Edward, Don Yonosalgodefiestasinticariño.
Y cuando miré detrás de él vi a sus amigos, Emmett y Jasper, junto a sus novias Alice y Rosalie. Mis amigas. Y a pesar de que yo ya sabía que salían de fiesta sin mí dolió, dolió comprobarlo con mis propios ojos, ver a todos de fiesta mientras se suponía que Isabella Swan, la aburrida Swan, estaría encerrada en su casa.
¿Qué clase de amigos eran estos?
Debían haber venido a propósito a la inauguración de Eclipse, por lo visto hasta a ellos les había picado el gusanillo de conocer el local.
Cuando recordé que Edward aún esperaba respuesta mientras me miraba preocupado reaccioné. Él no parecía haberme reconocido, me miraba sólo preocupado pero por lo de Carlos, por nada más. Y los demás igual.
—Sí, estoy bien, gracias —le contesté con una sonrisa de agradecimiento.
Emmett agarró a Carlos de la camisa y le levantó del piso para que le mirara a los ojos.
—Vuelve a ponerle las manos encima y te parto la cara ¿entendido? —nunca había oído a Emmett tan amenazante.
Carlos empezó a sudar atemorizado de la amenaza de Emmett. Y es que Emmett imponía mucho, por lo que no me extrañó que, cuando Carlos volvió a pisar el suelo, salió corriendo a toda prisa del local.
Emmett y Jasper chocaron las manos y los demás se rieron. Me obligué a mi misma a reírme con ellos.
—Ese capullo no volverá a molestarte, por cierto, soy Edward —exclamó sonriéndome torcidamente y extendiendo su mano hacia mí.
¿Cuánto hacía que no me sonreía así siendo Isabella? Ya ni lo recordaba. ¿Tal vez hace años? ¿meses? ¿cuándo? ¿cuándo fue la última vez que Edward me sonrió a mí? ¿y por qué sonreía de esta forma a una desconocida?
¿Es que acaso...?
No.
Me negaba a creerlo.
Hasta ahora sabía que salía de fiesta sin mí.
Hasta ahora sabía que él sólo parecía utilizarme para hacer sus deberes o trabajos escolares.
Hasta ahora sabía que él no parecía quererme.
Hasta ahora sabía que yo sólo era un cero a la izquierda en su vida.
Pero lo que no sabía es que ¿existía la posibilidad de que me fuera infiel con otras chicas? Eso era algo que no podría soportar.
"Si te es infiel es porque no eres suficiente para alguien como él. Pero tal vez Kelia sí...", por primera vez en la noche mi conciencia me dio un buen consejo.
Si yo no era lo suficiente para él, ¿por qué no darle a Edward una amante que sí fuera lo suficientemente buena para él como lo era Kelia? Tal vez así no buscaría en otras chicas lo que Kelia podía darle. Ya fuera siendo Isabella o Kelia. Si conseguía mantenerlo a mi lado con mis dos personalidades yo ya sería feliz si conseguía hacerle a él feliz.
Además, si Kelia conseguía hacerle feliz supliendo lo que Isabella no podía darle, conseguiría evitar que se diera cuenta que la tonta y aburrida de Isabella no era lo suficientemente buena para él. Y tal vez así evitaría que Edward abriera los ojos y me dejara por otras chicas.
Por lo que esa noche tomé una decisión.
Kelia iba a conquistar a Edward. Que todo fuera por no perder a Edward, sin él yo no sabía vivir. Y haría todo lo que hiciera falta por retenerle a mi lado. Aunque eso implicara dividirme en dos personas y compartir a mi novio con Kelia. Mi otro yo. El yo que sí encajaba con alguien como Edward, un yo que era querido y apreciado por todos. No como mi verdadera personalidad, a Isabella nadie la quería, ni yo misma era capaz de sentir amor propio por alguien tan insignificante como yo. ¿Cómo podía entonces esperar que alguien como Eward me quisiera? Kelia era la chica que encajaba con Edward, no Isabella.
Bueno, aquí estoy con una nueva historia. Espero que os guste y que le deis una oportunidad ^^
Sé que a muchas no os habrá gustado la actitud de Bella, pero poco a poco iréis descubriendo sus motivos para ser así y la empezareis a entender, paciencia ;)
De mientras dejad reviews y decidme qué os ha parecido el primer capi :D
