Summary: Edward es un chico solitario y frio que ha estado estudiando en un internado en Nueva York; cuando lo termina y vuelve a su pueblo conoce a la amiga de su hermana Alice; una aprendiz de Ballet llamada Isabella Swan que tiene un sueño, conseguir una beca en la "Real Academia de Artes" en Londres. Para ella los chicos son distracciones y él en sus aires de soberbia nunca se había fijado en una chica antes.

¿Qué pasaría en su corazón si él se percatara del encanto natural de aquella muchacha? Y ¿Qué pasaría con los planes de Bella si una de esas "distracciones" se cruza en su camino?

Todos humanos


Capitulo 1: deseo cumplido

(Edward P.O.V.)

Como siempre, me quedé solo en mi casa. Mi hermana menor se había ido a la academia de Ballet, mi madre a sus clases de pintura y mi padre en el hospital con sus pacientes.

Me sentía terriblemente solo y ni el sonido del televisor me hacia un poco de compañía; como me gustaría tener un hermano mayor para que compartiera conmigo, o una novia con la cual ver televisión y comer palomitas de maíz. Pero nada de eso pasaría, yo soy demasiado exigente, nunca me detengo a observar a las personas, a escucharlas, ¡a nada!, así que todo lo que me pasa es mi completa y absoluta culpa.

Me dirigí a la cocina para beber algo de café mientras esperaba a que todos llegaran y me hicieran algo de compañía; en un momento consideré seriamente sacar el dinero que guardaba para comprarme un piano y gastarlo en unos cuantos perros y unos cuantos gatos, por lo menos así no estaría solo por las tardes.

Mientras preparaba mi café hice algunas llamadas telefónicas, Emmett no estaba disponible; estaba muy ocupado planeando un fin de semana en La Push con su novia y el hermano de esta.

Salí un rato al jardín junto a mi taza de café, el cielo estaba oscuro y despejado para mi sorpresa, las estrellas se veían tan claramente que podría contarlas una por una si quisiera. Definitivamente nunca me acostumbraré a Forks; me gustaba más el clima de Nueva York, en donde había estado terminando la escuela.

Ahora que ya había salido no tenía nada que hacer; quería ser músico, pero mi padre no quería eso para mí… y mi madre tampoco.

¿Por qué Alice puede hacer lo que realmente le gusta?, a ella no la mandaron a un internado caro lejos de su casa, sino que accedieron a dejarla en la mediocre escuela de Forks y además a pagarle clases de Ballet.

Una estrella realmente brillante titilaba en el cielo. –Por favor trae a alguien que me acompañe y me enseñe a disfrutar de la vida- dije mirando al cielo.

Sentí el escandaloso tono de mi celular, por la chillona melodía supuse que era Alice; bebí lo que quedaba de mi café de un sorbo y fui a ver qué es lo que quería mi hermanita ahora.

-¿Emm Edward?- pregunto Alice desde el teléfono.

-Si Alice, soy yo, ¿Qué quieres?- le pregunté desganado.

-¿puedes venir a buscarnos a la academia?, olvide decirle a papá que me quedaría ensayando, llamé al hospital y está muy ocupado y a mamá no la he podido localizar- dijo Alice.

-¿A buscarnos?, ¿vienes con algún chico?- le pregunté inquisitivo; la pequeña duende de dieciséis años con un chico y yo de diecinueve sin nadie, ¡ja ja ja!

-No vengo con ningún chico, es que mi amiga se quedo ayudándome con la nueva coreografía y se le hizo tarde, no sabes los peligros que hay cuando está oscuro; Edward por favor, ven a recogernos, la pasamos a dejar a su casa y luego cuando lleguemos me comprometo a limpiar tu cuarto por un mes- dijo mi hermana en tono suplicante.

-Está bien enana, estaré allí en diez minutos- dije echando mi teléfono móvil en mi bolsillo y saliendo de la casa para ir a buscarla.

Había llegado a la academia antes de lo previsto, las calles de Forks estaban despejadas así que me ahorré una buena cantidad de tiempo; Alice y su amiga no estaban afuera, aparqué mi Volvo y me dirigí adentro de la academia a buscarlas.

El lugar era muy grande y espacioso; había un pequeño cartel en donde indicaban las salas de clase. El primer piso era el de pintura, el segundo era de instrumentos de cuerda, el tercero de viento, el cuarto era el de percusión, el quinto era el de canto y el sexto era el de baile.

No había elevador, subí perezosamente las escaleras, traté de localizar a Alice en su teléfono para que ella y su amiga bajaran y me ahorraran los tres pisos que me quedaban por subir pero ella lo había apagado, con resignación subí lo que quedaba de la escalera.

Me asomé por cada una de las salas, en la última estaba Alice terminando de anudar sus zapatillas y una chica que supuse que debía ser su amiga; ninguna de las dos notó mi presencia. La muchacha que estaba con Alice bailaba descalza una melodía imaginaria, por primera vez en mi vida me detuve a mirar a alguien.

Llevaba una blusa azul de tirantes muy ceñida a su delgado cuerpo y unos pantalones negros igual de ceñidos, su cabello castaño parecía danzar junto con ella; su cuerpo era delgado pero perfecto, no pude ver su rostro, ella estaba bailando frente a un gran espejo; ¡mierda!, maldije para mis adentros, la chica me estaba viendo mirándola como un idiota, ella podía ver todo a través de ese espejo.

-Bella, Edward ya debe estar por llegar, deja de bailar y ponte zapatos- dijo Alice tirando el calzado de la chica hasta donde ella estaba.

La muchacha recogió los zapatos del suelo, en cuanto se los puso noté cual era la diferencia entre flotar y caminar.

-¿Tu hermano es el que está parado en la puerta?- le preguntó la muchacha tímidamente a Alice.

-¡Edward!, por fin llegas- chillo mi hermana poniéndose de pie y recogiendo su bolso del suelo.

-Bella deja de mirarte en el espejo y ponte ese abrigo, ya nos vamos- gritó mi hermana a través de la sala para llamar a su amiga.

-Edward, esta es Bella; Bella este es Edward. Ahora vámonos que tengo hambre- expuso la pequeña diablilla agarrando a su amiga de la muñeca y bajando las escaleras a toda prisa con ella.

Alice abrió la puerta de mi coche, aventó su bolso adentro y le hizo una seña a la muchacha para que se subiera. Cuando estuvieron adentro noté por el espejo retrovisor es perfecto rostro de la chica; su piel era blanca y de aspecto suave, sus ojos de un fascinante marrón chocolate, sus mejillas teñidas con un sublime tono rosado, y sus labios eran como fresas.

Me percaté que la cara de la chica ahora era de un tono rojizo, le daba miradas temerosas al espejo retrovisor. ¡Segunda vez en menos de media hora que me pillaba mirándola!, debe estar pensando que soy un pervertido. Me regañé a mi mismo por mi soberbia, por no haber mirado nunca a los demás, por pasar a su lado sin ver, ¿Cuántas chicas hermosas no había conocido por mi altanería?

Me dediqué a seguir las indicaciones de Alice para llegar a la casa de la muchacha, el tiempo se me hizo poco, le dediqué una última mirada cuando se bajó del coche, me reí para mis adentros al ver lo torpe que era ella para caminar, podría jurar haberla visto tropezar. ¿Cómo podía bailar como un ángel y caminar como una humana?, ¿Cómo podían haber dos chicas distintas en una sola? No tenía la respuesta a mis preguntas, solo sabía que ambas me resultaban terriblemente adorables.

Cuando llegué junto con Alice a mi casa le di un rápido vistazo al cielo, la estrella que había mirado hace menos de una hora ya no estaba.