Hetalia, canciones, marcas mencionadas, eventos o personajes históricos, etc., NO me pertenecen, ni gano dinero haciendo esto, ni apoyo a las campañas de lavado cerebral con la creación de este fanfic. Cualquier parecido con la realidad o afines es mera coincidencia.
Advierto: Hay dos personajes OC que representan a México, son José María Itzae Infante García o Chema -personaje de mi hermana RutLance-CrystalFairy que tomé prestado bajo su consentimiento y supervisión- que ha aparecido en el fic "Sabor a mí", y María José Infante García, mi OC que ha aparecido en "Mis deseos para ti"; no son Norte y Sur, tampoco Liberal y Conservador, y menos Mesoamérica y Aridoamérica -aunque de esto último ganas no me faltaron, pero no vendría al caso dada la trama de este fic-. Son gemelos, y para no hacer bulto, se turnan para atender el trabajo en casa -y fuera de ella-. Disculpa anticipada si los personajes actúan OoC -que insisto que parece emoticón incompleto- o si algunas cosas no quedan claras en un principio, pero se irán aclarando los embrollos conforme avance la historia. Aún debo un nyotalia y otros fanfics, pero vendrán en su momento, prometido.
Ahora, espero que disfruten este delirio de las 2:26 de la madrugada xD
Justo a la medida.
Reunión de la ONU en el Palacio de las Naciones, Ginebra, Suiza.
María José salió de la sala de juntas hecha un bólido, totalmente molesta por las tonterías de las otras naciones -entiéndase Francia, Estados Unidos e Inglaterra-. Ya debía estar acostumbrada a escuchar sus tonterías -debido a la notoria falta de otro tema de conversación por parte de ellos-, pero en esta ocasión se habían excedido.
-¡Maldita sea con el trío de gatos güeros! -Gritó mientras desquitaba su ira contra una pared que no tenía la culpa de estar en su camino, provocando un notorio estremecimiento en la estructura del edificio, y de paso a las personas que caminaran libres por ahí; cuando se cansó de dar golpes y maldecir, se acercó a la ventana más cercana y se dispuso a contemplar la vista que ofrecía ese rincón para calmar su alborotado espíritu y ahorrarle la molestia de asesinar a las naciones antes mencionadas.- Estúpidos botarates sin oficio ni beneficio.
El aroma de una loción de madera llamó su atención, y le conocía muy bien, ya que ella había regalado ese perfume a uno de los germanos; sonriendo ligeramente, se volvió hacia la dirección de donde provenía el aroma, encontrándose con que él estaba justo detrás de ella, y sus narices se rozaron por la cercanía, provocándole un intenso sonrojo cuando el europeo puso su brazo alrededor de sus hombros.
1 mes después...
En un agradable y colonial barrio de Guanajuato, reinaba la paz de una cálida tarde, o eso era lo que parecía, ya que la calma del lugar se vio interrumpida por una nación que se dirigía a toda la velocidad que le permitían sus piernas, como si de ello dependiera su vida, hacia la casa de aquel que alguna vez fuera su "protegido".
-¡José María Itzae Infante García! -Gritó Antonio mientras saltaba cual medallista olímpico la barda que separaba a la casa de Chema de los otros hogares que ahí se erigieran.- ¿Donde estás?
-Debajo de tus zapatos. -Se escuchó la voz del mexicano.- Pesas, y eso que estás flaquito. -José María respondió desde el suelo, ya que segundos antes del brinco de España, se hallara trabajando en el jardín.- ¿Qué te pasa, Toño?
El español, después de quitarse de encima del mexicano, y ayudarle a ponerse de pie, lo abrazó con todas sus fuerzas mientras lloraba como una magdalena.
-Antonio, me estás asustando. -José María movía los ojos buscando algo con qué librarse.- ¿Qué pasa?
-Es María José. -Dijo tan pronto dejó de llorar.- Está enferma.
-¿Qué? -Chema no podía creerlo. Hacía un par de horas que su hermana salió de la casa a resolver un asuntillo con el jefe, dado que se repartían el trabajo, y no se le notaba diferente.- A ver Toño, empieza desde el principio. ¿QUÉ PASÓ?
Antes de que el español le respondiera, Iván salió de la casa sosteniendo una cuchara en las manos.
-¡Ah! Digo, hola Rusia. -Dijo impresionado el español, ya que no esperaba verlo salir de la cocina... Aunque no debía extrañarle de Chema, quien cuando invitaba a alguien a su casa los dejaba estar como si fuera la propia.- No pensé que fueras a estar aquí. Solo vine a saludar a José María. -Le dijo mientras seguía ejerciendo presión sobre el mexicano, estrechándolo con más fuerza.- No quiero interrumpir nada.
-¿Interrumpir qué? -Preguntó el mexicano mientras se daba a la idea de que la única manera que Antonio le soltara era que él mismo despegara sus brazos de su cuerpo.- Toño... Me ahogo.
-Deberías soltarlo, ¿da? -Señaló Iván mientras observaba cómo el rostro de la nación latina pasaba de un color rojo a un tono oscuro por la falta de oxígeno.- Y no interrumpes nada.
El moreno ojiverde soltó a su ex colonia, y que éste recuperada el aire, se metieron a la casa, pasando hacia un sencillo pero acogedor cuarto comedor al estilo colonial; Antonio tomó asiento mientras José María ponía los platos y acomodaba un cesto con bolillos al centro de la mesa, e Iván acomodaba el recipiente con la sopa de lado del cesto, y empezaba a servirles.
-¿Qué hacías afuera? -Preguntó el europeo para relajar un poco el ambiente y tener la atención del mexicano.- Tu jardín está muy bien.
-Ah, lo que pasa es que Juanito me regaló unas flores y las estaba pasando de las macetas al jardín, y como hacía hambre, se puso a cocinar, él insistió.
-México siempre cocina y trae regalos cuando visita mi casa, esta vez, yo quise hacer lo mismo, da. -Aseguró el rubio, y su sonrisa súbitamente cambió a un gesto confuso.- Alcancé a escuchar que alguien estaba enfermo, ¿se encuentra muy grave?
Tanto México como Rusia observaron al español, quien tenía medio bolillo en la boca y la otra mitad la sopeara dentro del plato inconscientemente, como si se hubiera perdido en sus pensamientos.
-... ¡Mmo! -Se pasó el pan y tras toser por casi ahogarse solo, habló.- Chema, algo anda mal con María José.
-Si, eso dijiste hace un rato, varias veces, pero yo no la veo precisamente enferma. Ok, no estamos en nuestra mejor racha económica, pero tampoco estamos tan mal.- Chema probó la comida y dibujó una sonrisa en el rostro.- ¡Vaya Juanito! ¡Esta sopa está para chuparse los dedos!
Braginski sonrió como un solecito y Antonio desvió la mirada, sintiendo que hacía un mal tercio.
-Verás... -El español retomó la conversación.- Desde la última reunión de la ONU a la que ella asistió empezó a comportarse... Rara. -El ruso dejó la cuchara un momento.- Bueno, a Francis, Arthur y Alfred se les pasó la mano al molestarla, más al hacer evidente que tú eras técnicamente más femenino que ella al tener una relación con...
-¡¿QUÉ?! -José María golpeó la mesa con ambas manos bastante perturbado, poniéndose de pie en el acto.- ¿Qué cosa? ¿Femenino? ¿Relación? ¿¡De qué *MIAU* estás hablando!? -Al instante, Chema se volteó, juntó sus manos y cerró sus ojos.- Perdón, perdón...
-Da, fueron bastante malos con ella, lo recuerdo. -Comentó Rusia al ver que México volvía a buscar apoyo en la silla.- Se salió de la sala de juntas muy enojada, pero regresó a los pocos minutos bastante tranquila y sonriente; seguramente sacrificó a alguien y ofrendó su corazón a sus antiguos Dioses para calmar su ira.
La nación azteca, cubrió su rostro entre sus manos tras oír eso, temblando notoriamente y rezaba a todos los santos que conocía para que, lo que sea que haya hecho su hermana para calmarse, no haya cobrado vidas inocentes.
-¿Dije algo malo? -Preguntó España sintiendo que algo no cuadraba en el momento, aunque no lograba saber qué.
El mexicano finalmente logró calmarse lo suficiente, al menos, dejó de temblar.
-Yo no tengo una "relación", al menos, no una sentimental; fuera de lo económico y lo diplomático, yo a todos los trato igual o tanto como me sea posible.- El mexicano se enderezó para así disipar los malentendidos.- Tampoco soy precisamente femenino.
-Pero... Tu casa es muy linda, cuidas mucho los detalles, usas delantales bordados a mano que tu mismo haces, tienes un jardín precioso, se te ha visto más en la cocina que en el campo de batalla, evitas tanto como te sea posible los enfrentamientos para intentar resolverlos de manera diplomática, tienes un buen gusto para vestirte y elegir ropa en comparación con tu hermana, muy raras veces maldices y eres más afín a las cuestiones artísticas que a las laborales. En cambio María José no... No se arregla para verse como una señorita, se porta como si fuera otro muchacho, solamente cocina comida mexicana o una que otra receta extranjera picante o llena de especias, se le ha visto más trabajando en el campo o en construcción como si fuera un peón que en cultivarse en cuestiones de arte o diplomacia, y ha estado más tiempo en el campo de batalla que en reuniones formales con sus jefes o fiestas de gala organizadas por Francia, Inglaterra, Alemania o los demás; sin contar que agrede a todo aquel que invade su espacio personal, es un tanto... Ruda al hablar, y aquel que se enamore de ella tiene que ser un valiente cuidado por la protección de San Miguel Arcángel. Además, todo el mundo sabe de lo tuyo con Rusia, José María Itzae.
Lo último le congeló el alma a Chema. Está bien, él sabía mejor que nadie que su hermana María José no era precisamente hablando el modelo de feminidad por excelencia que se espera de las mujeres latinoamericanas, él mismo lidió por años con ello, más eso no justificaba que a él se le ligara sentimentalmente con el ruso.
-¿Acaso...? ¿Acaso ellos creen que...?
En esos momentos, Misifus, la gatita de Chema, sus 5 crías de dos meses, y Catarino, el gato negro y peludo de su hermana, se metieron corriendo al comedor, deteniéndose justo en el rincón que los mexicanos les destinaran para alimentarlos. Una voz se acercaba, interpretando un pedazo de Besos y Copas, la cual reconocieron como María José.
-¡Carnal, ya llegué! -Se anunció al entrar a la casa y los siete gatitos maullaron al unísono.
-¡Gatitos! -Exclamó feliz Antonio al verlos y tomó uno para cargarlo.- ¡Qué lindos son!
Continuará...
¡Regalo Extra!
De por qué México tiene 7 gatos.
Una mañana, Chema salió de su casa con el platito de comida de su gatita Misifus, quien no diera señales de estar en sus rincones acostumbrados dentro de la casa.
-¡Misifus! ¡Minina! ¿En donde estás, gatita bonita?
Se disponía a regresar al interior de su casa, cuando el gruñido y siseos de otro gato llamaron su atención. Dejó el plato y se dispuso a averiguar de qué se trataba, encontrándose con una gata blanca con una mancha gris en la cabeza, que tenía un listón rosa en el cuello, y mantenía acorralada a Misifus, cuyo único refugio era la corta altura de una caja de cartón.
-¡Gatita mala! -Chema acudió al rescate de su mascota con un vaso de agua, con el cual salpicó a la gata intrusa, quien no se fue sin antes intentar arañar a José María.- ¿Estás bien, Misifus? -Dejó en paz el vaso y cargó a su gatita, que respiraba agitadamente, y la acarició para tranquilizarla, asegurándose de que no tuviera heridas o le faltaran mechones de pelo.- Ya pasó.
En eso, sintió en sus piernas algo que se le restregaba, y bajando la mirada, notó que de la caja de cartón salía un gato café bastante peludo y crecidito, quien ronroneaba contento.
-¡Pero miren nada más! -Dejó a Misifus sobre la caja y cargó al gato.- ¿Y tú de donde saliste? -Para toda respuesta, el gato le lamió el mentón y frotó su cabecita con la de Chema.- ¡Que lindo!
Optó por alimentar a los dos felinos, ya que se percató de lo bien que se llevaban, y mientras les servía un poco de leche, sonó el teléfono.
-Voy a contestar. -Les avisó.- Cuidadito con hacer cosas indebidas.
-Privet, México. -Saludó Rusia desde el otro lado de la línea.- Disculpa que te pregunte esto, pero... ¿Has visto a un gato café?
-Creo que si. -Le respondió mientras veía fijamente al gato que estaba en su casa.- También está rondando una gatita algo huraña con un listón rosa. ¿Son tuyos?
-No exactamente, da. -Contestó Rusia mientras susurraba un "kolkolkol".- ¿No te molesto si te pido un par de transportadores?
-No es molestia, Juanito. Nos estamos viendo.- México colgó y se asomó a la ventana, notando que la gatita huraña estuviera ahí afuera, como un soldado haciendo guardia.- Ah, que pastelito tan cargado.
Iván llegó a la casa del mexicano por la madrugada; supo que estaba cerca por que Catarino, el gato negro de ojos amarillos que pertenecía a María José, le hizo compañía.
-Buenos días. -Le dijo al gato después de tocar la puerta.- Eres un gato que vive de noche, ¿da?
El ruso se agachó para acariciar al felino, quien no alcanzó a ronronear ya que Chema abrió la puerta; Katito se metió como bala a su hogar y buscó un rincón alto para descansar.
-¡Buenos días, Juanito! -A pesar del saludo tan radiante, Rusia no logró evitar lucir desconcertado. Chema tenía el cabello alborotado, bastantes arañazos en los brazos y torso, y su ropa estaba llena de pelos de gato.- ¿Qué tal el viaje?
Los gruñidos que se escucharon en el interior llamaron la atención de las naciones, quienes entraron para ver cómo la gatita de Natasha se removía de una forma tan frenética dentro del transportador, mismo que parecía estar saltando.
-Tuve que usar una escoba, por que no se dejaba. -El mexicano se inclinó frente al otro transportador, donde estuviera el gato de su amigo.- Nos vemos gatito. -Le acarició juguetonamente la nariz con su dedo y el gatito ronroneó.- Te portas bien.
Horas después, una vez que le pidiera a Lituania llevarle la gatita a su hermana, Iván destrabó la puerta del transportador para que saliera su mascota.
-Da, ya puedes salir. -El gato se estiró una vez que estuvo libre, pero tras él salió la gatita de Chema.- ¿Ah?
Una llamada se escuchó a los pocos minutos, y el rubio contestó.
-Ahora soy yo el que te molesta. -Dijo el mexicano muy apenado.- ¿Has visto a Misifus?
-Si, está aquí. Creo que quiso ser una con mi mascota. -Dijo Rusia sin malas intenciones.
Chema no tardó en tomar un vuelo e ir directo a la casa del ruso, amonestando a su gatita en todo el camino de regreso a su casa por huir de esa manera.
Sin embargo, la cosa no terminó ahí. A unos cuantos meses, María José le habló a Iván.
-Ya les puse nombre. -Le decía por teléfono mientras acariciaba a las 5 crías que tenía en una canasta acojinada.- Se llaman Canelo, Combinado, La Negrita y los que se parecen a tu gato son Santos y El León.
-¿Por qué Misifus? -Chema le preguntaba sumamente decepcionado a su gatita.- ¿Por qué?
-Uy, si así tratas a la gata, que no es nada tuyo. -Le dijo una vez que terminara la llamada con Rusia.- ¿Qué no irás a decirme a mí?
-¡No te atrevas, María José!
FIN del regalito.
En el próximo capítulo:
-Lástima que no pueda decir lo mismo de Antonio y su "adorable tomatito".
-Roderich no quiere saber nada de Gilbert desde la vez que intentó venderle sus regiones vitales a Rusia.
-¿Cómo puedo hacer para que México no siga molesto conmigo, da?
Pondría más cosas, pero los capítulos son cortos. ¡Ahí nos estamos viendo!
¡ANTES DE QUE SE ME OLVIDE! el *MIAU* que vieron es una censura.
