Disclaimer: Glee y The Hunger Games no me pertenecen, para eso está RIB *infinito desprecio* y Suzanne Collins.
A/N: Hola, bueno aquí estoy de nuevo escribiendo sobre mis queridas Brittana en el universo hermosísimo de The Hunger Games. Espero que les guste, saludos. Nati.
Capítulo I
Era ese día del año, ese maldito momento en que todos sentían que la "felicidad" parecía acabarse, en que el temor se apoderaba de todos los jóvenes de cada distrito.
Allí se encontraba ella, despertando con temor al saber que era lo que le esperaba hoy. Un año más de incertidumbre, un año más de temor, pero el último año… sólo este año y podría librarse por siempre de este maldito juego.
Santana era una chica del distrito 1, era una joven morena, de esbelta y hermosa figura, vivía en una familia adinerada, en donde nunca tuvo problemas para conseguir lo que quería, sus padres eran parte importante del gobierno de Panem, pero nunca quisieron vivir en el Capitolio. Santana siempre les criticó eso, de no ser por esa estúpida decisión, ella no se abría pasado la mayor parte de su infancia, sufriendo para no ser elegida. Esos malditos juegos del hambre… ya no lo soportaba más, desde que habían cambiado esa estúpida regla, Santana sentía que no saldría triunfante esta vez.
"Debido a los incidentes ocurridos en el Juego del año pasado, sólo se les permitirá la participación a los jóvenes de 18 años de cada distrito" Recordó Santana y sintió como su piel se erizaba. Luego de 6 años de no ser elegida, hoy se enfrentaba a la más grande probabilidad de ser un tributo.
Sus padres la recibieron con un desayuno bastante especial y extravagante, pero la verdad era que Santana apenas podía probar bocado. Ellos sin embargo le sonreían y le decían que este año sería igual que los otros, ella llegaría a casa y volverían a cenar, felices como siempre.
-Tu nombre sólo estará una vez Santana, querida.- dijo su madre con un tono de alivio.
-Eso no dice nada, madre.- dijo molesta.- Sólo somos unos pocos jóvenes de 18 años en este lugar.
-Debes estar tranquila, hija. No te escogerán.- dijo su padre.
-Espero que así sea… en realidad detesto todo esto.- dijo Santana indignada mientras se marchaba a su habitación. Ya estando allí, buscó su mejor vestido, lo quisiera o no, siempre debía estar presentable, si salía en televisión, lo haría en frente de millones de personas, y eso era algo que no ocurría todos los días… pero si todos los años, se lamentaba.
El tiempo pasó velozmente, ya eran cerca de las seis de la tarde, cuando escuchó a su madre tocar la puerta de su habitación. Santana sintió como la angustia comenzaba a apoderarse de ella, ese nudo en la garganta, ese temor constante en su cabeza, ese dolor en su estómago, no eran más que la afirmación de lo que vendría ahora. Su madre la abrazó fuertemente y le repitió que esa misma noche estarían cenando alegremente, su padre estuvo de acuerdo con las palabras de su madre y al igual que ella, la abrazó.
-Espero que tengan razón…- pensó Santana, mientras sentía como sus ojos se llenaban de lágrimas, al saber que este podría ser su último día con su familia. Rápidamente se dirigieron a la plaza del distrito, las luces y cámaras seguían a cada joven del distrito 1, y la morena no podía dejar de pensar en los miles de jóvenes que en este mismo momento pasaban por lo mismo.
-Bienvenidos, al 87th Juego del Hambre, de nuestro querido Panem.- dijo feliz un hombre vestido de traje. Santana sólo pudo sentir asco y rabia, al ver esa maldita sonrisa en su rostro.- Hoy, dos de nuestros valientes jóvenes, pelearan para ser los triunfadores de esta épica celebración.- dijo el hombre una vez más.- Pero antes de comenzar, conozcamos al mentor de nuestros futuros tributos, el señor Jason Hasting.- Los aplausos fueron en su mayoría espontáneos, sin embargo la insistencia de los agentes de la paz no se hizo esperar. Santana miró con molestia al hombre que se suponía que debía auxiliar a los pobres jóvenes, su aire de superioridad y esa soberbia en su mirada, no hacía más que molestar a la joven morena. Luego de unos minutos, procedieron a cantar el himno de Panem, para hacer que la verdadera tortura comenzara. Dos grandes tómbolas ingresaron al escenario, Jason sonreía mientras miraba a los jóvenes frente a él, pero a esta altura Santana no podía permitirse odiarlo, estaba demasiado nerviosa como para preocuparse por el imbécil del escenario.
-Y comenzaremos con nuestras hermosas jóvenes, del distrito 1.- dijo el hombre mientras comenzaba a mover su mano de un lado a otro, dentro de la tómbola, tratando de aumentar la presión del momento, cosa que hacía a Santana desfallecer, la morena cerró sus ojos y por primera vez imploró que no fuera ella, con temor sujetó sus manos y las llevó a su pecho, sentía como la angustia le revolvía el estómago.- Y nuestra tributo de este año es: Santana López.-dijo el hombre. Santana escuchó su nombre pero no abrió sus ojos, no avanzó un solo paso. Volvió a escuchar como repetían su nombre y una niña junto a ella le habló.
-Eres tú…- dijo la joven.-Te están llamando.- Claro, era fácil para ella decirlo, ella no era la que lucharía por su vida. Los agentes de la paz se acercaron a Santana, y con prisa sujetaron su brazo, pero antes de que salieran de la fila de jóvenes, Santana se soltó de los hombres de blanco y levantó la cabeza. De ahora en adelante todo era un juego, de ahora en adelante debía pensar bien las cosas, no podía darse el lujo de convertirse en una cobarde.
Con aplausos, la joven subió al escenario y miró con tristeza a sus padres. Sus ojos se llenaron de lágrimas, pero el orgullo hizo que se las tragara.
-He aquí nuestro primer tributo, pero antes, hay algún voluntario?- por un segundo Santana recuperó la esperanza, siempre habían jóvenes que querían participar en este juego, probar su honor o algo así. Pero esta vez, ninguna voz se alzó y Santana supo que este era el fin.-Muy bien, ahora conoceremos a nuestro segundo tributo.- dijo el hombre tomándose igual lentitud en la tómbola. Luego de unos cuantos segundos, sacó un papel y lo leyó en voz alta- Kurt Hummel.- dijo con una sonrisa y la joven morena no pudo evitar mirar al chico que debía ser su compañero. Era un chico de estatura media, delgado y con ropa elegante. Con temor subió al escenario, sin embargo le ofreció una pequeña sonrisa a Santana, cosa que la morena no pudo comprender, los nervios se habían apoderado de ella, en su mente no había más que derrota, temor y muerte. Volvieron a preguntar por un voluntario, pero nada pasó.
-Un aplauso para nuestros valientes tributos!- dijo el hombre una vez más y Santana sintió como el famoso Jason tiraba de ella, para que los tres pudieran aparecer felices en las cámaras. Sonrió con temor y sintió como los aplausos aumentaban.
-Por lo menos, soy la favorita.- pensó Santana, mientras entraba a un gran edificio. Santana sabía que pasaría ahí, se despediría de su familia y de sus amigos, recibiría obsequios o algo que la ayudara a seguir adelante. Pero en realidad, ella sólo quería volver a casa, y despertar de este estúpido sueño.
Mientras caminaba, miraba todo a su alrededor, miles de joyas decoraban el edificio y de pronto sintió como alguien tocaba su hombro y se volteó lentamente.
-Mi nombre es Kurt.- dijo el chico con una sonrisa mientras le estiraba su mano.
-Lo sé… Soy Santana.- dijo estrechando la mano del chico.
-Un placer, Santana… lástima que hayamos tenido que conocernos en estas circunstancias.- dijo el chico.
-Creo haberte visto en la escuela…- dijo pensativa la morena.
-Claro, vamos en la misma clase de economía… bueno íbamos.- dijo Kurt. Santana sintió como su estómago se revolvía y con temor, apretó sus manos.
-Bueno… creo que debemos separarnos ahora… mi familia espera.- dijo Santana nerviosa.
-Claro, la mía igual.- dijo el chico mientras entraba a una habitación y Santana entraba en otra.
Los padres de la joven morena, la esperaban con preocupación, todo lo que creyeron que jamás pasaría, hoy ocurría en no más de 15 minutos. Santana a pesar de eso, corrió a abrazarlos, esta vez las lágrimas corrían por sus mejillas y sus padres no pudieron evitar sentir lástima.
-Lo lograrás, amor.- dijo su madre, mientras besaba su frente.
-Te esperaremos.- continuó su padre.- Estamos orgullosos de ti.- Santana sintió como su corazón latía con fuerza, después de todos estos años, por fin escuchaba a sus padres decirle algo que realmente alimentaba su espíritu.
-Los amo.- dijo Santana con su voz entrecortada.
-Y nosotros a ti, querida.- dijo su madre mientras la abrazaba fuertemente.
De pronto dos hombres entraron a la habitación, Santana los reconoció de inmediato, agentes de la paz que la llevarían lejos de su familia. Abrazó a sus padres una vez más y limpió sus lágrimas, salió para encontrarse con su nuevo compañero Kurt y Jason.
-Hola.- susurró el chico con su voz entrecortada.
-Hola.- dijo Santana igual de triste que el chico.
-Muy bien chicos, al tren.- dijo Jason sin una pizca de tristeza.- Ahí hablaremos de los juegos.- Ambos jóvenes se miraron y sólo pudieron voltear los ojos al escuchar las palabras de su mentor.
Ya en el tren, los dos chicos pudieron notar lo lujurioso que era, sin embargo ninguno se asombró. Ellos eran parte del distrito más rico de todo Panem, estas cosas eran pan de cada día. Jason, también parecía estar acostumbrado a los lujos, se sentó rápidamente en un sofá en una sala de estar del tren y demostró que su actitud no era la mejor. En cuanto una chica avox se le acercó, no hayo nada mejor que gritarle debido a lo lento que iba la cena.
-No lo soporto.- le susurró Santana a Kurt.
-Ni yo, además su traje es horrendo.- rió el chico. Santana lo miró con curiosidad.- Si, soy gay.- dijo el chico de inmediato. Los ojos de Santana se abrieron como platos, nunca esperó aquella confesión.-Voy a morir no es así? Prefiero ser honesto con quien soy.
-Debes hacer lo que tú creas conveniente.- dijo Santana con una pequeña sonrisa al ver la valentía del chico.- Pero me alegro que seas honesto contigo mismo.
-Gracias.- dijo con una sonrisa.- Y has visto a alguien en el tren? O alguien en la televisión?
-No, no he tenido la oportunidad… qué hay de ti?- preguntó Santana.
-Bueno, he visto a unos pocos… Soy un poco curioso, creo que subí a lugares a dónde no debía.- dijo Kurt.
-En serio?- preguntó Santana sorprendida. El chico se acercó y le susurró en el oído.- Hay chicos y chicas muy guapas este año.- La joven morena rió.
-Aunque sean muy guapos, deben matarse entre ustedes.- dijo de pronto Jason. Kurt y Santana se voltearon con molestia, en realidad no comprendían como este hombre podría inspirarles confianza.-A sentarse.- dijo una vez más Jason. Obedecieron rápidamente y se sentaron uno a cada lado del hombre.- De verdad quieren ver a sus competidores?- preguntó.
-Sería bueno saber a que nos enfrentamos.- dijo Santana enojada.
-Tú crees preciosa?- dijo tomando la mano de Santana, la morena se soltó de inmediato.
-La primera impresión siempre es útil.- dijo Kurt, tratando de desviar la incomodidad de su compañera.
-Muy bien, si es lo que quieren.- dijo Jason. El hombre gritó y un joven avox entró con un pequeño control, Kurt lo recibió y se lo entregó a su mentor. Jason apretó un botón de color azul y una pantalla descendió del techo.- Distrito a distrito verán a sus competidores… disfruten verle el rostro a los que podrían acabar con ustedes en la arena.- dijo Jason, mientras se ponía de pie y se marchaba a su habitación.
-Ya no sé que es peor, si él o estos malditos juegos.- dijo Santana.
-Lo sé… pero debes ser cuidadosa, obviamente él ya ha escogido a su favorito.- dijo Kurt apretando el mismo botón que había apretado Jason. Santana lo miró sorprendida, mientras comenzaba a sonar el himno de Panem en la pantalla.- Obviamente te ha elegido a ti, y sé que te resulta molesta su cercanía, pero piénsalo, si haces algo que le moleste… podría dejarte sin la ayuda de los auspiciadores.- dijo seriamente Kurt. En la pantalla apareció un gran cartel del distrito 1 y Santana notó su fotografía junto a la de Kurt.
-Tienes razón…- dijo Santana mientras veía a los jóvenes del distrito 2.-Qué clase de nombres son esos… Puck, Sugar?- rió Santana.
-Esos torpes del distrito 2, el capitolio los ama pero todo Panem los odia… crees que sean profesionales?- preguntó Kurt.
-No, no lo creo. Ella parece demasiado mimada como para ser profesional.- dijo Santana mientras notaba como cambiaba una vez más el cartel del distrito.
-Wow, ellos si parecen rudos.- dijo el chico.- Harmony y Jesse. Parecen asesinos en serie…
-Qué talento tendrán?- preguntó Santana.
-Espero que ninguno muy letal…
-Tina y Blaine del 4… sin duda el está en mi equipo.- dijo Kurt velozmente.
-Con esas cejas?- se burló Santana, el joven rió junto a ella. De pronto el cartel cambió una vez más y vio a una hermosa joven.
-Brittany… Sebastian.- leyó Kurt.- Él también parece malévolo, sin embargo ella…
-Parece demasiado dulce como para este estúpido juego.- dijo Santana con tristeza. La fotografía de la joven rubia era hermosa, sus ojos azules parecían asustados, pero valientes al mismo tiempo, sus labios estaban curvados y formaban una especie de sonrisa.- Es hermosa.- dijo Santana sorprendida antes de que volviera a cambiar la imagen. Kurt sólo pudo sonreírle a la joven morena, la forma en que su rostro se había iluminado, fue realmente mágico.
-Distrito 6, Quinn, Mike.- leyó otra vez Kurt.
-Deberíamos avanzar más rápido, estos en realidad no parecen amenaza alguna.- dijo Santana, mientras seguía pensando en la chica del distrito 5.
-Blah, blah, Mercedes y Finn… del 9… Rachel y Sam del 11
-Esos fueron muchos rostros por hoy.- dijo Santana tomando el control y apretando el botón azul una vez más. Las imágenes se detuvieron y luego la pantalla desapareció. Kurt llamó al chico avox, que apareció de inmediato y se llevó el control.- Supongo que iré a acostarme.
-Igual yo… buenas noches.- dijo el chico.
-Descansa, mañana será un día agotador.- dijo Santana al recordar lo que pasaba en cada juego, sabía que conocería a sus estilistas por primera vez, sabía que tendría que desfilar por todo el capitolio en cuanto llegara allá y sabía que debía agradarle a la gente, necesitaba auspiciadores, por que hasta donde recuerda no posee ningún talento en especial.
Llegó a su habitación y se acostó en la suave cama con sábanas de seda, al menos se sentía en casa. Recordó todo lo que había ocurrido en unas cuántas horas, recordó la despedida de sus padres, recordó a los chicos de cada distrito, esos jóvenes que se esforzarían por destruirla y matarla, para poder regresar con sus seres queridos; pero al menos se sintió feliz de haber conocido a Kurt, sólo imploró que no fuera ella quien tendría que matarlo, por que eso seguramente acabaría con la pequeña amistad que habían forjado en estas cuántas horas. Pero también rogó que no tuviera que matar a esa chica del distrito 5, porque hasta ahora no podía sacársela de la cabeza.
