He aquí una nueva historia, donde cada capítulo saldrá una o dos veces al mes, espero que les agrade y como siempre, yo estoy aquí para ustedes, si quieren que suba antes de lo previsto o cualquier cosa, siempre están disponibles los review o las preguntas por mis redes sociales que se encuentran en el perfil.
Advertencias: RoChu, FrUk, insinuaciones RusPru, entre varios líos.
En una escuela tipo internado en un lugar llamado… Inglaterra, estaba a punto de ocurrir algo que cambiaría la vida de muchas personas a la vez, específicamente de 4 adolescentes. Esta historia gira en torno a Yao Wang, un estudiante de origen chino que iba a tener que aprender a lidiar con una mentira que dijo sin querer, para evitar a una chica que le estaba ligando tuvo que decirle que era homosexual, y esto, se divulgó por todo el lugar, y para todos los efectos, él era gay. Su compañero de cuarto era un oriundo inglés llamado Arthur Kirkland, de 18 años al igual que Yao y con una mentalidad algo hostil, al principio se odiaban a muerte pero tuvieron que aprender a tener una pseudo amistad conviviendo juntos.
Cada habitación de varones estaba al lado de una habitación de damas, pero los hombres no podían dormir con las mujeres de ninguna manera, aunque claramente, pasaba de vez en cuando, era una de esas situaciones a las que vulgarmente se les llamaba "esto hay que saber hacerlo para que funcione". Si sabían como "hacerlo" no eran descubiertos de ninguna manera. Pero ese no es el punto en esta historia.
En la habitación contigua a la de el asiático y el inglés convivían sin problemas nos muchachas, una guapa chica francesa de nombre Marianne Bonnefoy que tenía 17 años y una, proveniente de Rusia con un año de ventaja llamada Anya Braginskaya. Ambas parecían llevarse de maravilla, y de hecho, era así. Hacían de todo juntas, se sabían hasta el número de los zapatos y el grupo sanguíneo, y, siempre conversaban con el chino y el inglés en las clases, ya que al tener la habitación al lado estaban obligados a hacer todos los trabajos juntos. Eran unas extrañas políticas del instituto, algo así como para que los chicos no se desligaran de las mujeres totalmente y viceversa, a Arthur parecía molestarle la presencia de Marianne siempre, aunque en el fondo guardaba cierto tipo de admiración hacia ella. A Anya le encantaba como era Yao, pero en su mente estaba la idea de que él era homosexual y nada podría cambiar eso, ¿o quizás si? A pesar de esto decidió tenerlo como una amiga con rasgos de amigo, le tenía bastante confianza y no le incomodaba hablar cualquier cosa delante de él porque después de todo él era como ella en el interior.
Pero esta historia no comenzará contando la historia de cada uno como las historias normales, comenzará de la manera más absurda posible, y esta será, en una ducha.
─Arthur, ¿ya te bañaste? ¡Vamos a llegar tarde! ─gritó Yao desde afuera del baño en ropa interior y con una toalla en las manos.─
─Wait a minute ─pidió el inglés mientras se quitaba el champú de la cabeza y el agua de la ducha le recorría el cuerpo.─
Salió y dejó entrar al chino, que parecía bastante estresado, ese día tenían que entregar un trabajo, ellos habían hecho gran parte y se lo habían pasado a las muchachas del cuarto de al lado para que lo arreglaran. Anya específicamente era quien hacía ese tipo de cosas, ya que tenía una gran redacción, o en eso al menos llegaban a consenso cada vez que escribían un informe o algo por el estilo.
El chino salió y se secó su larga cabellera lo más que pudo, tomando en cuenta sus características físicas era fácil pensar que podía ser un tanto homosexual, aunque poseía unos músculos demasiado fuertes y brazos gruesos, capaces de dejar a cualquiera con la boca abierta. Arthur le envidiaba un poco por eso, ya que él siempre había sido demasiado sedentario y no había formado músculos, de hecho, era tan delgado que parecía que iba a quebrarse. Yao se amarró el cabello y ambos salieron de la habitación y fueron a golpear en la puerta de al lado, la encargada de recibirlos fue Anya que tenía unas ojeras horribles y parecía que no había puesto demasiado empeño y arreglarse cuando se vistió.
─Disculpen, Marie está terminando de arreglarse… El trabajo está aquí ─dijo, tomando una pesada carpeta.─
─Luces terrible ─dijo Arthur con algo de preocupación.─
─No se preocupen ─bostezó ampliamente.─
Yao sonrió un poco─. ¿Puedo ayudarte? ─dijo, y tomó una crema que había en la mesa con un pedazo de algodón─. Tienes marcas del maquillaje, te ayudaré con esto. Parece que no te cepillaste del todo el cabello, permíteme hacerlo por ti ─dijo el chino y comenzó a arreglar la apariencia de la rusa.─
La rusa de piel clara y ojos amatistas quedó como nueva, y completamente natural, ya que sólo se quitó el mal maquillaje y limpió su rostro, junto a una cepillada mejor dada a su cabello. Se ordenó la cortaba del uniforme y tomó la carpeta, en ese momento salió Marianne completamente lista, divina como solía estar siempre, con su cabello suelto y el suéter planchado… Siempre hacía las cosas con tiempo, pero a veces podía atrasarse un poco. A la rusa no le gustaba arreglarse demasiado, pero siempre estaba desconforme en cómo se veía, aunque eso parecía no importarle en momentos de crisis como la entrega de un trabajo.
Salieron de la parte del instituto donde dormían los estudiantes para entrar al edificio en sí, donde estaban los salones y todo el asunto. Llegaron a la sala de clases, habían pocas personas en ese momento, se encontraba un tal Gilbert Beilschmidt, un alemán albino de ojos rubíes, se acercó rápidamente a saludar a Anya con un fuerte abrazo y acarició su cabeza.
─Hoy luces bastante bien, pequeña Anya ─dijo sonriendo.─
─Spasiba~ ─agradeció la muchacha en su idioma con una sonrisa.─
Yao rodó los ojos por un momento, el alemán siempre era demasiado galán con Anya, tal vez le molestaba un poco, eran buenos amigos y sabía que chicos como ese no convenían para nadar serio. Cada vez que le hablaba del tema Anya le decía que se estaba preocupando demasiado… ¡Por supuesto que no!
Poco a poco comenzaron a llegar todos los demás, y el profesor, un hombre mayor que parecía hostil a simple vista, pero luego de un tiempo podías llegar a agradarle. Ese era un don que personas como Anya tenían, agradar a las personas de alguna manera. El caso opuesto era Arthur que no lograba llevarse muy bien con las demás personas, en especial teniendo a su hermano cerca todo el tiempo. Scott, el hermano mayor de Arthur era profesor de Historia, un pelirrojo bastante amargado, que solía conversar mucho con Marianne más que con el propio Arthur, cada vez que le preguntaban del tema decía con un tono bastante serio "Él y yo nos odiamos, y siempre nos vamos a odiar". A Marianne le agradaba porque con ella era bastante simpático, creo que eso enfadaba mucho más a Arthur, porque muy en el fondo no quería pensar en su hermano con una chica así, una chica que tal vez le interesaba más a él que a ella, aunque no interesaba tanto eso, ya que de todas maneras el inglés menor sabía que jamás en su vida ella le iba a dirigir una mirada más allá de la supuesta amistad que podían tener a esas alturas. Un par de trabajos y juntarse a estudiar no eran suficiente para conquistar a alguien, o eso creía él.
Cuando ese día dio por terminado, los chicos volvieron a sus habitaciones, pronto los llamarían a comer, pero mientras tanto tenían tiempo de distraerse un poco. Arthur estaba jugando con su guitarra eléctrica mientras Yao intentaba escribir alguna cosa para distraerse. Suspiró pesado y el inglés no podía evitar ponerle atención, tanto sufrimiento lo hacían perder la atención de lo que estaba tocando.
─Dear, las canciones de los Beatles no suenan bien con tus quejidos de fondo ─rió el inglés con sorna y luego se vio más preocupado─. ¿Pasa algo?
─La verdad no lo sé, no podría definir lo que me ocurre en este momento… ¿Qué piensas de Anya? ─le preguntó al inglés.─
─Is there anybody going to listen to my story, all about the girl who came to stay? She's the kind of girl you want so much it makes you sorry
Still you don't regret a single day… Ah, girl, girl, girl ─comenzó a cantar el muchacho mientras tocaba la guitarra.─
─Te estoy hablando en serio, Arthur ─suspiró el chino.─
─Yo diría que te gusta un poco Anya, pero ella te ve como su amiga… ¿Por qué no le dices que eres heterosexual de una buena vez? Creo que ya no interesa lo que haya ocurrido en el pasado, con la muchacha que estaba enamorada de ti. Ella ya no está, y aunque todos piensen lo contrario… No importa, ¿verdad? ─dijo el inglés sin quitar la vista de su instrumento.─
─¿Cómo puedes decirme que sea honesto si tú aún no asumes tus sentimientos por Marianne? ─el chino lo cuestionó realmente duro.─
─Es diferente, yo sé que Marianne no podría quererme de ninguna manera… ─sonrió Arthur con algo de dolor en sus ojos.─
─Anya jamás comprendería… ¿Sabes todo lo que ha pasado hasta ahora? Si descubre que yo siento algo por ella puede molestarse… Me ha dicho tantas cosas que no le diría a un hombre en normales condiciones, no sé… Tengo mucho miedo sobre eso ─dijo el chino soltándose el cabello.─
─¿Por qué no conversan un poco después de la cena? Yo y Marianne podemos… Conversar solos mientras ustedes hablan, no creo que le moleste… ─dijo Arthur poniéndose de pie y dejando su guitarra en la funda─. Ahora, vámonos que tengo mucha hambre.
El chino asintió convencido con esto último. Se soltó el cabello y volvió a peinarlo, quiso sonreír… Aunque estaba realmente nervioso, posiblemente algo pasaría y no sabría cómo reaccionar ante eso… Tal vez era tiempo de hablar con la verdad, pero su madre siempre le dijo que a las personas muchas veces ésta les molesta.
¡Espero que te haya gustado! Nos vemos el 15 o el 20 de este mes.
