-¿alguna vez te has preguntado de qué tus decisiones fueron las correcta? - esa es mi interrogante dese que era un adolescente.

Quieres escuchar de como llegué a convertirme en el mayor enemigo de la humanidad. Pues quedate a escucharla.

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Esta historia comienza cuando yo apenas tenía 5 años.

Estaba recostado mirando las nubes.

-que tranquilidad - En aquella época podía estar días sin hacer nada. Cuanto tenía libre me iba a un parque a recostarse en el pasta sintiendo la fresca briza a la ves que miraba las nubes flotando en el cielo.

En aquel tiempo, me gustaba la paz y la tranquilidad. Tampoco me gustaba destacar. Mis notas eran comunes al igual que mi comportamiento.

Ese día cuando llegue al departamento me encontré con la puerta semi abierta. Al ver la puerta en ese estado un pensamiento paso por mi cabeza. Adentrandome al departamento.

-¡...Mama! - Grite. Mi madre se encontraba tendida en el suelo.

Me levante presipitadamente hasta el teléfono, llamando a la ambulancia. La cual llegó a los minutos. Durante el traslado del departamento al hospital nunca deje de sujetar la mano de mi mamá.

Estuve esperando durante horas en la sala de espera por una respuesta.

-Tú debes de ser el hijo de Inko Midoriya, ¿verdad? - me pregunto una enfermera.

-¿Mi madre se encuentra bien? -

-por supuesto, se desmayo por el cansancio - me contestó.

-¿puedo pasarla a verla?

-Me temo que tienes que esperar un poco más -

Pasaron varias horas hasta que pude entrar a la sala donde se encontraba mi madre.

Mi mamá estaba en una camilla conectada a varias máquinas extrañas.

-¡Mamá! - corrí hasta ella abrazandola.

-Lo lamento por preocuparte Izu- me correspondio el abrazo.

-¡¿Ya te encuentras mejor!? - Le pregunté preocupado.

-Si, me encuentro mejor, pero voy a tener que estar un tiempo en observación ¿podrás cuidar de la casa en mi ausencia? -

-No te preocupes por eso. Yo me encargaré de las tareas del hogar, tu simplemente descansa - decía golpeando mi pecho.

-Confío en ti Izu -

Inko Midoriya, mi madre se quedó varios meses en el hospital. Yo todos los días la iba a visitar, entreteniendola con algunos trucos de magias e historias que libros que le relataba. Mi madre siempre me recivia con una sonrisa.

Luego de un año, en mi cumpleaños. Como todos días fui a visitarla. Nunca pensé que ese día era el último que vería a mi madre.

-Dime Izu ¿Has pensado en el futuro? - me pregunto mi madre de la nada.

-...Quiero una vida llena de paz y tranquilidad - conteste.

Entonces mi madre me revolvió el pelo diciéndome: - espero que lo cumplas. Nunca te olvides de sonreír - diciendo esto con sus dedos en sus mejillas formando una sonrisa.

Pese a que mi madre se encontraba en el hospital, podía respirar la tranquilidad de mi vida... Todo eso cambiaría..

Mese después mi madre falleció por problemas cardíacos... Eso me destruyó, no sabia que hacer o lo que debía de hacer. Me sentía... Triste... Furioso... No sabía como explicar aquel sentimiento. Cuando los doctores de contaron que mi madre muri con una sonrisa, no pude más, estalle en lágrimas. Negando aquel suceso trate de escapar de esa realidad. Corrí lo más rápido que pude por la ciudad, esperando que fuera un maldito sueño... Gotas de agua cayeron del cielo, fue como si el cielo llorara junto a mi... Al respirar me dolía... Al mover mis manos y pies me ardían, pese a todo esto seguí corriendo. Sin darme cuenta llegué al parque que habituaba para observar las nubes. Me detuvo... Mire al cielo... Pareciese que aquellas parculas de agua que caían a mi cara se convertían en lágrimas...

-¡AAAHHHHH! -

Deseagandome di un potente grito al cielo.

Caí rendido al suelo... No podía moverme... Aquel mundo lleno de paz y tranquilidad se derrumbaba lentamente frente a mi ojos.

Tiempo después en su funeral me quedé admirando el ataud con ua foto de Inko Midoriya... Ninguno de mis familiares se a cercaron a mi... Me había quedado solo...

No tenia la suficiente fuerza mental para resistir la tentación de ir al otro mundo junto a mi madre.

Con un cuchillo de cocina apunto a mi corazón. Mis manos vacilaban... Con una sertera estocada clave el cuchillo en mi piel y carne. Al principio solté un grito de dolor, sentí como el cuchillo me desgarro la carne... Pero en ese punto algo realmente raro ocurrío... El cuchillo que se supone que tenía clavado en mi pecho ahora estaba nuevamente en mi manos. Además la herida ya no existía, el dolor de igual manera se había desvanecido. Confundido, pensé que simplemente lo había alucinado por lo que "nuevamente" me apuñele. Nuevamente sentir el dolor y la sangres escurrir. Pero al igual que la vez anterior el cuchillo se encontraba en mis manos y no poseía ninguna herida visible. Cansando me un poco, empezar a apuñalar me reiteradas veces alrededor de mi cuerpo. Una aura dorada me envolvió, lo que ocaciono que el cuchillo pasase a estar en mis manos y sin ninguna herida.

-¿Este...es mi Quirk? -

Me pregunte mirándome a las manos esperando que llegara una respuesta.

Me apuñalar el cuello con el cuchillo, sintiendo un gran dolor en mi garganta, corriendo la sangre por mi pecho. Hasta nuevamente aquella aura dorada me rodeo, devolviendo el cuchillo a donde estaba, mi manos.

Asqueado (por la sangre) empecé a vomitar en el piso, senti como mi cara se ponia pálida y mis parpadeos se cerraban. Antes de que los cerrará vi la foto de mi madre sonriendo.

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Cuando desperté el vómito ya no se encontraba.

Simplemente me levante, guardando el cuchillo en mi bolsillo y salí del departamento sin ninguna ruta establecida, solo quería caminar para despejar mi mente, tenía mucha información que procesar.

Por obra del destino o por casualidad, llegue a un callejón oscuro. Al final de este pude ver a dos personas. Un hombre de unos veinte años junto a un pequeña niña de cabello blanco la cu tenía varias vendas en su brazo y pierna.

Aquella niña corrió hasta que choco conmigo. Cuando levantó su cabeza pude ver en sus ojos la desesperación y temor viniendo de ellos. Aquel hombre con una extraña máscara se hacerco hasta la niña, por sus movimiento se veía que no era amigable.

Simplemente mire al hombre y comencé a caminar hacia el.

Creo haber escuchado que pronunció unas palabras. No obstante no pude escucharlas.

De su ropa sacó una pisto. Disparando e reiteradas veces, pude sentir como las balas se inscrustaban en mi carne. Pero ese dolor desapareció casi al instante. Aquel hombre exclamó algo.

Yo simplemente seguí caminando. Se preguntaría ¿por qué estaba caminando hacia aquel hombre? ¿Era para proteger a la niña o por qué quería que me matase?... Hasta el día de hoy ni yo mismo se la respuesta, mi cuerpo involuntariamente se movió.

El hombre escarbo en su ropa sacando una katana. La cual blandio con la intención de cortarme el cuello. Cuando la hoja estaba a centímetros de mi cuello, el aura dorada me rodeo, viendo en cámara lenta, retrosedi algunos pasos. La katana pasó de largo.

Sacando el cuchillo de mi bolsillo se lo lance a aquel hombre, el cual lo esquivo fácil. Para el asombro de él, yo aún tenía el cuchillo en mis manos. Nuevamente lo lance, pero con más fuerte acertandole en el brazo.

Me di media vuelta caminado tranquilamente hasta la niña, colocando mi mano en su cabeza le pregunté.

-¿Estas bien? -

Nunca imagine que ese encuentro cambiaría mi vida para siempre. Siendo esa niña una de las principales razones por la cual no puedo morir.