Sobre lo que no se ve


Disclaimer. FMA no es mío.


Winry deja caer, al fin, una flor sobre la tierra húmeda que cubre el ataúd donde descansará el cuerpo de su abuela. De aquella formidable mujer a la que tanto amo, y quien le enseño todo lo que sabía. Contiene un sollozo. No llorará, se repite, mientras da un paso hacia atrás. No al menos delante de todo el mundo. Edward está detrás de ella, puede sentir su respiración más fuerte de lo normal. A él también le cuesta estar allí, pero le ha pedido que la deje enfrentar esto sola. Lo necesita, más de lo que necesita llorar.

— Gracias — Murmura Winry, acomodándose un mechón de pelo.

Se lo ha dicho un millón de veces, pero está bien, es una forma de despedirse apropiada para Pinako. Una vez el ataúd sepultado, le gente reza un par de oraciones, les da sus condolencias y se marchan en respetuoso silencio. Hasta que quedan solo Winry y Edward. El joven se acerca a ella, quien está de espaldas unos metros delante de él, le besa la coronilla y le dice con la voz tan firme como puede que la esperaría en casa.

Winry se sorprende de cuan maduro se ha vuelto Edward con el pasar del tiempo. Asiente y él se va, a paso normal, aunque su cuerpo le pesa mucho más que otros días.

La única descendiente viva de los Rockbell se sienta a un lado de la tumba, acomoda la flores que la gente le ha dejado y reza una última oración. Entonces frente de todas las flores Winry revela la primera llave inglesa que su abuela le dio, esa que uso su padre en ocasiones, y su favorita. La besa con cariño y la deposita entre ellas. Se levanta, sonríe y repite un agradecimiento.

— Algún día haré que te sientas orgullosa de mí, sólo mírame.

Entonces ella se levanta y emprende el camino de regreso a casa, pensando en cuan mal debe estar Alphonse, del otro lado del desierto en Xing, y sin poder ir al funeral.

Al llegar a casa Edward está sentado en un viejo sofá, con los brazos extendidos en la cabecera y la cabeza echada hacía atrás con los ojos cerrados. Winry sabe que Edward está tratando profundamente de no llorar. Y lo hace por ella, porque sabe que sí él derrama una sola lágrima ella se quebrara y empezará el llanto. Pero Winry necesita llorar, y necesita esos brazos.

Se sienta a su lado, sin tomar desprevenido a Ed que la ha escuchado desde antes de que entrase a la casa y para sorpresa del muchacho, apoya su cabeza en el hueco que el brazo extendido le proporciona y su hombro. Ed no abre los ojos, un poco avergonzado. Winry llora silenciosamente, sin un solo sollozo, con las lágrimas rodando sin parar hasta los omoplatos de Ed. Él siente la humedad, pero no la menciona. Solo recoge el brazo extendido para pasarlo sobre los hombros de la rubia y la aprieta contra él.

Ed deja caer las primeras lágrimas y ambos aprietan los parpados para tratar de contenerlas. Pinako les patearía el trasero si los viera llorar en su recuerdo. Pero ella no está allí y Winry se aferra a la persona que más ama en ese mundo de los vivos y suelta un desgarrador gritito antes de abrazarse a él y ocultar su llanto en su pecho.

Ed no puede verla así, no soporta oírla llorar. Pero todo lo que puede hacer es intentar consolarla. El mayor de los Elric no es bueno con las palabras, así que besa su coronilla una y otra vez. Le acaricia el pelo y la espalda y siente como se le encoge el corazón.

Son cosas que nadie ve de ellos. Esos momentos ocultos que, si alguien viera, no dudaría de que son pareja. Pero para el resto del mundo, ellos siguen teniendo solo ese enamoramiento infantil. No es así.

Sobre cosas que no se ven, hay mucho que decir, pero son privadas. Y por ende, por más hermosas, trágicas, estúpidas o tristes que sean, nunca se verán.

Después de todo, lo más hermoso, siempre está oculto.