La brisa del viento otoñal, un sendero, piedras alrededor de un río, un bello atardecer, cada pequeño detalle parecía haber sido puesta por un artista para embellecer el ambiente, un ambiente perfecto para compartir sentimientos, para compartir corazones.
- ¿Seguirás cantando? - dijo un niño con una diminuta sonrisa- No ¿Hikaru?
-En el presente o futuro, mañana, tarde, o noche – menciona una niña mientras cantaba- al llegar un nuevo amanecer, yo seguiré entonando una canción, con alegría o tristeza, Querré seguir cantando.
La niña le brindo una débil mirada al niño, compartiendo una débil, pero significativa sonrisa, el niño corrió y camino a su costado.
-Nunca vas a cambiar- volvió a mencionar el niño con alegría- ¿Qué opinas de una banda?
La niña lo miro y dio una carcajada, a lo que el niño se sonrojo y comenzó a tartamudear y responder rápidamente, mientras analizaba la conversación buscando el momento exacto en donde sonó como un torpe, o al menos la razón de la risa.
-No te burles, es verdad, yo puedo tocar algo y tu cantar, haríamos un buen dúo.
-Lo considerare, pero tú no sabes tocar nada, ademas yo también puedo tocar-. Dijo aun con una sonrisa, mientras seguía el sendero, continuando su canción- ¿Qué opinas del niño nuevo? ¿Se une al grupo?
-Estaba por decir eso. – murmura y se adelanta al camino de la niña y sonríe. – El sería un buen integrante para el trio.
-Yo también lo creo- sonrió y siguió cantando-Aun con miedo y desesperación, aunque el mundo pierda su color…
Ese fue uno de los momentos más bellos y simples de mi vida
pero quién diría que
los perdería…
