Capítulo 1. El nuevo invitado de San Mungo:

Se recogió el pelo en un despeinado moño, dejando algunos mechones sueltos, y continuó con su ronda diaria por el hospital. Desde que trabajaba allí, hace tres años, seguía una especie de ritual, este ritual consistía en pasar desde la primera habitación de su planta, hasta la última, sin excepción. Comprobando la temperatura a algunos pacientes, vigilaba que se hubieran tomado sus pociones, cambiaba los vendajes y revisaba que todo estuviera en perfecto orden, porque si había una cosa que a Hermione Granger le molestara, era que alguna cosa se le escapara, por mínima que fuera, pero todo tenía que estar en orden, en perfecto orden, por eso cuando llegó hasta la última habitación de la planta y vio que la estaban preparando para otro paciente, arrugó el ceño y preguntó a una enfermera:

-Mindy¿qué pasa con mi paciente?-entró en la habitación y se apoyó en el marco de la puerta, de mal humor-¿Dónde está el señor Spencer?

-Buenos días señorita Granger-saludó la enfermera mientras recogía los efectos personales del señor Spencer-A su paciente lo han trasladado al hospital St. Thomas de Irlanda esta mañana.

-¿Y por qué demonios nadie me ha avisado¡Yo soy su sanadora y debería estar al tanto de lo que ocurre con mis pacientes!-exclamó enfadada Hermione.

-Yo no tengo la culpa señorita Granger-espetó Mindy-Debería preguntarle al jefe, el fue quien organizó el traslado y quien me ordenó que preparara esta habitación para un nuevo paciente-terminó de recoger lo que le quedaba y se marchó sin decir ni una palabra más.

-Pues claro que hablaré con el jefe. ¿Qué se ha creído? No puede hacer lo que le de la gana con mis pacientes, y menos sin consultármelo primero-murmuró enfadada mientras abandonaba la habitación cerrando con un portazo.

Caminó por el hospital a toda prisa, subió las escaleras que llevaban hasta el último piso, donde se encontraba el despacho de su jefe. Llamó furiosamente a la puerta y sin esperar ninguna señal la abrió de golpe. Un hombre alto, fuerte con los ojos rasgados y la piel oscura estaba sentado en un gran sillón de cuero negro bebiendo un café mientras hablaba con un retrato. El hombre se giró al ver entrar a Hermione y le hizo señas a la mujer del retrato para que les dejara a solas y se sentó en su gran escritorio de madera. Invitó a la chica a que le imitara, pero Hermione estaba tan furiosa que se mantuvo en pie, junto a la puerta con los puños fuertemente apretados.

-¿Algún problema señorita Granger?-preguntó con fingida amabilidad el hombre mientras esbozaba una sonrisa de suficiencia.

-¡Si!-exclamó Hemione-¡Tengo un pequeño problema Zabinni¿Qué derecho tiene usted para trasladar a mis pacientes sin mi consentimiento?

-¡Ah eso…!-dijo el hombre como si acabara de darse cuenta del motivo del enfado de la chica-El señor Spencer estaba mejorando notablemente y en el hospital St. Thomas tenían una habitación libre para él, además su familia estaba de acuerdo con su traslado y esta mañana firmamos los papeles necesarios y lo trasladaron inmediatamente con todas las medidas mágicas más seguras para su salud que existen.

-¡Pero el señor Spencer es mi paciente¡No puedes apartarme de su caso porque si! Además, yo soy la única que tenía derecho a autorizar su traslado, he estado siguiendo su caso desde hace más de una año y no creo que trasladarle fuera la mejor…

-No se confunda señorita Granger, aquí nadie ha puesto en duda su capacidad para seguir con el caso del señor Spencer, pero si mal no recuerdo, el director del hospital San Mungo soy yo-dijo firmemente-Además, le he encontrado un nuevo caso.

-¿Un nuevo caso?-preguntó la sanadora un poco intimidada por la actitud de su jefe- ¿De qué se trata?

-Mire señorita Granger, este nuevo paciente padece de un mal hasta ahora desconocido. Aquí tiene su historial-dijo entregándole una carpeta morada- Quiero que lo lea atentamente y que se conozca su caso de memoria. Es muy importante para mí, se tarta de un viejo amigo al que no veo desde hace años, pero le aprecio mucho, así que, espero que haga todo lo que esté en su mano para ayudarlo, si no… aténgase a las consecuencias.

-Está bien-aceptó Hermione con miedo-Intentaré hacer todo lo posible.

Apretó la carpeta fuertemente contra su regazo y cuando se disponía marcharse, pensó que Zabinni había olvidado mencionarle de quién se trataba ese paciente amigo suyo.

-Señor¿de quién se trata?-preguntó.

-Eso, lo comprobará mañana por la mañana cuando el paciente ingrese-dijo sonriendo maliciosamente.

A Hermione le repateó que Zabinni le sonriera de ese modo, no había cosa que más le molestara que su jefe le hiciera. Se conocían desde el colegio y Hermione sabía perfectamente cuando su jefe se traía algo entre manos, y por el modo en el que le había hablado de aquel paciente le hacía pensar que nada bueno le esperaba de aquello, al fin y al cabo, por todos era sabido que desde que Blaise Zabinni había llegado al cargo de director, deseaba despedir a Hermione, por eso no desaprovechaba ninguna oportunidad para poder hacerlo.

Iba tan sumida en sus pensamientos, que no salió de su ensimismamiento hasta que chocó sin querer contra otra persona. Ésta era un hombre alto, delgado y moreno, que le miraba a través de unas gruesas gafas de montura de carey. Tenía aspecto bondadoso y al igual que ella, vestía una capa verde con el emblema del hospital. Sus movimientos eran nerviosos y a Hermione no se le escapó que el chico estaba algo sonrojado.

-Perdón Matthew. Estaba distraída-se disculpó Hermione recogiendo la carpeta morada del suelo que se le había caído con el choque.

-Matt-dijo el chico-Llevamos de compañeros tres años y siempre te repito lo mismo. Quiero que me llames Matt.

-Está bien-dijo riendo la castaña-Para la próxima vez lo recordaré.

-¿Y de dónde venías tan distraída?

-Del despacho del jefe-explicó haciendo una mueca-El muy imbécil ha autorizado el traslado de un paciente mío sin mi aprobación, además me ha asignado un nuevo caso.

-Ya veo… pues espero que tengas suerte. Bueno, he de irme. Nos vemos…-dijo y se despidió de Hermione. Cuando la chica ya se alejaba, Matt tomó aire y sacó fuerzas de Merlín sabe donde y se atrevió a preguntar lo que llevaba meses queriendo decir-¡Hermione¡Espera!-dijo corriendo hasta ella-Si… si te apetece…, bueno si quieres, tal vez… te gustaría venir conmigo a tomar un café un día de estos… pero sólo si estas disponible…

-¡Claro Matt me encantaría!-aceptó la castaña y sonrió al ver que el chico soltaba aire con alivio-¿Qué tal el jueves que viene? Siento que sea tan tarde pero tengo trabajo y…

-¡Perfecto!-dijo el chico sonriente-Pues…ya nos veremos. Adiós-y se alejó brincando por el pasillo.

Hermione volvió a sonreír y continuó caminando en dirección contraria a la del chico. Bajó hasta la tercera planta y recorrió unos cuantos pasillos hasta llegar a su consulta. Revisó su agenda y vio que hoy no tenía visitas, por lo que dedicó el resto de la mañana leer el historial del que sería su nuevo paciente.

Quedó asombrada con lo que leía. El mal que aquel pobre hombre padecía, era de lo más extraño que Hermione jamás había conocido. Sufría de insomnio, dolores punzantes por distintas partes del cuerpo a intervalos regulares de veinte minutos, mareos, jaquecas, y en ocasiones, urticaria en los brazos. Parecían síntomas comunes, que se podían curar con simples pociones para el dolor de cabeza o para los dolores, pero ese caso era diferente. Todos los sanadores, habían probado en el todo tipo de hechizos, pociones, e incluso remedios muggles, pero nada. No habían encontrado ninguna cura para aquel mal. Enseguida Hermione se familiarizó con los síntomas de su paciente, y le embargó un sentimiento de tristeza por las penurias que ese hombre debía de pasar. Pero sería ella la que encontrara la cura que le devolvería la salud a aquel hombre, y no sólo por complacer a su jefe, si no por ayudar a su paciente. Comenzó así la investigación de Hermione, consultó libros, enciclopedias, preguntó a sanadores, habló con retratos, pero no encontró nada que pudiera ayudarla. Estuvo tan ocupada con su nuevo caso que el día se le pasó volando y cuando quiso darse cuenta, ya había oscurecido, por lo que decidió volver a casa.

oOoOoOoOoO

A la mañana siguiente, se apareció en la entrada del hospital hacia las nueve de la mañana. Llegaba un poco tarde, por lo que corrió hasta su consulta lo más rápido posible. Se puso su capa verde y con un café subió hasta la cuarta planta para hacer su ronda diaria por las habitaciones del hospital. Llevaba consigo su cuaderno de terciopelo, donde anotaba todo lo que ocurría por aquel hospital, que era un mundo del que Hermione no quería perderse ni un solo detalle. En él anotaba, desde los síntomas de sus pacientes hasta el color de la ropa que los familiares llevaban a la hora de visitar a sus familiares o amigos enfermos. Era como una especie de diario. Un diario andante, ya que Hermione lo llevaba consigo a todas partes, y en escasas ocasiones lo olvidaba.

En primer lugar, revisó las habitaciones comunes, donde unos seis pacientes esperaban ser atendidos por la sanadora Granger, después, revisaba a sus pacientes más delicados, y por último visitaba las habitaciones privadas, al final de la planta. Ésa mañana no se entretuvo más de lo necesario con sus visitas, ya que estaba ansiosa por conocer a su nuevo paciente. Tardó menos de una hora en hacer su ronda cuando sobre las diez y media se dirigía con paso firme hacia la habitación 909 de la cuarta planta del hospital San Mungo.

Llamó suavemente a la puerta y esperó a que le indicaran que podía pasar. La voz de Zabinni le llegó algo distorsionada desde el interior de la habitación, pero Hermione entendió el mensaje y abrió la puerta con decisión.

De un día para otro, la habitación había cambiado completamente. Antes estaba amueblada con unos humildes muebles de madera, pero ahora parecía completamente diferente. El mobiliario era de una elegante madera caoba, de las paredes colgaban lujosos retratos y unas cortinas adornaban las ventanas. Hermione se fijó que el suelo, antes de un azulejo grisáceo, también había cambiado y ahora era un oscuro parqué cubierto de alfombras color verde botella. La cama era imponentemente grande, y estaba rodeada por un elegante dosel con unas cortinas a juego con las alfombras. Una enfermera estaba inclinada sobre el paciente por lo que Hermione no pudo averiguar de quien se trataba.

-¡Ah señorita Granger ya está aquí!-dijo sonriente Zabinni-Espero que haya leído el historial de mi viejo amigo y que esté preparada. Será su sanadora permanentemente, y además de investigar la posible cura, quiero que también lo mantenga en observación por su se produce una mejora o en un caso, que Merlín no lo quiera, empeore. Ahora esta enfermera le está acomodando en su cama, pero a partir de ahora esa será tarea suya y todas aquellas obligaciones que tengan que ver con la comodidad y la salud del paciente.

-¡Oh vamos Blaise!-dijo el paciente. A Hermione esa voz hizo que se le erizara el vello de la nuca. Le resultaba extrañamente familiar-Tú viejo amigo, lo que deberías hacer es sacar adelante este hospital y arreglarlo un poco. Además creo que con las generosas aportaciones que he hecho esta mañana no creo que tengas ninguna problema-la voz arrastraba las palabra y denotaba un gran deje de superioridad.

-Por su puesto, por supuesto…-dijo Zabinni con una mueca de fingida sonrisa ante las últimas palabras de su viejo amigo-Bueno amigo, pasaré por aquí sobre el medio día a ver que tal está todo. Buenos días-hizo una señal de despedida al paciente y a Hermione y se marchó.

-Bien señorita Granger-dijo la enfermera aún dándole la espalda a la chica-Ya le he tomado la temperatura y le he dado una poción para el dolor de cabeza, aunque parece que no le ha dado mucho resultado. Yo me marcho a atender a otros pacientes. Que tenga un buen día.

-¿Qué hay Granger?-dijo con un tono burlón el hombre.

Y entonces la mujer se apartó y Hermione pudo comprobar con horror de quien se trataba su nuevo paciente. Un hombre de su edad, rubio platino, con el cabello perfectamente peinado hacia atrás le miraba con una mueca de desdén desde su cama, donde permanecía acostado entre unas elegantes sábanas. El hombre chascó la lengua y se incorporó sonriendo mientras Hermione le contemplaba junto al marco de la puerta. Estaba tan asombrada que no había sido capaz de moverse del sitio.

-¿Malfoy?-preguntó sin demasiada convicción.

-En efecto…Y a partir de ahora quiero que me llame señor Malfoy, Draco Malfoy.


Hola a todos!!Bueno,pues hasta aquí el priemr capítulo.Espero que os haya gustado.Esto sólo es un proyecto asique me interesa saber vuestras opiniones muchísimo por favor.

Bueno un besazo muy grande para todos,y Feliz Navidad,Feliz Año Nuevo!!